FAZER LOGIN2
“La chica ruidosa”
—¿Eva?
La voz su madre la hizo separarse un poco del nuevo vecino, Sebastián se giró sobre sus pies al reconocer aquella cara familiar.
—¿Señora Smith?
—¡Oh, por Dios, Sebastián!
La mandíbula de la chiquilla casi se cae al darse cuenta que ambos se conocían, la mujer que la trajo a la vida corrió hacia el robusto hombre, para luego fundirlo en un abrazo un poco incómodo. El pelinegro encorvó los hombros, para acto seguido dar un paso hacia atrás.
—Tu abuelo me preguntó si ya habías llegado, y temía que te hubieses perdido… —De repente ambos quedaron viendo a la pequeña silueta delante de ellos. —Al parecer ya conociste a mi hija Evie…
—Mamá… —Su voz sonaba de reprimenda, odiaba que su madre la llamara así delante de extraños. —¿De dónde se conocen? —Indagó con curiosidad —, jamás me hablaste de este anciano…
—¡Eva! Trátalo con respeto… Este hombre que ves aquí es el heredero del clan Drake… —Becca tapó su boca rápidamente con sus manos. —Entra a la casa.
—Pero, mamá…
—¡Entra a la casa!
Sebastián apartó la mirada para evitar burlarse de ella.
—Hasta mañana, niñata.
Sus pies se detuvieron al escucharlo llamarla así.
—Hasta mañana, vejestorio.
(***)
El ruido que hace la máquina de cortar césped del señor Parker, obligó a Eva a levantarse mucho antes de lo que su despertador debía despertarla. Su rostro estaba tan hinchado por los frijoles con salchichas que había comido en la cena de la noche anterior. Sus mejillas se hallaban tan regordetas que le era casi imposible respirar.
—Carajo…
Gimió, al tratar de levantarse, pero terminó cayendo al piso de un solo tirón.
—M****a… M****a…
Chilló del dolor.
—Maldito suelo de m****a.
Con algo de cuidado se levantó, y sacudió el polvo imaginario de su cuerpo, caminó un par de pasos hasta la consola que su padre le había regalado en su anterior cumpleaños, y colocó esa canción que se había vuelto su favorita para este año.
Prenda por prenda fueron abandonando poco a poco su cuerpo hasta quedar notoriamente desnuda. Caminó con pasos firmes hacia el baño de su habitación, mientras que en un abrir y cerrar de ojos el agua de la regadera cayó suavemente contra su aterciopelada piel.
De repente, escuchó un ligero ruido en su recámara.
Eva, giró a la velocidad de la luz la llave de la regadera, para luego, caminar con algo de temor hacia su habitación.
Sus rodillas dolían un poco, pero, no tanto como lo que acababa de ver.
“El vecino nuevo estaba delante de ella, mirándola con los ojos abiertos. ¿Lo malo? Un extraño la está viendo como Dios la trajo al mundo”
—¡Pervertido!
Gritó, tirándose al suelo, y cubriéndose con sus propias manos.
—¿Pervertido yo? ¿No eres tú la que intenta seducirme desde ayer?
—¡Hijo de perra! ¡Vete de mi habitación!
—Espera… Espera…
—¡¿Qué?!
—Tu madre me ha dicho que te diga algo importante.
Sebastián retrocedió cuando una zapatilla deportiva cayó casi en su entrepierna.
—¿Qué? ¡Dilo rápido!
Un silencio se instaló entre ambos.
—Dijo que bajaras a desayunar… Y…
—¿Y qué?
Su nuevo vecino sonrió como si hubiese ganado una gran partida de ajedrez.
—Y que quites tus tangas del patio, que el señor Parker las vio.
—¡Imbécil!
Otra zapatilla iba directa hacia la cara de Sebastián, sin embargo, este se movió tan rápido que evitó el golpe en un abrir y cerrar de ojos. Luego de algunos minutos una enojada Eva bajó hacia el comedor. Hasta la entrada de la cocina se escuchaba las risas de sus padres junto a ese estúpido y engreído vejestorio.
—No pensé que éramos caridad…
Agregó al sentarse por fin en la mesa de comedor.
—Hija…
Su padre la reprendió.
—¿Qué? ¿No tienes dinero para pan?
