MasukCAMERON
Las galas benéficas formaban parte del trabajo de ser un Rey. Antes yo disfrutaba estas cosas. Amaba acudir con mis padres, me sentía muy orgulloso de ser el príncipe heredero.
Mis padres me enviaron al Internado Bywyd cuando cumplí nueve años, y estuve ahí por tres años antes de volver a casa. Estudié la secundaria en casa para crear relaciones, pero terminé volviendo a Bywyd para otros dos años donde me prepararon para cosas más especiales.
Cuando entré a la escuela militar… todo cambió. Un día escuché algo, y desde ahí todo comenzó a tambalearse para mí.
Empezó con algo simple, pero la bola de nieve fue creciendo y creciendo, y lo afectó todo.
La escuela militar fue espantosa, pero al final me gradué y salí de esa m****a. Pero iba a peor y a peor… y ahora estábamos aquí.
En una gala benéfica.
Qué fastidio.
Pero sería el próximo rey, así que tenía que hacerlo, ¿verdad?
Me vestí de punta en blanco con un traje y me acomodé. Al salir de mi cuarto esa mañana, vi a Colin calentando algo en el microondas. Él vestía con el uniforme de la Guardia Real, abandonando su papel como Mayor de las Fuerzas Armadas de Hiraeth para… cuidarme a mí.
No me creía esa m****a de que venía por órdenes.
Debía estar escondiendo algo.
A fin de cuentas, ocho años atrás se fue como si nada. ¿Y ahora volvía de la misma forma? ¿Por quién demonios me tomaba?
Salí de mis aposentos sin prestarle atención ni dirigirle la palabra, y fui al comedor para desayunar con mis padres y con Laurice.
Papá parecía de buen humor esa mañana, lo que fue genial porque no me regañó ni nada, y partimos al evento.
Dios, qué aburrimiento de evento.
Vamos, que era genial que los estudiantes hubieran ganado sus reconocimientos y todo eso, ¡¿pero por qué tenía que hablar medio mundo?!
En un momento me entró el sueño y… bostecé. Me llevé la mano a la boca para disimularlo, sintiendo la firme mirada de Colin detrás de mí.
Pero me dio sueño.
«No debí quedarme despierto hasta tarde jugando», me dije y resoplé. No era que no tuviera trabajo, pero ahora mismo… sí, no tenía trabajo.
No tenía interés en los negocios de la familia, ni en nada en particular. Todo eso se había esfumado de alguna manera junto a mis intereses y los deseos que tuve alguna vez.
Bajé la cabeza cuando otro viejo subió a hablar, y me esforcé todo lo posible porque no se me viera la cara de fastidio. Soporté las dos siguientes horas, al menos agradecido de que no me tocara hablar, y cuando terminó… bueno, no fue el fin.
Tuve que asistir a una recepción donde un montón de desconocidos me daba la mano, y soportar cada uno de sus saludos.
Qué aburrimiento.
En un momento, cuando casi terminaba, sentí que me balanceaba, presa del sueño, y tuve que dar un paso a un lado para no caerme.
Quería irme a casa, meterme en la cama y ya. Pero tuve que aguantar dos horas más de protocolo.
Llegué a casa después del mediodía, muerto de hambre y durmiéndome, pero la vida no estaba dispuesta a darme un respiro.
Cuando pasé al salón, pude escuchar las voces de mamá y papá.
—¿Entonces tenemos que mantenerlo en casa? Últimamente no hace nada más que darnos dolores de cabeza —dijo mi padre, una nota de cansancio evidente en su tono.
—Lo van a criticar por todo Vik. Se ha forjado esa reputación, pero no es tarde. Solo… necesitamos saber cuál es el problema —comentó mi madre con preocupación—. Él no era así, no se tomaba esto como una tortura. Algo debe haberle pasado, pero…
—No tenemos idea de qué —completó él y resopló.
Entonces oí el ruido de una transmisión.
