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Parte 2.3

Autor: Anne Guzel
last update Fecha de publicación: 2026-03-31 03:29:37

—Firmó un contrato sin pedirme permiso… —murmuró Altezza con tristeza.

Mantenía la cabeza baja, clavando la mirada en sus propios zapatos, evitando encontrarse con los ojos de su primo.

Solo recordar aquella decisión unilateral de Jovanka hacía que su pecho se apretara, que el aire pareciera no alcanzar, y que sus ojos volvieran a arder. Si alguien le preguntara, diría que era el alcohol… no la decepción.

—Y eso solo demuestra, una vez más, que para ella no eres importante en absoluto —continuó Antony, con un tono más serio—. No quiero empeorar cómo te sientes, primo… pero la verdad es que siempre has cedido demasiado por ella.

—Sabe que la amas profundamente… y se aprovecha de eso para su propio beneficio. Está convencida de que, decida lo que decida—estés de acuerdo o no al principio—, al final terminarás cediendo. No teme perderte… porque sabe que, vaya a donde vaya, tú seguirás en tu lugar, esperándola.

Antony hizo una breve pausa antes de añadir, con dureza:

—Para mí, eres más como un hombre al que recurre cuando le conviene… alguien que siempre estará ahí cuando ella lo necesite.

Tomó la mano de Altezza, escaneó su huella en la puerta y lo llevó dentro. No volvieron a hablar hasta que Antony lo dejó caer sobre el amplio sofá gris en la sala principal del penthouse.

Altezza soltó un gemido bajo y se dejó caer de espaldas, con las piernas colgando hacia el suelo. Levantó un brazo y cubrió sus ojos. No por la luz… sino porque, una vez más, no podía contener las lágrimas.

Al verlo así, Antony sintió una punzada de culpa.

—Lo siento… si mis palabras te hirieron —dijo con sinceridad.

—No dijiste nada que no fuera cierto —respondió Altezza sin mirarlo—. Todo lo que dijiste… es la realidad. Desde hace un año me siento como un hombre al que no quieren. Pero siempre lo negué… porque mis expectativas sobre ella eran demasiado altas.

Su voz se volvió más débil.

—Después de que rompió su promesa por segunda vez, no debí darle otra oportunidad. Pero siempre termino creyéndole… repitiendo el mismo error. Y cuando escuché lo del nuevo contrato esta tarde…

No pudo terminar la frase.

Antony tampoco dijo nada. Se dirigió al refrigerador, sacó dos botellas de agua y volvió hacia él, entregándole una.

Altezza se incorporó. Se limpió las lágrimas con brusquedad y bebió el agua fría hasta dejar la botella a la mitad. Luego apoyó la espalda contra el sofá, abatido.

—Me ha pedido que vuelva a esperar —murmuró, girando la botella entre sus manos—. Pero esta vez… no estoy seguro de poder hacerlo.

Bajó la mirada.

—Ni siquiera el amor que siento por ella me da ya esa certeza.

Terminó el agua de un solo trago y dejó la botella con un golpe seco sobre la mesa.

—Me siento vacío… —susurró, dejándose caer de nuevo sobre el sofá—. Le he sido fiel porque la amo. Cumplir el deseo de mi madre, darle una nuera… siempre fue solo una excusa. Mi verdadero sueño es tener un hijo… y un matrimonio lleno de amor, de felicidad.

—No tienes idea de lo mucho que me duele cada vez que alguien les pregunta a mamá y a papá cuándo voy a casarme… cuándo voy a darles un nieto.

Su voz se quebró ligeramente.

—Ya estoy casado… y aun así ni siquiera puedo reconocer a la mujer con la que me casé como mi esposa. Pero soy demasiado cobarde para hacer algo que a Jovanka no le guste.

Soltó una risa amarga.

—Y lo peor es que, por cumplir con sus exigencias absurdas, he terminado decepcionando a la mujer que me dio la vida.

