LOGINPov Edana
Voy despertando poco a poco de un sueño que me pareció eterno. Me remuevo entre sábanas suaves, sintiendo la calidez de ellas rozando mis brazos. No parece ser la piedra rústica y fría de una celda; no, esto es diferente. Abro los ojos lentamente, siendo recibida por los cálidos rayos de sol que entran por la ventana de una habitación que no reconozco. Tal vez estoy muerta; sí, eso debe ser, pero el dolor en mi cuerpo con cada movimiento me dice que no lo estoy. Cierro los ojos recordando todo. El cuerpo de mi padre, su sangre, la traición de Vera y luego, entrando en tierras del enemigo. Es ahí cuando caigo en cuenta de donde estoy. Me incorporo de golpe, con la mirada errática y el corazón golpeando fuertemente mis costillas. Ya no estoy en aquella celda oscura, donde aún puedo sentir los golpes fantasmales en mi cuerpo; no, es una habitación grande, de tonos oscuros con un toque rústico. —Ya estás despierta. Giro rápidamente hacia el joven que se acerca hasta quedar parada al borde de la enorme cama. Mantiene una sonrisa amable en el rostro, con las manos cruzadas frente a ella. —Tranquila, aquí estás a salvo. Pero yo no podía creerle; en cambio, volví a repasar un poco más la habitación. Todo es amplio, oscuro y silencioso. Demasiado elegante para ser una simple habitación de huéspedes. —¿Dónde... dónde estoy?— pregunto aún perdida, sin entender cómo llegué aquí. —Estás en el palacio de Ónix. ¡¿QUÉ?! No, eso no podía ser; estaba en la manada real del Reino Lycan. ¡¿Qué hago aquí?! —Mucho gusto— extiende su mano, sacándome de la tormenta de pensamientos que ahora tengo. La miro desconfiada, sin dejar que se note, pero no la tomo de inmediato. —Soy Lili, quien se ocupará de usted a partir de ahora— completa con una risita cómplice, inclinándose más. —Yo fui quien estuvo cuidando de ti mientras te curabas. Mis dedos se tensan en el camisón que espero que ella me haya puesto antes de soltar y extender mi mano hacia ella. El contacto se sintió cálido, muy diferente al frío que me recorre. Mi corazón me dice que confíe en ella, pero la razón, esa que después de la traición de mi propia manada no cree en nada, me dice que no lo haga. —Edana... un gusto, Lili. Ella asiente feliz, dando un paso atrás. Abre los labios buscando decir algo más, pero justo en ese momento la puerta se abre, revelando una hilera de doncellas que cargan varias cosas en sus manos. Algunas pasan de largo por otra puerta y otras vienen hacia mí. —Te veo después, Edana. Apenas oigo lo que dice porque yo ya estoy siendo arrastrada sin piedad fuera de la cama. Me llevan hacia el baño donde rasgan mi camisón sacándolo de mi cuerpo, dejándome a merced del frío. —¿Qué mierd4 hacen? ¿Qué les pasa? Me cubrí con mis manos, alejándome de ellas, pero eso no les importó. Me metieron en la bañera a la fuerza; un grito quedó atascado en mi garganta al sentir el agua tan caliente. —Está caliente. Déjenme salir. Pero mis protestas se las pasaron por los pies y me empujaron de nuevo adentro, restregándome con tanta fuerza que estaba segura de que me arrancarían la piel. Clavo las uñas en el borde y mis ojos arden con lágrimas de rabia y humillación. —Por favor… —aprieto los dientes al sentir que estoy rogando—, ¿pueden decirme qué sucede? Quería tener información de algo, de cualquier cosa, del porqué estoy aquí siendo bañada como si me prepararan para algo. Solo fui ignorada; sus rostros serios e inexpresivos no dejaban ninguna pista a la vista. Hasta que de pronto, las vi quedarse rígidas, dándose la vuelta para inclinarse hacia la