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C156: Ilusión falsa

last update publish date: 2026-09-27 15:41:23

••Narra Maximilian••

El sótano industrial estaba ubicado en las afueras de la ciudad, en un polígono abandonado que nadie visitaba. Era un lugar frío, húmedo, con paredes de concreto y un único foco colgando del techo que parpadeaba cada pocos segundos. El aire olía a humedad y a óxido, y el silencio solo se rompía por el goteo constante de una tubería en algún rincón.

Era el lugar perfecto para hacer sufrir a alguien. Pero no cualquier persona. Sino uno en específico.

Theodore.

Nadie sab
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    ••Narra Vienna••Cada día mi recuperación iba mejor. Dentro de poco, ya no tendría que usar bastón. Podría volver a caminar como en el pasado. Algo que era normal para las personas, pero para miera un logro. Me quedé en la azotea, observando a las personas. O mejor dicho, a las hormigas, porque así se veían. Pensaba que entre ellos estaría Maximilian. Salió desde muy temprano, molesto por nuestra conversación. No sabía a donde había ido, ni cuando pensaba volver, pero esperaba que fuera pronto. Pero no para discutir. Ya no quería tratar el tema por los momentos. Los minutos pasaron, hasta que lo sentí, un escalofrío subiendo por mi espalda hasta mi nuca. Como si alguien me observara. Aferré las manos en la mesita de té y giré el tronco superior de mi cuerpo, sin levantarme de la silla. Y ahí estaba, en la puerta, recostado en el marco como si llevara ahí siglos. Me observaba con atención. —¿Maximilian? —Intenté tomar el bastón sin verlo, perdida en los ojos de Maximilian. Pero

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    La notaría estaba en el centro de la ciudad. Era el mismo lugar donde, hace más de un mes, le había pedido a Elliot que quemara los papeles del divorcio de Vienna. El mismo lugar donde había decidido, en un acto de cobardía y amor, atarla a mí sin su consentimiento. Hoy, volvía para hacer lo contrario. Para liberarla. Llevaba la carpeta bajo el brazo, con el acuerdo de divorcio firmado por Theodore. Mis abogados me habían asegurado que todo estaba en orden, que el documento era válido, que no había forma de que Theodore pudiera retractarse una vez que estuviera en la cárcel. Pero yo no podía evitar sentir un nudo en el estómago. No porque dudara de la firma. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, estaba a punto de hacer lo correcto. Entré al edificio y subí las escaleras hasta el segundo piso. La notaría estaba al final del pasillo, con una puerta de madera oscura y una placa dorada que anunciaba el nombre del notario. Brillaba más que la que tenía en mí oficina. Toqué u

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    ••Narra Maximilian•• El sótano industrial estaba ubicado en las afueras de la ciudad, en un polígono abandonado que nadie visitaba. Era un lugar frío, húmedo, con paredes de concreto y un único foco colgando del techo que parpadeaba cada pocos segundos. El aire olía a humedad y a óxido, y el silencio solo se rompía por el goteo constante de una tubería en algún rincón. Era el lugar perfecto para hacer sufrir a alguien. Pero no cualquier persona. Sino uno en específico. Theodore. Nadie sabía que Theodore estaba allí. Ni la policía. Ni la prensa. Solo Elliot y mis hombres más leales que me habían seguido desde el extranjero para instalarme en este país, los mismos que lo habían capturado en la frontera y lo habían traído de vuelta como un animal. Llevaba allí varios días, esposado a una silla de metal, con los ojos vendados y la boca amordazada. Apenas lo mantuve cuerdo ordenándole a mis hombres que lo alimentarán con pan y agua. A Vienna tampoco la alimentaban bien, lo supe so

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    El doctor Ramírez llegó puntual a la cita.Era un hombre de mediana edad, con canas en las sienes y una expresión amable que no lograba ocultar la seriedad de su profesión. Llevaba una maleta pequeña con los instrumentos necesarios para retirar los puntos de Maximilian, y cuando entró al penthouse, lo hizo con la eficiencia de quien ha visitado muchos hogares de pacientes adinerados.—Señor King —Saludó, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Cómo se ha sentido estos días?—Bien —La respuesta de Maximilian fue breve y concisa. No tenía ánimos de platicar y yo sabía por qué..Estaba sentado en el sofá de la sala, con el torso descubierto y la herida aún visible en su abdomen.La herida estaba sanando, ya no se veía roja e inflamada alrededor de la gasa. El doctor comenzó a acomodarse cuando Maximilian se arrancó la gasa sin el menor esfuerzo y la dejó sobre la mesa, indiferente y tranquilo. Ambos lo vimos al instante, en silencio. Sin creer lo que estaba sucediendo.Parpadeé repetidas v

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    Maximilian me sostenía contra su pecho, su respiración profunda y tranquila, su corazón latiendo contra el mío en un ritmo que poco a poco se fue sincronizando. O, ¿fue mi imaginación?Tuve cuidado de no dejar caer mi peso sobre su herida. Yo quería quedarme así, en ese espacio seguro donde no había problemas, donde no había miedos, donde solo estábamos él y yo.Pero sabía que no podía. Yo también tenía un secreto que le estaba ocultando. Y después de todo lo que habíamos pasado, después de que él me confesara algo tan íntimo y doloroso, no podía seguir callándolo.—Maximilian… —Me separé ligeramente para poder mirarlo a los ojos—. Hay algo que yo también tengo que decirte.Tragué saliva, teniendo las palabras que iba a decir. Después de haberme confesado la posibilidad de no tener hijos, la noticia que estaba a punto de darle solo podría hacerlo recaer, pero necesitaba saber la verdad. No podía dejarlo ilusionarse por más tiempo. —¿Qué pasa?Respiré hondo. Mis manos temblaban lig

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