로그인Las sábanas de seda de la cama real se sintieron frescas contra mi piel.
Demasiado frescas. No se parecían en nada a los sacos de arpillera áspera y los suelos de piedra húmeda en los que había dormido durante casi dos décadas. Me senté lentamente, mientras la luz dorada de la mañana del Imperio Licántropo se desparramaba por las ventanas de suelo a techo. Motes de polvo bailaban en el aire, atrapando la luz como diamantes esparcidos. Habían pasado tres días. Tres días desde la negación. Tres días desde que el hombre que amaba destrozara mi alma frente a una multitud que aclamaba. Extrañamente, la marca de media luna oscurecida en mi clavícula ya no ardía como aquella noche. Bajo la aura curativa silenciosa y siempre presente del palacio, había comenzado a cambiar: desvaneciéndose hasta convertirse en un leve brillo plateado. No curada. No desaparecida. Transformándose. Estás despierta. La voz provenía del balcón, profunda y resonante, llegando fácilmente a través de las puertas abiertas. Giré la cabeza. Alaric estaba allí, su imponente figura perfilada contra la ciudad interminable que se extendía debajo. Torres de cristal y constelaciones de neón se alargaban hasta el horizonte, pero él las hacía parecer pequeñas. Parecía menos un hombre y más una fuerza de la naturaleza: algo tallado en obsidiana y luz de luna. Cuando se volvió, sus ojos violetas se encontraron con los míos. Mi corazón dio un salto. En su mano llevaba un frasco de cristal, cuyo contenido brillaba débilmente con un pulso bioluminiscente. Los médicos reales pasaron la noche analizando tu sangre dijo, entrando en la habitación. Sus movimientos eran silenciosos a pesar de su tamaño. Se detuvo al borde de la cama, y el aire a su alrededor se hizo más pesado. La Luna de Plata no solo te llamó «sin lobo», Aria. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral. ¿Qué quieres decir? Se aseguraron de que permanecieras así. Levantó ligeramente el frasco. Raíz de lobo. Mezclada en tu comida diaria. En dosis pequeñas. Controladas. Suficiente para suprimir a tu bestia interior sin matar al cuerpo humano. Mi aliento se escapó en un suspiro débil. Año tras año continuó Alaric, tensando la mandíbula. Los Ancianos sabían exactamente quién eras. Temían que una Reina Crescent surgiera dentro de su manada. Así que te enterraron con vida y lo llamaron misericordia. La verdad golpeó más fuerte que la negación de Silas. Cada insulto. Cada puntapié. Cada vez que me llamaron rota. No me habían odiado. Me habían temido. Mis manos comenzaron a temblar: no por terror, sino por algo mucho más caliente. La rabia floreció en mi pecho, aguda y cegadora, concentrada en lo profundo de mi abdomen donde latía un pequeño latido cardíaco secreto. Silas… mi voz se quebró. ¿Lo sabía? Los ojos de Alaric se oscurecieron. ¿Importa? su voz bajó hasta convertirse en un gruñido. Vi tu sufrimiento todos los días y decidió ignorarlo. Tuvo mil oportunidades de mirar más de cerca. Extendió el frasco hacia mí. Esto es un catalizador lunar. Quemará el veneno con el que encadenaron tu alma. Pero no te mentiré: dolerá. Miré el líquido luminoso. El dolor no me asustaba. He vivido en el dolor toda mi vida. Mis dedos rozaron los suyos cuando tomé el frasco. Una chispa de electricidad recorrió mi brazo: un recordatorio del lazo que afirmaba unirnos. Sin dudar, bebí. Durante un solo latido cardíaco, no sucedió nada. Luego el mundo explotó. Grité cuando un calor abrasador inundó mis venas. Mi espalda se arqueó hacia arriba, alejándome de la cama; cada hueso de mi cuerpo gritó como si les vertieran plata fundida en la médula. Mi visión se volvió blanca. Un rugido retumbó en mi mente. No dolor. Poder. Mi lobo irrumpió hacia adelante: no débil, no silenciosa, sino vasta. Una titana plateada y blanca, cuyo pelaje brillaba con luz de luna, cuyos ojos eran del mismo violeta inquietante que los de Alaric. Intentaron enterrarnos, susurró. Pero somos las elegidas de la Luna. Una luz estalló