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Theodore abandonó la habitación sin mirar atrás. El sonido de sus pasos se perdió por el largo corredor de la mansión mientras su expresión se endurecía con cada metro que avanzaba. No estaba acostumbrado a sentir aquella clase de rabia visceral, y menos provocado por alguien de su propia sangre. Se había topado con hombres que podían perder su fortuna en un abrir y cerrar de ojos, empresarios despiadados y políticos corruptos que habían intentado utilizar su apellido. Pero aquello era diferente. Matteo, su propio hijo, había manipulado durante tres años a una mujer que confiaba ciegamente en él. Y lo más vil de todo era que la había convencido de que esa explotación disfrazada era amor. Al llegar al vestíbulo, encontró a Cooper esperando junto a la entrada principal. —¿Se encuentra bien la señorita Laurent? —preguntó el asistente en voz baja. —Está descansando. Cooper asintió con deferencia. —El médico dejó algunas indicaciones. —Las seguirás al pie de la letra —ordenó Theodore, ajustándose los puños de la camisa con gesto impecable. —Por supuesto. —Quiero que alguien permanezca cerca de su habitación durante toda la noche. Si necesita algo, quiero saberlo inmediatamente. Y consigue ropa para ella. Cooper arqueó ligeramente una ceja. —¿Alguna preferencia? Theodore lo miró con seriedad absoluta. —Algo cómodo. Nada extravagante. —Sí, señor. Theodore comenzó a caminar hacia la puerta de su despacho, pero se detuvo antes de alcanzarla. —Cooper. —¿Sí, señor? —Necesito toda la información que tengamos sobre los negocios de Matteo. La expresión de Cooper cambió al instante. —¿Sobre el joven Matteo? ¿Toda? —Absolutamente toda. —¿Incluso sus negocios personales? —Especialmente esos —sentenció el magnate—. Quiero saber exactamente cuánto dinero ha ganado utilizando el trabajo y el talento de Thaís. Y quiero los nombres de las personas que aprobaron esos proyectos sin mi consentimiento dentro de mi empresa. Cooper guardó silencio durante un segundo antes de asentir. —La información que le entregué esta mañana… —No es suficiente. Quiero saber todo, incluso antes de que la señorita Laurent entrara a trabajar Lockhart Construct. No me importa cuánto tiempo tome. —Lo tendrá esta noche. Theodore caminó hasta llegar a su despacho. El lugar olia a su fragancia y a la rabia que sentía en ese momento. —¿Por qué? ¿Por qué me enfurece tanto saber que lo hizo por amor.? —susurró tensando la mandíbula —Era su prometida, es algo lógicamente normal, dentro de lo cabe. Tomó una copa de whisky pero aquello en vez de ayudarlo sólo avivó la chisp que amenazaba con destruirlo yodo. A varios kilómetros de allí, Matteo seguía encerrado en su habitación del segundo piso de la residencia Lockhart. Había pasado casi una hora desde el escándalo. La chaqueta del traje estaba tirada sobre un sofá, la corbata colgaba deshecha alrededor de su cuello y sus dedos apretaban con fuerza un vaso de whisky con hielo. No podía dejar de pensar en una sola cosa: Thaís. No en cómo se encontraba ella. No en el impacto del golpe que le había dado. Sino en lo que había ocurrido después: su propio padre, Theodore Lockhart, la había tomado bajo su protección y se la había llevado consigo. Y no solo eso, lo humilló delante de todos. Matteo apretó los dientes. —Maldita sea... —musitó antes de beber otro trago amargo. —me las vas a pagar Thaís. Juro que vas a pagar con creces esta humillación. Había esperado que Thaís suplicara, que llorara o intentara explicarse. Incluso había imaginado que terminaría regresando con él cuando el escándalo se calmara. Pero que su padre hubiera intervenido lo arruinó todo. Ese error de cálculo le estaba costando demasiado. El teléfono sobre el escritorio comenzó a vibrar. Matteo lo tomó inmediatamente. —¿Sí? La voz agitada de uno de sus colaboradores resonó al otro lado. —Hay un problema, Matteo. —¿Qué problema? —Algunos inversionistas están pidiendo explicaciones e informes detallados de los últimos proyectos. Matteo frunció el ceño. Eso jamás había pasado. Todos y cada uno confiaba en él y lo catalogadas con el genio de las finanzas y la economía. —¿Y? Que se los envíen. —El problema es que están preguntando quién los elaboró originalmente. El vaso de whisky quedó suspendido