LOGIN️ DEMASIADO CALIENTE PARA LEER EN PÚBLICO ️ **40 Maneras de Pecar** es una colección de cuarenta formas diferentes de tentar al destino, cruzar la línea y perderte en el deseo. Crudo. Sucio. Prohibido. Dentro de esta colección sin filtros, te sumergirás en fantasías que nunca debieron permanecer ocultas: desde atracciones prohibidas y asuntos peligrosos hasta encuentros tabú, tríos inesperados y deseos que se niegan a ser ignorados. Cuarenta historias. Cuarenta pecados. Cuarenta maneras de descubrir hasta dónde puede llevarte la tentación. Cada página empuja los límites. Cada historia trae una nueva tentación. Así que cierra la puerta con llave, baja las luces y asegúrate de estar solo. Porque esta es una colección que definitivamente no quieres que nadie te pille leyendo.
View MorePunto de vista de Sidne
Era medianoche. Estaba sola en mi habitación, el tenue resplandor azul de mi portátil bañando la oscuridad. Todos los demás en la casa dormían, pero yo estaba bien despierta, mirando la pantalla. Porque estaba viendo un vídeo porno. Lo había descargado recientemente de un sitio que me había recomendado mi mejor amiga, Clarissa. Al principio solo tenía curiosidad, pero ahora que el vídeo estaba reproduciéndose, me resultaba mucho más difícil apartar la mirada de lo que esperaba. Tenía los auriculares puestos, aislándome del silencio de la habitación y haciendo que escuchara con claridad cada sonido sucio y obsceno del vídeo. Me removí inquieta en la silla, con la atención fija en la pantalla. Mi pulso se aceleró mientras miraba, y tragué saliva, de repente consciente de lo cálida que se sentía mi habitación a pesar de la hora tardía. El vídeo era un trío. No sabía por qué, pero quería probarlo. Nunca había tenido la polla de un hombre en mi boca y la de otro dentro de mi coño al mismo tiempo. «Joder. Ahhhh… oh Dios… fóllame más fuerte…» gritaba la puta rubia. Su cuerpo se movía con cada embestida mientras el hombre detrás de ella se clavaba en ella. «Cállate y toma su polla», gruñó el hombre de atrás, agarrándole el pelo y tirando de su cabeza hacia atrás, obligándola a mirar hacia adelante. El hombre delgado que estaba delante de ella se había estado masturbando todo ese tiempo. Ahora, se empujó dentro de su boca. Sus gemidos salieron ahogados mientras él le sujetaba la cabeza en su sitio, metiendo y sacando su longitud de su boca mientras el hombre de atrás le agarraba el pelo. «Sí. Buena chica», raspó el de delante, con la voz áspera de aprobación. ¿No dolía eso? Me pregunté, mordiéndome las uñas mientras el calor me subía a la cara y se instalaba bajo en mi estómago. Él se retiró de su boca con un fuerte *pop*, dándole un momento para recuperar el aliento. Ella se arqueó hacia atrás, respirando con fuerza, sus movimientos cayendo al ritmo del suyo. «Por favor…» suplicó, la voz quebrada de desesperación. «No pares. Me encanta. Ah—sí…oh Dios…» El hombre guió su polla de nuevo a su boca y empezó a embestir profundamente, con una expresión torcida en la cara y sus fuertes gemidos llenando los auriculares. Mis labios se entreabrieron. Por un segundo vertiginoso, sentí como si fuera yo la atrapada dentro del vídeo, con el coño y la boca destrozados como una puta, entregándome a la misma sensación abrumadora. El calor me recorrió, dejándome sin aliento e incapaz de apartar la mirada. Los gritos desesperados de la mujer llenaban mis auriculares mientras los hombres la perforaban sin piedad. Apreté los muslos y un extraño aleteo me recorrió el pecho mientras la veía ser usada como un juguete, incapaz de arrancar los ojos de ella. Era como si me hubiera hipnotizado. Sabía que debía apartar la mirada, pero no podía. El calor se acumulaba bajo mi piel y sentí cómo me mojaba. «Eres tan jodidamente dulce.» El hombre de atrás le dio una palmada en el culo, el chasquido seco resonando fuerte en mis auriculares mientras la escena continuaba. Sus tetas se balanceaban de un lado a otro con su movimiento, y tragué saliva con fuerza. Mis muslos se abrieron lentamente, los párpados pesándome mientras seguía hipnotizada por la pantalla. Entonces el hombre delgado se corrió con un gruñido feroz y animal. Arrancó su polla de su boca y se descargó con fuerza en su cara: gruesas y calientes cuerdas de semen rayándole las mejillas, inundándole la boca abierta, goteándole del mentón en hebras pegajosas. «Lámelo, puta de semen de m****a.» Se sacó los últimos pulsos, frotando la cabeza contra su lengua. Ella se rio, sucia y ansiosa, y sacó la lengua bien abierta, atrapando el desastre, lamiendo la carga amarga y salada de sus labios y las comisuras de la boca como una perra codiciosa en celo. El semen le bajaba por el cuello mientras gemía a su alrededor. Mientras