FAZER LOGINMaría miró fijamente a Enrique, con los ojos encendidos por la desesperación.
—Debemos investigar bien, Enrique. No me cabe duda de que Lucía planeó todo esto.
Enrique asintió con gravedad.
—Tienes razón. Pero necesitamos ir a las fuentes. Lucía tiene aliados, como César, el coronel de la policía en Nueva York. Déjame contactar al juez Johnson.
—Exacto —respondió María con firmeza—. El juez Johnson es clave. Lucía mencionó su nombre antes.
Enrique salió de la cárcel y marcó el número.
—¿Quién eres? —preguntó el juez Johnson al otro lado de la línea.
—Soy el abogado de María. Quiero saber si hay alguna posibilidad de investigar a la señora Lucía.
El juez suspiró.
—Lo siento, eso no está en mi jurisdicción. Habla con la fiscal Grey.
Enrique colgó, frustrado, y llamó a la fiscal.
—Señora Grey, soy el abogado de María, condenada injustamente. ¿Podemos investigar a Lucía?
La fiscal respondió tajante:
—No puedo arriesgar mi carrera. Lucía es poderosa.
Enrique murmuró para sí:
—Nadie quiere investigar a Lucía. Saben que su vida o su profesión estarían en peligro.
Mientras tanto, Lucía y Andrés se reunían en un rincón apartado de un restaurante.
—Mañana es el día —susurró Lucía—. Gabriel quedará solo, y tú renunciarás a la presidencia de la empresa.
—Pero no debemos aparecer en esto —replicó Andrés, inquieto—. Gabriel no debe sospechar que fuimos nosotros.
Lucía sonrió con confianza.
—No te preocupes. Gabriel no descubrirá nuestra participación.
Desesperado, Gabriel finalmente renunció. Su abogado Salazar le sugirió un viaje a Berlín para celebrar el décimo cumpleaños de su hijo, Dairon.
Diez años después, Gabriel regresó a la mansión. Marta, la fiel señora del servicio, lo recibió con una sonrisa.
—¡Bienvenido de vuelta, patrón Gabriel! ¿Cómo le fue en Alemania? Y Dairon, ¡está enorme!
—Todo fue bien —respondió Gabriel—. Pero dime, ¿dónde están Lucía y Andrés?
—Ambos están en la empresa. Te dejo al niño y me dirijo allá. Veremos quién es el presidente ahora.
Una hora y media después, Gabriel entró en la oficina presidencial. Allí estaba Lucía, sentada en el sillón de poder, con Andrés a su lado como gerente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Lucía con frialdad.
Gabriel sonrió con ironía.
—Veo que eres la presidenta. Tus ambiciones pudieron más.
Lucía lo miró con desprecio.
—¿Determinación? Eso no te salvará. La empresa es mía ahora. Tú eres historia.
Gabriel respondió con voz baja pero firme:
—No subestimes a los caídos, Lucía. Volveré.
Las noches se convirtieron en aliadas de Gabriel. Archivos, sombras, códigos: todo lo investigaba con sed de venganza. Descubrió cuentas offshore, movimientos sospechosos, nombres repetidos. Un hombre misterioso apareció en la penumbra de un despacho.
—Has llegado lejos, Gabriel. Pero ten cuidado, hay fuerzas que no puedes controlar.
—¿Quién eres? —preguntó Gabriel.
—Soy solo un mensajero. Busca en el pasado, en los cimientos de la empresa. Allí encontrarás la verdad.
Lucía, desconfiada, decidió eliminar a Antonio, el espía que filtraba información a Gabriel. Se reunió con Mercedes, la sicaria.
—Es un traidor. No puedo permitir que siga interfiriendo —dijo Lucía, entregando una fotografía.
Mercedes preguntó con voz helada:
—¿Cómo quieres que lo haga?
—Sin rastro. Sin testigos. Que parezca un accidente.
Mercedes sonrió.
—Entendido.
Esa noche, Antonio encontró su destino en un callejón oscuro. La daga de Mercedes brilló antes de hundirse en su corazón. Lucía observó desde la distancia, con una mezcla de alivio y culpa.