a medio camino de sus labios. —¿Quién demonios está haciendo esas preguntas? —No lo sé exactamente... Pero parece que la orden viene directamente de la oficina ejecutiva de tu padre. Matteo se puso de pie de golpe. —¿Qué? ¿Ni padre? —Así parece. Matteo sintió el pánico y la rabia arder al mismo tiempo. No podia dejar que se enterara, no ahora. —Averígualo antes de que paralicen los fondos. La llamada se cortó. Durante unos segundos, Matteo permaneció inmóvil. De pronto, la voz firme de Thaís resonó en su memoria con claridad hiriente: «Yo investigaba, redactaba los informes, estudiaba los mercados...» Una sensación helada le recorrió el estómago. No. No podía ser. Su padre no podía haber descubierto la verdad tan rápido. El teléfono volvió a sonar. En la pantalla vio el nombre del asistente principal de su padre. Contestó con el corazón acelerado. —¿Sí? —Señor Matteo, su padre exige su presencia de inmediato en el despacho. Cuando Matteo entró al despacho, encontró a su padre, Theodore Lockhart, de pie frente al enorme ventanal que que miraba hacia enorme jardín. No estaba solo. Dos de los principales abogados corporativos de la familia estaban sentados frente al escritorio principal, revisando minuciosamente varios expedientes. Matteo se detuvo bajo el marco de la puerta. —¿Qué sucede, padre? Theodore se giró con una lentitud calculada. Su mirada fría atravesó a Matteo sin un solo ápice de afecto paternal. —Siéntate. —Prefiero quedarme de pie. —Entonces escucha —dijo Theodore, arrojando una gruesa carpeta sobre el escritorio—. Durante los próximos días no tendrás acceso a ninguno de los proyectos en los que hayas trabajado. Eso incluye los de tu empresa, la misma de la que no tenia ni idea. Matteo soltó una risa incrédula y nerviosa. —¿Qué? ¿Puedes hacerme esto en mi propia empresa? —Puedo hacer mucho más de lo que imaginas —respondió Theodore con voz serena y amenazante—. Acabo de ordenar una auditoría independiente e inmediata de cada una de tus carpetas de inversión. Matteo sintió que la sangre le abandonaba el rostro. —Eso es absurdo, un atropello de tu parte, padre. ¿Por qué? Uno de los abogados abrió la carpeta y habló: —Porque existen graves inconsistencias en la documentación. El señor Lockhart ha solicitado los documentos originales de investigación, los borradores iniciales y los registros de modificación de todos tus informes. El silencio en el despacho se volvió insoportable. Matteo tragó saliva. —No entiendo qué tiene que ver todo esto conmigo... Theodore golpeó la mesa con la palma de la mano. Un sonido seco que hizo eco en el recinto. —¡No me mientas! —rugió el magnate—. Te haré la pregunta una sola vez: ¿quién elaboraba realmente tus informes, tus proyectos? Matteo retrocedió un paso, sintiéndose acorralado. —Mi equipo... —Tenemos declaraciones de empleados que aseguran que era Thaís Laurent quién los hacía —lo interrumpió el abogado firmemente. Matteo apretó los puños. —¡Ella era mi asistente! ¡Era su maldito trabajo! —¿Tu asistente? —Theodore lo observó con una decepción profunda y despiadada—. Explícame entonces por qué hay registros y documentos internos donde aparece el trabajo intelectual de Thaís firmado por ti para adjudicarte las ganancias. Explícame por qué mi€rda ella no recibió ni una sola bonificacion. Matteo sintió que el suelo se movía bajo sus pies. —Ella me ayudaba... —¿Te ayudaba? —cuestionó su padre—. ¿Y por qué jamás recibió el crédito ni la remuneración correspondiente? ¡Dime de una vez! Matteo abrió la boca, pero no salió ningún argumento. Theodore lo entendió todo en un instante. —Dios mío... —el magnate negó con la cabeza—. ¿Cuánto tiempo llevas adjudicándote el trabajo de esa mujer? —No fue así... —¡¿Cuánto tiempo, Matteo?! Y mas te vale no mentirme, porque lo voy a descubrir si lo haces. Matteo tensó la mandíbula. Su padre sabia todo, si mentia lo descubriría y si decia la verdad… estaba acabado. —Papá, soy tu hijo. Por esa trepadora, ¿me vas a tratar así? Theodore apretó los puños. De verdad se estaba conteniendo, mas de lo que alguna vez lo habia hecho —Era tu prometida, la usaste y luego la humillaste y desechaste como si no valiera nada —susurró con calma helada —Sus logros te los adjudicaste y a su amiga la trataste mejor ¿y a ella la llmas