LOGINEl primer lobo cayó al amanecer.
No fue una muerte.Fue algo peor.
Convulsiones breves. Fiebre abrasadora. Y cuando intentaban transformarse… su cuerpo no respondía.
El Alfa Supremo recibió el informe mientras aún estaba en su despacho. No era raro que algún guerrero enfermara, pero lo que siguió no fue normal.
Segundo mensaje. Tercer mensaje. Cuarto. Manada de fuego: siete lobos postrados. Manada del Manantial: el agua del río tiene olor metálico. Manada de Plata: dos Betas no logran sostener la forma híbrida.
El Alfa Supremo dejó el teléfono sobre el escritorio con demasiada fuerza.
—Esto no es coincidencia —murmuró—. ¿Qué está pasando?
La puerta del despacho estaba abierta. No había escuchado entrar a Rose, pero estaba allí, apoyada contra la pared, observándolo en silencio.No parecía alarmada. Y eso lo inquietó.
El teléfono volvió a vibrar, esta vez había más insistencia.
Manada Fénix: el doctor detectó irritación en garganta y pulmones.
Posible intoxicación. Intoxicación. La palabra se clavó en su mente.
Levantó la vista hacia su hija, Rose permanecía inmóvil; aún permanecían en ella algunas cicatrices de la noche anterior. Sin embargo se sabía que los lobos sanaban rápido, casi todas sus heridas.
—Están hablando de envenenamiento....son demasiados los hospitalizados. ¿Escuchaste?
Rose no respondió de inmediato. Se acercó al escritorio con pasos tranquilos.
—No es un veneno directo, padre —dijo al fin—. Es acumulativo.—dijo ella bebiendo de su taza de té.
El Alfa Supremo frunció el ceño. —¿Qué sabes?....¿estás al tanto? Estás demasiado tranquila.
Ella sostuvo su mirada con una serenidad que no combinaba con el caos que se desataba afuera. —Sé exactamente qué está enfermando a los lobos. El silencio se volvió denso.
—Habla claro, Rose. Ella tomó asiento frente a él, cruzando las manos sobre la mesa.
—Los químicos que la empresa humana está vertiendo en las Tierras del Norte se están filtrando al cauce subterráneo que alimenta el río central.
El corazón del Alfa Supremo dio un golpe seco. —¿Qué empresa? ¿De qué hablas? no hay ninguna autorización para que nadie explote esas tierras.No hay empresa.
Rose no parpadeó. —La empresa química a la que el Alfa de la Manada de Plata y los otros líderes vendieron parte de las Tierras del Norte.
El despacho pareció encogerse. —Eso es territorio protegido. —Su voz se endureció—. Y no se puede vender sin mi autorización... ¿cómo se atreven?
—Lo hicieron igual... En realidad, dudo mucho que sepan lo que hace esa empresa. Poco les importó cuando les llenaron de dinero los bolsillos para silenciarlos.
El teléfono vibró otra vez. Esta vez, el mensaje era más grave. Manada de Fuego: los lobos no pueden transformarse. Piden intervención urgente, el alfa espera órdenes.
—Explícame —ordenó él. Rose respiró con calma. —Hace tres meses firmaron un acuerdo con una empresa humana dedicada al procesamiento de residuos industriales. Les prometieron dinero, modernización y alianzas estratégicas. A cambio, cedieron explotación parcial de las Tierras del Norte.
—¿Explotación de qué tipo?
—Planta de tratamiento químico. Perforaciones. Eliminación de desechos líquidos. La sangre del Alfa Supremo comenzó a hervir.
—Seguramente les dijeron que era seguro.
—Eso decía el contrato —respondió ella—. Pero los informes ambientales fueron manipulados....sabes como es. Ella abrió una carpeta que había traído consigo y deslizó varios documentos sobre el escritorio. —Los residuos industriales contienen metales pesados y compuestos tóxicos —continuó Rose—. Mercurio, arsénico, solventes clorados. La empresa los vierte en depósitos subterráneos que, según sus estudios falsificados, estaban aislados del sistema hídrico.
El Alfa Supremo pasó la vista por los papeles. —Pero no lo estaban.
—No. Las filtraciones alcanzaron el río subterráneo que desemboca en el central. Y todas las manadas beben de él. El silencio fue brutal. —Los síntomas coinciden con intoxicación química progresiva —dijo Rose—. Fiebre, debilidad muscular, fallos neurológicos leves, incapacidad de transformarse. Los compuestos afectan el sistema nervioso y la regulación hormonal de la transformación. El teléfono vibró otra vez. Manada del Oeste: Alfa en cama. Inconsciente.
