LOGINDespués de morir, Emma Bennett reencarna como Aria Sterling, la protagonista de una novela cuyo final conoce demasiado bien: está destinada a casarse con Ethan Blackwood, un Alfa que la desprecia, quedar embarazada de él y morir dando a luz a su hijo. Esta vez, Emma está decidida a cambiar la historia. Tendrá su final feliz y, para conseguirlo, solo necesita mantenerse lejos de Ethan y jamás enamorarse de él. Debería ser fácil, porque el Alfa estaba destinado a odiarla. Pero desde que Aria dejó de perseguirlo, Ethan no puede apartar los ojos de ella. La provoca, la acorrala y aprovecha cada oportunidad para seducirla, despertando un deseo que jamás existió en la historia original. Emma sabe que acercarse demasiado a él podría llevarla nuevamente a la muerte, pero resistirse al Alfa se vuelve cada vez más difícil cuando el hombre que debía odiarla parece decidido a hacerla suya.
View MoreQuizás las historias de este tipo inician de una manera distinta, al menos las que yo solia leer sin parar apenas llegaba a casa de mi horrible trabajo. Esos libros donde la protagonista muere salvando a un niño de un camión, o sacrificándose como una heroína. Quizás las personas grandiosas merecen finales grandiosos y las personas patéticas merecen finales patéticos.
Y vaya final de m****a me tocó a mí.
Golpeo mi pecho con desesperación, sentada en mi mesa vieja y desgastada. Se suponía que sería un día tranquilo. Estaba a punto de leer mi libro favorito, comer pollo frito y maldecir mi aburrida vida, como hacía todos los viernes. Pero ahora ruego por que el aire entre a mis pulmones. Golpeo una y otra vez con el puño cerrado, pero la maldita pieza de pollo atorada en mi garganta no se mueve ni un milímetro y no me deja respirar. Intento toser, busco frenéticamente mi teléfono sobre la mesa para marcar a emergencias, pero mis dedos tiemblan tanto que el celular se resbala y cae al suelo, quedando lejos de mi alcance. Estoy completamente sola. Vivo sola en este diminuto departamento donde nadie puede escuchar mis ahogos. Nadie va a tirar la puerta abajo para salvarme.Siento una presión horrible en la cabeza, la vista se me empieza a nublar y el pánico me llena por completo. Es una forma tan tonta de morir que ni siquiera puedo creerlo. El aire de mis pulmones se fue por completo, mi corazón dio un último vuelco doloroso y se detuvo.
Y justo en ese momento, cuando ya no puedo hacer absolutamente nada, me golpea una verdad todavía más horrible que la muerte. Pasé veintisiete años esperando que mi vida comenzara. Siempre había un mañana, un próximo mes, un próximo año. Algún día encontraría un trabajo mejor. Algún día tendría dinero. Algún día dejaría este departamento miserable. Algún día alguien me amaría. Pero ahora ya no habrá ningún maldito “algún día”.
Mi cuerpo simplemente se desplomó hacia adelante, cayendo de cara sobre la portada de mi libro favorito: La luna humillada del alfa.
Y así, a mis 27 años, sin haber logrado absolutamente nada en mi vida, yo, Emma Bennett, morí. Sofocada por un combo de comida rápida. Patético.
... De repente, tomo una bocanada de aire gigante, como si hubiera estado bajo el agua por horas. Mis pulmones se llenan por completo y el dolor en el pecho desaparece. —Aria, por favor, avanza. No hagas enojar al novio, sabes cómo se pone —me susurra una voz ansiosa desde atrás, dándome un pequeño empujón en la espalda.Parpadeo un montón de veces, completamente desorientada. ¿Qué demonios está pasando? No estoy en mi departamento. No hay olor a pollo frito. Estoy de pie sobre una alfombra roja larguísima, rodeada por paredes de piedra gigantes que parecen de una catedral antigua o un castillo gótico. La luz del sol entra por unos vitrales hermosos, iluminando todo el lugar.
