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Damián cargó el bolso en el auto y cerró el baúl mientras Valentina comprobaba por tercera vez que llevaba el celular en la cartera. Habían salido temprano y, antes de tomar la ruta, ella llamó al hospital para saber cómo había pasado su madre la noche. La enfermera le confirmó que continuaba estable, con la misma respiración tranquila del día anterior y sin ningún cambio que requiriera su presencia. Solo entonces Valentina aceptó acomodarse en el asiento. —Son dos horas —le recordó Damián mientras arrancaba—. Si pasa cualquier cosa, volvemos. —Ya sé. Además, no tiene por qué pasar nada. —Y dejaste tres números de teléfono. Valentina giró lentamente hacia él. —Cuatro. Damián soltó una carcajada. —Por supuesto que fueron cuatro. Ella sonrió y apoyó la cabeza contra el asiento. Contra todo lo que habría imaginado unos días atrás, no se arrepentía de haber aceptado aquel viaje. Seguía pendiente del teléfono y probablemente lo estaría hasta regresar, pero necesitaba unas horas le
Bianca cerró la puerta de su habitación después del almuerzo y arrojó el teléfono sobre la cama con más fuerza de la necesaria. Todavía podía escuchar la voz de su madre exigiéndole que se comportara como una adulta, reconociera que se había excedido con Valentina y, sobre todo, le pidiera disculpas sin convertir aquello en otra discusión familiar. Lo había hecho. Había pronunciado el «perdón» delante de todos y Valentina, para colmo, lo había aceptado con una tranquilidad que la irritó todavía más. —Una Arce... —murmuró mientras se quitaba los zapatos—. Mamá me hizo pedirle perdón a una Arce. Además, durante el almuerzo había notado a Isadora mucho más amable con la esposa de su hermano. Para su madre, Damián había elegido a Valentina y todos debían aprender a convivir con eso. Bianca no pensaba igual. Su hermano podía preocuparse por ella, protegerla e incluso confundirse durante un tiempo, pero Bianca seguía convencida de que aquella relación no tenía futuro. Y si Damián no c
Damián estacionó frente al hospital después de salir de la casa de Isadora y apagó el motor mientras Valentina guardaba el teléfono en la cartera. Durante buena parte del camino habían hablado de cualquier cosa menos del almuerzo. Ella no mencionó Alessandra y Damián tampoco pareció darle importancia a la conversación que Bianca había iniciado antes de que se marcharan. Valentina abrió la puerta. —No voy a demorar mucho. Damián bajó también. —No tengo apuro. Ella no discutió. En los últimos días se había acostumbrado a que él la acompañara hasta el piso de Lorena y esperara sin intentar decidir cuánto tiempo debía quedarse. Al llegar a la habitación, Valentina entró primero. Su madre permanecía exactamente igual, acomodada entre las almohadas, conectada a los equipos que desde hacía años formaban parte del paisaje de esa habitación. Una enfermera terminaba de controlar la medicación y anotó algunos valores antes de saludarlos. —Está tranquila —les explicó—. No hubo ni
Damián estacionó frente a la casa de su madre poco antes del mediodía y apagó el motor sin bajar enseguida. Valentina terminó de guardar el celular en la cartera y giró hacia él. Habían pasado dos días desde que Jorge Dumas se entregó y ella no podía verlo hasta el juicio. —¿Por qué tenés esa cara? —Porque conozco a mi hermana. —Yo también la conozco un poquito ... Sobrevivire.. Damián apoyó una mano sobre el volante. —Mi madre dijo que Bianca quiere disculparse. Valentina levantó una ceja. —¿Quiere o tu madre la obligó? La pregunta consiguió arrancarle una sonrisa a Damián que se acercó a ella y la besó. —Segunda opción. —Entonces no espero demasiado.Sonrio. Bajó del vehículo antes de que él pudiera seguir advirtiéndole nada. Isadora los recibió en la entrada y abrazó a Valentina con más cariño del que ella esperaba. No hizo preguntas sobre los últimos días ni mencionó nada de lo que estaba viviendo con Daniela. Se limitó a acompañarlos hasta el comedor, dond
Daniela entró a la sala de entrevistas escoltada por una funcionaria y encontró a su defensora de oficio esperándola con una carpeta abierta sobre la mesa. Ya no quedaba demasiado de la mujer que durante años había entrado a hoteles, reuniones y cenas familiares convencida de que podía manejar a cualquiera. Llevaba el cabello recogido, el rostro sin maquillaje y el conjunto deportivo que le habían permitido usar durante el traslado, aunque todavía conservaba la espalda recta y la barbilla en alto, aferrándose a la poca autoridad que le quedaba. La abogada esperó a que se sentara. —Jorge Dumas se presentó voluntariamente y está declarando. Daniela dejó de acomodarse la manga. —¿Qué dijo? —Lo suficiente para que continuar negando absolutamente todo deje de ser una estrategia razonable. La defensora deslizó varias hojas hacia ella. Daniela apenas las observó. —Ese hombre es un delincuente. Va a decir cualquier cosa para salvarse. —Puede intentarlo. El problema es que no
Ramiro sacó el teléfono del bolsillo y abrió una de las imágenes que había guardado de las cámaras de seguridad.—El hombre que dejó el sobre fue Jorge Dumas. Damián tardó unos segundos en relacionar el nombre.—¿El dueño del taller?—El antiguo dueño —aclaró Ramiro—. El mismo que aparecía en los registros de reparaciones del auto de Lorena.La sonrisa con la que Valentina había regresado del parque desapareció por completo. Bajó el pequeño peluche que todavía llevaba apretado contra el cuerpo y se acercó al teléfono.En la pantalla se veía a un hombre entrando al hotel con gorra, una campera oscura y un sobre en la mano. La imagen no era perfecta, pero el rostro aparecía con suficiente claridad cuando levantaba la cabeza frente a recepción.Vivian se acercó a ella.—Revisamos varias cámaras. Entró solo, preguntó si podía dejar algo para ti y se fue pocos minutos después. No intentó hablar con nadie.—¿Cómo saben que es él?Ramiro deslizó otra fotografía.—Porque comparamos la imagen