ella todavía se limpiaba, el hombre debajo de ella se agarró a sus tetas como si se estuviera muriendo de hambre: chupando fuerte, los dientes rozando los pezones erectos, la lengua trabajándolos con rudeza. Su mano se metió entre sus piernas, dos dedos abriendo sus pliegues empapados para encontrar su clítoris, frotándolo en círculos rápidos y húmedos que hicieron que sus caderas se sacudieran. Detrás de ella el otro hombre seguía embistiendo su coño sin piedad, clavándose profundo, los huevos golpeándole, el sonido húmedo y sucio de su polla removiendo su coño goteante llenando la habitación. «Ahhh… Dios… síííí… sííí… fóllame… mmphhhh—» ronroneó ella, los ojos apretados, los sonidos húmedos de la follada en la pantalla llenando mis auriculares. Ya no podía contenerme más. Nadie estaba aquí para verme. Así que era libre de destrozarme a mí misma en su lugar. Los ojos fijos en la pantalla, metí la mano bajo mi fina camiseta de tirantes. Sin sujetador. Mis pezones ya estaban duros y doloridos, pidiendo a gritos. Los pellizqué con fuerza, rodando los picos sensibles entre los dedos hasta que se me escapó un gemido bajo y quebrado. Mis padres dormían justo al final del pasillo. Lo último que necesitaba era que oyeran a su hija puta tocándose con porno. Agarré mis tetas con rudeza, amasando la carne suave mientras frotaba las caderas contra la silla, buscando cualquier fricción que pudiera conseguir. Mi coño vacío palpitaba y se contraía alrededor de la nada, goteando en las bragas, desesperado por algo grueso que lo abriera. Qué puta lástima que no tuviera ni un solo juguete. Ya estaría rebotando en un consolador, rellenándome mientras veía a esos hombres destrozar a esa chica. En cambio, estaba atrapada con mis propias manos, goteando, deseando y volviéndome silenciosamente salvaje en la oscuridad. Abrí bien las piernas en la silla, me subí la falda y metí la mano directamente debajo. Mis bragas ya estaban empapadas del todo: calientes, pegajosas, adheridas a mi coño. Aparté la tela empapada y arrastré dos dedos por el desastre, embadurnándolos. La otra mano se quedó en mis tetas, apretando fuerte, pellizcando los pezones duros hasta que dolían. Me mordí el labio inferior, intentando permanecer en silencio mientras mi dedo medio encontraba mi clítoris hinchado y empezaba a frotar círculos lentos y húmedos. En la pantalla el hombre agarró las caderas de la mujer y se clavó más profundo, el chapoteo húmedo de piel contra piel fuerte en mis auriculares. Igualé su ritmo, metiendo dos dedos en mi coño apretado y goteante y bombeándolos al compás de cada embestida. Mi coño se cerraba con avidez a su alrededor, ya tan jodidamente mojado que hacía suaves y sucios sonidos de chapoteo. Me subí la camiseta de tirantes hasta que se amontonó bajo la barbilla, liberando mis tetas por completo para poder maltratarlas con más fuerza. Ojos cerrados, cabeza echada hacia atrás— Y entonces me golpeó la cara de Jason. Mi hermanastro. De repente no eran mis dedos. Era él. Aquí mismo. Follándome con los dedos a su hermanastra como si yo fuera su secreto sucio. Dios, ¿y si realmente fuera él? ¿Y si entrara ahora mismo, me viera así—falda subida, tetas fuera, dedos enterrados en mi coño—y decidiera tomar el control? Mi coño se contrajo con fuerza alrededor de mis dedos ante el pensamiento. Lo imaginé detrás de mí, doblándome sobre el escritorio, bajándome las bragas de un tirón y clavando esa polla gruesa directamente en mí. Abriéndome mientras me gruñía m****a sucia al oído: «Mírate, hermanita, empapando la silla mientras ves porno. ¿Necesitabas tanto una polla de verdad?» Se me escaparon de todos modos suaves gemidos quebrados. «¡Más fuerte, por favor, destrozad mi coño!» suplicaba la mujer en la pantalla. Me follé más rápido, ahora con tres dedos, clavándolos profundamente en mi agujero goteante mientras el pulgar machacaba mi clítoris. El chapoteo húmedo y obsceno de mi propio coño llenaba la habitación silenciosa. «Sí… Jason… joder—» gemí su nombre como si realmente fuera él quien me poseía. «Más rápido… ahhh… mphhh… joderrrr…» Estaba tan mojada que me bajaba por la muñeca. Piernas más abiertas, caderas rodando hacia arriba para recibir cada embestida de mi mano. Jason sería mucho más grande que mis dedos—más grueso, más largo, obligando a mi coño apretadito a tomar cada centímetro mientras me usaba como le diera la gana. Lo imaginé inmovilizándome, una mano sobre mi boca para que nuestros padres no oyeran, la otra sujetándome la cadera mientras me embestía a pelo. Llamándome su putita hermanastra sucia. Diciéndome lo bien que se sentía mi coño envuelto alrededor de su polla. Mis suaves gemidos seguían haciéndose más altos por mucho que intentara contenerlos. Mi coño palpitaba, se contraía, acercándose cada vez más con cada caricia sucia, cada pensamiento prohibido de mi hermanastro destrozándome. De repente, sentí una mano cálida posarse en mi hombro. Me congelé. Todo mi cuerpo se congeló. Mis dedos seguían enterrados hasta los nudillos en mi coño empapado y mi camiseta de tirantes todavía amontonada alrededor del pecho, revelando mis pechos. El toque era firme—inconfundiblemente masculino. M****a. Había estado tan absorta en lo que estaba haciendo que ni siquiera había notado que se abría la puerta. Un escalofrío me recorrió cuando la verdad finalmente se hundió. Alguien estaba de pie justo detrás de mí mirándome. Todo. Este. Putísimo. Tiempo.