El hombre tensó la mandíbula.
—Hija, basta.
Ahora era su madre.
—No dije nada, si necesita dinero, dale un poco por sacar la basura.
—¡Eva Smith, ya basta!
Harold, golpeó con fuerza la mesa.
La vena en la mitad de su cabeza ahora se notaba demasiado por la ira que sentía hacia su propia hija. —Estos no son los modales que te hemos inculcado, —con una servilleta de papel, se secó el sudor de su cara. Su canoso cabello, estaba tan bien peinado, mientras que el traje de dos piezas que usaba para ir a trabajar lo hacía lucir muy elegante y formal.
—Eva, Sebastián es el hijo del presidente de Go Space.
La sonrisa en su rostro se borró.
—¡¿La empresa donde trabaja papá?!
—Esa misma… —Agregó, casi echándole leña al fuego su nuevo vecino. —¿Qué era lo que decías de mí?
—¡Pero! ¡Mamá!
—Su padre nos pidió cuidarlo por un tiempo.
—¿Por qué?
Los adultos se miraron, y nadie dijo nada.
—¿Mataste a alguien?
—No.
Respondió secamente.
—¿Eres Gay?
—Por Dios, pastelito, claro que no.
A Eva se le dificultó respirar.
—Mejor me voy a trabajar.
La pelinegra, tiró hacia atrás la silla de madera antigua en donde estaba sentada, para luego caminar hacia afuera de la casa.
—¡Hey, niñata!
Torció los ojos al escuchar la voz de Sebastián.
—¿Qué quieres?
—Puedo llevarte…
—No gracias.
—¿Por qué no?
—No salgo con los hombres que me ven desnuda sin mi permiso.
—¿Y si me das permiso?
Sus pies se detuvieron.
—¡Eres un cerdo?
—¿De verdad?
Este, se metió la mano en su bolsillo, y sacó unas llaves que hicieron sonar un vehículo cerca de ellos. —¿Ese es tu coche? ¿Un Lamborghini?
—Sí, pero como dijiste que no te irías con…
Eva corrió tan rápido, para abrir la puerta del coche, y sentarse en el asiento del copiloto. —Pensé que te caía mal.
—Tú sí, tu coche no.
—Bien, bien, pero eres un jodido dolor en el culo.
La pelinegra comenzó a tocar todo a su paso, hasta que sin querer abrió una compuerta que guardaba media docena de condones que cayeron sin dudarlo sobre sus piernas.
—¡Ah! ¡Ah! —Gritó, fuertemente, sacudiéndose en el acto.
—Mierda, pensé que estaban en mi casa.
—¿En tu casa? ¿Cogiste en donde yo estoy sentada?
Él no respondió.
—Eres un asqueroso de lo peor, abre la puerta, ya no quiero ir contigo.
—Le dije a tus padres que te llevaría, deja de ser tan infantil.
—¡No quiero ir contigo!
—Eva… Mírame.
Un olor a flores, mezclada con una tonalidad masculina embriagó casi de inmediato a la jovencita. Esta abrió los ojos al percibir como su cuerpo fue calmándose poco a poco.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué cosa?
—¡Lo que hiciste!
—Estás loca, Eva, bájate del coche, ya llegamos.
Sus manos se sentían demasiado frías; sus rodillas temblaban, y había algo que la hacía sentirse atraída al misterioso hombre. Su nuevo vecino rodeó el coche, y abrió la puerta quizás para deshacerse de una buena vez por todas de ella.
—¿Y mis gracias?
—Que te den.
Dijo, afirmando su bolso contra su hombro, para luego alejarse de él.
—¿Quién te trajo?
Nena, preguntó, sin ni siquiera dejarla llegar bien al trabajo.
—El tipo de ayer.
—¿El grandote?
—Sí.
—¡No me lo creo, eres una zorra!
Lo dijo en forma de burla.
—Es el nuevo inquilino de mis padres, y es un grano en el culo.
Nena abrió los ojos, y negó.
—Así que soy un grano en el culo… Que lindo escucharte hablar de mí.
Su ceño se frunció.
—Creí que ya no tenía que verte más.
—¿Qué crees?
—¿Qué?
Sus ojos recorrieron el rostro de Eva, y la mirada se esfumó al llegar a sus tetas. —Me gustó este lugar.
