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Autor: Rumi Baslan
last update Data de publicação: 2021-09-11 20:46:34

Cuando por fin llegaron a casa, Catherine se percató de que el rostro de su madre se descompuso, puesto que su realidad no le gustaba, ellos vivían al lado del molino, en una vieja cabaña alejada del resto, contaban con una pequeña granja y un establo enorme en donde cinco caballos eran de su propiedad. Su padre estaba enfermo pero aun así se obligaba a él mismo a empeñar bien su trabajo para traer el sustento a su familia.

—¡Oh, madre, Catherine! —salió su hermana Adela corriendo a su encuentro, abrazando a su madre y dándole besos por todo el rostro, mientras que a ella solo le regaló una simple y falsa sonrisa—. Os he esperado con impaciencia, odio esto, Catherine debió haberse quedado para hacer el labor de la casa, ve mis manos madre, se han puesto como las de ella; resecas y me he lastimado un dedo al intentar arreglar una prenda de padre.

—¡Mi querida hija, cuánto has sufrido! —exclama la mujer abrazando a su pequeña mientras Catherine ve como una sonrisa se coloca desvergonzadamente en sus labios.

—¿Cómo se encuentra papá? —se atreve a preguntar Catherine sin importarle les queja absurdas de su hermana.

—¿Por qué no entras y lo ves tú misma? —le indica Adela con ojos de cachorro.

Catherine hizo caso omiso al tono que usó su hermana y se dispuso a entrar a la cabaña en busca de cobijo paternal. Al hacerlo su corazón palpitó con fuerza y temiendo lo peor se armó de valor y entró. Sus ojos se abrieron como platos al ver a su viejo padre sentado junto al hogar mientras leía uno de los libros que ella amablemente le había prestado y que a su vez su gran amigo Kit le había regalado.

—Papá, hemos vuelto —Catherine se acerca hasta él con ojos llenos de lágrimas, su padre era su salvavidas.

—Cariño, me alegra saberlo, no soportaba estar un minuto más cerca de tu hermana —dijo el señor Griftonn con voz cansada.

—¿Te encuentras bien papá? —pregunta Catherine con un nudo en la garganta.

—No te preocupes pequeña, claro que lo estoy, solo necesito descansar y que tu madre no me moleste —le dice su padre con ojos cansados.

Justo en ese instante entró Adela saltando de emoción y detrás de esta su madre; quien al ver lo decaído que estaba su marido, frunció el ceño y apartó la mirada de él, no tenía tiempo para ese tipo de cosas aunque le carcomiera saber qué pensaba hacer su hija mayor al enterarse de tal noticia.

—¿Qué sucede? —pregunta Catherine cansada por el viaje y solo deseando poder cerrar los ojos y recostarse en su cama.

—¡Que el Archiduque Revensly te ha mandado una invitación para asistir a su elegante fiesta de cumpleaños mañana por la noche! —exclama Adela quien al leer lo último frunció el ceño y apretó los labios; lo que significaba que estaba a punto de hacer un nuevo berrinche que sin lugar a dudas terminaría en una coletilla con ella— ¡pero qué horror, solo es para ti, pensé que nos invitaría a mamá y a mí!

Catherine al escuchar aquello no pudo contener elevar las comisuras de sus labios en dirección al cielo, ya sabía que aquella invitación solo era para ella, y eso se debía a que su buen amigo Kit odiaba a su madre y a su pequeña hermana. Ambas mujeres no sabían comportarse adecuadamente ante la sociedad, no importaba cuánto esfuerzo hicieran por intentar colarse entre los más ricos, siempre quedaban expuestas ante su comportamiento inapropiado y vulgar, algo de lo que ellas siempre se quejaban de las demás.

—¡Debe ser una broma! —Chilló su madre arrancándole de las manos a su hija la invitación— ¡esto es inconcebible! ahora mismo vamos a ir a la casa de los Revensly para arreglar este mal entendido, seguramente el que llevó a cabo las invitaciones cometió un error y lo pagará con su muerte de ser necesario.

—Me pondré guapa para ir —Adela suelta una carcajada llena de coquetería.

—Madre, si me permite opinar... creo que no es de muy buen juicio hacer eso, puesto que es un poco tarde y puede que el Archiduque Revensly no nos pueda atender —habla Catherine apenas con un susurro, mismo que se llevó el viento que sutil se colaba por una de las ventanas abiertas.

