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CAPÍTULO CUATRO: ¿Amor o Lujuria?

Auteur: Preshy_writes
last update Date de publication: 2026-07-15 00:11:57

—Ve a asearte —dijo Don antes de salir de la oficina.

Se dirigió inmediatamente a la azotea, que era su lugar habitual para despejar la mente. Sacó un puro del bolsillo de sus pantalones oscuros y lo encendió.

Acababa de pasar un muy buen rato con su nueva chica y solo pensarlo le hizo soltar una risa baja. Sin embargo, había un problema. Se sentía inusualmente atraído por ella de alguna manera.

¿Sería por su personalidad audaz y desafiante?, pensó antes de negar con la cabeza.

Después de todo, había estado con muchas mujeres y nunca había sentido nada por ninguna de ellas. Para él, solo servían para el sexo, el placer y nada más.

Don seguía absorto en sus pensamientos cuando su asistente personal se aclaró la garganta. Se volvió hacia el joven que estaba a su lado.

—Noté que estaba muy concentrado en sus pensamientos, así que quise hacerlo volver a la realidad —comenzó.

—Tengo un trabajo para ti y necesito que seas discreto, como siempre —dijo Don, ignorando las palabras de Marcello—. Necesito que vigiles de cerca a Martin. Sigue todos sus movimientos y repórtamelo.

—Pero, jefe, Martin es su hermano. ¿No estaría invadiendo su privacidad? —preguntó Marcello.

Al oír aquello, Don se volvió hacia él, aplastando con el pie el resto del puro. Sujetó al hombre por la garganta, haciéndolo jadear mientras lo miraba fijamente.

—Hermanastro. No quiero volver a corregirte por eso. ¿Y sabes qué es lo que no me gusta? —preguntó antes de añadir—. Las preguntas, ¿entendido?

El pobre hombre asintió mientras seguía bajo el fuerte agarre de su jefe.

—Ahora irás y harás exactamente lo que te ordené. Quiero que invadas su privacidad y necesito que me traigas fotografías de todos sus movimientos. ¿Ha quedado claro? —rugió con ferocidad.

—Sí, jefe. Haré lo que usted diga —respondió antes de darse la vuelta para marcharse.

—En cuanto a la chica, conviértela en mi sirvienta personal. A partir de ahora quiero que me atienda solo a mí.

Concluyó con una sonrisa de satisfacción mientras observaba a su asistente alejarse apresuradamente.

Se relamió los labios.

Ahora ella era suya y haría todo lo que él le ordenara.

***

A la mañana siguiente, Julia permanecía acostada en la cama recordando lo que había sucedido entre ella y el jefe la noche anterior.

Quería borrar esos pensamientos de su mente, pero no podía. Se había quedado dormida con el aroma de él impregnado en su piel. Él había conseguido hacerle olvidar todo y, por mucho que lo intentara, los recuerdos de los momentos íntimos que habían compartido seguían regresando.

Sabía que él la había llevado más lejos que cualquier otro hombre con el que hubiera estado, pero el hecho de que fuera un despiadado jefe de la mafia hacía que quisiera olvidarlo.

Al principio se preguntó por qué no había ido más allá con ella, pero enseguida se dio un ligero golpe en la cabeza por haber pensado en eso.

¿Dónde había quedado su dignidad?, se preguntó.

No podía creer que estuviera pensando en un hombre cuando lo que realmente debía hacer era planear su escape.

Se levantó y caminó hasta la ventana, desde donde podía verse el jardín de flores y la cerca que rodeaba la propiedad.

Todo el lugar estaba fuertemente vigilado, excepto el jardín.

En ese instante, Julia tuvo una idea.

No había ninguna garantía de que funcionara, pero valía la pena intentarlo.

Con una sonrisa regresó a la cama.

Escaparía durante la noche, recogería a su madre y se marcharían muy lejos.

Dejó escapar un profundo suspiro.

Sabía que hacerlo la pondría en un peligro aún mayor, pero no estaba dispuesta a vivir el resto de su vida como un simple objeto sexual.