entrada. Los pasos se detuvieron en el umbral; unos ojos cálidos color ámbar me miran con amabilidad y algo que aún no sé nombrar. —No sabía que el baño era para cocinar a alguien. —Lo siento, señora, pero hay que dejar limpia a…—la doncella me miró con desprecio de reojo—la loba, antes de ser presentada. ¿Presentada? La mujer mayor asintió despacio, entrecerrando los ojos—Ya pueden irse, mi doncella y yo nos encargamos a partir de ahora; se ve que ustedes no son aptas para esto. Las despidió rápido y no perdí la oportunidad de salir de la tina para cubrirme con una toalla que parecía más lija que hilos de algodón. Me quedé parada a un lado, temblando; no de frío, más bien de dolor. Eso, hasta que aquellos ojos se fijaron de nuevo en mí, y Lili, más atrás, sonriendo. —Ven conmigo, Edana. No te preocupes, no soy yo de quien debes desconfiar. Salimos del baño y, mientras la seguía, buscaba las palabras para darle las gracias por sacarme esas mujeres de encima. —Yo… quisiera agradecerle por… lo de hace un momento… —casi corría tras ella por la habitación, apretando la toalla. —No me agradezcas, no es necesario; ahora vamos a prepararte. Lili me sacó la toalla, observando mi cuerpo rojo, que cubría a toda costa con mis brazos. Si no pareciera un tomate maduro después de ese baño, estoy segura de que podrían ver el rubor de vergüenza que me sube a la cara. Aquí, la palabra privacidad no existe. —Creo que el Rey va a enojarse cuando la vea —comentó, haciendo que olvidara totalmente dónde tenía mis brazos. —¿El Rey? —la giré rápido, sintiendo cómo algo dentro de mí se tensaba mientras mi loba "dormida" levantaba la cabeza de un tirón. ¿Qué quería decir con el Rey? —Lili, trae el vestido que llevará —la mujer la interrumpió, acercándose y ayudándome a colocar una lencería negra muy hermosa y… muy reveladora. —Escucha, Edana, no tengas miedo de lo que pasará contigo a partir de ahora; él no es tan malo como crees. Sostiene mi mirada un momento antes de tomar el vestido que trajo Lili. Es un vestido blanco; su escote es profundo, revelador, sin mangas y ajustado a la cintura, donde una falda ligera cae. Me lo ponen, dejando mi cabello negro suelto en la espalda, cubriendo parte de la piel expuesta. No quería ni imaginar para qué me habían preparado de esta forma. Mis pensamientos ya vuelan con miles de preguntas y respuestas, trayendo la peor posible. Va a hacerme su esclava o algo peor. Soy una loba, una maldita loba del Reino enemigo que entró a sus tierras, y aunque ambos vengamos de la misma Diosa Luna, somos razas diferentes. Oh Diosa, estoy perdida; ese hombre va a matarme. —Puedo oír tu corazón desde aquí, querida; solo respira. Vas a presentarte ante Kaelor justo ahora. Creo que su nombre lo dice todo, así que no tengo que dar detalles. Di un paso atrás, negando. El miedo recorría mi cuerpo de pies a cabeza, un nudo formándose en mi garganta, impidiendo que quisiera negarme, que quisiera gritar y decir que no. Sí, era lo que más temía: ese hombre va a reclamarme antes de matarme. Las manos me sudan de nervios, mi respiración tiembla de miedo, pero a pesar de eso, mantengo la cabeza en alto y la espalda recta. Solana gruñe en mi mente, acechando, y me preocupa que eso pueda ser tomado de mala forma. —Vamos, él ya te espera. La sigo con las piernas algo entumecidas y el cuerpo rígido hacia una puerta lateral de la habitación, observando sus delicados patrones en oro. —Tranquila, él no va a lastimarte, Edana— toma mis manos, colocándose delante de mí. —Sé que ahora no lo ves, estás asustada, pero cuando