«Premier, ¿qué opina sobre la actitud del príncipe heredero en el evento benéfico de esta mañana. Es algo que ahora mismo está siendo comentado por todos». Ese era un periodista y… hablaban de mí.
Apreté los labios, permaneciendo tieso en mi sitio.
Lo siguiente que se oyó fue una risita casi burlona, y la pedante voz de Clarence Visser, el actual Primer Ministro, resonó:
—No es mi deber entrar a valorar ese tema a título personas; pero como hiraense me hace preguntarme qué futuro le espera a la corona de nuestro país.
Maldita sea.
El periodista habló un poco más, y luego cambiaron, y otro dijo: «Ahora haremos contacto con Martin Jacobsen, quien se encuentra en el evento del candidato a Premier para las próximas elecciones, Gerolt Kuir».
Sí, Gerolt… Técnicamente era algo así como mi primo en segunda generación. Era el primo de mi padre. Tenía cuarenta años y se había postulado al cargo de Primer Ministro con una propuesta un poco controvertida que destacaba por su principal bandera: acabar con la monarquía.
Para Gerolt, quien gozaría del estatus de Príncipe de Hiraeth de no ser porque mi padre despojó de sus títulos a todas sus tías y a las descendencias de estas, y a los hijos del hombre que casi nos mata a todos, Jacob, no poder formar parte de la Familia Real fue tan horrible que ahora juraba destruirnos.
Por alguna razón últimamente era popular (por mí, pero en ese entonces no lo entendía), y había conseguido convertirse en el candidato de su partido para liderar el país.
«No podemos permitir que el desarrollo de nuestro país se vea truncado por una costumbre arcaica que ha demostrado ser inútil», dijo con vehemencia, y eso por alguna razón me dio duro en el pecho.
Alguien apagó la transmisión, y escuché un suspiro pesado.
—Aaah… no sé qué es peor, si el que está o el que viene —espetó mi padre con cansancio—. Si esto sigue así, ese tipo va a ganar, y si lo hace… estaremos perdidos.
Fruncí el ceño. ¿Perdidos? ¿La monarquía estaría perdida? ¿De verdad creía papá que alguien podía quitarnos lo que era nuestro?
Apreté los labios y me di la vuelta para marcharme. Al hacerlo, encontré a mi nuevo escudero, que me observaba con una parsimonia que me daba asco.
Pasé de él y salí del palacio.
Pero los palos seguían y seguían.
Apenas poner un pie fue, vi que mi hermana bajaba de su auto, y apenas verme frunció el ceño.
—Cameron, ¿qué demonios te pasa?
Fruncí el ceño.
—¿Tú también te vas a poner en mi contra?
Ella se detuvo frente a mí. Era más baja que yo, aunque no por mucho, pero tenía una presencia innegable que me recordaba a mi padre.
—¿Por qué hiciste eso? ¿No te das cuenta de que estamos en un momento crítico? ¿Hacer el ridículo con las drogas no fue suficiente para ti?
—¡No soy un drogadicto, Lau! —espeté, dando un pisotón y encarándola.
—Pues dile eso al video tuyo de hace tres días, donde claramente estás drogado, Cameron. Mira… —suspiró, intentando calmarse—. ¿Qué te está pasando? Eres insufrible desde hace años, pero últimamente estás empeorando, ¿tienes alguna crisis? ¿Te sientes mal? Dime qué tienes para saber qué hacer para ayudarte. Solo estamos yendo a callejones sin salida aquí.
—No me pasa nada —fruncí el ceño—. Ustedes le dan demasiada importancia a cosas que no la tienen.
—Estás arruinando el trabajo de nuestra familia, Cameron —advirtió ella—. Tenemos una imagen que mantener, y tú, el futuro Rey, la estás tirando por los suelos.
—¡Pues al carajo la imagen! —grité, sintiendo que un raro impulso de ira crecía en mi interior.
¿Por qué todo el mundo me caía encima.
—Si creen que no puedo ser Rey, entonces toma tú la corona y déjenme en paz. Al final eres mucho mejor que yo para esto, ya tienes un prometido y papá te ama, ¡lo tienes todo resuelto!
