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CAPÍTULO CINCO

ผู้เขียน: ARIELLEWRITES
last update วันที่เผยแพร่: 2026-05-08 04:07:24

  **Punto de vista de Valeria**

—Dudaste demasiado antes de responder —dijo Diego en voz baja.  

Su tono era tan controlado que parecía que deliberadamente buscaba provocar una respuesta.  

Los guardias arrastraban a los prisioneros por el patio hacia la prisión subterránea, mientras los sirvientes corrían a sus puestos fingiendo no ver lo que ocurría.  

Todo el palacio de La Manada del Viento Sombrío ya se había puesto en alerta máxima, pero lo que más me desconcertaba era Diego sujetándome del brazo sin soltarme, mientras me miraba con esa expresión inquisitiva.  

Eso hacía que la gente se fijara en mí, algo que yo había jurado evitar a toda costa manteniendo un perfil bajo.  

—Ya te dije que no lo conozco —respondí con cuidado, evitando sonar a la defensiva. Pero él…  

De repente, el prisionero que me había mirado con sospecha soltó una carcajada fuerte a través de sus labios hinchados, con sangre chorreando por la barbilla. Al instante, todas las miradas se volvieron hacia él.  

—Eres una mentirosa patética —dijo en voz alta, casi gritando.  

En cuanto pronunció esas palabras, cada hueso de mi cuerpo se tensó. Diego, por su parte, notó mi expresión y el movimiento de mi cuerpo; entrecerró los ojos, mirándome a mí y luego al prisionero.  

—¿La conoces? —ladró uno de los guardias al prisionero.  

—Ella es… —balbuceó el hombre débilmente, escupiendo sangre al suelo.  

Antes de que pudiera terminar, un fuerte golpe en el estómago lo hizo gemir de dolor.  

—Más te vale tener cuidado con lo que dices o te espera algo peor —advirtió el otro guardia con dureza.  

En ese momento mi corazón latía desbocado. Aunque no reconocía del todo al hombre, algo en él me resultaba terriblemente familiar. Debía de ser de la manada La Manada Colmillo de Sombra, probablemente un guardia o trabajador del palacio; seguro me había conocido cuando aún estaba allí.  

Lo que más me angustiaba era que, si me exponía, todo se derrumbaría por completo. Solo pude rezar en silencio para que apareciera un salvador.  

Justo entonces Diego se volvió lentamente hacia mí.  

—Esta es tu última oportunidad de decir la verdad, y más te vale hacerlo ahora mismo —advirtió con severidad.  

—Ya te dije que no conozco a este hombre de ninguna parte —mentí de nuevo, cruzando los dedos para que el hombre no continuará con sus acusaciones.  

—Ella es de… —empezó a decir el prisionero, levantando la cabeza del suelo mientras respiraba con dificultad.  

De pronto, una flecha surcó el aire y se clavó en su pecho, atravesándolo ante la mirada atónita de todos.  

Durante dos segundos aterradores, nadie se movió.  

Los ojos del prisionero se abrieron de par en par mientras la sangre brotaba de su boca, y luego se desplomó sobre el frío suelo, muerto.  

El ambiente se convirtió en un caos repentino. Los guardias se lanzaron a posiciones defensivas.  

—¡Encontrado al tirador! ¡Y cerrad las puertas! —ordenó Diego, y los guardias entraron en acción de inmediato.  

La gente corría de un lado a otro buscando refugio, y se oían los gritos de los sirvientes mientras se escondían.  

Y en medio de todo aquel desastre, los ojos de Diego permanecían fijos en mí: una mirada inquisitiva, cazadora y llena de sospecha. Finalmente me soltó el brazo.  

—Ahora entra y no salgas hasta que yo lo diga —ordenó.  

Aunque entendía que se preocupaba por mi seguridad, lo ignoré. Mi mirada seguía clavada en el hombre muerto.  

Su muerte repentina me aterrorizó porque quien lo había matado intentaba silenciarlo antes de que me expusiera. Pero eso me asustaba aún más: alguien más había descubierto mi secreto.  

Entré en silencio a una habitación cercana, atenta al momento en que Diego se alejara para poder escabullirme y averiguar qué estaba pasando.  

El palacio permaneció en completo caos durante horas. Nadie podía acercarse a las zonas exteriores y los guardias vigilaban todas las entradas y salidas.  