La chiquilla simplemente lo ignoró, giró su cuerpo sobre sus propios pies, dispuesta a evitarlo por completo; comenzó a limpiar las mesas, hasta que el sonido de la puerta principal dejando ver a Emiliano la dejó casi embobada.
—Hola…
Susurró, al ver al chico del cual llevaba enamorada por más de medio año.
—¿Hay mesas disponibles?
—¿La misma de siempre?
—Eres tan linda… —Eva sintió como su corazón se derritió al escucharlo llamarla de esa forma. Sus ojos azulados eran demasiado hermosos. Su corazón no dejaba de latir por él.
—¿Tostadas, crema de maní y café negro?
—Adoro que sepas lo que me gusta.
El estómago de ella sonó.
Se sentía como si estuviese flotando en el aire.
—Quiere lo mismo de siempre.
Le murmuró a Eva, sin quitarle la mirada de encima a Emiliano.
—Deja de mirarlo tanto.
—No puedo, ¿No es tan lindo?
—Toma, llévale esto a tu novio.
Su corazón latió con demasiada fuerza.
Llevaba días queriéndosele declarar, pero el miedo le ganaba.
La bandeja la sostuvo con fuerza, al ser mediodía el bar estaba demasiado lleno. Los hombres de Sunny Village pasaban más tiempo en este lugar que en sus propias casas. Al fondo, Emiliano la esperaba en la misma mesa que ha estado usando desde que conoce Laguna azul.
Adoraba sentarse cerca a la ventana, y mirar a todas las personas pasar por las calles solitarias del pueblo en donde vivía.
Los dedos de Eva le dolían un poco, quería decírselo, y sentía que hoy más que nunca era el mejor momento para eso. O eso pensó, antes de que terminara cayendo al suelo, y que la comida ensuciara su cuerpo por completo.
¿El culpable?
—Lo siento.
Sebastián Drake.
¿Lo peor?
La ha levantado del suelo, entre sus brazos fuertes, para ahora encerrarse con ella en el baño de empleados, todo delante de Emiliano.
¿Por qué lo hizo?
Necesitamos saberlo.
EpílogoLo que permaneceEl lago en donde Sebastián y Eva habían pasado sus días como familia, se encontraba en calma, tan quieto que parecía contener el tiempo. La superficie del agua reflejaba el cielo como un espejo antiguo, uno que había visto nacer promesas, sellar destinos y guardar secretos durante generaciones, mientras la cabaña de madera se alzaba a pocos metros de la orilla, sencilla, acogedora, rodeada por árboles altos y por ese silencio especial que solo existe en los lugares donde la magia ha aprendido a convivir con la paz.Sebastián se balanceaba lentamente en la mecedora del porche, el crujido suave de la madera marcando un ritmo tranquilo.Llevaba una camisa clara arremangada y el cabello ligeramente desordenado, con esa apariencia relajada que solo había aprendido a tener con los años, mientras Eva estaba sentada sobre sus piernas, recostada contra su pecho, con una de sus manos entrelazada en la de él.Se besaban sin prisa, con la confianza de quienes ya no neces
Capítulo FinalEl día de la bodaHabían pasado tres días desde que Eva y Sebastián supieron que serían padres, tres días en los que la casa estuvo llena de preparativos, rituales, risas nerviosas y silencios cargados de significado. Tres días en los que Eva sintió, con una claridad casi dolorosa, que su vida nunca sería de nuevo la misma.Desde temprano no había visto a Sebastián, y aunque sabía que era parte de la tradición, la ausencia le oprimía el pecho con una fuerza tan dolorosa que le costaba respirar. No verlo, no sentirlo cerca, la ponía nerviosa. Alec permanecía junto a ella, serio, atento, cumpliendo al pie de la letra la orden de su hermano mayor: no apartarse de Eva ni un solo segundo, porque si lo hacia a la mañana siguiente su cadáver estaría flotando en el lago de Moira. Cada vez que ella lo miraba, él asentía con solemnidad exagerada, como si protegiera algo sagrado porque, en el fondo, así era.En la habitación, las brujas del aquelarre se movían con cuidado, casi