trepadora? —¡Nunca la quise! A quien amoel es a Renata. Theodore sonrió apenas. —Espero que no te arrepientas. Ahora dime cuánto tiempo desde que usas a Thaís para mantenerte en la cima —Desde la universidad —confesó finalmente en un hilo de voz. El silencio fue absoluto. El abogado cerró lentamente la carpeta. —Señor Lockhart, si la señorita Laurent decide presentar una demanda por apropiación intelectual o fraude contractual, varios de los contratos más importantes de la corporación podrían quedar anulados. Matteo negó con la cabeza, lleno de pánico. —No. Ella no lo hará. En ninguno de ellos esta su firma y me ama demasiado como para hacerme daño. —¿Estás seguro? —preguntó su padre. —Conozco a Thaís —dijo Matteo, tratando de aferrarse a la idea—. Nk lo hará. Jamás querría perjudicarme. Es demasiado leal. Un pequeño alivio intentó cruzarse por su mente, hasta que cruzó mirada con Theodore. Su padre se acercó a él despacio. —Thaís no te hará daño. Pero yo sí —dijo Theodore en un tono glacial—. Ella confiaba en ti y la humillaste delante de cientos de personas. La usaste para construir una carrera falsa y la trataste como si no valiera nada. Matteo bajó la mirada. —Fue un error. Estaba furioso... —No fue un error. Fue una cobardía, fue un plan muy bien armado con Renata —sentenció Theodore—. Y ahora vas a asumir las consecuencias como un hombre. —Padre, es mi prometida, puedo arreglarlo con ella— intentó aferrarse a esa idea pero Theodore lo paró en seco. —Ya no es tu prometida —interrumpió Theodore con una autoridad absoluta—. Thaís está bajo mi protección a partir de esta noche. Y no voy a permitir que te vuelvas a acercar a ella. Matteo apretó la mandíbula, intentando encarar al hombre que lo había educado. —No puedes quitarme todo por una mujer. No puedes destruirme así, ¡soy tu hijo! Con tan solo una noche, ¿y ya te embrujó. Theodore lo miró fijamente desde la altura de su poder e impecable dignidad. —Cuida lo que dices y te equivocas, Matteo. No voy a destruirte por una mujer —hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran en la habitación—. Voy a destruirte por haberte convertido en un estafador. Voy a asegurarme de que el mundo descubra quién eres en realidad después de haber destruido a la única persona que estuvo dispuesta a darte todo sin pedir nada a cambio. Matteo sintió que el aire desaparecía por completo del despacho. Pero Matteo todavía no comprendía la magnitud de su error. Había creído que perder a Thaís sería el único precio que tendría que pagar aquella noche. Estaba a punto de descubrir que había puesto en riesgo mucho más que su compromiso.NARRADOR OMNISCIENTE Gretcher estaba en su residencia cuando recibió la llamada que llevaba días temiendo.—Voy para allá —dijo Theodore sin darle oportunidad de saludarlo —. No intentes evitar esta conversación.Colgó antes de que ella pudiera responder.Cuando llegó, Gretcher lo recibió con una serenidad que parecía ensayada. Lo invitó a pasar, pero Theodore permaneció de pie en medio de la sala.—Supongo que Nadia ya te ha contado que estuve en su casa —dijo él.Gretcher arqueó las cejas.—No sé de qué me hablas.Theodore soltó una risa seca.—Puedes ahorrarte las mentiras. La segunda prueba de ADN confirmó que Lucas no es mi hijo. También sé que la primera prueba presentó irregularidades y que tú ayudaste a Nadia a conseguir aquel resultado.La sonrisa de Gretcher desapareció lentamente.—No deberías creer todo lo que te cuenta esa mujer.—No necesito creerle. Tengo un resultado que contradice el anterior y documentación que demuestra que hubo irregularidades. Estoy esperando ide
NARRADOR OMNISCIENTETres días después, Theodore llegó a su despacho con una sola cosa en mente: obtener las respuestas que llevaba demasiado tiempo esperando.Durante aquellas jornadas había intentado concentrarse en su trabajo y disfrutar de la noticia del embarazo de Thaís. Sin embargo, la posibilidad de que Nadia le hubiera mentido sobre Lucas seguía persiguiéndolo. No estaba dispuesto a continuar viviendo entre sospechas, mucho menos cuando aquella situación también había puesto en peligro su relación con Thaís.Cooper lo esperaba frente a su escritorio con una carpeta en las manos.—Tengo los resultados de la segunda prueba de ADN —anunció, dejándola sobre la mesa.Theodore levantó la mirada inmediatamente.—¿Estás seguro de que las muestras ahora si son correctas?—Sí. Esta vez supervisé personalmente el procedimiento y verifiqué la documentación del laboratorio. No hay indicios de que las muestras hayan sido intercambiadas.Theodore abrió la carpeta. Leyó el informe una vez y