Con la situación, los chismes se extendieron como fuego en hierba seca: rumores de un asesino dentro de La Manada del Viento Sombrío, un intruso muerto, posibles espías y hasta la amenaza de una guerra que podría alcanzar el pack. Todo el mundo hablaba.  

Y yo, de alguna manera, me sentía atrapada en el centro de todo aquel desastre.  

Mientras pensaba en todo eso, Camilla me encontró merodeando por los cuartos de los sirvientes. Su rostro estaba sombrío y en sus ojos se veía urgencia.  

—¿Qué está pasando? —preguntó apresuradamente—. Escucho muchos rumores al mismo tiempo. Dicen que había un intruso de La Manada Colmillo de Sombra. ¿Lo reconociste? —continuó, haciendo preguntas sin parar.  

Cerré los ojos un segundo, intentando asimilar todo.  

—Todo lo que oíste es verdad. Y sobre si me reconoció… no estoy segura, pero creo que sí —respondí.  

—Dios mío, si te reconocí eso significa peligro. Puede pasar cualquier cosa —dijo Camilla.  

—Por eso dije que tenemos que tener mucho cuidado. Quien lo mató probablemente conoce nuestros secretos —contesté.  

—Esto es muy malo y muy peligroso —murmuró Camilla.  

Justo entonces oímos pasos acercándose por el pasillo y nos callamos al instante.  

Dos doncellas pasaban cargando cestas y hablando en susurros.  

—Hmm, escuché que el Alfa Diego casi desgarra a alguien hoy —dijo una.  

—E incluso oí que el Alfa Esteban se puso furioso cuando supo que el prisionero era de La Manada Colmillo de Sombra —añadió la otra.  

Sus palabras me recorrieron la espalda como un escalofrío. Me puse nerviosa al instante y Camilla lo notó.  

—Tenemos que salir de este lugar lo antes posible, antes de que alguien descubra nuestra verdadera identidad —dijo Camilla, agarrándome de la muñeca mientras las doncellas se alejaban.  

—No, Camilla. Insisto en que no podemos salir corriendo cada vez que pasa algo. ¿No estás cansada de huir? —las palabras se me escaparon antes de que pudiera detenerlas.  

Noté que la expresión de Camilla cambió por lo que dije, pero antes de que pudiera responder, un fuerte gruñido resonó desde algún lugar cercano del pasillo.  

Era un gruñido violento y profundo, claramente no humano. Sin pensarlo dos veces, corrimos hacia una dirección abierta que nos llevó al campo de entrenamiento del palacio.  

Cuando llegamos, el lugar estaba lleno de guardias, guerreros y sirvientes que observaban nerviosos desde la distancia.  

En el centro del terreno había un enorme lobo negro echando espuma por la boca. Era un rogue, probablemente abandonado y sin el control de un Alfa.  

Su cuerpo se retorcía con violencia contra las cadenas de plata que lo sujetaban. Tres guerreros luchaban por mantenerlo controlado.  

Me acerqué sin pensar en las consecuencias.  

—Ten cuidado, muchacha. No dejes que te muerda, ya atacó a dos guardias —advirtió uno de los guerreros.  

Aun así, me acerqué más. Cuando el rogue me vio, se lanzó con furia, casi liberándose, y la gente retrocedió asustada.  

Pero en el momento en que nuestras miradas se encontraron, el lobo dejó de forcejear de golpe. Su gruñido se volvió débil. Luego gimió y se bajó lentamente al suelo en señal de sumisión. Se me heló la sangre.  

En ese instante todo el campo de entrenamiento se quedó en silencio. La confusión se extendió rápidamente; hasta en el rostro de Camilla vi cómo el miedo se transformaba en desconcierto.  

Empecé a oír preguntas desde todas direcciones.  

—¿Qué está pasando? ¿Por qué se detuvo? —preguntó uno de los guerreros, mirándome directamente con sospecha.  

Justo entonces llegó el Alfa Diego. Entrecerró los ojos al verme a mí y al rogue en el suelo. Luego me miró confundido, porque notó que el lobo me observaba como si me conociera.  

Se acercó al lobo y este volvió a gemir, bajándose aún más en señal de sumisión.  

