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Capítulo 6: La Intrusión

Autor: Sofia Sanz
last update Fecha de publicación: 2025-10-11 12:09:26

El informe de seguimiento del lanzamiento del labial "Éclat" ardía en las manos de Adrián. No era el papel lo que quemaba, sino la ira contenida que le recorría las venas. Señaló una cifra con el dedo, clavando la mirada en Anastasia, quien se retorcía frente a su escritorio de cristal.

—¿Me explicas esto, Anastasia? —su voz era un filo de hielo—. El mismo error de cálculo en el margen de distribución. Exactamente el mismo que cometiste en el informe del serum hace un año. ¿Es que no revisas na
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  • El amor no estaba en mi Agenda   final

    El muelle privado de la marina estaba sumergido en una penumbra azulada. El sonido de las olas chocando contra los yates era lo único que llenaba el silencio de la madrugada. Silas esperaba junto a una pequeña lancha motora, mirando su reloj con impaciencia. ​Elena llegó cargando solo una mochila pequeña. Ya no llevaba joyas, ni vestidos de seda, ni el peso de un apellido maldito. Llevaba unos jeans viejos y el olor a mermelada de mamey todavía impregnado en su piel. ​—Es hora —dijo Silas, ayudándola a subir a la embarcación—. Un barco de carga te espera en aguas internacionales. Te llevará a Portugal. Allí, Elena Ruiz tiene una vida esperándola. Una casa pequeña cerca de los viñedos y un permiso de residencia legal. Nadie te buscará allí. ​Elena miró hacia atrás, hacia las luces de la pequeña ciudad que empezaban a titilar en la distancia. Pensó en Adrián y Valeria, viviendo su vida perfecta en el nuevo Edificio Han. Pensó en su madre, pudriéndose en una celda por su propia a

  • El amor no estaba en mi Agenda   Extra 11: Ls difícil desición.

    El olor a humedad y basura del callejón parecía acentuar la frialdad de las palabras de Silas. Elena apretaba los puños, con las uñas enterradas en las palmas de sus manos manchadas de almíbar. ​—No voy a huir, Silas —dijo ella, con una chispa de rebeldía que no era la arrogancia de Anastasia, sino la dignidad de Elena—. Si me voy ahora, la cooperativa muere. Milena perderá el contrato, las mujeres del barrio volverán al hambre y yo... yo seguiré siendo una sombra. Prefiero ir al juicio, decir la verdad y que Elena Ruiz sea lo que quede de mí, aunque sea tras las rejas. ​Silas dio un paso hacia ella, su sombra proyectándose larga y oscura sobre la pared de ladrillos. Su rostro, siempre una máscara de piedra, se quebró por un instante en una expresión de frustración casi paternal. ​—¡No seas estúpida! —rugió Silas, y el eco de su voz hizo que Elena retrocediera un paso—. ¿Crees que el sistema es justo? ¿Crees que a los fiscales les importa que ahora seas una "santa" que hace merm

  • El amor no estaba en mi Agenda   Extra 10:La Sombra en el Retrovisor

    ​El patio de Milena era una sinfonía de vapor y fragancia a guayaba y canela. Los 500 frascos estaban alineados sobre tablones de madera limpia, brillando bajo la luz de la mañana como soldados listos para la batalla. Las doce mujeres del barrio, con sus cofias blancas y tapabocas, daban los últimos toques de limpieza a las etiquetas. ​De repente, un sedán blanco se detuvo frente a la reja de bloques. Un hombre de rostro severo, con un maletín de cuero y un chaleco oficial de la Secretaría de Salud, bajó del vehículo acompañado por un asistente del Chef Jean-Pierre. ​—Inspección de sanidad sorpresa —anunció el hombre, mostrando su placa—. El Grand Azure no acepta productos externos sin una auditoría de sitio. ​Milena se puso de color ceniza. Sus manos empezaron a temblar tanto que casi tira el frasco que sostenía. —Elena... no tenemos permisos industriales... nos van a cerrar todo. ​Elena sintió que la adrenalina de sus días en la terminal Han regresaba a sus venas. No se acob

  • El amor no estaba en mi Agenda   Extra 9: El Ejército de las Cucharas

    La oficina del Chef Jean-Pierre olía a espresso y especias caras. Sobre su escritorio de roble, el contrato descansaba como una declaración de guerra. Jean-Pierre se reclinó en su silla, observando a las dos mujeres a través del vapor de su taza. ​—El sabor es indiscutible —sentenció el Chef con su acento marcado—. Pero mi hotel no es una tienda de barrio. Si vamos a poner "Conservas Milena" en nuestras suites y en la línea de exportación a Curazao, necesito quinientos frascos semanales. Constantes. Perfectos. Idénticos. ​Milena, que hasta hace un segundo sonreía, sintió que el mundo se desinflaba. Se puso pálida, y sus manos, curtidas por el trabajo, empezaron a temblar sobre su regazo. ​—¿Qui... quinientos? —tartamudeó Milena—. Chef, yo... mi cocina solo tiene cuatro fogones. Pelar esa cantidad de fruta me tomaría meses. No tengo espacio, ni ollas, ni... ni vida para eso. ​Milena miró a Elena con ojos suplicantes, buscando una salida elegante para rechazar el sueño de su vida po

  • El amor no estaba en mi Agenda   Extra 8: El Sabor del "No"

    El viaje en el bus intermunicipal fue largo y caluroso, pero Elena no dejó de repasar el guion de ventas ni un segundo. Milena, sentada a su lado, abrazaba la caja de madera donde habían empacado las mejores muestras de mermelada de mamey, piña con coco y salsa de ají dulce.—Elena, esto es una locura —susurró Milena, mirando sus propias manos nerviosas—. Ya yo caminé estas calles hace un año. Los gerentes de estos hoteles ni me miran. Dicen que el producto es rico, pero que prefieren las marcas industriales porque son "seguras".—Eso es porque intentaste venderles un frasco de dulce —respondió Elena, acomodándose su nueva melena castaña—. Hoy no vamos a vender mermelada. Vamos a vender exclusividad.Llegaron a la ciudad vecina, un enclave turístico de condominios blancos y hoteles de gran cadena. Elena guio a Milena con paso firme. Entraron en el primer hotel, uno de gama media. El gerente las recibió por cortesía, probó el producto y sus ojos se iluminaron.—Es delicioso —admitió el

  • El amor no estaba en mi Agenda   Extra 7: El Brillo en el Barro

    Después de una jornada agotadora, Milena convenció a Elena de ir a su casa. —No puedes seguir comiendo fritos de la calle, Elena. Hoy cocino yo —le dijo con una sonrisa.Tomaron un bus que las llevó lejos de las murallas coloniales y de los rascacielos de Bocagrande. Elena observaba por la ventana cómo el paisaje cambiaba: las calles pavimentadas dieron paso a callejones estrechos y bulliciosos en un barrio popular de las faldas de la ciudad. El ruido de los equipos de sonido, los niños jugando en la calle y el olor a leña creaban una atmósfera vibrante que Anastasia Han nunca se habría atrevido a pisar.La casa de Milena era pequeña, de bloques de cemento sin pintar, pero impecablemente limpia. Al entrar, Elena se detuvo en seco. Las paredes estaban adornadas con estantes llenos de frascos de cristal. Dentro de ellos, conservas de frutas exóticas, mermeladas de colores intensos y salsas artesanales con etiquetas hechas a mano.—¿Tú haces todo esto? —preguntó Elena, asombrada por la c

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