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El último precio

Autor: ARYO
last update Fecha de publicación: 2026-04-12 01:22:44

La mansión Blackwood dormía bajo un cielo estrellado.

Isabella estaba sola en el balcón de la habitación principal, envuelta en una bata de seda negra. El aire de la noche era fresco y traía el aroma de las flores del jardín. En sus manos sostenía una copa de vino que apenas había tocado.

Detrás de ella, la puerta se abrió suavemente. Ethan salió, descalzo y sin camisa, solo con pantalones oscuros. Se acercó en silencio y se detuvo a su lado, apoyando las manos en la barandilla.

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Último capítulo

  • El precio de amar al enemigo    Epílogo

    Diez años despuésEl invernadero nunca había estado tan vivo.Las luces doradas se filtraban entre las hojas como siempre, pero ahora se mezclaban con el eco de risas infantiles y el olor a tierra húmeda removida por pequeñas manos curiosas. Sophia Isabella, con veintisiete años, observaba desde la puerta principal cómo sus dos hijos jugaban entre los rosales. Vestía de negro, como era su costumbre, pero ahora llevaba una chaqueta ligera de Rafael sobre los hombros, impregnada de su aroma.Elias Voss-Blackwood, de ocho años, tenía el cabello negro azabache de su madre y los ojos penetrantes de su padre. Sostenía con reverencia una rosa mitad negra, mitad dorada, explicándole a su hermana menor con la seriedad de quien repite una lección sagrada:—Esto significa que el amor no siempre es fácil, Aria. A veces quema tanto que crees que vas a desaparecer. Pero si te quedas… si eliges quedarte aunque duela… se vuelve oro.Aria, de cinco años, con rizos castaños rebeldes y una pequeña marca

  • El precio de amar al enemigo    Para Siempre es un Fuego

    El invernadero nunca había estado tan silencioso como aquella noche.Sophia Isabella estaba sentada en el centro exacto del lugar, sobre la misma manta que sus padres usaban años atrás. Tenía diecisiete años recién cumplidos. Vestía completamente de negro, como siempre. Su cabello largo caía sobre sus hombros y la marca sobre su corazón brillaba con un rojo estable, constante, casi maduro.Frente a ella, a menos de tres metros, estaba Rafael Voss.Tenía diecinueve años. Ya no era el chico roto que llegaba empapado en mitad de la noche. Ahora era un hombre. Alto, de hombros anchos, mirada profunda y una cicatriz que cruzaba su ceja izquierda como recuerdo de todo lo que había tenido que romper para llegar hasta allí.Habían pasado tres años desde su regreso.Tres años de guerra, de lágrimas, de discusiones brutales, de silencios que dolían más que las palabras, de besos robados y de promesas hechas entre rosas negras.Esta noche, sin la misma rosa negra que Sophia Isabella le había dev

  • El precio de amar al enemigo    Dos Años de Cenizas

    Dos años.Setecientos treinta días.Sophia Isabella Blackwood-Voss los contó uno por uno.El invernadero se convirtió en su santuario y su prisión. Todas las noches, sin importar si llovía, nevaba o la fiebre la consumía, bajaba al mismo banco a las once y diez en punto. Se sentaba con la espalda recta, colocaba la rosa negra que Rafael le había dado sobre su regazo y esperaba.A veces esperaba hasta el amanecer.La mansión entera lo sabía. Nadie le decía nada. Ni su madre Isabella Rose, ni su padre Damian, ni sus abuelos. Todos entendían que estaba ardiendo por dentro, y que ese fuego no se apagaba con palabras.La marca sobre su corazón había cambiado. Ya no era solo una rosa roja. Ahora tenía una espina negra que atravesaba el centro, como si el fuego quisiera recordarle constantemente que su historia estaba llena de dolor.Cumplió doce años. Luego trece. Y finalmente catorce.A los catorce años, Sophia Isabella ya no parecía una niña. Su mirada se había vuelto profunda, casi adult

  • El precio de amar al enemigo    La Guerra Silenciosa

    Los siguientes seis meses fueron una guerra lenta, dolorosa y silenciosa.Rafael Voss comenzó a visitar la mansión Blackwood casi todas las noches. Llegaba entre las once y las doce, se quedaba entre cuarenta minutos y dos horas, y luego desaparecía en la oscuridad como un fantasma. Nunca entraba a la casa principal. Siempre se quedaba en el invernadero o en el viejo roble del jardín.Su relación con Sophia Isabella era extraña, intensa y profundamente complicada.A veces hablaban durante horas. Otras veces se quedaban en completo silencio. Algunas noches Rafael llegaba furioso, lleno de rabia contenida, y descargaba toda su frustración contra ella. Sophia Isabella lo escuchaba sin interrumpirlo, con una paciencia que parecía imposible para una niña de once años.Una noche de invierno particularmente fría, Rafael llegó más destrozado que nunca.Tenía moretones en el rostro y caminaba con dificultad. Cuando Sophia Isabella lo vio, se levantó del banco inmediatamente.—¿Qué te pasó?Raf

  • El precio de amar al enemigo    La Decisión de Rafael

    Rafael Voss no volvió al invernadero durante casi un mes.Ese tiempo se sintió eterno para Sophia Isabella. Cada noche bajaba puntualmente a las once y diez, se sentaba en el mismo banco y esperaba. Algunas noches se quedaba hasta las tres de la madrugada. Su madre, Isabella Rose, la encontraba dormida en el banco con una rosa negra apretada contra el pecho y la llevaba en brazos de vuelta a su habitación sin decir una palabra.La marca sobre el corazón de Sophia Isabella se había vuelto más oscura. Ya no brillaba solo cuando Rafael estaba cerca. Ahora ardía constantemente, como un recordatorio silencioso de que el fuego no perdonaba la ausencia.Mientras tanto, Rafael vivía su propio infierno.Su madre había cumplido su amenaza a medias. No lo envió a Europa, pero lo cambió de escuela, le quitó el teléfono y lo obligó a ir a terapia tres veces por semana. Le repetía cada día la misma frase: “Esa familia destruyó a tu abuelo y a tu tío. No voy a permitir que te destruya a ti también.”

  • El precio de amar al enemigo    La Noche de las Tres Espinas

    Rafael no regresó durante doce días.Cada noche, Sophia Isabella bajaba al invernadero a las once y diez en punto. Se sentaba en el mismo banco donde habían hablado la última vez y esperaba. A veces una hora. A veces hasta las dos de la madrugada. Nunca se quejaba. Solo esperaba, con una rosa negra entre las manos, girándola lentamente entre sus dedos pequeños.La marca sobre su corazón ardía constantemente. Algunas noches el dolor era tan fuerte que tenía que morderse el labio para no gritar. Pero nunca lloraba delante de nadie. Era una Blackwood. Las Blackwood aprendían temprano que el fuego no respetaba la edad.La decimotercera noche, Rafael apareció.No llegó caminando. Llegó corriendo. Su respiración era agitada, tenía una herida reciente en la ceja y el labio partido. La sudadera gris estaba rota en el hombro. Entró al invernadero sin pedir permiso y se detuvo en seco al verla allí, sentada en el banco, esperándolo como si nunca hubiera dudado de que volvería.Sophia Isabella l

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