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Capítulo 7

Autor: Dayrin
last update Data de publicação: 2025-03-25 05:27:35

—¿Cuáles crees que serían mis intenciones?—

Me mira a los ojos por un momento antes de desviar la vista hacia una mesa donde hay un pequeño alboroto.

—Sigo esperando tu respuesta, Georgina.—

—Yo le hice una pregunta primero. ¿Por qué siempre contesta con otra?—

Me llevo el té a los labios justo cuando mi teléfono vibra con una notificación del banco.

«Su retiro ha sido exitoso.»

Al ver el mensaje, abro la aplicación. Mi cuenta está en cero.

Trago en seco y trato de disimular el temblor en mis manos, pero el enojo me sube por las venas como fuego. Aun así, no logro contener las lágrimas frente a él.

—¿Georgina?—

Me levanto rápidamente, limpiándome los ojos sin responder.

—Tengo que irme.— Tomo mi cartera y chaqueta y salgo sin mirar atrás.

Me siento en una banqueta a esperar el bus, con la mente dando vueltas.

Dos años de noviazgo tirados a la basura. Mi vida entera estaba entrelazada con la de ese hombre. Teníamos planes, hasta el lugar de la boda elegido. Incluso habíamos visto un apartamento: dos habitaciones, una para nosotros y otra para el hijo que algún día vendría.

Respiro hondo, pero el pecho me pesa demasiado. Mi mamá me llama, pero no puedo hablar. No quiero.

Y ahora tampoco puedo volver con Ángel... ni siquiera soy virgen.

¿Por que pienso en eso? No volvería con él, ni siendo monja.

Sandro Volkov. Hijo del dueño de Sweet Dream Mattresses y director de la empresa por los recientes desfalcos y la caída de las ganancias. Él fue mi primer hombre. Y el primero que besé de verdad.

Qué ironía. No me acosté con mi novio en dos años, pero sí con un desconocido en tres horas.

Sacudo la cabeza y me obligo a reaccionar. Regreso a la oficina y me entierro en la montaña de papeles para mantenerme ocupada. Por suerte, Sandro no volvió hoy, así que el ambiente se siente más ligero.

Después de dos horas extras para recuperar el tiempo perdido por la mañana, salgo de la empresa y tomo el bus de regreso a casa. El trayecto es tranquilo, pero en cuanto llego, dejo caer mi bolso y me meto directo a la ducha.

Cuando salgo envuelta en una toalla, me quedo un largo rato frente al espejo.

—¿Esta es la vida real?— las lágrimas vuelven a deslizarse.

Un mensaje de mi mamá entra.

"Llámame cuando puedas. Espero que todo esté bien."

Nada está bien.

Lloro en silencio, sin fuerzas para más. Preparo algo de comer, aunque me cuesta tragar. No haber probado bocado en todo el día me pasó factura.

Mi apartamento es pequeño, acogedor. Tengo lo necesario para vivir. Algunas flores decoran el lugar, pero ya se están marchitando. Absorbiendo mi mala suerte, tal vez.

Mi teléfono suena. Un número que ya había visto antes.

—¿Sí?—

—Georgina, ¿estás bien?—

Sandro.

—Estoy bien. ¿Necesita algo, señor? ¿Por qué me llama fuera del horario laboral?—

—¿En serio, Georgina? Te fuiste sin comer, sin despedirte... ni siquiera me avisaste que llegaste bien. Agrégame a tus contactos. Soy tu jefe, deberías tenerme registrado.—

—Entendido. Me voy a dormir. Que pase buenas noches.—

Cuelgo sin darle tiempo de responder.

Mi estómago se contrae. Ese hombre es extraño... pero guapo. Y rico. ¿Por qué es tan insistente?

No puedo dormir. Toda la noche sueño con la infidelidad de Ángel. Lo llamé después de que vació mi cuenta, pero no contestó.

A la mañana siguiente, preparo mi desayuno y mi almuerzo. Me ducho, me maquillo con discreción y elijo una camisa con pantalones holgados y zapatos cómodos. Me veo bien. No quiero que nadie se entere de lo que pasó.

No después de haber alardeado tanto sobre mi "hombre perfecto".

Llego a la oficina y voy directo a mi escritorio, pero me llaman.

—Señorita Georgina, el director quiere verla.—

Maldita sea. No puedo negarme. Es su empresa.

Entro en su oficina convencida de que va a molestarme, pero en su lugar me muestra un error en el sistema. Un fallo en los nombres que arruinó toda una producción de colchones.

Definitivamente, esta no es mi semana.

Los rumores corren rápido. Lo sé porque Liliana me lo cuenta y porque siento las miradas a mis espaldas. Hoy saldré temprano. Necesito relajarme antes de perder la cabeza.

—¿Vas a ver a tu novio esta noche?— pregunta Liliana mientras recoge su bolso

—Es bueno que tengan una cita, lo descuidas mucho y el hombre donde le dan de comer come, que conste que no te quiero asustar, pero x.— me guiña un ojo. Sonríe y se va.

Yo me quedo en mi escritorio, limpiándome las lágrimas antes de salir.

Subo al ascensor y me recuesto contra la pared. Ni siquiera miro quién entra hasta que ese aroma inconfundible me envuelve.

Sandro.

Nuestros ojos se encuentran y desvío la mirada. Él sonríe. Cuando las puertas se abren, salimos juntos.

—¿Intentas caminar o correr?. Hazlo como te plazca de igual modo te llevare a casa.—

—No se ve bien que el director de la empresa lleve a su empleada a casa.—

—Solo soy el director, el dueño es mi padre.—

—Es lo mismo, señor Volkov.—

Escucho su risa burlona y antes de que pueda abrir la puerta se detiene detrás de mí.

—subes al coche o te beso en medio de la calle, tú decides.

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