—Tú otra vez. ¿Qué le hiciste? —preguntó Diego sin apartar los ojos de mí. Se me secó la garganta.  

—No le hice nada —respondí rápidamente.  

En ese momento el lobo se tumbó completamente en el suelo, mostrando una rendición total hacia mí. Me sorprendió la escena y, mientras intentaba procesarlo, empezaron los murmullos a mi alrededor. Pero escuché claramente un comentario cercano:  

—¿Por qué un rogue se sometería a ella? Solo es una omega, es completamente imposible.  

Noté que la expresión de Diego se volvió más fría mientras se acercaba a mí como si se aproximara a alguien peligroso.  

—¿Estás ocultando algo que todos deberíamos saber? —preguntó.  

—De verdad no estoy ocultando nada, porque yo también estoy sorprendida por lo que pasa —respondí casi en pánico. Y por primera vez estaba diciendo la verdad: no entendía por qué el lobo se inclinaba ante mí.  

De pronto, el lobo se lanzó con violencia hacia mí. La gente se dispersó en pánico. Escuché a Camilla gritar mi nombre, pero todo ocurrió demasiado rápido.  

Mientras retrocedía tambaleándose, Diego se transformó al instante. Sus huesos crujieron con fuerza y un enorme lobo gris chocó contra el rogue en pleno salto.  

El impacto sacudió todo el campo de entrenamiento. Los gruñidos resonaron por todas partes mientras ambos lobos se desgarraban brutalmente, con sangre salpicando por doquier.  

No podía moverme ni respirar bien. Me dejó impresionada el tamaño del lobo de Diego: era enorme, dominante y aterrador.  

Pero noté que el rogue no intentaba matarlo. Solo trataba de pasar y acercarse a mí.  

Después de varios minutos de una lucha agotadora, el rogue soltó un aullido roto y, de pronto, escuché una voz en mi cabeza que decía:  

«Corre… Lunarian».  

Me quedé congelada. La voz era clara y fuerte. Por un momento pensé que el lobo me conocía, incluso cuando yo no sabía quién era realmente.  

Justo entonces el lobo de Diego hundió sus fauces en la garganta del rogue, clavando los dientes en su cuello, y el animal cayó muerto al suelo.  

Todo el campo quedó en silencio mientras Diego volvía lentamente a su forma humana, con sangre corriendo por sus hombros.  

Luego se volvió rápidamente hacia mí. Esa mirada hizo que se me encogiera el estómago, porque supe que ya no solo sospechaba de mí: había descubierto mucho más.  

Se dio la vuelta y se marchó de inmediato, seguido por algunos guardias. Los demás se quedaron para deshacerse del cuerpo del rogue. Todo el mundo se dispersó en silencio. Yo también me dirigí a mi habitación, evitando las miradas que sabía que estaban sobre mí.  

Esa noche, el palacio de La Manada del Viento Sombrio se sentía más frío y silencioso, como si cada movimiento fuera vigilado.  

Me senté al borde de la cama intentando respirar con calma, repasando todo lo que había ocurrido durante el día e intentando encontrarle sentido.  

De repente, Camila entró corriendo sin llamar.  

—Valeria, creo que el lobo sabe quién eres realmente y, por cómo están las cosas, estamos en un problema mucho más grande —dijo casi sin aliento.  

—No te voy a mentir, Camila. No entiendo todo lo que está pasando, pero lo superaremos, te lo prometo. Tengo la convicción de no tener miedo y enfrentar cualquier desafío que venga —respondí con un tono más firme.  

De pronto, un golpe fuerte sonó en la puerta. Camila se congeló. Luego escuché la voz del Alfa Diego desde fuera.  

—Abre la puerta ahora —ordenó. Su voz ya no sonaba sospechosa, sino segura, y eso hizo que mi corazón latiera aún más rápido.  

Antes de que pudiera reaccionar, llegó otro golpe, más fuerte esta vez.  

—¡Abre la puerta, Valeria! —tronó.  

Me sorprendió que no usara su frase habitual de “chica” o “sirvienta”. Esta vez pronunció mi nombre.  

Mientras me acercaba a la puerta, oía el movimiento de los guardias afuera. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba a punto de enfrentar algo mucho más grande e incierto.

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Queen Baddie
whoa hidden power. hope nothing bad happens to her
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