comiences a ver las cosas, cuando veas más allá de lo que tus ojos reflejen, entenderás más de lo que crees. Palmeó mis manos, dándome un empujoncito hacia la puerta y cerrándola en mi cara con un suave clic. Me quedé viendo la madera, debatiéndome en si golpearla o no, pero cualquier pensamiento se esfumó al sentir el cambio en el aire. Los pelitos de todo mi cuerpo se erizaron por el aire cargado de un dominio asfixiante y poderoso que exigía sumisión. Solana gruñó en mi mente, alejándose, sus ojos rojos brillando en la oscuridad, acechando, reaccionando al dominio de un depredador mayor que ella. Giré lentamente hacia la enorme habitación que se abre ante mí, con cortinas pesadas que apenas dejan pasar la luz del día. En el centro hay una enorme mesa de ébano llena de platillos y comida; todo lo demás es exquisito y oscuro, como el alma de ese hombre, eso es seguro. En el fondo hay una pequeña mesa y es ahí donde me detengo, en la presencia detrás, sentada, apenas iluminada por la luz. Sus ojos dorados e intensos me mantienen quieta, deslizándose lentamente por mi cuerpo antes de subir nuevamente a mi rostro. Así que es él. Kaelor Lycaris, el Rey más temido, el mismo hombre que se detuvo frente a las rejas ese día.Pov Edana Seguimos en la manada, eso fue lo primero que noté al salir de la casa. Los árboles verdes oscuros nos rodean, el olor del humo aún permanece en el aire como un recordatorio que no estamos a salvo. Pregunto a uno de los guardias por Kaelor y me señala hacia el bosque. Una pequeña casa apartada lejos de las demás donde hacen los interrogatorios más sangrientos. Me dirijo hacia allá sin prisa, no la tengo en realidad. Solo esa calma pacífica y esa sonrisa que adorna mis labios sin poder esconderla. Estoy feliz, enormemente feliz y no pretendía ocultarlo. Amo a Kaelor, soy su compañera, no quería estar en otro lugar seguro que no fuera en sus brazos. Lo demás... podría manejarlo. Cuando él sepa la verdad le explicaría que yo no soy un monstruo, que aunque lleve la sangre de ese hombre, no soy como él. Podría funcionar. Si hablo con él, quizás podría entenderlo y evitarme lo que sea que venga. Sí, eso haría. Al llegar, dos guerreros se inclinan ligeramente al ver
Pov Edana Abrí los ojos de nuevo en aquella oscuridad densa, donde todo lo que se veía era nada. No hay sonidos, ni brisa, ni voces. Solo vacío. Solana no estaba en mi mente; la sentía conmigo, pero no dentro de mí. Traté de tocar algo, que mis pies sintieran algo más que no fuera oscuridad y nada. ¿Qué era esto? ¿Dónde... estaba? Y como si mi pregunta fuera sido escuchada, un punto de luz apareció en la distancia: brillante, rojizo, acercándose un poco más, o era yo quien lo hacía. —Solana... Susurré al sentirla tan cerca. Miraba en todas direcciones sin poder encontrarla. Pero entonces, escuché algo más. Cadenas Las mismas que había escuchado la vez pasada. Aquel punto de luz desapareció, dejándome de nuevo en la oscuridad. Contuve el aliento esperando algo, cualquier cosa, mi cuerpo lo sentía antes de que lo viera. Una presencia que me era familiar y, a la vez, desconocida. La luz explotó de repente, cegándome, barriendo la oscuridad, haciendo que me cubrier
