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Capítulo 6

Autor: Dayrin
last update Data de publicação: 2025-03-25 05:27:26

Sandro no deja de hacerme preguntas durante toda la reunión, como si disfrutara verme incómoda. Todos comienzan a murmurar al terminar la reunión, convencidos de que su interrogatorio es un castigo por haber llegado tarde y derramado el café.

—Vamos a almorzar —me dice Liliana al terminar la reunión.

Las paredes de la oficina son de cristal, permitiéndonos ver a todos los que pasan. Justamente saliendo de la sala de juntas estaba él. Me hierve la sangre al recordarlo. Me engañó para acostarse conmigo. Soy una completa imbécil.

—Ese hombre da miedo, ¿viste que era cierto lo que te dije sobre él? —insiste Liliana.

Trato de ignorarla mientras me enfoco en la pantalla del computador.

—Ya deja de trabajar y vamos a comer, muero de hambre—

—No traje almuerzo y tengo demasiado trabajo. Iré más tarde—

—¿Te vas a quedar sin comer?—

—No, hay una cafetería cerca. Iré cuando termine—

—Pues vale—

Liliana se marcha y yo suelto un suspiro, echando la cabeza hacia atrás. Con tanto en la cabeza, ni siquiera había pensado en mi ex. ¿Qué pasará con el dinero que ahorramos juntos?

Mi teléfono suena, sacándome de mis pensamientos. Número desconocido. Sé muy bien quién es y respondo yéndome directo al grano.

—Qué bueno que llamaste. Justo pensaba que deberíamos dividir el ahorro a la mitad. Tenemos treinta mil euros, así que...—

—¿Tan poquito ahorramos?—

El aire se me atora en la garganta al escuchar su voz.

—¿Qué haces con mi número?—

—Ven, vamos a comer juntos. Hay un restaurante cerca de la empresa—

—No, traje almuerzo. No se preocupe—

—En una hora no te da tiempo de preparar nada. Tampoco comiste el desayuno que te dejé esta mañana. Te estoy esperando afuera. Es una orden—

Me cuelga. Abro la boca, indignada.

—¡Infeliz!.—

Tomo mi bolsa y mi abrigo y salgo furiosa de la oficina. Justo frente a la empresa, en su coche de lujo me espera. Miro a los lados con nerviosismo, esperando que nadie me vea y el chofer me abre la puerta.

—Pensé que tardarías más— dice Sandro con su tono relajado.

Cruzo las piernas y miro por la ventanilla, ignorándolo a propósito. Pero no pienso callarme. Le diré lo que pienso.

—Es asqueroso que haya mentido para llevarse a la cama a alguien ingenuo. Usar el alcohol como pretexto es cruel. Pensé que era más inteligente que eso, pero parece que siempre me equivoco con los hombres—

Escucho su risa. Me hierve la sangre ¿acaso le estaba contando un chiste?

—¿Mentir? ¿En qué te mentí?—

Su calma me desespera.

—Sabía que trabajaba en su empresa y aun así se hizo el desentendido. ¿Para qué? Hasta su nombre cambió—

—No me hables de usted, tutéame. Primero, sí me llaman Leo, pero solamente lo saben personas importantes en mi vida. Segundo, no tenía por qué decir quién era si no estábamos en la oficina. Tercero, no te mentí para acostarme contigo. Me pareciste una chica linda atrapada con el hombre equivocado—

Aprieto los dientes.

—No voy a tutearlo. Es mi jefe y espero que me trate como una empleada y nada más. No quiero que se malinterprete nuestra relación, jefe/empleado. En la empresa los rumores corren rápido, y hoy ya soy el tema de conversación porque decidió bombardearme con preguntas durante toda la reunión—

—¿Así que eso creen?—

—Sí, todos piensan que fue por llegar tarde—

—Mejor. Así nadie se atreverá a llegar tarde. Soy exigente con el tiempo y el trabajo—

—Se nota— mascullo entre dientes.

No hablamos más, pero siento su mirada clavada en mí durante todo el trayecto.

Llegamos al restaurante. Es elegante y lujoso, con enormes ventanales que muestran la ciudad y una decoración con plantas naturales que le da un aire sofisticado.

—Espero que el lugar sea de tu agrado—

Nos reciben con amabilidad. Sandro no deja de mirarme con esos ojos verdes penetrantes.

—Buenas tardes, ¿qué desean ordenar?—

—Pide lo que quieras —me dice.

Tomo el menú.

—Un té frío y pasta en salsa blanca—

Cierro el menú y levanto la mirada. Sus ojos siguen fijos en mí.

—¿Y usted, señor?—

—Una copa de vino seco y el mejor corte de res que tengan—

La camarera le sonríe con coquetería, pero él ni siquiera le devuelve la mirada. Sus ojos siguen en mí.

—¿Viene aquí con frecuencia?— No sé por qué le hago preguntas.

—Desde que regresé al país, solo tres veces—

—¿Cuánto hace que volvió?— las bebidas llegan rápidamente.

—Aproximadamente una semana—

—Entiendo...—

Me doy un sorbo del té y volteo hacia otro lado, necesitaba evitar esa mirada que me estremece.

—¿Y qué harás con el dinero que ahorraste con tu ex?— Frunzo el ceño.

—¿Por qué me pregunta eso? No es de su interés—

—¿Ahora me vas a rechazar? —Alza una ceja.

—De hecho, ¿para qué me invitó a comer?—

Estoy tan molesta que quiero lanzarle el té en la cara.

—¿Piensas que soy un cretino? ¿Que solo quería acostarme contigo y desaparecer?—

—Es lo más razonable. ¿O cree que vamos a tener una relación, casarnos y tener dos lindos hijos?—

Bebe un sorbo de vino sin apartar la mirada de mí.

—Si algo tengo claro es que todo en la vida es posible. Aunque parezca imposible, lo es. Y yo no me rindo. A la corta o a la larga, siempre consigo lo que quiero—

Ruedo los ojos exasperados.

—Fácil decirlo cuando se entiende dinero. Pero yo no estoy en venta—

Se ríe y me avergüenza. Fue algo estúpido decir que no estaba en venta.

—No todo se compra, Georgina, eso lo tengo claro—continua

—no me interesa nada duradero que llegué a través del dinero o que no me cueste esfuerzos. Hay maneras más sutiles... Anoche, por ejemplo...—

—¡Cállese!— llevo mi mano a mi cara muy apenada.

¿Pero que carajos estaba haciendo?

Su risa no pasa desapercibida, aunque no es nada escandaloso. Se inclina un poco y me hace una pregunta logrando que levante la cabeza.

—¿Dime Georgina... Cuando estabas con Ángel ¿realmente lo amabas? ¿O estabas cómoda?—

Su pregunta me toma por sorpresa y me río con incredulidad.

—Hablé demasiado. Pensé que nunca más lo vería, y mírelo, resulta que es mi jefe. Creo que debería cambiar de empresa—

—¿Me estás amenazando? ¿Crees que eso impedirá que me acerque a ti?—

Lo miro fijamente y lo cuestiono.

—¿Por qué quiere acercarse a mí?

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