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Capítulo 10

Autor: Svaqq16
last update Data de publicação: 2026-10-12 23:30:48

Abigail tocó el hombro de Lucas con delicadeza; percibió la dureza de sus músculos bajo la tela del saco. Le aseguró que solo era una tonta discusión entre hermanos y le dedicó una sonrisa suave para calmar la tensión en el ambiente.

—No pasa nada, Lucas, en serio —murmuró ella con voz apacible.

Lucas se aclaró la garganta con lentitud, sin apartar la vista de Daniel ni un solo segundo. Con voz extremadamente fría y dominante, marcó su territorio.

—Aunque sean hermanos, no olvides que ahora
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  • El implacable CEO se niega a darme el divorcio   Capítulo 22

    Al día siguiente, Abigail asistió a su turno en el hospital con el cuerpo adolorido y la mente sumergida en una marea de pensamientos confusos. La noche anterior permanecía viva en su memoria, un recordatorio constante de la debilidad de su carne ante Lucas Rinaldi. Frente al espejo del vestidor, a la hora de arreglarse antes de iniciar la jornada, tomó el corrector y la base de maquillaje para cubrir con minucioso cuidado las sombras moradas en su cuello, las marcas intensas que su marido le dejó durante aquella entrega salvaje. No iba a permitir que sus compañeras notaran esos rastros de pasión desenfrenada. Se peinó el cabello lacio con pulcritud, acomodó el cuello de su filipina azul para asegurar la cobertura total y caminó hacia los pasillos del nosocomio. La jornada transcurrió entre el flujo constante de enfermos, la toma de presión y la revisión de expedientes. Cerca del mediodía, mientras escribía algunas notas de los pacientes sobre una tabla médica, caminó a paso rápido

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    Al llegar a la casa, Abigail se despidió de Lucas con un firme «buenas noches» y se dirigió directo a su habitación. No deseaba escuchar un solo reclamo más. Si bien reconocía que él planteó un buen punto respecto a su seguridad, tampoco pensaba entrar en un bucle infinito donde su esposo no parara de repetir que irse a cenar con sus compañeras representaba un acto indebido. Se metió a la ducha y dejó que el agua tibia le relajara los músculos tensos. Al salir, se secó el cabello lacio con una toalla suave y se puso una bata limpia y vieja para dormir. Apagó las luces de la estancia, se acomodó entre las sábanas frescas y cerró los ojos para buscar el descanso. Justo cuando apenas cerraba los ojos, escuchó el chasquido del cerrojo y el sonido de la puerta de su habitación al abrirse. Era Lucas. Abigail soltó un largo y pesado suspiro en la penumbra. ¿Acaso ese hombre era capaz de ir hasta su habitación en mitad de la noche solo para continuar con sus reproches? —Lucas, tengo sueñ

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    —No —respondió Abigail, con un tono calmo, sereno y tan firme que la sílaba resonó con la fuerza de un portazo en el estrecho pasillo. No necesitó alzar la voz ni recurrir a los gritos. Sabía a la perfección que la verdadera firmeza no requería violencia, sino la templanza absoluta de quien ya no siente temor. Lucas la observó con incredulidad, apretó la mandíbula hasta marcar los pómulos y la sujetó con más fuerza del antebrazo. —Eres mi esposa, Abigail. Legalmente eres mi esposa y me debes respeto —le recordó él, en un murmullo grave que buscó imponer su autoridad de siempre. Abigail sostuvo la mirada oscura de su marido sin pestañear un solo segundo. La frialdad en sus propios ojos hizo que la distancia entre ambos se sintiera infranqueable. —No soy una niña, Lucas. Soy una mujer adulta y tú no eres mi dueño —sentenció ella, ya había perdido demasiado dignidad—. Estoy aquí con mis compañeras de trabajo y no me voy a ir a ningún lado. Aprovechó el segundo de desconcierto de Lu

  • El implacable CEO se niega a darme el divorcio   Capítulo 19

    Abigail sintió una punzada de pánico en el centro del pecho, pero no pensaba montar un espectáculo frente a sus compañeras de trabajo. Con un esfuerzo supremo por mantener la compostura, dejó la copa de vino sobre la mesa, esbozó una sonrisa débil y se puso de pie con elegancia. —Vuelvo en un momento, voy al sanitario —murmuró hacia sus amigas, que apenas prestaron atención entre la música y la charla. Caminó con paso apresurado hacia el pasillo lateral del fondo, donde las luces disminuían y el ruido del bar se volvía un murmullo lejano. Apenas cruzó el umbral del corredor, buscó aire fresco, pero una sombra imponente se interpuso en su camino antes de que tocara la puerta del baño. Lucas apareció de la nada. La tomó del antebrazo sin apretar, pero con la firmeza suficiente para impedirle el paso, y la empujó con delicadeza pero sin espacio a réplica contra la pared de ladrillo visto. Quedó acorralada entre el muro frío y la mole de su cuerpo impecablemente vestido con traje oscur

  • El implacable CEO se niega a darme el divorcio   Capítulo 18

    El viernes por la tarde, el bullicio habitual del vestidor de enfermería marcaba el final de la jornada laboral. Abigail guardaba algunas cosas en el casillero cuando escuchó las risas de dos de sus compañeras, jóvenes apenas un par de años mayores que ella, que comentaban animadas los planes para la noche.—Necesito una copa de vino urgente o no sobreviviré al fin de semana —decía una de ellas mientras se retocaba el labial frente al espejo—. Vayamos a ese lugar tranquilo que abrió cerca del centro. Tienen buena música, tapas ricas y el ambiente es bastante relajado.Abigail se giró despacio, respiró hondo para vencer la estúpida timidez que no le había dejado más que días solitarios y se armó de valor para intervenir.—Ese plan se escucha muy interesante —comentó con una sonrisa ligera, rompió por primera vez su papel de espectadora silenciosa.Un silencio breve cayó sobre el pequeño espacio. Las chicas continuaron con sus retoques sin hacer una invitación explícita directamente a e

  • El implacable CEO se niega a darme el divorcio   Capítulo 17

    —Cuando se presente la oportunidad volveré a tomar horas extras —le dijo ella, con un tono desprovisto de cualquier atisbo de emoción. Lucas bufó, molesto por la actitud distante de su esposa, y se pasó la mano por el cuello con evidente frustración. —No es necesario que tomes horas extras, Abigail —respondió él, marcando cada palabra con firmeza—. No tienes ninguna necesidad de matarte en ese lugar. —¿Para qué quiero estar en tu casa tanto tiempo? —lo cuestionó ella, mientras lo miraba de frente con una calma que lo descolocó—. Si me voy es mejor para ti, así no incomodo a Sofía. Lucas frunció el ceño de golpe; la mención de la modelo en ese tono de reproche sutil le encendió la molestia en la mirada. —Esta también es tu casa —sentenció el empresario, en un intento por imponer su autoridad en el recibidor. —No lo siento así —replicó Abigail, sin bajar la guardia—. Me siento como una intrusa en este lugar. —Pues deja de sentirlo —escupió Lucas con brusquedad, cansado de la mura

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