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El precio de tu error

Autor: Charlie Rose
last update Data de publicação: 2026-08-11 04:00:34

NARRADOR OMNISCIENTE

Theodore abandonó la habitación sin mirar atrás.

El sonido de sus pasos se perdió por el largo corredor de la mansión mientras su expresión se endurecía con cada metro que avanzaba. No estaba acostumbrado a sentir aquella clase de rabia visceral, y menos provocado por alguien de su propia sangre.

Se había topado con hombres que podían perder su fortuna en un abrir y cerrar de ojos, empresarios despiadados y políticos corruptos que habían intentado utilizar su apellido.

Pero aquello era diferente.

Matteo, su propio hijo, había manipulado durante tres años a una mujer que confiaba ciegamente en él. Y lo más vil de todo era que la había convencido de que esa explotación disfrazada era amor.

Al llegar al vestíbulo, encontró a Cooper esperando junto a la entrada principal.

—¿Se encuentra bien la señorita Laurent? —preguntó el asistente en voz baja.

—Está descansando.

Cooper asintió con deferencia.

—El médico dejó algunas indicaciones.

—Las seguirás al pie de la letra —ordenó Theodore, ajustándose los puños de la camisa con gesto impecable.

—Por supuesto.

—Quiero que alguien permanezca cerca de su habitación durante toda la noche. Si necesita algo, quiero saberlo inmediatamente. Y consigue ropa para ella.

Cooper arqueó ligeramente una ceja.

—¿Alguna preferencia?

Theodore lo miró con seriedad absoluta.

—Algo cómodo. Nada extravagante.

—Sí, señor.

Theodore comenzó a caminar hacia la puerta de su despacho, pero se detuvo antes de alcanzarla.

—Cooper.

—¿Sí, señor?

—Necesito toda la información que tengamos sobre los negocios de Matteo.

La expresión de Cooper cambió al instante.

—¿Sobre el joven Matteo? ¿Toda?

—Absolutamente toda.

—¿Incluso sus negocios personales?

—Especialmente esos —sentenció el magnate—. Quiero saber exactamente cuánto dinero ha ganado utilizando el trabajo y el talento de Thaís. Y quiero los nombres de las personas que aprobaron esos proyectos sin mi consentimiento dentro de mi empresa.

Cooper guardó silencio durante un segundo antes de asentir.

—La información que le entregué esta mañana…

—No es suficiente. Quiero saber todo, incluso antes de que la señorita Laurent entrara a trabajar Lockhart Construct. No me importa cuánto tiempo tome.

—Lo tendrá esta noche.

Theodore caminó hasta llegar a su despacho. El lugar olia a su fragancia y a la rabia que sentía en ese momento.

—¿Por qué? ¿Por qué me enfurece tanto saber que lo hizo por amor.? —susurró tensando la mandíbula —Era su prometida, es algo lógicamente normal, dentro de lo cabe.

Tomó una copa de whisky pero aquello en vez de ayudarlo sólo avivó la chisp que amenazaba con destruirlo yodo.

A varios kilómetros de allí, Matteo seguía encerrado en su habitación del segundo piso de la residencia Lockhart. Había pasado casi una hora desde el escándalo. La chaqueta del traje estaba tirada sobre un sofá, la corbata colgaba deshecha alrededor de su cuello y sus dedos apretaban con fuerza un vaso de whisky con hielo.

No podía dejar de pensar en una sola cosa: Thaís.

No en cómo se encontraba ella. No en el impacto del golpe que le había dado. Sino en lo que había ocurrido después: su propio padre, Theodore Lockhart, la había tomado bajo su protección y se la había llevado consigo. Y no solo eso, lo humilló delante de todos.

Matteo apretó los dientes.

—Maldita sea... —musitó antes de beber otro trago amargo. —me las vas a pagar Thaís. Juro que vas a pagar con creces esta humillación.

Había esperado que Thaís suplicara, que llorara o intentara explicarse. Incluso había imaginado que terminaría regresando con él cuando el escándalo se calmara. Pero que su padre hubiera intervenido lo arruinó todo. Ese error de cálculo le estaba costando demasiado.

