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05. Presentada

Autor: Fénix Vm
last update Data de publicação: 2026-05-16 03:36:07

Pov Edana

Voy despertando poco a poco de un sueño que me pareció eterno. Me remuevo entre sábanas suaves, sintiendo la calidez de ellas rozando mis brazos.

No parece ser la piedra rústica y fría de una celda; no, esto es diferente.

Abro los ojos lentamente, siendo recibida por los cálidos rayos de sol que entran por la ventana de una habitación que no reconozco.

Tal vez estoy muerta; sí, eso debe ser, pero el dolor en mi cuerpo con cada movimiento me dice que no lo estoy.

Cierro los ojos recordando todo. El cuerpo de mi padre, su sangre, la traición de Vera y luego, entrando en tierras del enemigo.

Es ahí cuando caigo en cuenta de donde estoy.

Me incorporo de golpe, con la mirada errática y el corazón golpeando fuertemente mis costillas.

Ya no estoy en aquella celda oscura, donde aún puedo sentir los golpes fantasmales en mi cuerpo; no, es una habitación grande, de tonos oscuros con un toque rústico.

—Ya estás despierta.

Giro rápidamente hacia el joven que se acerca hasta quedar parada al borde de la enorme cama.

Mantiene una sonrisa amable en el rostro, con las manos cruzadas frente a ella.

—Tranquila, aquí estás a salvo.

Pero yo no podía creerle; en cambio, volví a repasar un poco más la habitación.

Todo es amplio, oscuro y silencioso. Demasiado elegante para ser una simple habitación de huéspedes.

—¿Dónde... dónde estoy?— pregunto aún perdida, sin entender cómo llegué aquí.

—Estás en el palacio de Ónix.

¡¿QUÉ?!

No, eso no podía ser; estaba en la manada real del Reino Lycan. ¡¿Qué hago aquí?!

—Mucho gusto— extiende su mano, sacándome de la tormenta de pensamientos que ahora tengo.

La miro desconfiada, sin dejar que se note, pero no la tomo de inmediato.

—Soy Lili, quien se ocupará de usted a partir de ahora— completa con una risita cómplice, inclinándose más. —Yo fui quien estuvo cuidando de ti mientras te curabas.

Mis dedos se tensan en el camisón que espero que ella me haya puesto antes de soltar y extender mi mano hacia ella.

El contacto se sintió cálido, muy diferente al frío que me recorre.

Mi corazón me dice que confíe en ella, pero la razón, esa que después de la traición de mi propia manada no cree en nada, me dice que no lo haga.

—Edana... un gusto, Lili.

Ella asiente feliz, dando un paso atrás.

Abre los labios buscando decir algo más, pero justo en ese momento la puerta se abre, revelando una hilera de doncellas que cargan varias cosas en sus manos.

Algunas pasan de largo por otra puerta y otras vienen hacia mí.

—Te veo después, Edana.

Apenas oigo lo que dice porque yo ya estoy siendo arrastrada sin piedad fuera de la cama.

Me llevan hacia el baño donde rasgan mi camisón sacándolo de mi cuerpo, dejándome a merced del frío.

—¿Qué mierd4 hacen? ¿Qué les pasa?

Me cubrí con mis manos, alejándome de ellas, pero eso no les importó. Me metieron en la bañera a la fuerza; un grito quedó atascado en mi garganta al sentir el agua tan caliente.

—Está caliente. Déjenme salir.

Pero mis protestas se las pasaron por los pies y me empujaron de nuevo adentro, restregándome con tanta fuerza que estaba segura de que me arrancarían la piel.

Clavo las uñas en el borde y mis ojos arden con lágrimas de rabia y humillación.

—Por favor… —aprieto los dientes al sentir que estoy rogando—, ¿pueden decirme qué sucede?

Quería tener información de algo, de cualquier cosa, del porqué estoy aquí siendo bañada como si me prepararan para algo.

Solo fui ignorada; sus rostros serios e inexpresivos no dejaban ninguna pista a la vista.

Hasta que de pronto, las vi quedarse rígidas, dándose la vuelta para inclinarse hacia la entrada.

Los pasos se detuvieron en el umbral; unos ojos cálidos color ámbar me miran con amabilidad y algo que aún no sé nombrar.

—No sabía que el baño era para cocinar a alguien.

—Lo siento, señora, pero hay que dejar limpia a…—la doncella me miró con desprecio de reojo—la loba, antes de ser presentada.

¿Presentada?

La mujer mayor asintió despacio, entrecerrando los ojos—Ya pueden irse, mi doncella y yo nos encargamos a partir de ahora; se ve que ustedes no son aptas para esto.

Las despidió rápido y no perdí la oportunidad de salir de la tina para cubrirme con una toalla que parecía más lija que hilos de algodón.