De pronto, su teléfono comenzó a sonar.

Era su novio, Jason.

—¿Dónde estás? ¿Cómo te encuentras? —preguntó apenas ella respondió la llamada.

Julia exhaló profundamente.

Sabía que Jason realmente se preocupaba por ella, pero ella no sentía interés por la relación que mantenían.

Se habían conocido en una famosa universidad de Italia donde ella estudiaba.

Él había insistido tanto en que fueran pareja que finalmente ella aceptó, aunque siempre supo que estaba obsesionado únicamente con su belleza.

Era lo bastante hermosa como para hacer que cualquiera se enamorara de ella, incluso otras chicas, pero todo aquello no era más que una simple fascinación.

Con el tiempo se cansó de que la siguiera a todas partes y decidió darle una oportunidad.

Salieron juntos, compartieron momentos e incluso tuvieron intimidad, pero ella jamás llegó a sentirse atraída por él.

—Hola, Jason —dijo al teléfono.

—Tu mamá me contó todo lo que pasó. ¿De verdad estás bien? He oído muchas cosas sobre los Rossini y sobre lo que les hacen a las personas. Es realmente terrible.

¡¿Puedes dejar de hablar?!, quiso gritar Julia.

Pero se contuvo.

—Solo fue un pequeño problema. No tienes por qué preocuparte.

—¿Cómo puedes decir que fue un pequeño problema? ¡Estás bajo el techo de los Rossini y no quieres que me preocupe por ti! —respondió Jason.

Julia notó que estaba algo molesto, así que permaneció en silencio.

—Sé que no te gustará esto, pero hablé con tu madre y ella aceptó que la ayudara a pagar la deuda.

—¡Ni hablar! —gritó Julia sin poder evitarlo.

No quería cargar con una deuda aún mayor y, además, como no estaba enamorada de Jason, aceptar su ayuda le haría sentir que estaba aprovechándose de él.

—¿Por qué no dejas que te ayude? No es como si fuera a pedirte que me devolvieras el dinero.

—Encontraré mi propia solución. No necesito tu ayuda —respondió Julia, sintiéndose mal por rechazar su ofrecimiento.

Él solo intentaba ayudarla, pero ella no estaba interesada.

—Como quieras —contestó antes de añadir—. Julia, ¿alguna vez has sentido algo por mí?

La pregunta la tomó completamente por sorpresa.

Julia no sabía qué responder.

¿Debía decirle la verdad? ¿Y si le rompía el corazón?, pensó.

Jason siempre había estado a su lado.

La ayudaba cuando necesitaba a alguien y hacía todo lo posible por verla feliz.

Ojalá hubiera comprendido que ella solo quería conservar su amistad, pero él nunca fue capaz de darse cuenta.

Ahora tenía delante la oportunidad de decirle lo que realmente sentía.

Le dolería, pero al menos conocería la verdad.

Respiró profundamente y se aclaró la garganta.

—¿No vas a decir nada?

—Bueno... en realidad iba a decirte esto, pero...

—¿Con quién estás hablando y quién te dio permiso para hacer una llamada? —escuchó una voz fría a sus espaldas.

—¿Quién es ese? —preguntó Jason desde el otro lado de la línea.

Julia abrió los ojos con sorpresa y, antes de que pudiera reaccionar, Don se acercó y le arrebató el teléfono.

—¿Es tu novio? —preguntó.

Julia no respondió.

—¿Nunca has oído hablar de lo que les hago a los hombres que se atreven a acercarse a mis mujeres? —preguntó con un tono tranquilo.

—No le haga nada. Él no ha hecho nada malo —suplicó ella.

Don soltó una carcajada.

—¡¿Quién es él para ti?! —rugió.

—¡Un amigo! ¡Solo un amigo!

Sus labios se curvaron en una leve sonrisa.

—¿Ah, sí? Tengo muchas ganas de descubrir qué clase de amigo es, cariño.

Dicho esto, salió de la habitación, dejando a Julia completamente desconcertada.

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