Me miro hacia abajo y casi me da un infarto: no llevo mi pijama vieja. Llevo un vestido de novia enorme, blanco, lleno de encaje pesado que me arrastra los pies y un velo transparente que me cubre la cara. Giro la cabeza hacia la voz y veo a una chica de cabello naranja con vestido verde de dama de honor. Su rostro aterrorizado me resulta extrañamente familiar, pero todavía no entiendo cómo pasé de morir en mi mesa a aparecer en medio de una boda. ¿Estoy soñando? Mis pies avanzan casi por inercia hacia el altar mientras observo a los invitados. Los hombres son enormes y las mujeres poseen una elegancia salvaje; todos desprenden una presencia intimidante que me resulta demasiado familiar. Parecen lobos humanos, exactamente como los de las historias que solía leer para escapar de mi realidad. Sigo caminando por la alfombra hasta que llego al final, y ahí es donde lo veo. El novio me está esperando. Santo Dios. El hombre es increíblemente alto, tanto que tengo que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Tiene el cabello negro como la noche, una silueta ultra musculosa que casi hace reventar las costuras de su traje oscuro, y cuando me mira, sus ojos brillan con un tono dorado super extraño. Cruza la mirada conmigo y me clava una expresión de puro desprecio.Y lo más extraño es que mi cuerpo parece entender algo que mi cabeza todavía no. Apenas sus ojos se clavan en mí, mis hombros se tensan y siento los dedos helados. Una presión desagradable me aprieta el pecho y, por alguna razón, tengo unas ganas absurdas de agachar la cabeza. Yo ni siquiera conozco a este hombre. Pero este cuerpo sí. Y por la forma en que tiembla bajo ese vestido, parece conocerlo demasiado bien.
Al mirarlo de cerca, noto que sus colmillos son ligeramente más largos de lo normal, asomándose entre sus labios apretados. Es peligrosamente atractivo, el tipo de hombre que grita "peligro" por todos lados.
De pronto, el novio desvía sus ojos dorados hacia las bancas de la derecha. Mira directamente a una de las damas: una hermosa rubia platinada, cuerpo de modelo y una sonrisa angelical pero hipócrita. Ella le devuelve la mirada con complicidad, sonriéndole con dulzura.
Entonces ocurre algo casi imperceptible: la expresión de ese hombre cambia. Su mandíbula se relaja y sus ojos pierden parte de su frialdad mientras mira a la rubia, aunque solo dura un segundo.
No está mirando así a la mujer con la que está a punto de casarse, sino a otra.
La rubia desvía entonces los ojos hacia mí y su sonrisa se vuelve más satisfecha, como si ya supiera cómo terminará esta boda.
El desprecio de él, la chica pelirroja aterrada, la rubia perfecta en primera fila y esos intensos ojos dorados hacen que algo encaje de golpe en mi cabeza.
Un escalofrío me recorre la espalda.
Me pasé los últimos tres meses leyendo esta historia una y otra vez.
La pelirroja es Lily, la sirvienta fiel. La rubia es Camille, la villana obsesiva. Y el gigante amargado frente a mí es Ethan Blackwood, el Alfa Supremo de la manada Luna Sangrienta.
No
Mi corazón da un golpe tan fuerte que siento que casi se me sale del pecho.
No.
No, no, no.
De todas las historias del mundo, de todos los personajes posibles, tenía que despertar precisamente aquí.
Un anciano con túnica se aclara la garganta en medio del altar, rompiendo el silencio sagrado, y comienza a recitar los votos matrimoniales con voz solemne:
—Estamos aquí reunidos para unir el lazo sagrado de la manada. Aria Sterling, ¿aceptas entregar tu vida, tu alma y tu total sumisión para convertirte en la Luna de...
El sacerdote sigue hablando, pero ya no lo escucho. No estoy soñando: transmigré dentro de mi libro favorito y, para mi desgracia, soy Aria, la protagonista débil que soporta las humillaciones del Alfa hasta terminar muriendo por él.
Y, como si mi cerebro quisiera arruinarme aún más el momento, recuerdo cómo termina Aria Sterling: humillada y aferrada hasta el final a un hombre que nunca supo amarla.
La imagen de Aria cubierta de sangre mientras su vida se apagaba me revuelve el estómago.
Ya morí una vez.
No pienso hacerlo de nuevo por un hombre.
Miro al Alfa Ethan, quien me observa fijamente esperando que agache la cabeza y diga "sí" con voz temblorosa como la Aria original.
Me pincho el dedo con una aguja del vestido para asegurarme de que no estoy dormida. Me duele. Es real. Estoy atrapada aquí.—Oh, m****a —suelto en voz alta, interrumpiendo al sacerdote a mitad de los votos.
El eco de mi grosería resuena por toda la enorme catedral. El sacerdote se queda con la boca abierta, los invitados murmuran escandalizados y los ojos dorados del Alfa Ethan se entrecierran, destellando con una furia peligrosa mientras todos me miran fijamente.Ethan da un paso hacia mí.
Solo uno.
Pero es suficiente para que mi nuevo cuerpo retroceda por puro instinto.
Él baja los ojos hacia mis pies y luego vuelve a mirarme directamente a la cara.
Algo extraño destella en su mirada antes de desaparecer.
—¿Tienes algún problema, Aria? —pregunta con una voz baja y tan fría que los murmullos alrededor desaparecen casi de inmediato.
Trago saliva.