—¡Pero qué desgracia la mía al tener una hija tan malagradecida como tú! —su madre se acerca a ella y la reta con sus ojos de víbora— ¿acaso no quieres ver a tu hermana menor feliz? sabes bien que los bailes son la oportunidad perfecta para nosotras las casaderas, mis hijas terminarán con hombres de grandes riquezas, tú ya estás prometida con Andrew Sterlingh pero tu hermana aún tiene que encontrar un buen marido, así que iremos las tres a arreglar esto.

Catherine guardó silencio, buscando la mirada de su padre y rogándole ayuda, pero notó como este solo negaba con la cabeza y apartaba la mirada de ella, ambos sabían que llevarle la contraria a aquella mujer sólo daría inicio una batalla que ambos terminarían perdiendo. Por lo que de mala gana guardada y mostrando una sonrisa falsa, lady Catherine terminó aceptando.

—Será como usted diga madre —finaliza Catherine.

—¡Me haces muy feliz hermana! —Adela corre a sus brazos y busca cobijo, cosa que Catherine pese a la maldad que llenaba el corazón de su hermana menor, no le podía negar, después de todo era su sangre.

—Bien, andando niñas —les indica su madre aventándole una mirada mortífera a su esposo.

Las tres mujeres se pusieron en marcha, debido a sus pocos recursos tuvieron que ir andando, y mientras su hermana y madre no dejaban de quejarse de su estatus social, Catherine disfrutaba del aire libre y del paisaje rezando porque su buen amigo Kit no estuviera presente en su hogar. Hace dos años recordó que la madre de este obligó a que cortejara a lady Merfonw; una joven enfermiza con la que solo habló dos veces ella, pero que era buena mujer, de una belleza exquisita aunque debido a su condición, era imposible que un caballero se fijara en ella para tomarla como esposa, había hecho buena amistad con ella y esperaba verla en el cumpleaños de Kit o de lo contrario se aburriría como una ostra. Cuando llegaron a la residencia de los Revensly tragó saliva, Kit ya le había advertido que odiaba a su familia con excepción de su buen padre y de ella, así que se mentalizó para el posible y acertado desagrado de su amigo.

Un mozo los recibió y las pasó a la sala de visitas pidiendo amablemente que esperaran a que su señor viniera, puesto que estaba ocupado con otros asuntos. En cuanto se fue, tanto su madre como su hermana comenzaron a caminar alrededor de la sala observando con detalle cada una de las figurillas de oro colocadas minuciosamente sobre un mueble de madera tallado finamente, junto al hogar. Hace años que había advertido que su hermana nunca aceptaría como esposo a un hombre que no fuera inmensamente rico. Pero ante todos no era más que una niña infantil, ancló sus ojos azules sobre aquella rubia egoísta y supo que lo último que necesitaba Adela era tener a su hermana mayor murmurándole palabras de desánimo. Entonces la puerta se abrió y entró Kit; un hombre apuesto, con un porte excepcional, ojos negros como la noche y una sonrisa endiabladamente sexy. Catherine inspiró hondo y se obligó a adoptar una actitud positiva. Pero al ver la mueca de su amigo, su frustrante fracaso por aparentar tranquilidad se vio interrumpida por un segundo caballero; quien entraba con galantería detrás de su buen amigo Revensly.

—¡Catherine, qué alegría verte! —el Archiduque Kit le hizo una reverencia y besó su mano con la delicadeza necesaria que solo se les da a las mujeres de gran abolengo—. Os pido una disculpa por haberte hecho esperar, pero me temo que estaba atendiendo algunos casos con numerosos inversores que se han propuesto a donar fondos para el nuevo proyecto que estoy llevando a cabo.

—Archiduque Revensly, la que debe disculparse por tremenda interrupción soy yo —dice Catherine apenada ignorando a su madre y hermana, quienes se estaban poniendo de mal humor.

—¡Pero qué dices, llámame Kit, que nos conocemos de años y me tomo la ligera y atrevida expresión de decir que sois no sólo una de las mujeres más bellas de este sitio, sino, mi mejor amiga! —Comenta Kit sonriendo y volteando a regañadientes hacia la madre y hermana de Catherine—. Disculpen mi despiste damas, no me he percatado de su presencia puesto que es eclipsada por la de Catherine.