~~Maya~~No me mostró la más mínima misericordia.Se embistió hasta el fondo, se retiró hasta que solo la gruesa cabeza quedaba estirando mi entrada, y luego volvió a entrar con embestidas duras, profundas e implacables que hicieron que el cabecero golpeara contra la pared.“Ohhh—” El sonido se me escapó, crudo e indefenso.El chapoteo húmedo y sucio de sus caderas contra las mías llenó la habitación. Mi coño se estiraba alrededor de su grueso largo, todavía palpitando por la forma en que me había hecho correrme en su lengua, y cada embestida brutal arrancaba otro grito roto de mis labios.“Joder—sí—más duro—” Jadeé, tirando con fuerza de las esposas. El metal se clavó más profundo en la piel ya en carne viva. “Ni se te ocurra ir más despacio. Fóllame como si lo sintieras de verdad.”“Con gusto.” Su mano se apretó alrededor de mi garganta—no lo suficiente para cortarme el aire, solo lo justo para recordarme quién era el dueño de mi cuerpo en ese momento. Sus ojos permanecieron clavado
~~Maya~~“Mira este desastre”, murmuró él, con la voz baja y oscura.Sus pulgares se hundieron en la carne blanda de mis muslos internos con fuerza suficiente para dejar moretones.“Estabas hablando de pagarme por la noche como si eso significara una mierda.” Se lamió los labios. “Mientras tanto tu coño ya está llorando por mí.”Tiré de las esposas. El metal se clavó más profundo en mis muñecas y la impotencia que sentí en ese momento solo hizo que el dolor entre mis piernas empeorara.Se inclinó más cerca, lo suficiente para que sintiera su aliento rozando mis pliegues empapados y gemí, mirando su cabeza entre mis muslos.Luego arrastró la parte plana de su lengua desde mi entrada hasta el clítoris en una larga y sucia caricia.Lenta. Deliberada. Como si estuviera saboreando algo que ya poseía.Un sonido roto se me escapó.“Joder—”“Quiero oírlo otra vez.” Murmuró y lo hizo de nuevo, pero más despacio esta vez, recogiendo mi humedad en la lengua y extendiéndola más arriba.Cuando lle
~~Maya~~Mis muñecas se sacudieron contra las esposas de metal frío, el mordisco afilado del acero clavándose en mi piel mientras lo veía liberar su polla de los vaqueros.Colgaba pesada y gruesa: recta, gruesa, enrojecida oscura, la cabeza ya resbaladiza y brillante. Seis centímetros sólidos del tipo de polla que me hacía agua la boca solo de verla. Me lamí los labios antes de poder detenerme.Dios. Abandonada por ese novio inútil solo para terminar esposada a una cama bajo algún bastardo dios griego que parecía capaz de partirme por la mitad y aún así hacerme darle las gracias. Dulce puta ironía.«¿Te gusta lo que ves?» Su voz era baja, divertida, la sonrisa cortándole la cara mientras se envolvía el puño alrededor de sí mismo y daba una lenta y deliberada embestida. El sonido de piel contra piel era sucio en la habitación silenciosa.Mi corazón golpeó contra las costillas. «Sí…» La palabra salió ronca. Aspiré aire por la boca. «Por favor.»«¿Por favor qué?» Esos ojos semicerrados m
~~Maya~~No respondió con palabras.Sus brazos se deslizaron bajo mis muslos y alrededor de mi espalda, levantándome del suelo de un solo movimiento duro y sin esfuerzo. Mis piernas se cerraron alrededor de su cintura por instinto. El vestido corto se subió hasta que el finísimo encaje de mis bragas quedó apretado contra el grueso y insistente bulto de sus pantalones. Sentí cada centímetro rígido de él a través de la tela y un gemido roto se derramó en el hueco de su cuello.Me llevó unos pasos hasta la cama y me tiró sobre el colchón. En el segundo en que mi espalda golpeó las sábanas, sus manos ya se movían.Ambas palmas agarraron el escote de mi vestido y lo rasgaron.La tela se desgarró de arriba abajo por el centro con un sonido fuerte y feo, dejando al descubierto mis tetas desnudas y el pedazo de encaje negro que apenas cubría mi coño. El aire fresco golpeó mi piel. Mis pezones se endurecieron en puntas duras y doloridas.Había sido fiel a ese pedazo de mierda infiel durante añ


















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