NOVIA DE LOS SIETE DIOSES

NOVIA DE LOS SIETE DIOSES

last updateLast Updated : 2026-10-02
By:  TOMOngoing
Language: Spanish
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«No hay lugar a cambios en este asunto, Zanillia. Ya he puesto tu nombre en la lista de candidatas a novias de los dioses...» Yo solo era una chica de preparatoria común y corriente, ya acostumbrada a que la culparan y le hicieran *bullying*. Pero de pronto desperté en un mundo diferente como Zanillia, la hija deshonrada de un poderoso ministro, a quien su propia familia trataba como a una ladrona, torturaban bajo su propio techo y repentinamente vendieron como candidata a novia para el misterioso Señor de los Siete Reinos. ¡Por los Siete Dioses del cielo, solo quiero volver a casa! El rumor dice que el legendario Señor Vagamound podría poseer el poder de controlar el tiempo y el espacio, lo que significa que ganarme su favor, junto con el de los otros seis dioses, podría ser mi única oportunidad de regresar a la Tierra. Pero primero, tengo que sobrevivir a damas de la nobleza despiadadas, a una princesa consentida, a pruebas interminables y a seis dioses devastadoramente apuestos, cada uno con sus propios secretos guardados. Conforme me acerco lentamente a los corazones congelados de estos dioses, me empiezo a dar cuenta de que todos llevan consigo debilidades mortales... Y yo, la chica que solo quería escapar, podría ser la novia destinada a cambiar el destino de los siete reinos.

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Chapter 1

Capítulo 1

Era el inicio de un nuevo ciclo lectivo en la escuela. Sin embargo, siempre me había disgustado ir a la escuela desde que era pequeña. Bueno, no es que me molestaran o me hicieran *bullying*. Era solo porque odiaba no poder mostrar mi verdadero yo. En especial el hecho de que siempre aparento ser una chica tímida, cuando no lo soy. No es que yo haya elegido ser así por voluntad propia. Mi mamá me recuerda constantemente que ser una persona reservada evita que los problemas busquen tu puerta. Sin embargo, eso nunca me funcionó; al contrario, todo empeoró. De repente, una pelota me golpeó la cabeza.

—¡Ay! —Un grito de dolor se me escapó de los labios mientras me sobaba el golpe. Levanté la cabeza y miré en la dirección de donde había venido el pelotazo. A lo lejos, había un grupo de chicos jugando en la cancha de fútbol.

Al ver que la pelota le había pegado a una estudiante, uno de los chicos se acercó. Sin embargo, en lugar de disculparse, me regañó duramente:

—Oye, deberías fijarte por dónde caminas. ¿Qué no tienes ojos o qué? —Se inclinó y recogió la pelota que me acababa de golpear.

—Qué descaro. El que debería fijarse a dónde apunta eres tú —murmuré entre dientes.

—¿Qué dijiste? —Sabiendo que había mascullado algo, el chico me miró con dureza.

—Nada —sacudí la cabeza a toda prisa y dije—: Me fijaré mejor por dónde voy la próxima vez. —Tras decir eso, me fui de ahí a paso apresurado.

Siempre he sido una chica valiente y encantadora. Sin embargo, esa es solo mi fantasía interna. A veces, la realidad te da un bofetón en la cara.

—Belia —Ivy salió de la nada y me tomó de la mano—. Viniste hoy a la escuela. Pensé que no vendrías.

De todas las personas cercanas a mí, solo Ivy, mi mejor amiga, es quien mejor me entiende.

—Pues aquí estoy. Suéltame la mano, ¿por qué te sudan tanto las palmas? —dije con un gesto de desagrado mientras me zafaba de su agarre y sacaba un pañuelo de mi bolsillo para limpiarme la mugre de la palma.

A Ivy no le importaron mis palabras y me miró con preocupación:

—Ajá, ¿qué le pasa a nuestra querida Belia? ¿Estás de mal humor? ¿Qué es esa marca roja que tienes en la frente? ¿Te golpeaste con algo? —Extendió la mano para tocarme la frente, pero de un manotazo la aparté.