El Alfa Supremo sintió un frío recorrerle la espalda. —Esto no es una enfermedad natural —murmuró.
—No. Es contaminación. Y parece que no distingue de jerarquías.—La palabra cayó como sentencia.
—¿Desde cuándo lo sabes?
Rose sostuvo su mirada sin titubear. —Desde que comenzaron las perforaciones. Mandé analizar muestras del agua hace semanas.
—¿Y no me lo dijiste? ...Pude haber sido de ayuda.
Ella inclinó ligeramente la cabeza. —Necesitaba pruebas irrefutables....no podia comprometer la investigación.
—Mientras tanto, los lobos bebían ese agua.
Rose sostuvo su mirada… pero por dentro el peso era distinto. Cada informe médico que había recibido esa semana llevaba nombres, no eran números para ella. Lobos jóvenes. Guerreros. Madres. Ella había detenido el vertido… pero no lo suficientemente pronto. Y eso también era su responsabilidad. A veces la estrategia no tiene en cuenta las vidas que se van perdiendo.
Se consultó internamente si era mejor que los líderes de las manadas actuales.
—Mientras tanto, los Alfas seguían ampliando el acuerdo. No me mires así.....yo no hice el trato.
El Alfa Supremo se levantó abruptamente y comenzó a caminar.
—Esto es traición. Vendieron tierras que no les pertenecían y permitieron que humanos envenenaran nuestro territorio. Rose no discutió.
—La enfermedad no mata de inmediato —añadió ella—. Eso es lo más perverso. Debilita lentamente. Deja a los lobos postrados. Incapaces de defenderse. Incapaces de transformarse.
Él se detuvo. —Convocaré a todos de inmediato —dijo él—. Los enfrentaré, a cada uno. Rose negó con suavidad.
—No de inmediato....que sea esta noche...
Él la miró con incredulidad. —...Todas las vidas están en riesgo.
—Si los llamas ahora, lo negarán. Dirán que no hay pruebas suficientes. Que la contaminación no está confirmada. Que es una coincidencia.
Ella señaló el teléfono.
—Pero cuando incluso sus propios Betas estén en cama… cuando no puedan transformarse… cuando el miedo se haya instalado en todas las manadas… no podrán ocultarlo.
—Eso significa más lobos intoxicándose.
—Significa que no podrán mentir... el daño ya está hecho. Sus miradas se encontraron.
—¿Para cuándo, entonces?
—Simplemente para esta noche...
La noche había caído sobre la manada, pero el campo de entrenamiento seguía grabado en mi mente como si aún estuviera allí. Algunas gotas caían mientras la tormenta se hacía oír con algunos truenos.Los murmullos de los lobos todavía resonaban en mis oídos. La debilidad también se planteaba con los rumores, no quería llegar a ser vista como una loba débil.Marco confesando sus sentimientos, ignorando mis órdenes.Tharok dominándolo frente a todos, mostrandose prácticamente como mi orgulloso mate.Y peor aún… la manera en que el vínculo entre nosotros había reaccionado delante de la guardia.Caminé de un lado al otro dentro de la sala principal de la residencia nueva. Las paredes de piedra aún conservaban el olor a madera fresca. A veces todavía podía recordar el incendio que había destruido la antigua casa de Alex Buenaventura.Era extraño vivir aquí ahora. Pero era mi responsabilidad de ahora en adelante, no debía negarme ni pensarlo demasiado.Aun así... era como si estuviera ocupan
LOBA ROSEEl campo de entrenamiento estaba cubierto por una fina capa de escarcha cuando llegué.El aire de la mañana era frío, pero mi sangre corría demasiado rápido como para sentirlo. Desde hacía horas mi loba estaba inquieta, caminando dentro de mí como una sombra impaciente. Le costaba estar lejos de su mate...no la culpaba...porque Tharok...era una cosa muy distinta. La manera en que me observaba..parecía que iba a devorarme...Tharok.Desde que el lobo había tomado el control del cuerpo de Alex Buenaventura, todo había cambiado. Su presencia se sentía distinta. Más oscura. Más intensa. Me afectaba mucho, más de lo que quería admitir.Más… peligrosa, para una alfa como yo.Los lobos guardianes ya estaban reunidos alrededor del círculo de combate. Sus miradas iban de mí hacia él, como si esperaran ver qué sucedería...se había corrido el rumor...sobre lo que ya sabiamos...era mi mate y me habia rechazado, punto.El vínculo de mates no podía ocultarse del todo, nadie entendía que h
