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La Semilla que No Muere"

Autor: ARYO
last update Fecha de publicación: 2026-05-28 10:18:13

Ciento noventa años después de aquella noche que lo cambió todo.

El Valle de la Manzana ya no era un bosque. Era un mundo. Millones de árboles dorados cubrían montañas, valles y ciudades enteras, creando un tapiz vivo que brillaba bajo la luna. El Santuario se había convertido en la capital espiritual de un nuevo orden: no un imperio, sino una red global donde la libertad no era un derecho concedido, sino una práctica diaria.

Lira XVII, de veintiocho años, caminaba descalza por el sendero centr
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Último capítulo

  • El CEO y la Indomable   EPÍLOGO

    Quinientos cincuenta años después…En la cima de la Colina del Primer Suspiro, bajo el Árbol Madre que ya medía más de cien metros de altura, Lira XLIV plantó la última semilla dorada con sus propias manos. No era una semilla cualquiera. Era la que había viajado con ella desde la Tierra, guardada durante generaciones.El viento de Nuevo Amanecer soplaba suave, cargado del aroma dulce de los bosques que ahora cubrían el planeta. Miles de personas observaban en silencio. No era una ceremonia grandiosa. Era un adiós y un hola al mismo tiempo.Lira XLIV se levantó, se limpió las manos de tierra y miró al horizonte donde dos soles se ponían en tonos dorados y violetas.—Hace quinientos cincuenta años —dijo con voz clara que llegó hasta el último rincón—, una mujer sin nombre entró desnuda en una torre y mordió una manzana. No quería poder. Solo quería ser libre. Hoy, esa misma libertad respira en este mundo. Y en los que vendrán.Levantó la mirada al cielo.—Kael, Lira… gracias. Por enseña

  • El CEO y la Indomable   La Llama que Nunca Se Apaga

    Quinientos cincuenta años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer brillaba bajo sus dos soles. Los bosques dorados cubrían valles, montañas y costas, formando un tapiz vivo que se podía ver desde el espacio. Las ciudades crecían en armonía con la naturaleza, y la humanidad había aprendido, por fin, a ser parte del mundo en lugar de su dueño.Lira XLIV, de treinta y ocho años, estaba de pie en la cima de la Colina del Primer Suspiro, el lugar sagrado donde su tatarabuela había plantado la primera semilla dorada en este planeta. Su cabello negro ondeaba con el viento, y sus ojos plateado-dorados reflejaban la luz de los dos soles. A su lado estaban su pareja, Ares XIII, sus tres hijos y más de mil miembros de la familia extendida.—Quinientos cincuenta años —dijo Lira XLIV con voz emocionada—. Y hoy cerramos el ciclo.Bajaron juntos al Gran Claro Ancestral, donde decenas de miles de personas se habían reunido. El ambiente era de reverencia y celebración. Los árboles

  • El CEO y la Indomable   El Susurro de los Mundos Nuevos"

    Quinientos veinte años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era una colonia. Era un mundo vivo. Los bosques dorados cubrían valles enteros, brillando con una luz suave que se veía desde el espacio. Las ciudades se habían integrado completamente con la naturaleza: casas que crecían junto a los árboles, puentes hechos de raíces vivas y caminos que respetaban el latido del planeta. La humanidad había aprendido, por fin, a no dominar, sino a escuchar.Lira XLIII, de treinta y un años, caminaba descalza por un sendero elevado que serpenteaba entre las copas de los árboles dorados. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Kael XXIV, de treinta y tres años, y su hija menor, Nova XI, de quince años.—Quinientos veinte años —dijo Lira XLIII, tocando una hoja dorada que brilló en respuesta a su contacto—. Y este mundo ya tiene su propio ritmo.No

  • El CEO y la Indomable   El Bosque que Respira entre Mundos"

    Quinientos diez años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era un planeta virgen. Los primeros bosques dorados crecían en valles fértiles, brillando bajo un sol más naranja que el de la Tierra. Las ciudades se construían integradas con la naturaleza, con árboles dorados como pilares vivos de los edificios. La humanidad había aprendido, por fin, a no conquistar, sino a convivir.Lira XLII, de treinta y tres años, caminaba descalza por un sendero recién abierto en el primer bosque dorado del nuevo mundo. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Ares XII, de treinta y cinco años, y su hija Sol XVI, de dieciséis años.—Quinientos diez años —dijo Lira XLII, tocando el tronco de un árbol dorado que brilló en respuesta—. Y el bosque ya respira con nosotros.Sol XVI miró las copas brillantes.—Quiero que este mundo tenga su propia historia. No s

  • El CEO y la Indomable   El Primer Aliento de un Nuevo Sol"

    Quinientos años después de aquella noche que lo cambió todo.La nave generacional Indomable I había completado su primer salto interestelar. Ahora orbitaba un exoplaneta azul-verde al que habían llamado “Nuevo Amanecer”. Los árboles dorados ya crecían en los invernaderos de la nave y se preparaban para ser plantados en suelo alienígena.Lira XLI, de treinta años, estaba de pie en la plataforma de descenso, vestida con el traje ligero de exploración. Su cabello negro estaba recogido en una trenza práctica, pero algunos mechones rebeldes flotaban alrededor de su rostro. Sus ojos plateado-dorados brillaban con una mezcla de nervios y excitación que recordaba a su tatarabuela.A su lado estaba su pareja, Ren VIII, y su hermano menor, Kael XXIII, de veintiocho años.—Quinientos años —dijo Lira XLI en voz baja, mirando el planeta a través del ventanal—. Y hoy pisaremos un mundo que nadie de nuestra sangre ha tocado nunca.Kael XXIII ajustó el casco en sus manos.—Ellos empezaron con una tor

  • El CEO y la Indomable   El Silencio entre Estrellas"

    Cuatrocientos noventa años después de aquella noche que lo cambió todo.La nave generacional Indomable I surcaba el espacio interestelar en un silencio casi sagrado. Los árboles dorados crecían en los invernaderos internos, adaptados a la radiación y la baja gravedad. Ya no eran solo símbolos. Eran parte del sistema de soporte vital de la nave.Lira XL, de treinta y un años, estaba de pie en la Sala de Observación Primaria, mirando la oscuridad infinita. Su cabello negro flotaba con elegancia en la gravedad artificial, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado tan característico. A su lado flotaba su pareja, Ren VII, de treinta y tres años, y su hijo menor, Kael XXII, de doce años.—Cuatrocientos noventa años —dijo Lira XL en voz baja—. Y el silencio del espacio ya no da miedo. Se siente como casa.Kael XXII miró las estrellas con ojos curiosos.—¿Crees que encontraremos otros como nosotros ahí fuera?Lira XL sonrió.—Espero que no. Espero que encontremos algo completamente nu

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