INICIAR SESIÓNKayla limpiaba el baño y al salir de allí un hombre le impidió el paso. Era el hombre que la había mirado mientras, un rato antes trapeaba.
El hombre era muy atractivo y tenía dinero se le notaba de pies a cabeza. Con el cabello claro y los ojos de un tono verde oscuro, era mucho más alto que ella, una cabeza y media como mínimo le llevaba, así que, no tuvo otra opción que levantar su mirada para verlo a los ojos.
—Por Dios. De cerca aun eres más preciosa —le dijo extasiado y ella se hizo hacia atrás.
—Bueno, si es todo lo que tiene para decirme, ¿me puede dejar pasar ya, señor? Debo seguir con mis tareas —le respondió ella con sequedad. A diferencia de él, ella no tenía tiempo para juegos.
Por otro lado, nunca había lidiado bien con esa clase de atención y ese hombre la intimidaba un poco. Siempre había tratado de ocultar su belleza con ropas poco favorecedoras. No quería terminar como su madre, engañada, embarazada y desdeñada.
El hombre miró hacia los costados y la arrastró contra una pequeña pared, la empujó, tomó su barbilla y le dio un beso profundo mientras le acariciaba el cuerpo sin pudor.
Su sabor era tan dulce como toda ella, pensó Nikolai, excitado mientras presionaba a la joven contra la superficie plana, frotando su pene duro en el vientre de la joven que no se podía mover.
Cuando el hombre separó su boca de la suya, ella lo empujó por los hombros.
—¡¿Cómo se atreve?! —exclamó y le dio una bofetada.
Nikolai se vio sorprendido por el golpe, no se lo esperaba para nada.
Se tocó la mejilla y la miró confuso. ¿La joven de limpieza le había pegado? ¿A él?
Ella estaba agitada, sentía las mejillas enrojecidas y el corazón le palpitaba rápido.
Lo empujó más fuerte que la primera vez.
—Pedazo de animal malnacido. ¿Quién se cree que es para besarme contra mi voluntad? ¿Cree que como trabajo aquí soy mercancía dispuesta para que me tome en cualquier lugar? —Kayla ya estaba ofuscada para ese momento y ya poco le importaba hacerle un desaire a ese cliente. Por muy "caro" que luciera.
La muchacha estaba muy disgustada. No era de las que pagarían por estar en su cama, como dijo Bill tan sonriente.
«Maldita sea, no recuerdo la última vez que había estado tan excitado por una mujer», pensó Nikolai y supo que tenía que ser suya de cualquier manera.
Ella giró y él estuvo tentado a tomarla de su cola de caballo y atraerla hacia su cuerpo para fundirla en un abrazo. Frotar su dureza en su trasero y morder su cuello. Como un animal en celo. El murmullo de personas que pasaban cerca de allí lo devolvió a la realidad.
Entonces lo decidió. Kayla Scott sería suya, a cualquier precio.
El hombre descarado había pedido un baile privado de ella.
—Pe... pero yo no hago eso —le exclamó a Marcus, el dueño del club, indignada.
El hombre de unos 42 años y pocos escrúpulos, la miraba apoyado contra el rellano de la puerta del cuarto de limpieza, donde se guardaba todo lo que necesitaban para limpiar.
Aparte de Kayla había otra chica más de limpieza que cubría otro turno, pero no era nada atractiva. No como ella.
—Nunca entendí tu negativa a bailar en el caño. Harías mucho más dinero y respecto a esto, es un simple baile Kayla, no te comportes como una virgen deshonrada del siglo XVIII —dijo el hombre, despreocupado.
—¡pero yo no quiero hacerlo! —contuvo su grito de rabia y Marcus se acercó de manera peligrosa y acarició su mejilla. Ella quitó el rostro con asco.
—Te dije que era cuestión de tiempo, eres demasiado bella para estar barriendo, si quieres conservar este trabajo, lo harás sin discutir más —sentenció.
Luego se alejó un poco.
—El ruso es quizá nuestro mejor cliente y, si quiere un baile tuyo, lo tendrá. Salvo que quieras quedarte sin trabajo, por supuesto...
Ella no podía quedarse sin trabajo, el tratamiento de su madre dependía de eso.