Mi hermana frunció el ceño.
—¿Entonces se trata de esto? ¿Tienes un complejo de inferioridad? —resopló y añadió—: Yo no quiero reinar, nunca lo he querido y nunca lo querré. Y mi prometido es cosa mía —frunció el ceño—. ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Por qué no tienes una novia entonces? ¿Quieres el favor de papá? Entonces pórtate bien. Siempre has sido el consentido de papá, así que no me vengas con que me prefiere a mí. ¡Tú eres su ojito derecho y siempre lo has sido!
Quería contestarle, pero no me vino nada a la mente, así que solo apreté los puños.
Ella mentía, obviamente mentía, porque ellos dos tenían una relación especial que hasta el día de hoy yo no conseguía entender, y que envidiaba. Con ella era comprensivo, y Lau siempre hacía todo para complacerlo. ¿Y yo? A mí solo me exigía, solo me regañaba y presionaba, y ya estaba cansado…
Estaba harto.
—¿Sabes qué? Olvídalo —espeté—. Voy a salir.
—¿A dónde vas?
—Voy por ahí, y luego quizá al bar con Freddy.
Enseguida puso las manos en sus caderas y soltó, con ese tonito regañón que me fastidiaba la existencia:
—¿Ves? Eso es lo que está haciendo que pierdas tu vida, Cameron, ¿no lo entiendes?
—¡Me importa una m****a! —grité y fui a la cochera.
Mientras yo partía, no los vi ni los escuché, pero ella miró a Colin, y él le dijo:
—Me encargaré de que no haga un desastre.
COLIN¿Por qué estaba dispuesto a dar mi vida por alguien más? ¿Acaso eso era sano?Quién sabe… pero era la realidad.¿En qué momento pensé que era acertado dar mi vida por alguien como Cameron? Desde el principio. No había lugar a dudas.El sentimiento era más profundo que cualquier otra cosa, más fuerte que mi razón, y me gobernaba por completo.No me importaba morir si eso me aseguraba que él estaría a salvo.Por eso lo que hizo fue tan… espantoso.Mientras perdía el aire, mientras sentía cómo me debilitaba por lo que fuera que hubiera en el aire, cómo se me iba cerrando la garganta, cómo sus brazos se esforzaban por desmayarme… fue horrible.El momento en mi vida en el que podía cristalizar uno de mis pilares, y se me fue entre los dedos.En medio de esos pensamientos, de pronto sentí como si algo me jalara, y me encontré con la realidad.Abrí los ojos pesadamente, y sentí que cada fibra del cuerpo me dolía, casi como si tuviera mil piquetes de abeja por todas partes. Me sentía ca
CAMERONEsto no era como en las películas, donde las puertas se cerraban a la velocidad una tortuga, dándole a los protagonistas tiempo de ser dramáticos. ¡No! ¡Y una mierda, ¿por qué no podían ser así?!Las malditas puertas se cerraron en un parpadeo, dejando incluso a Jason, uno de mis escoltas, fuera.Dentro quedamos Colin y yo, además del director, que pegó el grito en el cielo, sin entender qué pasaba, otro escolta y algunos empleados.Al segundo siguiente escuché un estruendo, el sonido característico de un disparo, y el otro escolta cayó al suelo, con sangre saliendo de su pecho.Me tensé.El director chilló, más que asustado, en tanto Colin me apretó la muñeca, luego me soltó y se sacó algo de la parte de atrás, a la altura de la cintura. Era una pistola.Lo miré con apremio.—Tienes que defenderte. Sabes bien cómo usarla.Asentí, tragándome mi ansiedad, y respiré hondo para centrarme.No podía ser un estorbo, no ahora, no por cómo se planteaba la situación.Colin me dio dos c
