Início / Romance / El Dr. El Ceo y Yo / Capítulo 5: Sombras en la noche y un beso interrumpido

Compartilhar

Capítulo 5: Sombras en la noche y un beso interrumpido

Autor: L. Alejandra
last update Data de publicação: 2023-08-01 07:12:55

 

La noche en la base no traía paz. El encuentro con Ariel en el quirófano había abierto una grieta en mi armadura que ni siquiera el cansancio físico podía cerrar. Me giré en la cama de mi camarote una y otra vez, hasta que el sueño me venció, pero no fue un sueño reparador.

Volví a estar en aquel coche. El olor a gasolina, el peso del vestido de novia asfixiándome y la risa fría de Dylan Gallardo resonando en el habitáculo. "Eres mía, Bella. Un contrato no se rompe así como así". Desperté de golpe, con el corazón martilleando contra mis costillas y la sensación de que el aire me faltaba. Estaba temblando, empapada en un sudor frío que me recordaba que, aunque legalmente Bella Brown estaba muerta, Emma todavía arrastraba sus cadenas.

Sin pensarlo, me puse una bata y salí al pasillo metálico. Mis pies me llevaron por instinto hasta la puerta del camarote de Noah. Dudé un segundo, con la mano suspendida en el aire, pero el terror de la pesadilla fue más fuerte que mi orgullo. Golpeé suavemente.

La puerta se abrió casi de inmediato. Noah estaba sin camisa, solo con sus pantalones militares, con el cabello revuelto y la mirada alerta de alguien que siempre duerme con un ojo abierto. Al verme, su expresión de soldado se suavizó al instante.

—¿Emma? ¿Qué pasa? ¿Estás herida? —preguntó, tomándome de los hombros y metiéndome en la habitación.

—Solo... una pesadilla —susurré, abrazándome a mí misma—. Volví a verlo, Noah. Dylan estaba allí, y Ariel me miraba con esos ojos de reproche... Siento que todo se está desmoronando.

Noah cerró la puerta y me condujo hacia su cama, obligándome a sentarme. Se arrodilló frente a mí, tomando mis manos frías entre las suyas.

—Escúchame bien —dijo con esa voz grave que siempre lograba calmar mi tormento—. Dylan Gallardo está a miles de kilómetros y cree que eres cenizas. Y Ariel... Ariel no tiene poder sobre ti. Aquí no eres Bella. Aquí eres la mujer que salva vidas, la mujer que yo rescaté porque el mundo no podía permitirse perderte.

Hablamos durante un rato largo. Me contó historias de sus misiones para distraerme, de cómo el humor era su única medicina en el frente, y poco a poco, los temblores cesaron. El silencio se volvió cómodo, cargado de una intimidad que solo surge en la madrugada.

—Deberías intentar dormir un poco más —dijo él en voz baja—. Tienes guardia en unas horas.

—No quiero volver a estar sola —admití, sintiendo una punzada de vulnerabilidad.

Noah asintió y se hizo a un lado en la estrecha cama militar. Me acosté tímidamente y él se acomodó detrás de mí. Sentí el calor de su cuerpo rodeándome. Su brazo, firme y protector, se deslizó por mi cintura, atrayéndome hacia su pecho. Me sentí, por primera vez en años, completamente a salvo.

—Descansa, Emma. Estoy aquí —susurró contra mi nuca.

Sentí sus labios rozar mi cuello en un beso casto pero cargado de una ternura que me hizo estremecer. Sus dedos trazaron círculos lentos en mi abdomen, y yo me giré lentamente para quedar frente a él. La penumbra de la habitación apenas nos permitía vernos, pero la electricidad entre nosotros era casi tangible.

Noah llevó una mano a mi mejilla, recorriendo con el pulgar mi labio inferior. Sus ojos verdes azulados ardían con un deseo contenido que me dejó sin aliento. Él se inclinó, buscando mis labios con una lentitud tortuosa, y yo cerré los ojos, entregándome a ese momento que llevábamos dos años postergando. Nuestras respiraciones se mezclaron, la punta de su nariz rozó la mía y...

¡BANG, BANG, BANG!

Unos golpes estruendosos en la puerta nos hicieron saltar.

—¡Capitán Jones! ¡Despierte, bella durmiente! ¡Sé que estás ahí dentro porque huelo tu perfume de macho desde aquí! —la voz de Cassy retumbó por todo el pasillo.

Noah soltó un gruñido profundo, una maldición que me hizo reír a pesar de la frustración. Se dejó caer de espaldas en la almohada, cubriéndose la cara con las manos.