En ese momento estaba internada en una clínica, estaba sometiéndose a un tratamiento experimental para un tipo de cáncer raro que tenía, se llamaba linfoma de Burkitt, pero antes de eso, había recibido otros tratamientos. Las cuentas se abultaron y perdieron su pequeña casa.
Ese trabajo pagaba bien, para ser de limpieza.
«Maldito hombre calenturiento», pensó presa de la rabia e indignación. La ponía entre la espada y la pared sin dejarle opción.
—Es un simple baile, Kayla, ve y prepárate con las chicas. Luego, en persona te iré a buscar —le dijo y se retiró, dejándola sola con su odio allí.
Sí, claro, para él, era ”solo un bailecito”, porque no era él quien debería refregarse semidesnudo contra ese tipo.
Ardía de rabia e intentó calmarse.
Con resignación dejó sus cosas de trabajo.
Fue al lugar donde las bailarinas se preparaban. Estaba Ximena, ella siempre le había caído bien, era una joven en especial. Una madre soltera, que siempre había sido muy gentil con ella.
La miró con un poco de pena.
—Bueno. Aquí estoy...—dijo ella y suspiró.
Se sentó en la silla.
—No es la silla eléctrica... —murmuró Ximena.
—Tal vez no para ti... —dijo Kayla.
—No te creas que amo este trabajo, yo lo hago por mi hijo. Tú por tu madre. No pierdas el foco —dijo la mujer mientras peinaba su cabello con unas ondas con la pinza eléctrica—. Pensé en darte el traje plateado, el que siempre dices que te gusta.
—Mierda, me gusta en ti, Ximena —protestó ella.
El traje plateado consistía en dos pezoneras con unas cadenitas plateadas colgantes. Hace juego con unas bragas también plateadas que eran un hilo dental más que otra cosa.
—Te separé una rasurada nueva. El cabello ya está, cámbiate, que luego te maquillo —dijo extendiéndole la rasuradora en cuestión.
—Supongo que no tengo opción, ¿no?
Desperté con un terrible dolor de cabeza y una llorosa Lulú a mi lado. Abrí con dificultad mis ojos. — Gracias a Dios despertaste mi amor —me dijo con un quejido y se tiró a mis brazos. Debo reconocer que me sentía terriblemente confundido en ese momento. Traté de recordar lo último que había pasado y como en una computadora que se reinicia toda la información comenzó a bajar en mi cabeza. Observé a Lulú, mi MUJER no mi hija. Aunque sí era joven, mucho más que yo que le llevaba poco más de 20 años. Yo estaba en los 45 y ella tenía la edad de Dalton. Recordé que mi mujer sí había muerto, así había empezado todo pero Lulú y yo no estábamos ni cerca de compartir nuestro ADN salvo por ese bulto que se asomaba bajo su vestidito floreado en su vientre, nuestra hija, la que estaba esperando...su embarazo iba cerca de los seis meses. Se me vinieron a la mente todos los sucesos desde el momento en que había enviudado. Mi primera esposa había sido mi primer amor, nos conocíamos por nuestras fam
Luego de comerme a mi "hija" para el desayuno, ella desapareció y yo entré a bañarme. Estaba relajado para enfrentarme a ese día de trabajo. Cuando bajé me esperaba una nota de Lu y el desayuno preparado. Mi pequeña había salido a correr. Me dirigí a la fábrica feliz sin saber lo que me depararía el día...que parecía normal hasta que recibí un mensaje de la clínica...El ADN ya estaba...No puedo explicarles mis nervios mientras iba conduciendo hasta allí. La culpa volvió a atormentarme...y sí era mi hija ¿qué mierda iba a hacer?. Si bien era excitante jugar con el morbo y la posibilidad de que lo fuera, la sociedad no vería con buenos ojos que tuviese una relación con mi propia hija...y yo la deseaba, la deseaba tanto que era capaz de hacer desaparecer esos resultados si las cosas no salían como esperaba. Un sudor frío comenzó a recorrerme la espalda. No me reconocía, no sabía ya quién era este Alexis...en quién o qué me había convertido el deseo por esta joven. Estaba casi tembloroso
