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Capitulo 7

ผู้เขียน: Annabella M P
last update วันที่เผยแพร่: 2025-07-23 10:57:39

ADRIANNA.

Adrianna, Lety y Ernesto habían llegado a Atenas, y el chofer esperaba por ellos en el aeropuerto.

Caminaron por los pasillos y llegaron donde estaba Cirilo.

—Bienvenido, señor Lanús —dijo el chofer.

Ernesto respondió al saludo e invitó a Lety a subir a la limusina.

Ella lo miró fijamente, con una pregunta silenciosa dibujada en el rostro. Ernesto sonrió, como quien ya esperaba esa mirada.

—Sé que hay muchas preguntas sin responder —dijo.

—Soy un empresario, en mi juventud fui detective privado. Dejé la placa hace mucho para dedicarme a mi familia, pero sigo con un caso que nunca he podido cerrar.

—¿El caso de su hija? —preguntó Adrianna, sintiendo que el corazón se le aceleraba. Algo en el tono de Ernesto le decía que aquello la incluía a ella de alguna forma.

Ernesto guardó silencio un instante, como si buscara la manera menos dolorosa de decirlo.

—Si. Cuando mi hija viajó a Roma hace un tiempo. Desde esa noche, que en una fiesta, le arrebataron algo que nunca pudo recuperar. Desde entonces busco al responsable. Cuando te encontré esa noche, Adrianna... reconocí esa misma mirada. Perdóname si te incomoda que lo mencione.

Adrianna sintió que el aire se le atoraba en la garganta. Bajó la vista y tragó el nudo que se le había formado.

—Tranquilo, Ernesto. Que no hable de eso no significa que no pasó. Solo es un tema del que no estoy lista para hablar. Todavía no.

Continuaron el viaje. El resto del recorrido fue en completo silencio. Adrianna miraba el paisaje mientras, en su mente, se recreaban imágenes de sus hijos.

¿Qué rasgos tendrán? ¿Y si se parecen a su padre?

El auto se estacionó, y frente a sus ojos tenían una enorme mansión.

—Hemos llegado, señoritas —dijo Ernesto, bajando y después dando la mano a Adrianna y luego a Lety.

—Es muy linda tu casa... qué digo casa, mansión —dijo Lety.

—Está a su disposición, este será su hogar de ahora en adelante.

—Será hasta que busquemos trabajo, y podamos tener nuestro propio departamento —dijo Adrianna.

—Esta casa es muy grande, tan grande que será como vivir en su propio departamento, pero ya habrá tiempo para hablar de eso —dijo Ernesto, caminando con ellas al interior de la mansión.

Llegaron y pasaron a la sala de estar, donde los esperaban Natalia y el pequeño Joshua.

—¡Abuelo! —dijo Joshua, corriendo a sus brazos.

—Hola, mi campeón. ¿Cómo has estado? ¿Te portaste bien?

—Sí, abuelo, ya aprendí a sumar. Mira, uno más uno son dos —expresó con alegría, mostrando sus dedos.

—¡Bravo! Estoy muy orgulloso de ti, mi campeón. Mira, te presento a dos amigas; ellas necesitan que tú, en tus momentos libres, les muestres esta casa.

—Sí, abuelo, seré su guía... Hola, soy Joshua —caminó y se presentó ante Lety y Adrianna. Ellas asintieron y tomaron su mano.

—¡Hola! Mucho gusto, pequeño.

—Dime Jhos, así me dicen mami y el abuelo.

—Está bien, Jhos —respondió Adrianna, sonriendo.

Ernesto miró a Natalia, que sonreía, y se acercó a ella.

—Hija, te presento a Lety y a Adrianna, unas amigas —dijo Natalia, y volvió a sonreír al notar el sonrojo de su padre al mirar a Lety.

—Mucho gusto, Lety, Adrianna. Espero que se sientan muy cómodas, y me alegra mucho tenerlas aquí. Así no estaremos tan solos.

Después de las formalidades, Natalia las llevó a la planta alta para indicarles sus habitaciones.

—Esta será tu habitación —le indicó a Adrianna.

—Muchas gracias, de verdad necesitaba alejarme de mi ciudad.

—Tranquila, aquí estarás bien, y espero que seamos buenas amigas.

—Sí, también lo espero.

—Cuando desees, aquí estoy para hablar.

—Lo tendré en cuenta —dijo Adrianna.

