LOGINPARTE 1 DE LA SERIE «PERVERTED LITTLE ME» ADVERTENCIA⚠️ Este libro está dirigido exclusivamente a los amantes de la literatura erótica y el BDSM. ¡No pienses en otra cosa! Sí, es una historia obscena, pero no es lo que estás pensando, amigo. Cada capítulo de este diario son historias ficticias sobre los diversos paisajes sexuales de los personajes. Imagina que estás leyendo el diario de alguien, pero no solo de una persona... ¿Entiendes lo que quiero decir? A medida que avanza el libro, varias aventuras sexuales te harán recordar algunos recuerdos maravillosos. Me refiero a recuerdos húmedos. Este libro no está escrito para despreciar o abusar de nadie, ni de la comunidad LBGTQ ni de los heterosexuales, este libro no juzga a nadie, es solo para fines de entretenimiento. ¿Te imaginas leer el diario de una chica de instituto sobre cómo se folló a su profesor empollón? Solo imagina la escena, PD: esto no es para niños, demasiado caliente para los empollones... solo un psicópata puede meterse en esto...
View More5 de marzo de 2027
Hola, tío. Uf, no me gusta mucho escribirlo todo, pero ha pasado una m****a en el instituto. ¿Sabes qué? ¡Me he follado a Ava! Sí, la misma Ava, la presidenta del consejo estudiantil, y le ha encantado. Vale, vale, ¿te preguntas quién es Ava? Sí, tienes derecho a preguntarlo, porque hace mucho que no actualizo. Bueno... Ava es la chica más popular del instituto, con un cuerpo absolutamente perfecto que la convierte en el objeto del deseo de prácticamente todos los chicos. Tío, era la presidenta del consejo estudiantil y la primera de la clase, lo que me daba aún más ganas de follarla. ¿Te imaginas lo guay que parecería si me follara a esa chica que todos se mueren por tener? Es súper delgada, con largo cabello rubio platino, ojos azules brillantes y labios rosados y carnosos, tiene un trasero perfecto y tetas pequeñas y turgentes, básicamente es la chica del colegio con la que todos los hombres fantasean con follar. Todo el mundo parece pensar que es perfectamente inocente, con su amplia sonrisa, sus ojos de cachorro y su pelo recogido en coletas y gafas de Harry Potter, pero nunca imaginarías que Ava es una zorra. Parece estar siempre en paz con todo el mundo y con esa sonrisa falsa pegada a la cara, pero por dentro, me refiero a entre bastidores, intimida sin piedad con su pequeño grupo de aduladores al que llama grupo de estudio. Pues adivina qué, mi suerte finalmente llegó cuando nos asignaron a ambos trabajar en un proyecto por parejas para la clase de inglés y, por desgracia, me tocó nada menos que Ava, la chica sexy. Joder, no te imaginas lo feliz que estaba de estar al menos con esa zorra psicópata. Estuvimos buscando en los libros de la biblioteca para encontrar algo sobre el tema que habíamos elegido y, tío, esta chica se quitó las gafas y se desabrochó la camisa, dejando al descubierto su escote. No podía concentrarme, tío, era demasiado perturbador ver ese escote, pero aún así tenía que comportarme como un hombre, así que la seguí hasta la esquina de la biblioteca donde están apilados los libros de historia y que rara vez se consultan. Ava había sido despiadada desde que entramos en la biblioteca con su concentración en el proyecto, ni siquiera me dedicó una mirada, por no hablar de dejarme ver el escote otra vez, así que me enfadé. Perdí los estribos, nunca he sido una persona violenta y me han educado para no pegar nunca a una mujer, pero cuando le pregunté por qué era tan fría, ¿adivinas qué me dijo Ava? «Tío, tengo que hacer esto rápido para poder volver al club y al gangbang». ¡Me enfadé! ¿Gangbang? Imagínate esa m****a cuando un hombre perfecto como yo se muere por follar esos escotes y disparar mis malditas balas sobre ellos. En serio, no sé cuándo mi bofetada había enviado a Ava a rodar por el suelo, ella estaba agachada frente a mí cuando la golpeé. Al instante me arrepiento de lo que ha pasado y empiezo a disculparme porque, siendo presidenta del sindicato de estudiantes, podría hacer que me expulsaran con solo una carta al director y, tío, los dos sabemos que no puedo dejar la escuela. Mi padre me mataría. Pero la mirada en sus ojos me detiene en seco. No puedo descifrar la emoción que hay en ellos, pero