Pov Edana El aire huele a azufre, un olor penetrante que se mete hasta los pulmones con cada inhalación. Todos en las manada ven hacia las fronteras, hacia donde ocurre el ataque, donde el ejército de Kaelor lucha junto a él, para mantenernos a salvo. La nariz me arde, los ojos se me llenan de lágrimas sintiendo una puntada en el pecho al saber que yo puedo cambiar eso y tengo miedo. «No puedes cambiarlo, Edana, no a menos que te enfrentes a un hombre del que no sabemos nada. Solo que es nuestro abuelo. Eso es no información suficiente para saber si podemos con él» «Podríamos decirle a Kaelor...» No, tan rápido como eso viene, muere. Decirle no es una opción. Prefiero quedarme con ese secreto hasta que él lo descubra solo. Talvez nunca lo haga. Me limpio las lágrimas caminando rápido hasta donde Artem se queda. Toco con cuidado la puerta que se abre unos segundos después. —Asi que viniste a ver si no me morí. —Bueno... vine a ver cómo estabas —pasé, mirando la habi
Pov Kaelor —Eres un verdadero salvaje, bestia, bruto. Sangre Lycaris tenía que correr por tus venas. Le haces honor a tu padre en toda la extensión de la palabra. Me quedo de pie recostado al escritorio, viendo como Zoira insulta a Artem, a nuestra sangre, a nuestro padre mientras lo golpea con su bastón por dónde le caiga. —Te dije que descansaras, que no hicieras estupideces y vas y le calvas los colmillos a Lili. —Zoira... —Cállate que aún no termino. ¿Cómo se te ocurre hacerle eso con ella tan débil por tu culpa? ¿Dónde demonios tienes el cerebro? Y ese Lycan pulgoso también, no puede esperarse sin andar con la testosterona alborotada. Artem no intenta ya ni cubrirse de los golpes, ahora se ríe abiertamente sobre el mueble, escuchando a Zoira despotricar sobre nosotros dándole bastonazos. —¿Y tú qué miras? Tú eres igual. —Yo no estoy diciendo nada Zoira —levanto las manos al aire en señal de paz. Ya sabía que tarde o temprano saldría salpicado con todo este probl
Pov Artem Mis ojos amenazan con cerrarse, la oscuridad buscando reclamarme con cada respiración trabajosa que me llena los pulmones de aire y dolor. —Mantente despierto, maldita sea, ya casi llegamos. —Eres muy ruidoso, Kaelor. Intentó bromear, sonreír, pero todo lo que sale es una mueca torcida que no llega a ningún lado. Las siento en mi interior, cada flecha incrustada dentro, cada hoja filosa que retorcieron y luego dejaron para que me desangrara. Como el acónito corre por mis venas, como la plata me quema desde adentro, peor o igual que las llamas de Edana. Miraré el lado positivo, al menos tendremos una Reina con buen carácter. —Por aquí, señor. Ya tenemos todo listo, los sanadores... Mi mente vuelve a caer en un vacío profundo, en la oscuridad. Dónde todo lo que siento es dolor y más dolor. Grito cuando algo entra en mí, toca algo filoso enterrado en mi cuerpo y luego lo saca con un sonido húmedo desagradable. Eso me arrastra a la conciencia de nuevo. —Hay más, seño
Pov Narrador El bosque arde, el fuego se arrastra dentro de él como serpientes buscando una presa o escapando de algo peor. El cielo se ilumina de color naranja, la piedra de las montañas oscuras se iluminan por el fuego que las rodea. En medio de ambos, como una danza mortal y devastadora, están los lobos de fuego lanzándose hacia una batalla perdida. El fuego de sus cuerpos buscan tocarla a ella, retorcerse por sus extremidades, hacerla gritar de dolor, pero... quizás sean ellos los que terminen por hacerlo. Antes si quiera de poder tocarla, chocan contra un muro invisible, desviándo las llamas hacia otra dirección. Edana sonríe, sus labios curvandose apenas hacia arriba, alzando ligeramente su mano. Cassius retrocede al ver el fuego, rojo, intenso, despiadado, devorando una parte de los lobos que se supone son inmune a ellos. Los demás guerreros se ven unos a otros, el miedo que sienten dentro de ellos también los hace retroceder, querer escapar; sin embargo, se man