—Te juro, Emma... te juro que voy a mandar a esa mujer de regreso a la ciudad en el próximo convoy de basura —gruñó Noah, levantándose con evidente molestia.

Se puso una camiseta rápidamente y abrió la puerta con un tirón violento. Cassy estaba allí, sosteniendo una carpeta de informes con una sonrisa de absoluta malicia. Miró a Noah, luego miró la cama donde yo intentaba sentarme con dignidad, y su sonrisa se ensanchó.

—Vaya, vaya... ¿interrumpo una sesión de "rehabilitación nocturna"? —se burló Cassy, guiñándole un ojo a Noah.

—Rey, si no tienes un código rojo que reportar en los próximos diez segundos, te juro que te asignaré a la limpieza de las letrinas durante un mes —sentenció Noah, con los brazos cruzados.

—¡Oh, qué miedo, Capitán! —Cassy se echó a reír, entrando al camarote sin invitación—. Solo venía a decirte que Ariel está haciendo preguntas incómodas sobre la Dra. Brown en la cafetería, y pensé que querrías saberlo antes de que Emma decida que es buena idea pasearse por ahí con el pelo revuelto.

Cassy me miró y me lanzó un beso al aire. —De nada, amiga. Por cierto, Noah, la próxima vez ponle seguro a la puerta. Algunos no tenemos la decencia de tocar tan fuerte.

—¡Fuera! —rugió Noah, aunque se notaba que el enfado estaba cediendo ante la vergüenza.

Cassy salió saltando y riendo, dejando un silencio cargado de una energía muy distinta. Noah cerró la puerta, esta vez pasando el seguro con un clic sonoro que resonó en toda la habitación. Se giró hacia mí, rascándose la nuca.

—Lo decía en serio —dijo, volviendo a acercarse a la cama—. La voy a enviar de regreso.

—No podrías —me reí, extendiendo mi mano hacia él—. La necesitas tanto como yo.

Noah tomó mi mano y me atrajo hacia él de nuevo, pero la magia del momento se había transformado en una complicidad divertida. Me dio un beso corto en la frente.

—Tal vez ella tenga razón —susurró—. Ariel está al acecho. Y mañana, Emma, tendremos que ser más fuertes que nunca. Pero ahora... ahora solo quédate conmigo.

Me quedé. Y aunque no hubo beso, esa noche dormí sin pesadillas, sabiendo que el Capitán estaba dispuesto a quemar el mundo por mantener a salvo el secreto de la Dra. Brown.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El Dr. El Ceo y Yo   Epílogo: El sonido de la marea

    Narrado por NoahEl Pacífico no se parece en nada al norte, ni a las montañas gélidas donde una vez nos escondimos de los monstruos que tenían forma de hombres y nombres grabados en oro. Aquí, el agua no tiene memoria; se rompe contra la arena y se retira, limpia, llevándose las huellas de los que caminan por la orilla, como si les recordara que cada mañana el suelo vuelve a estar intacto. Es un ciclo eterno de purificación. Un borrón y cuenta nueva dictado por la naturaleza.Llevo cuatro años escuchando este romper de olas desde el porche de madera de nuestra casa, una estructura de tablones blancos y vigas gruesas que construí con mis propias manos, clavando cada sección con la misma terquedad con la que un día decidí que el mundo podía quedarse con sus leyes y sus uniformes, porque mi única patria real cabía en los brazos de una mujer rota.—Papá, mira. Un cangrejo que camina de lado, como los soldados cuando hacen el paso táctico.La voz me saca de mis pensamientos. Bajo la mirada

  • El Dr. El Ceo y Yo   capitulo final

    Narrado por NoahLa noche en la montaña era un manto de silencio que solo el viento se atrevía a rasgar. Dentro de la cabaña, el fuego de la chimenea se había reducido a brasas anaranjadas que bañaban la habitación con una luz cálida y mortecina. Después de la crisis con la Dra. Vargas, Emma se había quedado en un estado de agotamiento absoluto, pero algo en su mirada había cambiado. El muro de hielo que nos separaba tenía, por fin, una grieta.—Noah… —susurró ella desde la cama, su voz era un hilo frágil—. No quiero estar sola esta noche. Quédate.Mi corazón dio un vuelco. Durante meses, el simple hecho de rozar su mano la hacía temblar de asco o terror. Me quité las botas y el cinturón táctico con movimientos lentos, como si cualquier ruido pudiera romper el hechizo. Me deslicé en la cama a su lado, manteniendo una distancia respetuosa hasta que ella, con un suspiro que pareció soltar meses de angustia, se giró y escondió el rostro en mi pecho.La rodeé con mis brazos, sintiendo su c