Capítulo 39“La Luna Azul”Había pasado casi un mes desde la propuesta, y el aire en la Casa Drake estaba lleno de emoción, risas y caos. Las brujas del aquelarre de Marie entraban y salían a toda hora con cajas, telas, frascos con esencias, velas y flores. Nena dirigía todo con una energía inagotable, dando órdenes, dibujando símbolos en el aire, encantando adornos y discutiendo con Alec sobre los colores de las cintas.El día de la boda se acercaba, y no sería una boda cualquiera. Se celebrarían bajo la Luna Llena Azul, un evento raro que solo ocurría cada varios años. Para los lobos, ese día era sagrado: representaba la unión de los destinos, la fuerza del amor verdadero y la promesa de un nuevo linaje bendecido por la luna.Sebastián estaba feliz.Desde el momento en que Eva había dicho “sí”, no había pasado un solo día sin sonreír. Lo hacía incluso cuando Alec lo molestaba, incluso cuando la casa parecía un mercado, incluso cuando las brujas ocupaban su sala para “reuniones e
Capítulo 38La promesa del marEl aire olía a sal, a tierra húmeda y a flores frescas. Las olas se deslizaban una tras otra sobre la arena, formando una melodía suave que parecía calmar incluso el corazón más agitado. El cielo, teñido de tonos anaranjados y dorados, anunciaba el final del día y el inicio de una noche clara, donde la luna llena aguardaba para iluminarlo todo.Eva caminaba descalza, sintiendo cómo la arena tibia se deslizaba entre sus dedos. Tenía los ojos vendados y una mezcla de curiosidad y nerviosismo la invadía. Podía escuchar los pasos de Sebastián junto a ella y el suave crujir de las antorchas encendiéndose a lo lejos.—Sebastián, ¿me puedes decir ya a dónde vamos? —preguntó, intentando adivinar por el sonido del mar y el viento.—No —respondió él con calma.—¿Por qué no? —insistió, fingiendo enojo.—Porque si lo supieras, no sería una sorpresa.Eva suspiró, aunque no pudo evitar sonreír.—Tus sorpresas suelen terminar en caos, Alfa. —Se cruzó de brazos, aunq
Capítulo 37“Bajo la misma luna”—Eva… Quiero hacerte el amor. Eva lo observó en silencio. Tenía el corazón acelerado, la garganta seca, había pasado por tanto que no sabía si quería llorar o rendirse. Cuando él la tomó de la mano, sintió una corriente recorrerle todo el cuerpo. No era miedo. Era algo distinto, algo que había estado esperando desde siempre.—Eva —dijo Sebastián con voz baja—. No quiero que vivas con culpa. No fue tu culpa lo que pasó con Nena, ni con Kael, ni con nadie. Esta guerra no la comenzaste tú. Solo luchaste por lo que amas.Las lágrimas aparecieron en los ojos de ella sin poder evitarlo.—Pero lo perdimo —respondió con la voz temblorosa—. Todo cambió. A veces siento que ya no tengo fuerzas para seguir.Sebastián se acercó más, hasta quedar frente a ella.—Mírame —le pidió—. Lo que hicimos, lo que sufrimos… todo tenía un sentido, Y si me preguntas si valió la pena, te diré que sí. Porque te encontré, Eva. Y no pienso perderte.Ella bajó la mirada, pero él le
36El regreso a casaEl portal se cerró con un suspiro detrás de ellos, y el aire fresco y dulce del bosque los envolvió. El olor a pino y a tierra mojada fue un bálsamo para sus almas cansadas. La manada, cojeando y con heridas, se dispersó lentamente, cada lobo y bruja regresando a sus cabañas. Se movían en silencio, un duelo mudo por Kael y por los demás caídos, por la batalla que les había costado tanto. A pesar de la victoria, el peso de las pérdidas se sentía en el ambiente.Eva se quedó de pie en la entrada principal, su corazón latiendo con fuerza. Dos figuras salieron de la casa: sus padres. Sus rostros, surcados por la preocupación y el miedo, se iluminaron al verla. Su madre se tapó la boca con las manos para contener un sollozo. Su padre, con los ojos vidriosos, soltó un suspiro de alivio. No hubo palabras. Solo el sonido de los pasos apresurados de su madre y el llanto suave de su padre.Ambos la rodearon en un abrazo tan fuerte que la hizo sentir a salvo, a pesar de t