—No es nada, estoy bien. —Llegamos al pasillo de nuestro salón e entramos a la clase.

—Qué bueno estar ya en nuestro último año —dijo Ivy sonriendo mientras se sentaba detrás de su pupitre—. Todos ya están hablando de la universidad. ¿A qué escuela piensas ir tú, Belia? —se giró a mirarme para preguntar.

—A cultivar el campo —respondí con indiferencia mientras sacaba los libros de mi mochila.

—¿A cultivar? —Ivy se quedó atónita al principio por mi respuesta antes de soltar una carcajada—. Ya, déjate de bromas, eres buenísima para hacer chistes. Dime, ¿a dónde vas a ir en realidad?

—¿Acaso tengo que contarte absolutamente todo sobre mi vida?

—Me imagino que andas de mal humor hoy. —Ivy se dio cuenta de mi actitud y dejó de hacerme preguntas.

El profesor no tardó en entrar al salón y los alumnos que estaban de pie se apresuraron a regresar a sus asientos. Sin embargo, la mirada de la profesora no se posó en los estudiantes que corrían, sino en las grandes letras escritas en el pizarrón que decían: *«VÁYASE AL DIABLO, SEÑORA GIVANNI. LE HUELE MAL EL ALIENTO»*.

En cuanto vi esas palabras, supe que alguno de los chicos tuvo que haberlo escrito, ya que les encanta hacer ese tipo de bromas. Sin embargo, a la Sra. Givanni, nuestra profesora del día, no le hizo ninguna gracia al ver las oraciones escritas en el pizarrón.

Se giró hacia los alumnos sentados frente a ella, con el rostro echando chispas de ira mientras preguntaba:

—¿Quién escribió estas palabras en el pizarrón? —Para su desgracia, su pregunta solo obtuvo por respuesta un silencio sepulcral—. Lo preguntaré una vez más: ¿quién escribió esto en el pizarrón? —Al ver que ninguno de los estudiantes levantaba la mano para hablar, la Sra. Givanni azotó las manos contra el escritorio—. ¡Vaya! Qué cooperación tan perfecta. Pero ¿saben qué? Todos van a reprobar esta materia.

—¿Qué? ¡De ninguna manera! —Expresiones de descontento salieron de la boca de todos.

—Entonces lo único que tienen que hacer es señalar al culpable. Estoy segura de que uno de ustedes lo hizo. —Miró fijamente a cada alumno a los ojos. Cómo se atrevían a decir que le olía mal el aliento. No iba a perdonar al culpable sin importar qué—. Entonces, ¿quién fue?

El salón entero se quedó en completo silencio hasta que una voz gritó:

—¡Fue Belia!

Era el inicio de un nuevo ciclo lectivo en la escuela. Sin embargo, siempre me había disgustado ir a la escuela desde que era pequeña. Bueno, no es que me molestaran o me hicieran *bullying*. Era solo porque odiaba no poder mostrar mi verdadero yo. En especial el hecho de que siempre aparento ser una chica tímida, cuando no lo soy. No es que yo haya elegido ser así por voluntad propia. Mi mamá me recuerda constantemente que ser una persona reservada evita que los problemas busquen tu puerta. Sin embargo, eso nunca me funcionó; al contrario, todo empeoró. De repente, una pelota me golpeó la cabeza.

—¡Ay! —Un grito de dolor se me escapó de los labios mientras me sobaba el golpe. Levanté la cabeza y miré en la dirección de donde había venido el pelotazo. A lo lejos, había un grupo de chicos jugando en la cancha de fútbol.

Al ver que la pelota le había pegado a una estudiante, uno de los chicos se acercó. Sin embargo, en lugar de disculparse, me regañó duramente:

—Oye, deberías fijarte por dónde caminas. ¿Qué no tienes ojos o qué? —Se inclinó y recogió la pelota que me acababa de golpear.