Me levanté y sentí un gemido a mi lado. Decidí asomarme para el costado y casi me da un infarto. Lu estaba acostada desnuda, abierta de piernas y mirando hacia arriba mientras se metía los dedos y con los ojos cerrados gemía. Se la veía muy mojada, por lo que pude observar. Y yo no entendía que ocurría del todo, pues todavía estaba muy dormido. Ella pareció percatarse y me miró con una sonrisa de lado. Metió esos dedos en sus labios y los lamió como una gatita. — Buen día papi — Me dijo acercándose con esos pezones rosaditos desviando mi mirada hacia allí. Seguí viendo más abajo y esa vagina apretada, húmeda y totalmente depilada era un manjar para el desayuno. Cuando quedó pegada junto a mi y esos labios tentadores se acercaron a los míos hizo que todas mis defensas cayeran. Al primer roce de su boca con la mía la tomé de la cabeza y nos enredamos en un beso de los más apasionados y excitantes que habíamos tenido hasta ese momento. Se separó apenas de mi y susurró, — Te ayudo con eso
El resto del día se diluyó entre comida, sexo y más sexo con mi pequeña. Por la tarde, nos bañamos juntos y me la cogí furiosamente contra la losa de la pared dentro de la ducha dejándole mi leche dentro una vez más. Sus piernas quedaron temblando y cuando soltó mi cuello y se puso de pie por el interior de sus piernas estaban chorreando. Metí mi mano allí y agarré el semen. Llevé mi mano a su boca, que lamió de manera erótica y luego la enjaboné toda mientras manoseaba sus hermosas tetas. Lu salió primero. — Voy a preparar algo para comer papi, no te enfríes mucho — me dijo y me guiñó un ojo con picardía mientras salía con el cuerpo mojado moviendo su culo redondo. Suspiré extasiado y continué mi baño. Me dolía un poco el cuerpo, a quien quería engañar...estaba exhausto pero feliz de haber cumplido mi sueño...aunque no quería pensar en la posibilidad de que fuera en realidad mi hija. Había compartimentado esos sentimientos a un lado pero más allá del juego erótico la posibilidad real
Llamé a la fábrica para avisar que ese día no iría. Ser el dueño tenía sus beneficios, a fin de cuentas... Según me dijo Lulú, Darren se había ido más temprano con Dalton. Y ese día ya no volvería. Así que teníamos toda la jornada para nosotros y de solo pensarlo me excitaba. Ella se había levantado, desnuda, para ir a buscar unas bebidas a la cocina. Poco después se asomó en la puerta y me sonrió, traía dos vasos. — Ven bebé, ya papi te extraña — le dije y la ayudé, tomando uno de los vasos, para que pudiera llegar a la cama. Tomé de un solo sorbo todo el contenido y dejé la copa en la mesa. Lulú había hecho lo mismo y luego automáticamente nos miramos, nuestros cuerpos se acercaron como atraidos por una fuerza invisible y nos besamos como dos amantes que se conocen desde hace mucho tiempo ya. Llevé mis manos a sus pechos turgentes y comencé a masajearlos, para luego llevar mi cabeza hacia allí. Besé y lamí. Chupé y succioné mientras escuchaba sus gemidos y sentía todo su cuerpo rozá
Al otro día me desperté nuevamente desorientado. Miré a mi alrededor y estaba en mi cama. El cabello de Lulú desparramado sobre mi brazo. Tenía olor a limpio, como si se hubiera bañado. También noté que tenía una camiseta mía puesta. ¿Acaso todo lo anterior había sido un sueño? Y ¿cómo mierda llegué allí en todo caso? Hice un intento de quitar mi brazo, sin despertarla para levantarme sin dejar de notar su culo tentador asomandose por debajo. Mi cuerpo respondió de forma inmediata con una erección grande como una casa. Y mientras luchaba con el brazo, Lulú se giró y me miró con los ojos entreabiertos. — Todavía es temprano, ¿no quieres quedarte un poco más papi? — me dijo con un tono irresistible y sensual al que me fue imposible negarme. Sin decir nada la abracé y apoyó su rostro en mi pecho desnudo. Noté que tenía puesto los calzones. — Papi, ¿me quieres? — me preguntó repentinamente, antes de mirarme, con un tono de voz suave. — Obvio mi amor, ¿cómo no voy a quererte? — le dije aca