Natalia salió de la habitación, y Adrianna suspiró profundo. Miró lo grande y espaciosa que era, caminó despacio y salió a la terraza. Miró el hermoso paisaje, y suspiró profundo.

—Una nueva vida —dijo en un susurro, acariciando su vientre.

Lety y Adrianna lograron descansar. Al día siguiente, y después de su arreglo personal, bajaron al comedor donde estaba Ernesto junto a Natalia y Joshua.

—Buenos días, y disculpen el haberme quedado dormida —dijo Lety. Adrianna bajó, saludó y se quedó en completo silencio, sentada en una de las sillas; no pronunció palabra.

—¿Te pasa algo? —preguntó Natalia al verla distante.

—No, es solo que no me siento bien —respondió.

El desayuno fue servido, y mientras todos comían, Adrianna empezó a sentir las típicas reacciones del embarazo.

—Disculpen —dijo, saliendo al baño. Natalia le hizo señas a Lety de que ella iría a ver si necesitaba algo.

—¿Estás bien? —preguntó Natalia. Adrianna salió, cerrando los ojos y apretando su estómago.

—Son los síntomas del... embarazo —dijo.

—Después pasarán, lo mismo me sucedió, te llevaré con mi ginecólogo para que te atienda.

—Muchas gracias, Natalia.

El desayuno pasó, y una hora después...

—Sé la necesidad de trabajar, Lety, pero piensa en Adrianna: en su estado y por su edad, aún no puede tener un trabajo.

—No queremos ser una carga para ti, Ernesto.

—No lo son. Mira, hagamos algo: tú dices que deseas trabajar; pon aquí tu taller de costura y tú harás los uniformes de mi compañía.

—¿Compañía? ¿Acaso no eres detective?

—Lo soy, y retirado. Ahora tengo una empresa de construcciones. Es por eso que digo que tú serás la encargada de hacer los uniformes; contratas personal y estás aquí en casa. Es más, en el ala sur hay un salón muy amplio que nadie utiliza, ahí puedes trabajar. Además, el salón está equipado con todas las máquinas: mi esposa era maestra de diseño.

—¿En verdad? Podemos ir a verlo ahora.

—No... ahora no, primero ordenaré que lo limpien; ha estado abandonado por mucho tiempo —dijo Ernesto—. Hoy te llevaré de paseo, te voy a enseñar la ciudad. ¿Te parece? Mientras limpian el lugar.

Lety aceptó y fue a la habitación para arreglarse un poco, mientras Ernesto fue a su oficina a realizar unas llamadas.

—Sí, completo. Quiero todo listo para pasado mañana mismo, ni un día más —ordenó, y colgó la llamada.

Ernesto salió de la oficina y miró hacia lo alto de las escaleras: Lety bajaba con un hermoso vestido blanco, un sombrero a juego con la cartera y sandalias. Ernesto sintió un vuelco en el corazón.

Mientras tanto, Adrianna y Natalia habían salido para ir al ginecólogo. Natalia estaba al tanto del problema de Adrianna, y sabía que aún no estaba lista para abordar el tema.

—Después de la cita con el ginecólogo, podemos ir a conocer la ciudad. ¿Te parece?

—Claro que sí, y así podré ver si consigo un trabajo —respondió Adrianna.

—¿En qué te gustaría trabajar?

—No tengo experiencia, recién me gradué de la preparatoria. Necesito un empleo para poder estudiar en la universidad.

—Bien, yo estoy estudiando arquitectura. ¿Qué te gustaría seguir estudiando?

—Detechos internacionales, necesito sacar a mis hijos adelante.

—¿Hijos?

—Sí... serán trillizos.

—¡Oh my god! Qué hermoso, trillizos... Felicidades, Adri, estoy segura de que serás una gran madre —dijo Natalia, muy contenta, y vio tristeza en los ojos de Adrianna.

—No estés triste, Adri. Un hijo es el mayor regalo que Dios nos envía a una madre como nosotras; no importa el cómo... lo importante es que ellos estarán contigo. Sus risas y ocurrencias son la mejor medicina.

—Seguro que así será.

—Sabes, yo también fui abusada, y el resultado de eso es mi hermoso hijo; es el niño más hermoso del mundo —expresó Natalia, viendo los ojos de Adrianna cristalizarse.

—Mi temor más grande es cuando ellos pregunten por su padre. ¿Qué voy a responder? ¿Cómo les diré?