Así que esta es la voz del hombre que, si permito que la historia siga su curso, terminará destruyéndome.
Miro de reojo la enorme puerta de la catedral detrás de mí.
Luego vuelvo a mirar al Alfa gruñón, peligrosamente atractivo y aparentemente homicida que espera mi respuesta en el altar.
Yo ya conozco el final de esta historia.
Y definitivamente no me gusta.
Y ahora como salgo de aquí?
La mano de Ethan continúa subiendo lentamente por mi pierna debajo de la mesa mientras él conversa con los invitados como si nada estuviera pasando. Intento apartarlo, pero sus dedos encuentran el camino bajo mi vestido y rozan una zona tan sensible que unas cosquillas traicioneras me recorren de golpe, arrancándome un pequeño gemido antes de que pueda contenerlo.Ethan gira apenas hacia mí y una sonrisa satisfecha aparece en sus labios.Maldito perro.Mantengo la expresión tranquila, tomo el tenedor de mi plato y se lo clavo en la mano.—¡Aria! —gruñe.Varias personas nos miran.—¿Qué sucede, querido? —pregunto con absoluta inocencia.Ethan me fulmina con la mirada antes de volver a sentarse para no hacer una escena.Yo sigo comiendo, aunque por dentro estoy confundida. Recuerdo perfectamente este banquete. Una de mis mayores quejas del libro era que Ethan ignoró completamente a Aria durante su boda.Entonces, ¿desde cuándo existe esta escena?Seguro la olvide.El banquete de bodas s
Camille intenta acariciarme la mano para "consolarme", pero yo le doy un manotazo seco que suena en toda la iglesia.—No me toques —le digo con voz fría y clara.Camille suelta un jadeo de sorpresa, llevándose las manos al pecho como si fuera una pobre víctima inocente. Los invitados vuelven a murmurar escandalizados, pero a mí me da igual.Incluso alcanzo a escuchar a alguien cuchichear detrás de nosotros.—¿Qué le pasa a Aria?—Nunca la había visto comportarse así.Me dan ganas de girarme y responder que, efectivamente, Aria ya no está disponible para dejarse pisotear, pero decido ahorrarme el espectáculo.Por ahora.Le doy la espalda a Camille, me acomodo el velo con elegancia y miro fijamente al sacerdote, que sigue con la boca abierta. Luego miro al amargado del Alfa que tengo al lado.Ethan no parece sorprendido.Parece molesto.Su mandíbula está otra vez rígida y sus ojos dorados me observan como si intentara decidir si siempre estuve loca o si simplemente elegí nuestra boda pa
Cientos de pares de ojos —la mayoría de ellos salvajes y brillantes— me están clavando la mirada. La mandíbula del Alfa Ethan está tan apretada que estoy segura de que sus dientes van a estallar en cualquier momento.No me quedo a ver qué pasa después.Antes de que alguien pueda reaccionar, me levanto las pesadas y ridículas faldas de encaje blanco, doy media vuelta y salgo corriendo.—¡¿Aria?! —el grito aterrorizado de Lily resuena detrás de mí, pero me importa una mierda.Corro por la alfombra roja como si me persiguiera el diablo (lo cual no está muy lejos de la realidad). El vestido me hace tropezar, pero la adrenalina me mantiene en pie. Empujo las pesadas puertas de madera de la iglesia y salgo disparada al exterior, desesperada por encontrar una salida.Pero en cuanto salgo, me quedo helada.Lo que veo me deja con la boca abierta. Esto no es mi ciudad. No hay edificios de concreto, no hay contaminación, no hay bocinas de taxis. En su lugar, hay un bosque gigantesco y antiguo qu
Quizás las historias de este tipo inician de una manera distinta, al menos las que yo solia leer sin parar apenas llegaba a casa de mi horrible trabajo. Esos libros donde la protagonista muere salvando a un niño de un camión, o sacrificándose como una heroína. Quizás las personas grandiosas merecen finales grandiosos y las personas patéticas merecen finales patéticos.Y vaya final de mierda me tocó a mí.Golpeo mi pecho con desesperación, sentada en mi mesa vieja y desgastada. Se suponía que sería un día tranquilo. Estaba a punto de leer mi libro favorito, comer pollo frito y maldecir mi aburrida vida, como hacía todos los viernes. Pero ahora ruego por que el aire entre a mis pulmones. Golpeo una y otra vez con el puño cerrado, pero la maldita pieza de pollo atorada en mi garganta no se mueve ni un milímetro y no me deja respirar.Intento toser, busco frenéticamente mi teléfono sobre la mesa para marcar a emergencias, pero mis dedos tiemblan tanto que el celular se resbala y cae al su












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