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Capítulo 035

Autor: Daly3210
last update Fecha de publicación: 2026-07-22 06:21:49

Un día antes…

Gonzalo Sterling avanzó hacia la oficina principal del bufete, una cuya inscripción actual contenía el nombre de Cristian. Su sola presencia infundía un respeto absoluto en cada rincón del lugar.

Los abogados que allí ejercían hacía bastante tiempo que no lo veían, pero ahora, ante su inesperada visita, todos adoptaban una actitud de respeto y total sumisión.

Conocían su reputación: décadas de carrera impecable, donde cada juicio ganado era una demostración de poder y cada rival t
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  • El juguete del abogado   Capítulo 130

    El ánimo de Estefanía había mejorado notablemente. Fue a la universidad, dio un paseo por el centro comercial y se entretuvo mirando ropitas para bebé en varias tiendas; todo esto acompañada por un guardaespaldas, por supuesto, porque Cristian verdaderamente no pensaba dejarla salir sola.Ella no se desanimó por esto, aunque la idea de ser vigilada no le gustaba. Acarició aquellas prendas diminutas con la mirada perdida, sin atreverse a comprar nada.Todavía no sabía si sería niño o niña y… era demasiado pronto para compras de ese estilo.Regresó a casa únicamente con un conejito de peluche color crema al que simplemente no pudo resistirse.Estefanía lo acariciaba con ternura acostada en la cama, esperando a que Cristian saliera del baño.Al poco tiempo, la puerta se abrió y el hombre apareció vistiendo solo unos bóxers, secándose el cabello con una toalla.—¿Aún despierta? —preguntó, arqueando una ceja con tono ligero mientras se acercaba a la cama.Ella asintió despacio.Y entonces

  • El juguete del abogado   Capítulo 129

    —Javier, ven, siéntate, quiero hablar sobre algo —le dijo Estefanía a su hermano esa mañana.El rostro del muchacho se puso rígido al instante y ella rió suavemente, sacudiendo una mano.—¿Por qué esa cara? —se burló al ver que Javier parecía haber sido atrapado en alguna travesura, aunque, claro, no era el caso—. No es nada malo.Ella lo llevó hasta el sofá sosteniendo su mano y lo hizo sentar a su lado.Una vez estuvieron sentados muy cerca, Estefanía sonrió dulcemente, detallando el rostro serio y apuesto del joven.No pudo evitar extender la mano y acariciar su mejilla, sorprendiéndose al sentir la sombra casi imperceptible del vello fino que empezaba a despuntar en su piel. Era evidente que se había rasurado.«Su hermanito ya se rasuraba», pensó de repente, abriendo los ojos con asombro.¿Cuándo aprendió?¿Quién le enseñó?Ella ni siquiera era capaz de hacer esas preguntas, demasiado desconcertada por aquel rostro cuyas facciones infantiles habían pasado a la historia. Su mandíbu

  • El juguete del abogado   Capítulo 128

    Graciela estaba dando vueltas en la habitación con una muñeca en brazos. La mecía suavemente, arrullandola como si se tratara de su propia hija. Cuando la puerta del departamento se abrió esa mañana, ella alzó la cabeza bruscamente con los ojos iluminados. Una sonrisa se apoderó de su rostro cansado y ojeroso, antes de susurrar con dulzura:—Papá, llegó, mi amor. Míralo. ¡Es papá!El hombre de pie bajo el umbral esbozó una mueca de puro desdén, mientras observaba a la mujer acercarse con desbordada devoción. —Pasa y siéntate, Cristian. Te prepararé algo para desayunar. Su tono de voz, su postura, todo denotaba que era la viva imagen de una esposa recibiendo a su marido. Cristian se limitó a decir: —¿Estás cuidando bien de mi hija? Sus palabras contenían una acusación que hizo que Graciela sintiera la necesidad de demostrar que estaba cumpliendo bien con su trabajo.—¡Sí! Sí, mi amor, la estoy cuidando muy bien —se apresuró a decir ella, atolondrada. Se pegó la muñeca al pecho

  • El juguete del abogado   Capítulo 127

    Estefanía estaba sentada en la mesa del comedor, tomando pequeños sorbos de una sopa de verduras que Sonya le había preparado.Cristian solo la había acompañado hasta dejarla instalada. Después de asegurarse personalmente de que no saldría ese día y estaría tranquila en casa, se había marchado a resolver algunos asuntos urgentes. Para ser sincera consigo misma, la ausencia de su esposo le daba un poco de respiro.Su mente era un campo de batalla constante. Llena de pensamientos, dudas y temores. Solo estando sola podía sentir que respiraba.—Pruebe un poco más de este caldo, señora —insistió Sonya, acercándole el plato un poco más mientras acomodaba la servilleta a un costado—. Lleva espinacas y zanahorias frescas. El doctor dijo que el hierro es fundamental para el bebé en estas primeras semanas.Estefanía suspiró para sus adentros, sosteniendo la cuchara a mitad de camino.Llevaba menos de un día sabiendo que estaba embarazada y la sobreprotección de todos comenzaba a resultar abrum

  • El juguete del abogado   Capítulo 126

    —A partir de ahora, su salud y la del bebé dependen de un entorno completamente libre de estrés, señora.Las palabras del médico hicieron que Estefanía levantara la vista de las sábanas blancas.Bebé.Todavía no podía procesar que había un pequeño ser creciendo dentro de su vientre.Este bebé era el fruto de su amor por Cristian… un hombre que, a pesar de sus más recientes descubrimientos, no dejaba de ocupar un lugar en su corazón.Sin embargo, jamás pensó que esto realmente sucedería. Tanto tiempo deseándolo y, justo cuando había dejado de quererlo, simplemente se cumplía.A veces el destino era demasiado irónico e impredecible: ella había pedido el divorcio y ahora estaba embarazada.No había manera de escapar. Nunca la hubo.—Nada de impresiones fuertes, cero discusiones y reposo absoluto por las próximas semanas —continuó el doctor, enfocando la mirada en ella directamente—. Su tensión arterial cedió gracias a los fármacos, pero su cuerpo estuvo al límite. Una crisis como la de a

  • El juguete del abogado   Capítulo 125

    Cuando Cristian entró en la habitación del hospital, la imagen que lo recibió le hizo sentir una repentina opresión en el pecho.Estefanía estaba sentada sobre la cama, muy quieta. Tenía la mirada perdida en la nada, sin más lágrimas, pero con los párpados hinchados y enrojecidos.Parecía una muñeca sin vida. Preciosa. Pero dolorosamente rota.Al notar su presencia, sus hermosos ojos verdes se giraron hacia él apenas un segundo.—Yo... no sé cómo pasó... —murmuró con la voz rota y apagada.Sus palabras débiles e inocentes le provocaron otra punzada en el corazón.No soportaba verla así.Acortó la distancia despacio y se sentó en el borde de la cama, tomándole el rostro con infinita delicadeza para besar su frente de forma prolongada, respirando su aroma.—Eso no importa, mi amor —susurró contra su piel—. Ahora vamos a tener un bebé... ¿No te gusta la idea?La mirada de Estefanía volvió a perderse en el vacío, como si flotara en una neblina. Llevó una mano temblorosa hacia su abdomen y

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