estoy seguro de que en cualquier momento se abalanzará sobre mí y me sacará los ojos. Estoy sentado con las piernas cruzadas en el suelo, aturdido por lo que acabo de hacer, cuando Ava se abalanza sobre mí. Intento alejarme de ella, pero se me echa encima en un santiamén, con una pierna a cada lado mío y la cara muy cerca de la mía. Por un segundo pensé que iba a darme un cabezazo, pero ese no es su estilo, no querría arriesgarse a dañar su bonito rostro. Me puse tenso, preparado para que me atacara, pero lo que hizo fue una completa sorpresa: me besó. Me quedé atónito cuando me besó y me quedé paralizado sin saber qué hacer, pero Ava se apartó del beso y me miró con fuego en los ojos. «Pégame otra vez». Ava habla en voz baja, pero el tono de su voz hace que parezca que me está dando una orden. La miro pensando que está loca, porque me acaba de decir que le vuelva a pegar. Estaba tan confundido que no podía pensar con claridad. Acababa de abofetear a la chica más popular, presidenta del consejo estudiantil y querida por todos en la escuela, pero en lugar de atacarme o hacer que me expulsaran, me había besado y luego me había pedido que le volviera a pegar. Tío, no puedo guardarme esto para mí. Es como... Estaba un poco distraído pensando en lo que acababa de pasar, pero volví rápidamente a la realidad cuando Ava se levantó ligeramente de encima de mí, se subió la falda y la dejó caer a mi alrededor mientras se recostaba de nuevo sobre mis piernas. «Pégame otra vez», me gruñó con una ferocidad que me hizo pensar que estaba a punto de atacarme si no fuera porque intentaba ordenarme que la golpeara. Estaba distraído porque me sentía dividido entre el hecho de que me habían educado con la creencia de que nunca debía pegar a una mujer y la combinación de mi deseo por ella y el hecho de que prácticamente me estuviera suplicando que la golpeara. Estaba distraído porque me debatía entre haber sido educado para no pegar nunca a una mujer y mi intenso deseo de golpearla en venganza por todas sus actitudes falsas de jugar a ser la chica buena y la mala al mismo tiempo, además de que era obvio que ella estaba intentando que la golpeara. Estaba atrapado en una especie de ensoñación en la que la golpeaba y liberaba toda la ira y el odio que sentía por ella. «Pégame, joder, Vcitor. Abofeteame más fuerte, por favor», me gruñe con saña, pareciendo menos su imagen habitual de inocencia y más un animal salvaje. La golpeo sin pensar, solo con ganas de golpearla y liberar la ira que me produce la forma en que me ha tratado todo este tiempo. Le doy una bofetada en la cara que la hace caer hacia atrás e instantáneamente me siento fatal por haberla golpeado y, muy probablemente, haberle hecho daño. Pienso en pedirle perdón, pero mis palabras se ven interrumpidas cuando la oigo gemir, pero no es el tipo de gemido que se esperaría de alguien que siente dolor, es más bien un gemido de placer. Aunque el cuerpo de Ava había sido empujado hacia atrás, básicamente seguía sentada en mi regazo y, por la forma en que había movido la falda antes, de repente me di cuenta de que eran sus piernas desnudas y sus bragas las que rozaban mis pantalones. Ava se incorporó, me miró con expresión soñadora y empezó a frotarse lentamente contra mis piernas. A pesar de mi experiencia sexual, no me di cuenta de que su flujo estaba empapando mis pantalones y procedía del coño de Ava. Ava siguió frotándose contra mis piernas mientras gemía de placer, se inclinó hacia atrás empujándose con más fuerza contra mí. «Pégame otra vez», dice Ava. Ahora no lo pienso dos veces cuando le doy una bofetada, ella obtiene algún tipo de placer al ser golpeada y eso me permite descargar mi rabia y mi odio hacia ella. La golpeo con fuerza, haciéndola caer hacia atrás con la fuerza del golpe, pero se recupera rápidamente, se sienta de nuevo y vuelve a frotarse contra mí mientras sus labios se encuentran con los míos. El beso es como todo lo que está pasando en este momento, confuso y lleno de ira, me besa con tal intensidad que me hace olvidar momentáneamente dónde estamos y qué está pasando. Ava deja de besarme y mueve la cabeza para susurrarme al oído. «Quiero que me hagas daño», me susurra suavemente al oído, «quiero que me abofetees, me golpees, me estrangules, me muerdas, cualquier cosa que puedas hacer para hacerme daño». Me besa suavemente en el cuello y me susurra de nuevo: «Y no pares hasta que yo pare». Imagínate eso, hermano.