—Qué descaro. El que debería fijarse a dónde apunta eres tú —murmuré entre dientes.

—¿Qué dijiste? —Sabiendo que había mascullado algo, el chico me miró con dureza.

—Nada —sacudí la cabeza a toda prisa y dije—: Me fijaré mejor por dónde voy la próxima vez. —Tras decir eso, me fui de ahí a paso apresurado.

Siempre he sido una chica valiente y encantadora. Sin embargo, esa es solo mi fantasía interna. A veces, la realidad te da un bofetón en la cara.

—Belia —Ivy salió de la nada y me tomó de la mano—. Viniste hoy a la escuela. Pensé que no vendrías.

De todas las personas cercanas a mí, solo Ivy, mi mejor amiga, es quien mejor me entiende.

—Pues aquí estoy. Suéltame la mano, ¿por qué te sudan tanto las palmas? —dije con un gesto de desagrado mientras me zafaba de su agarre y sacaba un pañuelo de mi bolsillo para limpiarme la mugre de la palma.

A Ivy no le importaron mis palabras y me miró con preocupación:

—Ajá, ¿qué le pasa a nuestra querida Belia? ¿Estás de mal humor? ¿Qué es esa marca roja que tienes en la frente? ¿Te golpeaste con algo? —Extendió la mano para tocarme la frente, pero de un manotazo la aparté.

—No es nada, estoy bien. —Llegamos al pasillo de nuestro salón e entramos a la clase.

—Qué bueno estar ya en nuestro último año —dijo Ivy sonriendo mientras se sentaba detrás de su pupitre—. Todos ya están hablando de la universidad. ¿A qué escuela piensas ir tú, Belia? —se giró a mirarme para preguntar.

—A cultivar el campo —respondí con indiferencia mientras sacaba los libros de mi mochila.

—¿A cultivar? —Ivy se quedó atónita al principio por mi respuesta antes de soltar una carcajada—. Ya, déjate de bromas, eres buenísima para hacer chistes. Dime, ¿a dónde vas a ir en realidad?

—¿Acaso tengo que contarte absolutamente todo sobre mi vida?

—Me imagino que andas de mal humor hoy. —Ivy se dio cuenta de mi actitud y dejó de hacerme preguntas.

El profesor no tardó en entrar al salón y los alumnos que estaban de pie se apresuraron a regresar a sus asientos. Sin embargo, la mirada de la profesora no se posó en los estudiantes que corrían, sino en las grandes letras escritas en el pizarrón que decían: *«VÁYASE AL DIABLO, SEÑORA GIVANNI. LE HUELE MAL EL ALIENTO»*.

En cuanto vi esas palabras, supe que alguno de los chicos tuvo que haberlo escrito, ya que les encanta hacer ese tipo de bromas. Sin embargo, a la Sra. Givanni, nuestra profesora del día, no le hizo ninguna gracia al ver las oraciones escritas en el pizarrón.

Se giró hacia los alumnos sentados frente a ella, con el rostro echando chispas de ira mientras preguntaba:

—¿Quién escribió estas palabras en el pizarrón? —Para su desgracia, su pregunta solo obtuvo por respuesta un silencio sepulcral—. Lo preguntaré una vez más: ¿quién escribió esto en el pizarrón? —Al ver que ninguno de los estudiantes levantaba la mano para hablar, la Sra. Givanni azotó las manos contra el escritorio—. ¡Vaya! Qué cooperación tan perfecta. Pero ¿saben qué? Todos van a reprobar esta materia.

—¿Qué? ¡De ninguna manera! —Expresiones de descontento salieron de la boca de todos.

—Entonces lo único que tienen que hacer es señalar al culpable. Estoy segura de que uno de ustedes lo hizo. —Miró fijamente a cada alumno a los ojos. Cómo se atrevían a decir que le olía mal el aliento. No iba a perdonar al culpable sin importar qué—. Entonces, ¿quién fue?

El salón entero se quedó en completo silencio hasta que una voz gritó:

—¡Fue Belia!

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