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22: ENVIDIA SILENCIOSA

last update Fecha de publicación: 2026-09-01 19:52:28

Bianca conducía su coche por las calles de la ciudad con la mirada encendida de rabia. Apretaba el volante con tanta fuerza que los nudillos se le volvían blanquecinos.

Nunca había sentido tanta rabia hacia alguien.

Durante un breve instante, un pensamiento absurdo cruzó por su mente. Bastaría con girar el volante unos centímetros para chocar contra el coche de al lado; así, Fabiane seguramente acabaría herida y Dante tendría que buscar a otra persona para ocupar su lugar.

Pero la idea desapare
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Último capítulo

  • En las garras del juez   42: UN AVENTÓN

    Mientras esperaba a que Talita fuera a buscar una de sus prendas, Fabi permaneció en el patio, cerca de la zona de barbacoa. Por mucho que su amiga insistiera en que entrara y pasara allí el resto de la noche, ella se negó. Estaba demasiado avergonzada para cruzar la puerta de aquella casa, y mucho menos para dormir allí.Sabía que Talita era una persona dulce, generosa y que jamás le negaría su ayuda. Aun así, también tenía su propia vida, sus propios problemas, y merecía disfrutar de aquel momento de intimidad.Solo pensar que había interrumpido el encuentro de su amiga con su novio bastaba para que los ojos se le llenaran de lágrimas.—Aquí tienes —dijo Talita, regresando unos minutos después con una de las bolsas de ropa que Dante le había regalado a Fabi.—Gracias, Tatá. Te prometo que encontraré la manera de venir a buscar el resto de mis cosas. Y no volveré a molestarte.—Deja de decir eso, Fabi. Sabes que, siempre que me necesites, estaré aquí para ayudarte.Sin perder tiempo,

  • En las garras del juez   41: HUIDA Y HUMILLACIÓN

    Con miedo de ser descubierta, Fabi abrió los ojos de par en par y retrocedió de inmediato.—Deben de haber sido los cristales del vaso que se rompió antes —respondió, intentando parecer tranquila—. Tengo que limpiar esto.Sin darle tiempo a hacer ninguna otra pregunta, se alejó, le dio la espalda y salió apresuradamente.—¡Espera! —la llamó Dante.Ella ni siquiera miró hacia atrás. Atravesó el pasillo casi corriendo y bajó las escaleras del club nocturno.El local seguía abarrotado. La música alta ahogaba cualquier voz, mientras clientes y empleados iban de un lado a otro. Intentó no llamar la atención, pero solo podía pensar en una cosa: tenía que escapar antes de que Dante la alcanzara.Al atreverse a mirar por encima del hombro, sintió que el corazón se le aceleraba. Él venía justo detrás. Desesperada, atravesó el local corriendo en dirección a la salida.La madrugada estaba fría. Había varios coches aparcados, pero no había nadie en la acera, aparte de los guardias de seguridad de

  • En las garras del juez   40: ATRACCIÓN MISTERIOSA

    Ya a solas, Fabi aprovechó para observar a Dante.Él se llevó el vaso a los labios y tomó otro sorbo de whisky, con la tranquilidad de quien parecía tener todo el tiempo del mundo.«¿Qué hago ahora?», pensó, sin tener ni idea de lo que ocurriría a partir de aquel momento.—Ahora que estamos solos… puedes quitarte la máscara un rato —comentó Dante, mirándola directamente.—No quiero.La respuesta salió demasiado rápido.Confundido, arqueó una ceja.—¿Por qué?Fabi vaciló durante un instante.—Solo… prefiero seguir así.Había algo en aquella resistencia que no tenía sentido. En lugar de relajarse, ella parecía aún más preocupada por ocultar su propia identidad.—¿Estás escondiendo algo?Su corazón se aceleró.—No. Simplemente no me siento cómoda sin ella.Esperaba que aquella explicación fuera suficiente y que él abandonara el tema.—Está bien —aceptó—. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí, Pérola?Preguntó mientras dejaba el vaso sobre la mesa.—En realidad, no trabajo aquí.Él entrec

  • En las garras del juez   39: CELOS DE HERMANA

    —¿Has oído lo que te he dicho, Fabi? —insistió Viviane.—Sí, te he oído. ¿Ahora puedes soltarme? —preguntó, intentando no mostrar lo que estaba sintiendo.Como si quisiera intimidarla, Viviane sostuvo su mirada durante unos segundos más. Solo entonces aflojó la mano.Sin decir nada más, las dos regresaron a la sala donde Dante estaba reunido con sus compañeros.En cuanto entraron, él sonrió ligeramente, como si ya supiera exactamente cómo terminaría aquella noche.—Aquí tiene su bebida, señor —dijo Fabi, dejando el vaso sobre la mesa.—Eres realmente perfecta, Pérola —comentó Dante, cogiendo el vaso sin apartar los ojos de ella.Avergonzada, Fabi se limitó a hacer un breve gesto con la cabeza y retrocedió unos pasos, queriendo salir de allí lo antes posible.Pero Dante tenía otros planes.—¿Adónde vas con tanta prisa?—Tengo que volver al trabajo.—Todavía no.Ella frunció el ceño.—¿Necesita algo más, señor?Dante levantó el vaso de whisky.—La verdad es que pensé que, después de der

  • En las garras del juez   38: DOBLE CARA

    Al oír el ruido del vaso haciéndose añicos contra el suelo, los hombres dirigieron la atención hacia la mesa y vieron la bebida derramada por el suelo.—¿Qué está pasando aquí?Nerviosa, Fabi se arrodilló inmediatamente para recoger los trozos de cristal.—Perdóneme. Ha sido culpa mía.—Claro que ha sido culpa tuya —comentó uno de los hombres que estaba sentado a la mesa.—Traeré otra bebida en cuanto limpie esto —dijo ella, nerviosa.Con expresión seria, Dante observó la escena en silencio. Se molestó por lo ocurrido y quiso reclamarle a la camarera por su falta de atención. Sin embargo, al verla arrodillada frente a él, acabó fijándose un poco más en ella.La ropa de cuero negro, ceñida al cuerpo, junto con la máscara que ocultaba parte de su rostro y la larga cola enganchada a los pantalones, llamó su atención.«Sexy», fue lo primero que se le pasó por la cabeza.En aquel instante, la bebida derramada dejó de tener importancia. Al fin y al cabo, una copa de whisky no significaba na

  • En las garras del juez   37: SENTIMIENTO EXTRAÑO

    Desesperada, intentó insistir.—¿No podría poner a otra persona en esa sala?Sin apartar los ojos de la tablilla, la jefa preguntó:—¿A otra persona?—Sí…La mujer negó con la cabeza.—No tengo a nadie más que pueda poner. Carla ya está encargándose de cinco salas.Fabi tragó saliva.—¿No podría cambiarme con ella?La jefa dejó de hacer lo que estaba haciendo y la observó durante unos segundos.—¿Está pasando algo, Fabi?Su corazón se aceleró. Jamás podría decir que su falso prometido estaba precisamente en aquella sala.—No… no es nada importante.—Entonces, ¿por qué insistes tanto?Sin encontrar una excusa convincente, bajó la mirada.—Por nada. Solo pensé que quizá sería mejor.—No veo ningún motivo para cambiar el reparto.La mujer cogió una bandeja ya preparada y se la puso entre las manos.—Lleva este pedido a la sala dos.Fabi miró la bandeja y cerró los ojos durante un breve instante.«Mierda…». Era precisamente la sala donde estaba Dante.—Está bien —respondió, cogiendo la ba

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