9 Meses Después...Mazamitla – El Hospital AbandonadoEl aire en el viejo hospital era gélido y olía a humedad, pero una de las salas había sido transformada en una clínica clandestina de lujo. Lucía gritaba de dolor y rabia, aferrada a las sábanas de seda que Iván había traído para ella.—¡Haz algo, Iván! ¡Sácala ya! —rugía Lucía entre contracciones.Afuera del cuarto, en el pasillo sombrío, Iván caminaba de un lado a otro, con el arma en la cintura y el sudor frío recorriendo su frente. Estaba aterrado de que el FBI irrumpiera en cualquier momento, pero la ansiedad de ser padre lo consumía.—¡Ya casi, Lucía! ¡Sé fuerte, por el imperio que le vas a entregar! —le gritaba Iván desde la puerta, con la voz temblorosa por los nervios.De repente, un llanto agudo y potente rompió el silencio del hospital. El médico salió con una pequeña envuelta en una manta amarilla. Iván la tomó en sus brazos con una mezcla de adoración y miedo.—Aquí está tu heredera, Iván. Es Sol... —susurró Lucía, exh
Puebla – El Asalto a la MansiónEl comando de élite del FBI, bajo las órdenes del agente Liam, rodeó la hacienda de Nancy García al amanecer. El estruendo de los helicópteros y las granadas aturdidoras rompió la calma de Puebla. Dentro, Nancy disparaba sus últimas municiones desde detrás de un pilar de mármol.—¡Nancy, no tienes escapatoria! —gritó Liam a través de un megáfono—. Entrégate y dime dónde están Lucía e Iván. Sabemos que viven aquí.—¡Prefiero morirme a que ustedes me atrapen, par de imbéciles! —rugió Nancy con una risa demencial—. No voy a decir nada. ¡Prefiero estar en el infierno que en una cárcel!—Última vez, Nancy... ¡baja el arma! —advirtió Liam mientras avanzaba con su equipo táctico.Nancy se paró del rincón, gritando un insulto final mientras apretaba el gatillo. El intercambio fue feroz. Una bala de Nancy hirió a un agente en el hombro, pero Liam fue más rápido: un disparo preciso de su fusil traspasó la frente de la patrona. Nancy cayó hacia atrás, con los ojo
Madrid – El Rescate en las SombrasKarl, apoyado contra la pared de un callejón oscuro, logró sacar su teléfono con la mano temblorosa. La herida en su costado no dejaba de sangrar. Mia, a su lado, intentaba presionar su propio brazo herido con un trozo de su camisa.—Gabriela... por favor, contesta —susurró Karl cuando el teléfono dio tono.—¿Karl? ¿Qué pasa? Suenas fatal —respondió Gabriela desde el ático.—Nos emboscaron... Mia y yo estamos heridos en el callejón detrás del hotel. No podemos ir a un hospital, los hombres de Iván vigilan las entradas. Por favor, necesitamos ayuda.—No digas más. Li-Wei ya está rastreando tu señal. Vamos para allá en la camioneta blindada. Aguanten —sentenció Gabriela con firmeza.Veinte minutos después, Li-Wei subía a los heridos al vehículo. Ya en el departamento, Li-Wei sacó un kit médico avanzado de su empresa.—Karl, esto va a doler, pero tengo que cerrar esa herida ahora mismo —dijo Li-Wei con calma profesional—. Están a salvo aquí. Mi segurida
México – Mansión de Nancy GarcíaNancy García veía las noticias de España en una pantalla gigante mientras fumaba con nerviosismo. Las imágenes del hotel rodeado por la policía española la pusieron en alerta máxima.—¡Fabián, mira la noticia! —gritó Nancy, lanzando su copa de whisky contra el suelo—. No podemos permitir que los atrapen. Lucía e Iván son aliados demasiado importantes para nuestras rutas en Europa ¡Llama a Iván ahora mismo! Dile que en México los espero, que mi mansión es territorio seguro y pueden quedarse aquí el tiempo que necesiten.—Entendido, patrona. Lo contacto de inmediato por la línea encriptada —respondió Fabián, marcando el número mientras los motores de los jets privados de Nancy empezaban a calentarse.Los Ángeles – El Fin de un CapoEn un almacén abandonado cerca del puerto de Los Ángeles, la transacción de Carlos Hernández se convirtió en una carnicería. Justo cuando el colombiano abría un maletín, las luces tácticas del FBI cegaron el lugar.—¡Federale
El Ático de Gabriela y Li-Wei – Una Noche de PazTras la compra del lujoso departamento, la primera noche en el nuevo hogar de Gabriela y Li-Wei no se sintió como una huida, sino como un renacimiento. El ruido de Madrid era un susurro lejano desde el balcón que daba al Retiro.Li-Wei encontró a Gabriela mirando las luces de la ciudad, con una copa de vino que no bebía, solo sostenía. Él se acercó por detrás y la rodeó con sus brazos, hundiendo su rostro en el cuello de ella.—Sé que tienes miedo de que este sueño se rompa —susurró Li-Wei con ternura—. Pero quiero que mires mis manos. Estas manos construyeron un imperio en Taiwán, y ahora estas manos son tu escudo. Nada te va a pasar mientras yo respire.Gabriela se giró, con los ojos húmedos, y acarició el rostro de su esposo.—Nunca pensé que alguien me amaría después de la oscuridad en la que viví con Lucía. Siento que no merezco esta felicidad.—El amor no se merece, Gabriela, se elige. Y yo te elijo a ti cada mañana —respondió Li-
Moscú, Rusia – El Frío de la TraiciónVladimir aterrizó en una Moscú cubierta de nieve. Se dirigió de inmediato a la sala de juntas de su bufete de abogados, donde los inversionistas lo esperaban con rostros de piedra.—Vladimir, agradecemos que vinieras tan rápido —dijo Yuri, el líder del grupo—. Pero los rumores corren rápido. Dicen que tu nueva inversión en la Textil Soto está manchada de sangre y deudas con gente peligrosa en México.—Escúchenme bien —respondió Vladimir con voz de mando—. Esas deudas son el rastro de basura que dejó Lucía Soto. Yo estoy saneando la empresa. Mi palabra en este país vale más que cualquier rumor. Si retiran su apoyo ahora, se arrepentirán cuando la empresa sea el imperio más grande de América.—Tu palabra es fuerte, Vladimir, pero queremos garantías de que esa mujer, Lucía, no interferirá con nuestros dividendos —sentenció Yuri, mientras Vladimir firmaba los documentos con una mirada gélida.Madrid, España – La Nueva Base de GabrielaGabriela, decidi