El teléfono sobre el escritorio comenzó a vibrar. Matteo lo tomó inmediatamente.

—¿Sí?

La voz agitada de uno de sus colaboradores resonó al otro lado.

—Hay un problema, Matteo.

—¿Qué problema?

—Algunos inversionistas están pidiendo explicaciones e informes detallados de los últimos proyectos.

Matteo frunció el ceño. Eso jamás había pasado. Todos y cada uno confiaba en él y lo catalogadas con el genio de las finanzas y la economía.

—¿Y? Que se los envíen.

—El problema es que están preguntando quién los elaboró originalmente.

El vaso de whisky quedó suspendido a medio camino de sus labios.

—¿Quién demonios está haciendo esas preguntas?

—No lo sé exactamente... Pero parece que la orden viene directamente de la oficina ejecutiva de tu padre.

Matteo se puso de pie de golpe.

—¿Qué? ¿Ni padre?

—Así parece.

Matteo sintió el pánico y la rabia arder al mismo tiempo. No podia dejar que se enterara, no ahora.

—Averígualo antes de que paralicen los fondos.

La llamada se cortó. Durante unos segundos, Matteo permaneció inmóvil. De pronto, la voz firme de Thaís resonó en su memoria con claridad hiriente: «Yo investigaba, redactaba los informes, estudiaba los mercados...»

Una sensación helada le recorrió el estómago. No. No podía ser. Su padre no podía haber descubierto la verdad tan rápido.

El teléfono volvió a sonar. En la pantalla vio el nombre del asistente principal de su padre. Contestó con el corazón acelerado.

—¿Sí?

—Señor Matteo, su padre exige su presencia de inmediato en el despacho.

Cuando Matteo entró al despacho, encontró a su padre, Theodore Lockhart, de pie frente al enorme ventanal que que miraba hacia enorme jardín.

No estaba solo. Dos de los principales abogados corporativos de la familia estaban sentados frente al escritorio principal, revisando minuciosamente varios expedientes.

Matteo se detuvo bajo el marco de la puerta.

—¿Qué sucede, padre?

Theodore se giró con una lentitud calculada. Su mirada fría atravesó a Matteo sin un solo ápice de afecto paternal.

—Siéntate.

—Prefiero quedarme de pie.

—Entonces escucha —dijo Theodore, arrojando una gruesa carpeta sobre el escritorio—. Durante los próximos días no tendrás acceso a ninguno de los proyectos en los que hayas trabajado. Eso incluye los de tu empresa, la misma de la que no tenia ni idea.

Matteo soltó una risa incrédula y nerviosa.

—¿Qué? ¿Puedes hacerme esto en mi propia empresa?

—Puedo hacer mucho más de lo que imaginas —respondió Theodore con voz serena y amenazante—. Acabo de ordenar una auditoría independiente e inmediata de cada una de tus carpetas de inversión.

Matteo sintió que la sangre le abandonaba el rostro.

—Eso es absurdo, un atropello de tu parte, padre. ¿Por qué?

Uno de los abogados abrió la carpeta y habló:

—Porque existen graves inconsistencias en la documentación. El señor Lockhart ha solicitado los documentos originales de investigación, los borradores iniciales y los registros de modificación de todos tus informes.

El silencio en el despacho se volvió insoportable. Matteo tragó saliva.

—No entiendo qué tiene que ver todo esto conmigo...

Theodore golpeó la mesa con la palma de la mano. Un sonido seco que hizo eco en el recinto.

—¡No me mientas! —rugió el magnate—. Te haré la pregunta una sola vez: ¿quién elaboraba realmente tus informes, tus proyectos?

Matteo retrocedió un paso, sintiéndose acorralado.

—Mi equipo...

—Tenemos declaraciones de empleados que aseguran que era Thaís Laurent quién los hacía —lo interrumpió el abogado firmemente.

Matteo apretó los puños.

—¡Ella era mi asistente! ¡Era su maldito trabajo!

—¿Tu asistente? —Theodore lo observó con una decepción profunda y despiadada—. Explícame entonces por qué hay registros y documentos internos donde aparece el trabajo intelectual de Thaís firmado por ti para adjudicarte las ganancias. Explícame por qué mi€rda ella no recibió ni una sola bonificacion.