Cerró los ojos un instante, como si las palabras le pesaran.

—Al menos el tío Arthur y la tía Brianna tienen a Flavia… pueden usar tu pasado como excusa para no presionarte a casarte otra vez. Pero yo… —su voz se volvió más baja— ni siquiera puedo admitir que tengo esposa. Y esa esposa prefiere su carrera antes que a su propio marido… ni siquiera tiene intención de darme un hijo.

Una lágrima se deslizó por la comisura de su ojo, y Altezza no hizo el menor intento por limpiarla.

Desde que eran niños, él siempre había sido el que enfrentaba las dificultades con una sonrisa, el que mantenía la calma y la gentileza incluso en medio del caos. No era frío ni severo como Antony, ni despreocupado como Gian. Pero cuando estaba herido… o ebrio… podía volverse profundamente melancólico. Vulnerable. Y cuando se trataba de sus padres o de la persona que amaba, sus emociones siempre se desbordaban.

—Entonces déjala —dijo Antony, con total frialdad.

Altezza giró la cabeza y lo miró, una expresión indescifrable en los ojos.

—Jovanka no es la única mujer en el mundo. Busca a alguien más. Al menos, a una mujer que sepa respetarte… y cásate con ella.

Su tono no cambió.

—Si no puedes darle amor… si sientes que no podrás amarla como amas a Jovanka, entonces ofrécele estabilidad y lealtad. Sé honesto desde el principio. Dile que te casas para hacer felices a tus padres… y para tener un heredero que continúe con el apellido de la familia.

Hizo una breve pausa antes de continuar:

—Es mejor ser sincero desde el inicio que quedarse y terminar haciéndose daño mutuamente. Al menos así, el nombre Quirino seguirá existiendo. Aunque, si te soy honesto… —su voz bajó apenas—, realmente espero que puedas casarte… y esta vez, enamorarte de la mujer correcta. Quiero que encuentres a alguien que no solo te ame a ti… ni solo se ame a sí misma… sino a una mujer que te ame a ti, a tus hijos… y a tu familia.

Altezza soltó un resoplido, con un deje de burla amarga.

—¿De verdad existe alguien así?

—Claro que existe. Aunque sea una entre mil… mujeres así de sinceras sí existen.

—¿Por ejemplo?

—Claire —respondió Antony con seguridad—. Tú mismo lo has visto, ¿no? Flavia no admiraría a alguien equivocado o problemático. Así que, si existe una Claire… entonces debe haber más como ella ahí fuera.

Altezza esbozó una mueca escéptica.

—¿Crees que juzgar la personalidad de alguien es tan fácil como distinguir una fruta podrida de una buena?

—Al menos puedes empezar por buscar a una mujer que ame profundamente a sus padres. Si ama así a su familia… también sabrá amar a su propia sangre.

Antony dejó escapar una leve sonrisa.

—Y, con el tiempo… quizás puedan aprender a amarse el uno al otro.

Su expresión se tornó más distante.

—Siempre soñé con casarme una sola vez en la vida… con una mujer a la que amara y que me amara. Pero ya sabes lo que me pasó.

Hizo una pausa breve, como si esas palabras aún le pesaran.

—El destino no siempre sigue los planes que hacemos. Me tomó años darme cuenta… pero al menos estoy intentando reconstruir mi vida. Y tú serás testigo de ello.

Volvió a mirarlo con seriedad.

—Solo quiero que hagas lo mismo… sin tener que esperar más de una década como yo.

Esta vez, fue Antony quien le dio una palmada suave en el hombro.

—Haz que ella elija. Pero si al final no te elige a ti… entonces elige tú lo correcto para ti mismo. Como hombre, debes tener dignidad.

Se puso de pie.

—Me voy. Piensa bien en lo que te dije.

Y, sin añadir nada más, salió del penthouse, dejando a Altezza solo… perdido en sus pensamientos, hasta que el cansancio terminó por vencerlo y se quedó dormido en el sofá.

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