THAROK-LOBO DE ALEX BUENAVENTURA-MANADA FENIXLa casa aún olía a madera nueva.Me quedé quieto en el centro de la sala, escuchando cómo el viento golpeaba contra las ventanas de la residencia. El lugar donde antes se levantaba la casa del antiguo alfa había sido reducido a cenizas.ESTA ERA MI CASA —PENSÉ—. AQUÍ HABÍA LUCHADO CONTRA MI OTRA PARTE, ESA QUE NO ERA TANTO COMO YO, ALEX BUENAVENTURA. PRONTO LLEGAMOS A UN ENTENDIMIENTO: YO ASUMIRÍA DESDE AHORA. Ahora, en esTe mismo terreno, se alzaba algo distinto.Más fuerte, mucho más simple y real..como era ella.Como también lo era yo ahora.Pasé una mano por la mesa de roble recién colocada. Podía sentir cada veta bajo mis dedos. Alex también lo sentía. Todo lo sentía.Demasiado.Desde que tomé el control, el mundo era distinto.Los sonidos eran más profundos.Los olores más intensos.Y el vínculo…El vínculo era un fuego constante bajo mi piel... Sabía que venía por ella, aunque me rechazara mil veces , yo lo intentaría.La buscaría y
ROSE ATLANTAEl viento del norte siempre traía problemas.Lo aprendí rápido desde que me convertí en alfa interina de la Manada Fénix. Estaba agotada, pero debía cumplir mis funciones,mi padre contaba con ello. Era el futuro de mi familia.Esa tarde el aire era frío y seco, cargado con el olor de la nieve que cubría las montañas lejanas. Desde la terraza de la casa alfa podía ver el bosque oscuro que marcaba el límite de nuestro territorio.Había construido en tiempo récord una nueva estancia para lograr cumplir mis funciones como alfa.Lo había hecho sobre las cenizas de la mansión del alfa Buenaventura; estaba segura de que lo molestaría cuando lo supiera....esa idea me encantaba.Era sincera.Y también a mi manera podía sentir la inquietud de los lobos.Un golpe firme en la puerta me sacó de mis pensamientos.—Adelante.Uno de los lobos del Supremo, los llamados Lobos de Nieve, entró con paso respetuoso. Su capa blanca aún estaba cubierta de escarcha.—Alfa Rose.Todavía me resultaba
El Alfa Supremo revisaba algunos informes cuando llamaron a la puerta. Maximiliano Atlanta estaba demasiado furioso, nunca creyó que los líderes de la manadas pudieran haberse dejado llevar por su ambición, sentenciando al mismo tiempo a su propia sangre.—Adelante.La puerta se abrió lentamente.Alex Buenaventura entró con paso firme, pero su postura tenía algo distinto. Ya no era la arrogancia agresiva de siempre.Había algo… calculado.—Alfa Supremo —dijo inclinando levemente la cabeza—. Agradezco que me reciba.El Alfa Supremo levantó la vista apenas.—No recuerdo haberte convocado....no creo que haya nada de que hablar.Alex sonrió con humildad estudiada e hiócrita como era habitual.—Lo sé. Pero después de lo ocurrido en la junta… pensé que era mi deber presentarme personalmente. Entiendo que no nos conocemos bién.Se acercó unos pasos, manteniendo una distancia respetuosa del escritorio.—Comprendo su decisión de suspenderme temporalmente.El Alfa Supremo dejó el documento que
El salón principal de la residencia del Alfa Supremo estaba lleno.El aire olía a tensión, era el peor clima posible ahi adentro.Alfas de distintas manadas ocupaban los asientos del consejo. Sus betas permanecían de pie detrás de ellos, rígidos, atentos a cualquier señal de peligro. Las conversaciones eran bajas, casi susurros, pero la inquietud se sentía como una tormenta a punto de estallar.Los rumores sobre la enfermedad ya se habían extendido demasiado.Se hablaba de que era irreversible.Muchos lobos seguían en cama. Y la comunidad comenzaba a pensar lo peor.Otros apenas podían sostener la transformación.Y todos sabían que algo estaba mal.De entre los presentes el alfa Buenaventura se hizo paso entre los lobos manteniendo un rostro entre débil pero no humilde exactamente. Nole salía eso de mostrarse común, pues él se creía demasiado.Era cierto que se veía pálido, tambien estaba recuperándose.Pero con la espalda recta y la mirada arrogante de siempre.Su beta permanecía detrá