—No te preocupes por eso, deja que todo sea a su tiempo. Tú vive el proceso y no le des tantas vueltas.

Llegaron al ginecólogo y recibieron los mismos resultados. Dos horas después salieron del hospital; Natalia y Adrianna pasaron el resto del tiempo conociendo la ciudad.

—Es una hermosa ciudad, nunca creí conocerla; siempre veía imágenes de Santorini.

—Iremos también. Ahí tenemos casa en la playa; lo verás en vivo y en directo, y ya no en imágenes.

—Necesito un trabajo más que nunca, tengo que empezar a ahorrar para mis bebés.

—Tranquila, mi padre necesita una secretaria de asistencia; estoy segura de que ahí te dará trabajo con horario flexible para que puedas estudiar.

—¿De verdad? Me alegra mucho. Tengo que ayudar a mi madrina con los gastos, no puedo depender de ella.

—Lo único que te quiero pedir es que no te vayas de casa; así tengo una amiga con quien hablar, y cuando nazcan los bebés, mi hijo tendrá primitos para jugar, aunque él ya sea más grande.

—Está bien, lo hablaré con mi madrina —respondió Adrianna, aceptando la posibilidad de quedarse a vivir ahí.

Todos habían regresado en la noche, y estaban listos para cenar.

—Adrianna, espero que hoy haya sido un día muy productivo para ti —preguntó Ernesto.

—Claro que lo fue. El médico me revisó, tengo cita el próximo mes, y estuve buscando trabajo...

—Papá, el otro día dijiste que necesitabas una secretaria de asistencia. ¿Aún sigue vacante ese puesto?

—Sí, aún no tenemos a nadie. Pero sería mejor que Adrianna trabaje directamente conmigo, como mi asistente.

—Pero deseo estudiar, señor Lanús.

—Por eso mismo, tu horario se ajustaría a tus estudios, porque la secretaria tiene tiempo completo, y como mi asistente no —aclaró Ernesto. Y Adrianna terminó aceptando.

—Pueden quedarse a vivir aquí; incluso le dije a Lety que hay un taller que nadie utiliza, y lo están adecuando —dijo Ernesto. Y Natalia lo miró extrañada.

La cena pasó entre conversaciones triviales y planes a futuro. Eran casi las once de la noche y cada uno fue a su habitación.

Al día siguiente, Adrianna fue a la empresa de Ernesto y fue presentada como su asistente personal.

—Daría, indícale cuál es su trabajo a realizar —ordenó Ernesto, pasando a la sala de juntas para ver la maqueta que estaban realizando del nuevo proyecto.

—Enseguida, señor —respondió Daría, empezando a indicarle a Adrianna el trabajo a realizar.

Dos horas después, Adrianna estaba lista para inscribirse en la universidad.

—Muy bien, señorita, a organizar su tiempo de trabajo y estudios —dijo Lety, felicitando a Adrianna por el nuevo rumbo que le daría a su vida.

—Ven, que a ti te voy a mostrar el taller: está listo, esperando a su nueva jefa —dijo Ernesto, caminando con Lety al ala sur de su residencia.

Llegaron y el salón estaba equipado con los implementos y maquinarias necesarias. Lety estaba maravillada viendo cada máquina; era un pequeño taller que ella veía como una gran fábrica.

—Y hay otra cosa más que tienes que ver: en este banco puedes hacer un préstamo, porque estoy seguro de que no me recibirás dinero para invertir.

—Pues sí, ya bastante tengo con que me prestes el taller de tu esposa.

Un mes había transcurrido. Lety tenía contratos con las empresas de Ernesto para elaborar uniformes y uno que otro diseño de fiesta. Contaba con un personal muy amplio y capacitado, y su ilusión era tener un taller propio.

Por otro lado, Adrianna había empezado a trabajar y a estudiar derechos internacionales, viendo cómo su vientre, en tan solo cinco meses, era enorme.

—Hoy tengo cita con el ginecólogo, hoy sabré si serán niños o niñas —dijo Adrianna. Cada día era una nueva oportunidad, una nueva esperanza, y la certeza de que tendría un futuro prometedor. Estaba aceptando su nueva realidad y vivía cada día el proceso; acariciaba su vientre mientras les hablaba a sus bebés.

—Adri, vamos, se hará tarde —dijo Natalia, pasando por ella para acompañarla al hospital.

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