Me quedé parada a un lado, temblando; no de frío, más bien de dolor.

Eso, hasta que aquellos ojos se fijaron de nuevo en mí, y Lili, más atrás, sonriendo.

—Ven conmigo, Edana. No te preocupes, no soy yo de quien debes desconfiar.

Salimos del baño y, mientras la seguía, buscaba las palabras para darle las gracias por sacarme esas mujeres de encima.

—Yo… quisiera agradecerle por… lo de hace un momento… —casi corría tras ella por la habitación, apretando la toalla.

—No me agradezcas, no es necesario; ahora vamos a prepararte.

Lili me sacó la toalla, observando mi cuerpo rojo, que cubría a toda costa con mis brazos.

Si no pareciera un tomate maduro después de ese baño, estoy segura de que podrían ver el rubor de vergüenza que me sube a la cara.

Aquí, la palabra privacidad no existe.

—Creo que el Rey va a enojarse cuando la vea —comentó, haciendo que olvidara totalmente dónde tenía mis brazos.

—¿El Rey? —la giré rápido, sintiendo cómo algo dentro de mí se tensaba mientras mi loba "dormida" levantaba la cabeza de un tirón.

¿Qué quería decir con el Rey?

—Lili, trae el vestido que llevará —la mujer la interrumpió, acercándose y ayudándome a colocar una lencería negra muy hermosa y… muy reveladora.

—Escucha, Edana, no tengas miedo de lo que pasará contigo a partir de ahora; él no es tan malo como crees.

Sostiene mi mirada un momento antes de tomar el vestido que trajo Lili. Es un vestido blanco; su escote es profundo, revelador, sin mangas y ajustado a la cintura, donde una falda ligera cae.

Me lo ponen, dejando mi cabello negro suelto en la espalda, cubriendo parte de la piel expuesta.

No quería ni imaginar para qué me habían preparado de esta forma.

Mis pensamientos ya vuelan con miles de preguntas y respuestas, trayendo la peor posible.

Va a hacerme su esclava o algo peor.

Soy una loba, una maldita loba del Reino enemigo que entró a sus tierras, y aunque ambos vengamos de la misma Diosa Luna, somos razas diferentes.

Oh Diosa, estoy perdida; ese hombre va a matarme.

—Puedo oír tu corazón desde aquí, querida; solo respira. Vas a presentarte ante Kaelor justo ahora. Creo que su nombre lo dice todo, así que no tengo que dar detalles.

Di un paso atrás, negando. El miedo recorría mi cuerpo de pies a cabeza, un nudo formándose en mi garganta, impidiendo que quisiera negarme, que quisiera gritar y decir que no.

Sí, era lo que más temía: ese hombre va a reclamarme antes de matarme.

Las manos me sudan de nervios, mi respiración tiembla de miedo, pero a pesar de eso, mantengo la cabeza en alto y la espalda recta.

Solana gruñe en mi mente, acechando, y me preocupa que eso pueda ser tomado de mala forma.

—Vamos, él ya te espera.

La sigo con las piernas algo entumecidas y el cuerpo rígido hacia una puerta lateral de la habitación, observando sus delicados patrones en oro.

—Tranquila, él no va a lastimarte, Edana— toma mis manos, colocándose delante de mí. —Sé que ahora no lo ves, estás asustada, pero cuando comiences a ver las cosas, cuando veas más allá de lo que tus ojos reflejen, entenderás más de lo que crees.

Palmeó mis manos, dándome un empujoncito hacia la puerta y cerrándola en mi cara con un suave clic.

Me quedé viendo la madera, debatiéndome en si golpearla o no, pero cualquier pensamiento se esfumó al sentir el cambio en el aire.

Los pelitos de todo mi cuerpo se erizaron por el aire cargado de un dominio asfixiante y poderoso que exigía sumisión.

Solana gruñó en mi mente, alejándose, sus ojos rojos brillando en la oscuridad, acechando, reaccionando al dominio de un depredador mayor que ella.

Giré lentamente hacia la enorme habitación que se abre ante mí, con cortinas pesadas que apenas dejan pasar la luz del día.

En el centro hay una enorme mesa de ébano llena de platillos y comida; todo lo demás es exquisito y oscuro, como el alma de ese hombre, eso es seguro.

En el fondo hay una pequeña mesa y es ahí donde me detengo, en la presencia detrás, sentada, apenas iluminada por la luz.

Sus ojos dorados e intensos me mantienen quieta, deslizándose lentamente por mi cuerpo antes de subir nuevamente a mi rostro.

Así que es él.

Kaelor Lycaris, el Rey más temido, el mismo hombre que se detuvo frente a las rejas ese día.

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