NARRADOR OMNISCIENTETheodore permaneció abrazado a Thaís durante unos minutos más. Le costaba apartarse de ella, todavía asimilando la noticia que acababa de cambiar sus vidas.—Ven conmigo —murmuró, besándole la frente.Thaís levantó la cabeza para mirarlo.—¿Adónde?—A sentarnos un rato. Quiero estar contigo y hablar de nuestro bebé sin tener que hacerlo en medio del pasillo.Ella sonrió ligeramente y lo condujo hasta la sala. Se sentaron juntos en el sofá, sin soltar las manos del otro.Theodore volvió a mirarla, esta vez con una expresión más serena.—¿Has pensado en cómo vamos a decírselo a los demás?Thaís negó con la cabeza.—Todavía no. Primero quería hablar contigo.Theodore sonrió. Luego se quedo pensando. Él no conocía a pa familia de Thaís, ni siquiera se habia atrevido a preguntarle.—Me alegra que lo hayas hecho. Pero creo que debemos visitar a tu familia. —soltó de repente. Thaís se sorprendió al escuchar aquello. Pero Theodore continuó antes de que ella lo interrupier
NARRADOR OMNISCIENTETheodore se quedó inmóvil frente a Thaís.Por unos segundos, pareció incapaz de comprender lo que acababa de escuchar. Sus ojos descendieron lentamente hacia el vientre de ella y luego regresaron a su rostro.—¿Qué, qué acabas de decir? —preguntó, con la voz más baja de lo habitual.Thaís tragó saliva. Aunque había imaginado aquella conversación muchas veces, enfrentarse a su reacción resultaba mucho más difícil de lo que esperaba.—Estoy embarazada —repitió, intentando sostenerle la mirada—. Voy a tener un hijo tuyo.Theodore abrió ligeramente los labios, pero no consiguió responder de inmediato. Una sonrisa incrédula comenzó a dibujarse en su rostro, aunque la emoción que lo invadía era demasiado intensa para disimularla.—¿Vamos a tener un bebé? —preguntó, como si necesitara escucharlo una vez más para convencerse de que no lo había imaginado.Thaís asintió con lentitud. El miedo la estaban asfixiando. En su mente pensó que la noticia a Theodore no le habia cai
NARRADOR OMNISCIENTESandra permaneció junto a Thaís, todavía intentando asimilar todo lo que acababa de escuchar.—Hay algo que no entiendo —dijo, mirándola con seriedad—. Si ese hombre, Theodore, te importa tanto, ¿por qué prefieres alejarte antes que preguntarle directamente qué pasó con Nadia?Thaís suspiró.—Porque tengo miedo de su respuesta. ¿Y si esas fotografías significan lo que estoy pensando?—¿Y si no significan nada? —replicó Sandra—. No puedes condenarlo sin escucharlo.Thaís bajó la mirada. Sabía que su amiga tenía razón, pero eso no hacía desaparecer sus dudas y ese maldito miedo. —No quiero contarle lo del bebé mientras me siento así —confesó—. Quiero estar segura de que puedo confiar en él. Ni siquiera sé si le hará feliz saber que vamos a tener un hijo.Sabía que su amiga estaba pasando por un momento difícil, aunque creía que sus temores podían resolverse si hablaba sinceramente con Theodore.—En ese caso, habla con él cuando estés preparada. Pero recuerda que es
NARRADOR OMNISCIENTETheodore llegó a la empresa con la intención de concentrarse en sus responsabilidades, pero no consiguió avanzar demasiado. Cada pocos minutos revisaba su teléfono, esperando noticias de Cooper.La conversación con Thaís seguía rondándole la cabeza. Ella le había pedido tiempo, y él había aceptado dárselo, aunque le resultaba difícil soportar aquella distancia. Estaba acostumbrado a resolver los problemas de frente, no a quedarse esperando mientras la mujer que amaba levantaba barreras entre ambos.Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.—Adelante —autorizó, apartando la mirada de los documentos que tenía sobre el escritorio.Cooper entró con una carpeta en la mano. Su expresión seria hizo que Theodore se enderezara en el asiento.—¿Tienes noticias? —preguntó Theodore, dejando la pluma sobre la mesa.—Sí, señor. La clínica acaba de enviarme el informe de la segunda prueba de ADN —respondió Cooper, acercándose al escritorio.Theodore extendió la m