Matteo sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

—Ella me ayudaba...

—¿Te ayudaba? —cuestionó su padre—. ¿Y por qué jamás recibió el crédito ni la remuneración correspondiente? ¡Dime de una vez!

Matteo abrió la boca, pero no salió ningún argumento. Theodore lo entendió todo en un instante.

—Dios mío... —el magnate negó con la cabeza—. ¿Cuánto tiempo llevas adjudicándote el trabajo de esa mujer?

—No fue así...

—¡¿Cuánto tiempo, Matteo?! Y mas te vale no mentirme, porque lo voy a descubrir si lo haces.

Matteo tensó la mandíbula. Su padre sabia todo, si mentia lo descubriría y si decia la verdad… estaba acabado.

—Papá, soy tu hijo. Por esa trepadora, ¿me vas a tratar así?

Theodore apretó los puños. De verdad se estaba conteniendo, mas de lo que alguna vez lo habia hecho

—Era tu prometida, la usaste y luego la humillaste y desechaste como si no valiera nada —susurró con calma helada —Sus logros te los adjudicaste y a su amiga la trataste mejor ¿y a ella la llmas trepadora?

—¡Nunca la quise! A quien amoel es a Renata.

Theodore sonrió apenas.

—Espero que no te arrepientas. Ahora dime cuánto tiempo desde que usas a Thaís para mantenerte en la cima

—Desde la universidad —confesó finalmente en un hilo de voz.

El silencio fue absoluto. El abogado cerró lentamente la carpeta.

—Señor Lockhart, si la señorita Laurent decide presentar una demanda por apropiación intelectual o fraude contractual, varios de los contratos más importantes de la corporación podrían quedar anulados.

Matteo negó con la cabeza, lleno de pánico.

—No. Ella no lo hará. En ninguno de ellos esta su firma y me ama demasiado como para hacerme daño.

—¿Estás seguro? —preguntó su padre.

—Conozco a Thaís —dijo Matteo, tratando de aferrarse a la idea—. Nk lo hará. Jamás querría perjudicarme. Es demasiado leal.

Un pequeño alivio intentó cruzarse por su mente, hasta que cruzó mirada con Theodore. Su padre se acercó a él despacio.

—Thaís no te hará daño. Pero yo sí —dijo Theodore en un tono glacial—. Ella confiaba en ti y la humillaste delante de cientos de personas. La usaste para construir una carrera falsa y la trataste como si no valiera nada.

Matteo bajó la mirada.

—Fue un error. Estaba furioso...

—No fue un error. Fue una cobardía, fue un plan muy bien armado con Renata —sentenció Theodore—. Y ahora vas a asumir las consecuencias como un hombre.

—Padre, es mi prometida, puedo arreglarlo con ella— intentó aferrarse a esa idea pero Theodore lo paró en seco.

—Ya no es tu prometida —interrumpió Theodore con una autoridad absoluta—. Thaís está bajo mi protección a partir de esta noche. Y no voy a permitir que te vuelvas a acercar a ella.

Matteo apretó la mandíbula, intentando encarar al hombre que lo había educado.

—No puedes quitarme todo por una mujer. No puedes destruirme así, ¡soy tu hijo! Con tan solo una noche, ¿y ya te embrujó.

Theodore lo miró fijamente desde la altura de su poder e impecable dignidad.

—Cuida lo que dices y te equivocas, Matteo. No voy a destruirte por una mujer —hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran en la habitación—. Voy a destruirte por haberte convertido en un estafador. Voy a asegurarme de que el mundo descubra quién eres en realidad después de haber destruido a la única persona que estuvo dispuesta a darte todo sin pedir nada a cambio.

Matteo sintió que el aire desaparecía por completo del despacho.

Pero Matteo todavía no comprendía la magnitud de su error. Había creído que perder a Thaís sería el único precio que tendría que pagar aquella noche. Estaba a punto de descubrir que había puesto en riesgo mucho más que su compromiso.

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Último capítulo

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