  • El Dr. El Ceo y Yo   Capítulo 37: El espejo de la culpa

    Narrado por EmmaEl olor de la cabaña había cambiado. Ya no era solo madera y el perfume boscoso de Noah; ahora olía a antiséptico y a esa fragancia neutra y profesional que siempre emanaba de la Dra. Elena Vargas. Elena estaba sentada frente a mí, con una libreta que no usaba y una mirada que me atravesaba como un bisturí. Noah se había quedado fuera, en el porche, cumpliendo la orden de Elena de darnos privacidad, aunque sentía su presencia protectora pegada a la puerta de madera.—No tienes que ser la Dra. Brown hoy, Emma —dijo Elena con voz suave pero firme—. Solo sé la mujer que está sufriendo. Háblame de ese nudo que tienes en el pecho.—No hay nudo, Elena —respondí, mirando mis manos, que no dejaban de frotar la tela de mi manta—. Hay un vacío. Un agujero negro que se traga todo lo que intento sentir.—Ese vacío tiene un nombre, y ese nombre está creciendo dentro de ti —Elena se inclinó hacia delante—. Tienes miedo del bebé.Al escuchar esa palabra, algo dentro de mí se tensó.

  • El Dr. El Ceo y Yo   Capítulo 36: El susurro del auxilio

    Narrado por NoahLa lluvia había cesado, dejando tras de sí un frío húmedo que parecía filtrarse por las grietas de la cabaña. Emma estaba acostada en la cama, de espaldas a la puerta, hecha un ovillo bajo las mantas. No se movía, no lloraba, ni siquiera parecía respirar. Esa quietud me aterraba más que cualquier campo de batalla. Era la parálisis de la voluntad, el síntoma más cruel de que su mente se estaba rindiendo.Salí al porche, cerrando la puerta con cuidado para no despertarla de ese letargo. Me alejé unos metros hacia el linde del bosque, donde la señal del teléfono satelital era más estable. Mis manos, aún vendadas por la pelea con Dylan, temblaban ligeramente mientras marcaba el número de Cassy.—¿Noah? —la voz de Cassy sonó agitada al segundo tono—. Dios mío, ¿están bien? Los medios están ardiendo con lo de la clínica. Dylan ha puesto una denuncia por agresión agravada y secuestro. Tienen órdenes de captura nacionales.—No me importa Dylan, Cassy —dije, con la voz ronca y

  • El Dr. El Ceo y Yo   Capítulo 35: El naufragio del alma

    Narrado por EmmaEl silencio de la cabaña, que antes me resultaba protector, ahora se sentía como una mortaja. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando mis manos temblorosas, mientras el sonido de la lluvia golpeando el techo de madera se mezclaba con el eco de los golpes que Noah le había dado a Dylan.Noah entró en la habitación con un cuenco de agua tibia y un paño limpio. Tenía el labio partido y los nudillos hinchados, amoratados por el impacto contra los huesos de mi torturador. Se arrodilló frente a mí, intentando tomar mi mano para consolarme, pero me aparté como si su tacto quemara.—¿Por qué lo hiciste, Noah? —mi voz salió como un susurro roto, cargado de una amargura que no podía controlar.—¿Qué querías que hiciera, Emma? —respondió él, con una chispa de frustración en sus ojos cansados—. Ese malnacido te estaba poniendo las manos encima otra vez. No iba a quedarme de brazos cruzados viendo cómo te destruía en ese cuarto de suministros.—¡Te rebajaste a su nivel! —le

  • El Dr. El Ceo y Yo   Capítulo 34: Sangre y Honor

    Narrado por NoahEl estruendo del disparo retumbó en las paredes de azulejos del cuarto de suministros, un trueno ensordecedor que hizo que Emma soltara un grito ahogado y se encogiera en el suelo. La bala impactó a escasos centímetros de la oreja de Dylan, destrozando un frasco de alcohol que bañó su hombro con un olor penetrante y frío.El humo de la pólvora llenó el espacio reducido. Dylan no se movió, pero sus pupilas se dilataron y un hilo de sudor recorrió su sien.—La próxima no será a la pared, Gallardo —siseé, presionando el cañón caliente de mi 9mm contra su mandíbula—. No me tientes. No tengo nada que perder, y tú tienes un imperio que se quedará sin dueño en un segundo.Dylan soltó una risa seca, una carcajada que nació del puro cinismo. Se subió los pantalones con una calma insultante, ignorando el arma que amenazaba su vida.—Eres un animal, Jones. Un perro guardián con placa —dijo Dylan, limpiándose los restos de cristal del hombro—. Es fácil apretar un gatillo cuando t

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status