desde mi piel. Los muebles temblaron. Las ventanas zumbaron cuando mi despertar sacudió la propia habitación. Me derrumbé hacia adelante. Fuertes brazos me atraparon antes de golpear el suelo. Alaric me sostuvo firme, su presencia era un ancla en la tormenta. Su aroma madera de cedro y escarcha de invierno cortó el caos. Tranquila murmuró. Deja que se queme todo. Me aferré a él mientras el último resto del veneno se hacía añicos dentro de mí. Mientras tanto, en la Manada de la Luna de Plata… El aire se sentía mal. Estancado. Pesado. Silas Vane estaba solo en el Gran Salón, mirando el suelo de piedra limpio cerca de la entrada de los sirvientes. El lazo de compañerismo que había roto debería haberlo dejado libre. En cambio, le dejó un dolor necrótico en el pecho. Madera de cedro. Escarcha de invierno. Y un poder tan inmenso que hizo que su lobo Alfa quisiera meterse en un agujero y morir. Aria susurró, con horror y añoranza entrelazados en su voz. No murió. La comprensión lo alcanzó con fuerza. Fue a él. De vuelta en el Palacio Licántropo… Estaba en el balcón, el viento jugaba con mi nuevo cabello plateado. Mi piel zumbaba débilmente, viva de una manera que nunca lo había estado antes. Podía sentir el latido de la ciudad bajo mis pies. Cada hoja. Cada respiración. Alaric se acercó a mi lado, colocando su mano sobre la mía en la barandilla. Silas ha recibido mi mensaje dijo con calma. Comienza a entender. Miré hacia abajo, a mi estómago, donde la vida crecía en silencio dentro de mí. Vendrá por mí. Que venga gruñó Alaric. He esperado siglos a una Reina. Se volvió hacia mí, su expresión cambió. Sobre su corazón, hendiduras como venas negras pulsaban débilmente. El Hambre dijo suavemente. Sin ti, me consumirá. Acercó su frente a la mía. Si no me reclamas, perderé la razón. Miré a sus ojos: vi al Rey, al monstruo y al hombre que luchaba contra ambos. No soy la Omega que rescataste dije en voz baja. Soy una Reina. Y yo decidiría el precio.La brisa matutina que soplaba sobre el Valle de la Media Luna traía ahora una melodía diferente. Si diez años atrás este valle estaba impregnado del olor metálico de la sangre y los gritos de batalla contra entidades ancestrales, ahora se llenaba con la fragancia de las flores de Jazmín Plateado, que florecían durante todo el año. Se decía que estas flores nacían de los restos de luz que Aria dejó atrás durante su última Ascensión. A lo lejos, las ruinas del antiguo palacio del clan Blackroot se mantenían en pie intencionalmente como un monumento, pero a su alrededor había surgido una nueva y majestuosa ciudad. Esta urbe no tenía altos muros que separaran castas; era una ciudad de luz donde hombres lobo, humanos y otras razas sobrenaturales convivían en una igualdad que antes se consideraba imposible.Lucian Blackroot, ahora completamente adulto, se encontraba en el balcón del nuevo palacio. Ya no llevaba pesadas coronas de oro. En su lugar, vestía una sencilla túnica gris con el
Las sirenas de la ciudad de Edén aúllan como lobos moribundos. La luz roja de emergencia se refleja en las paredes de cristal que comienzan a agrietarse bajo la presión de la energía del Vacío que brota incontrolablemente del cuerpo del joven Lucian. En el centro de La Trama, la gigantesca máquina vibra con violencia, absorbiendo lo último de la vida del Príncipe Heredero para mantener la estabilidad de la ciudad flotante.Alaric se encuentra de pie frente a la plataforma principal, mirando a Silas, la versión del futuro que ahora lleva una armadura de cristal resplandeciente con códigos binarios. Silas ya no parece humano; es una entidad que trasciende el tiempo, cargando con el conocimiento de miles de líneas temporales fallidas.¿Por qué tengo que ser yo, Silas? pregunta Alaric con voz serena en medio del caos. ¿Por qué no lo haces tú? ¿No fuiste creado como sujeto experimental para soportar esta carga?Silas mira a Alaric con unos ojos violetas despojados de emociones humanas, au