Antes de que la señora Griftonn aventara un venenoso comentario, el carraspeo del caballero que se había mantenido al margen de la situación permaneciendo detrás de Kit, llamó la atención de todos, pero en especial de Catherine, quien al darse cuenta de que se trataba del mismo hombre de ojos grises que se atrevió a robarle su primer beso, un calor incontrolable recorrió su cuerpo hasta alojarse en sus pálidas mejillas haciendo que un color rosado se notara y que hiciera sonreír a aquel hombre.

—Que descortés he sido, Catherine, te presento a mi buen amigo y socio de inversiones el capitán Alessandro Stanton —los presenta Kit y dirigiéndose a su amigo esta vez, una sonrisa se coloca en su perfecto rostro—. Alessandro, ella es mi buena amiga lady Catherine Griftonn.

Alessandro, fascinado por aquel descubrimiento y por volver a encontrarse frente a aquella mujer de alma salvaje, se acercó y tomó su delicada mano dándole un dulce beso sin apartar la mirada de ella.

Justo cuando Catherine estaba por abrir la boca, el ama de llaves entró a la estancia entregándole una carta a Kit, quien este al leerla soltó un suspiro y sonriendo regaló una enorme carcajada. Catherine al darse cuenta de que Alessandro no soltaba su mano, la arrebató con un ligero movimiento digno de no ser visto por el ojo despistado y puso cierta distancia considerable entre ambos.

—Creo que les tengo buenas nuevas, en especial a ti, Catherine —Kit ancla sus ojos sobre ella y le guiña un ojo—. Un viejo amigo vendrá a mi cumpleaños mañana por la noche, y no solo eso, parece ser que viene para reclamar lo que es suyo y quedarse.

—¿A quién se refiere Archiduque Revensly? —cuestiona la señora Griftonn molesta porque aquel capitán no se hubiera presentado con Adela y ella.

—El Duque Andrew Sterlingh viene en camino —responde Kit poniendo toda su atención en la reacción de su amiga lady Catherine.

—Andrew —susurra ella con el corazón latiendo con fuerza proclamando a su prometido.

Un silencio sepulcral se colocó en la estancia principal, mientras Alessandro maravillado y extasiado por la belleza de esta, se preguntaba el porqué y el cómo es que lady Catherine conocía a su viejo amigo de infancia Andrew. Algo era seguro, él estaba hechizado por aquellos ojos azules y no pensaba dejarle el camino libre a nadie para que la cortejara, sin saber que aquella mujer de alma salvaje que le había robado el corazón, era la prometida con la que tanto ahínco hablaba su mejor amigo Andrew.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Naty Tarambis
parece el cuento de cenicienta con una madrasta y su hermanastra
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Último capítulo

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  • Dulce Inocencia   46

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  • Dulce Inocencia   45

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  • Dulce Inocencia   44

    Alessandro dejó escapar un largo suspiro y se mesó los cabellos mientras observaba atentamente las calles de París antes de llegar a una de las propiedades de los Revensly, Kit había prometido alcanzarlo en una semana, ya que como Archiduque tenía responsabilidades. Su mente proyectó el brillante suelo de tarima y las paredes profusamente revestidas con paneles de madera muy parecidas a las de un museo. Y al mirar detenidamente todas aquellas hermosas ventanas de cristal viselado... no podía dejar de pensar en que cada vez estaba más cerca de Catherine. ¡Maldición! había pasado días enteros sumidos en una total y atrayente oscuridad, se sintió preso de las náuseas y doblemente culpable por no haber corrido antes a Ofelia, aún recordaba con claridad la discusión acalorada que tuvieron aquella noche cuando Kit lo despertó y

  • Dulce Inocencia   43

    El torrente de lluvia arrasaba con todo a su paso, los truenos iluminaban la estancia principal, en dónde Alessandro miraba a través de la ventana, ya habían pasado dos semanas en las que incansablemente había buscado a Catherine, sin resultados favorables, era como si de algún modo se la hubiera tragado la tierra, ¿tanto lo odiaba? No, debía haber alguna explicación lógica, después de aquella noche mágica en la que ella se había entregado a él, no podía olvidarla, y no quería, juraría de ser necesario que la encontraría y le haría pagar el corazón roto que le dejó después de su partida. Y por supuesto... mataría a Andrew.—Ya no sigas pensando, te tengo buenas noticias.La voz d

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