CAMERONUnos días más tarde, tras ser entrevistados por la policía, y con la búsqueda de Gerolt aún en la palestra, papá nos envió a Colin y a mí a un evento de una de las fundaciones en las que mamá solía colaborar, una que atendía a los niños con enfermedades raras, destinando mucho de su presupuesto a la investigación y manutención para las familias que no podían costear los tratamientos.Dicha fundación estaba recibiendo una nueva partida de financiación de parte de nuestra familia, no con dinero público; de hecho, nosotros no cobrábamos nuestros sueldos con dinero público. Teníamos una asignación, pero todos la destinábamos a la caridad. Mamá y papá nos dieron una asignación de su propio dinero hasta que comenzamos a trabajar. Bueno… mis hermanos no tardaron mucho en dejar de necesitar las suyas.¿Yo? Otra historia.Aunque había comenzado a cobrar mi propio dinero, de parte de la empresa familiar, sí, pero mi propio salario. Mamá y papá tenían la estricta política de no beneficia
CAMERONLa sorpresa se reflejó en los ojos de mi padre, pero asintió.—Está bien, podemos hacer eso.Entonces llevó una mano a mi cabeza mientras aún caminábamos y me revolvió el pelo.—Las piezas comenzarán a moverse, así que todo se volverá un poco más complicado. Tienes que estar atento ante cualquier imprevisto.Fruncí un poco el ceño y luego suspiré.—No creo que intenten matarme de nuevo la siguiente ves que salga —comenté—. Considerando lo que ha pasado hasta ahora, sería estratégicamente erróneo. Sin embargo, si alguien intenta algo, eso nos daría una pista.Papá no dijo nada, solo me observó, como esperando que continuara para confirmar algo que tuviera en mente.—Si alguien intenta algo en el funeral de Freddy, quiere decir que tenemos un chismoso aquí en el palacio, ¿verdad?Me contempló unos segundos, luego sonrió y asintió con la cabeza. Ambos éramos seguidos por Jason y Larry, un guardia más experimentado que cuidaba de papá.—Así es —resopló—. Ya me ha tocado pasar por
CAMERON—Nunca ambicioné la corona —contestó el abuelo, sorprendiéndome—. Sabía que en algún momento debía cargar con la responsabilidad de llevarla, así que me preparé desde muy joven para ser la mejor versión de mí mismo al momento en que llegara mi turno.Fruncí el ceño, un poco inquieto por sus palabras.—¿No llegaste a sentir que no encajabas?, ¿que era demasiado para ti?Estas eran cosas que no podía preguntarle a mi padre, porque él tomó la corona a los trece años recién cumplidos y no vivió el proceso de ser un príncipe, de serlo de adulto.Es decir, papá ni siquiera pudo vivir su ceremonia de la mayoría de edad, donde cada príncipe, heredero o no, juraba lealtad y compromiso a los estatutos de la Corona y al Rey. A los dieciocho ya tenía cinco como rey, ¿cómo podría sentir que no encajaba?Él me observó unos segundos y ladeó la cabeza.—A veces —murmuró—. Sobre todo después de la muerte de mi padre. Las cosas fueron complicadas entonces, porque compaginar el dolor de su pérdi
COLINResultó que Frederick Parma sí estaba muerto, y que, de hecho, no era el único.A la mañana siguiente, llegaron varios reportes que informaban sobre las muertes de Joseph Emsens, Steven Balcoen y Bradon Lhotist, tres conocidos hijos de las familias más ricas de Hiraeth, uno de ellos primogénito, fueron encontrados muertos en un cuarto de un famoso club nocturno de la ciudad.Según el reporte policial, murieron por una sobredosis, pero ante ojos entendidos la verdad era evidente.Los tres eran conocidas amistades de Cami, al igual que Frederick, y los periodistas solo tuvieron que conectar los puntos para desatar el caos.Después del intento de magnicidio, esto fue la suma perfecta para la construcción de esa narrativa de que alguien quería muerto al príncipe.Algunos decían que era por sus errores pasados, que era un traficante o alguien a quien ofendió; otros consideraban las tensiones políticas.Sin embargo, cuando se filtraron las sospechas de la policía contra Gerolt Kuir, a