El Océano Prohibido que separa el continente sobrenatural de la antigua civilización humana no ha sido surcado por nadie en quinientos años. Sus aguas no son azules, sino de un color plata oscuro y turbulento debido a los restos de energía del Vacío que se han congelado. Sin embargo, esta noche, un barco construido con madera de teca del clan Blackroot y revestido con escamas de dragón de cristal corta las olas a una velocidad increíble.En el puente de mando, Alaric se mantiene erguido. La herida en su hombro, causada por la estocada de Lucian, aún palpita, emitiendo un resplandor azul residual del programa Re-Génesis. Pero se niega a recibir tratamiento. Para él, el dolor es un recordatorio de que su hijo está en peligro. A su lado, o más bien flotando sobre su hombro, la forma luminiscente de Aria brilla constantemente.Se están acercando, Alaric susurra Aria. Su voz ya no es solo sonido, sino una vibración que penetra hasta la médula. Puedo sentir su frecuencia gélida. Nos es
La noche en la nueva capital del clan Blackroot debería haber sido una noche de celebración. Sin embargo, dentro de las habitaciones privadas del Rey, el aire se sentía helado. Alaric permanecía inmóvil junto al cochecito de Lucian. Las palabras que el bebé acababa de pronunciar "Re-Génesis: Activado" resonaban aún como una sentencia de muerte. El brillo azul neón que había iluminado los ojos de Lucian había desaparecido, reemplazado por sus ojos plateados habituales que miraban a Alaric con la inocente curiosidad de un niño.Alaric temblaba. Su mano áspera acarició la suave mejilla de Lucian, intentando encontrar algún rastro de humanidad allí. "Lucian... ¿qué hay dentro de ti?"La mujer con velo que afirmaba ser la madre de Aria entró en la habitación sin hacer ruido. Se quitó el velo, revelando un rostro increíblemente parecido al de Aria, pero marcado por líneas de eterna fatiga en el contorno de sus ojos. Su nombre verdadero era Elara, la última Luna de la era de la primera e
La suave brisa que soplaba sobre los restos de la Montaña de Mármol ya no traía el olor metálico de la sangre, sino el aroma de tierra mojada y una extraña frescura. El alba plateada brillaba en todo su esplendor, iluminando los valles inferiores que ahora comenzaban a cubrirse de plantas luminosas, un fenómeno natural provocado por la energía de la Ascensión de Aria. Sin embargo, en el pico más alto, donde Alaric permanecía inmóvil como una estatua, la atmósfera estaba lejos de ser pacífica.Alaric observaba el fragmento de metal oscuro en la palma de su mano. La inscripción "Proyecto Re-Génesis: Sujeto 01 - Silas" parecía quemarle la vista. El bebé Lucian seguía durmiendo plácidamente en sus brazos, envuelto en la capa rasgada del Rey. Detrás de él, la figura cristalina de Silas se alzaba imponente, aprisionando la oscuridad de Malakor en una eternidad silenciosa."¿Sujeto?" susurró Alaric con voz ronca. "Silas... ¿acaso toda tu vida, tu lealtad y tu sufrimiento no fueron más que
El Monte Mármol, una vez majestuoso, no era ahora más que un montón de escombros bañados en sangre y luz. Los restos de la energía explosiva de Malakor dejaron un olor a azufre y un vacío aterrador. En medio de la destrucción, Alaric estaba arrodillado sobre la tierra agrietada. Su respiración era pesada, cada bocanada de aire se sentía como tragar fragmentos de cristal. Su manto dorado estaba rasgado, pero sus ojos, que habían recuperado su color original un profundo azul marino miraban a la pequeña figura en sus brazos con una expresión destrozada y, al mismo tiempo, de alivio.Lucian había vuelto a su forma de bebé, aunque su piel aún conservaba tenues patrones plateados que brillaban débilmente. El niño ya no lloraba; dormía profundamente, exhausto tras haber sido el campo de batalla entre dos fuerzas divinas.Alaric levantó la vista al sentir una brisa que olía a jazmín, en contraste con el hedor a muerte. Aria estaba de pie frente a él o más bien, la imagen espectral de Aria.