¡Ahí, delante de mí, estaba un chico con el que ni siquiera era capaz de tener sexo y quería casarse conmigo! Un matrimonio entre nosotros nunca funcionaría, seguro que se cansaría de solo tener sexo oral. Al final se iría a buscar a otra persona, un matrimonio con él estaría condenado desde la primera noche. No podía, ¿cómo se lo explicaba sin herir sus sentimientos o darle la impresión de que no me gustaba? Él percibió mi vacilación, sabía que algo iba mal. Me tomó de la mano y me llevó a un banco cercano, mirándome con sus profundos ojos marrones y preguntándome en qué estaba pensando. ¿Cómo se lo digo? Nunca podría estar a la altura de las otras mujeres con las que había estado; él tenía más experiencia sexual de la que yo jamás tendría. No podría hacerle feliz, ¿y qué pasaría con tener hijos? Para concebir hay que tener relaciones sexuales, él solo tenía 28 años, no iba a quedarse con alguien mayor que él. El matrimonio era un paso enorme, nunca se me había pasado por la
Tenía 34 años y acababa de empezar un nuevo trabajo en una universidad. Siempre fui una mujer tímida y reservada, nunca tuve muchos amigos, crecí en un hogar católico estricto. Nunca había estado en la ciudad, nunca había viajado en un autobús urbano. No era solo el nuevo trabajo lo que me emocionaba, también era el entorno. Brian y yo nos conocimos solo un par de semanas después de empezar mi nuevo trabajo; nunca había salido, besado ni tocado a un hombre negro. Por supuesto, había oído historias de que los hombres negros eran más grandes que el hombre medio, aunque no me lo creía del todo. El primer día que hablé con Brian, me pidió que fuera a su apartamento con él; por supuesto, dije que no, me alejé y no tenía intención de volver a hablar con él jamás. Tenía miedo de que me violara o algo peor. Todos los días se pasaba por allí, seguía hablándome y, al final, me convenció para que al menos fuera a comer algo con él. Eso rompió un poco el hielo; me quedé después del trabaj
Eu tinha 17 anos e estava no último ano do liceu. Gostava de ir a festas, embebedar-me e ficar pedrado. As coisas típicas de um adolescente. Aquele dia acabaria por ser diferente de um dia normal de festa no liceu. Era o «dia de faltar» dos finalistas e todos nós tínhamos planeado uma grande festa com barril de cerveja, com o pessoal de sempre a aparecer. Havia sempre pessoas mais velhas por lá para comprar a bebida, por isso ninguém achava estranho quando apareciam uns rapazes mais velhos que todos conhecíamos. Começámos no nosso ponto de encontro favorito com um barril de cerveja, erva para fumar e álcool para beber. Alguém descobriu e denunciou-nos. A polícia apareceu, acabou com a festa, confiscou o barril e mandou-nos embora. Nós todos juntámos dinheiro, comprámos outro barril e levámo-lo para o ponto de encontro número dois. Era um lugar onde a polícia nunca iria, porque não conseguiam conduzir os carros até lá. Eles nunca queriam entrar a pé, por isso deixavam-nos e
Cuando terminé las clases del día, fui al gimnasio del campus. Normalmente detesto hacer ejercicio, pero últimamente he conseguido encontrar algo de motivación extra. Hice mi rutina habitual: pasé treinta minutos en la cinta antes de pasar a una de las máquinas de resistencia para trabajar las piernas. Nada demasiado extenuante, pero sudé lo justo. De hecho, sudar era la razón principal por la que estaba allí. Cuando terminé de hacer ejercicio, envié un mensaje de texto y luego hice unos estiramientos. Sonreí al recibir la respuesta y salí del gimnasio. Cogí mi bolsa del vestuario, pero no me molesté en ducharme ni cambiarme. Caminé por el campus hasta una de las torres de residencias y me metí en el ascensor. Había un par de personas más conmigo, y por sus reacciones me di cuenta de que podían olerme a gimnasio, pero probablemente pensaron que me dirigía a mi habitación para ducharme en lugar de hacerlo en el gimnasio. Se equivocaban, pero eso no era asunto suyo


















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