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last update Data de publicação: 2022-11-10 08:45:02

Estaba durmiendo en una de las habitaciones del hospital, dirigidas al personal. Había logrado dormir dos horas, sin dejar de pensar en la tristeza y frustración de Darren Milles. Ojalá que su hermano se repusiera. No era fácil tener un ser querido, que admiras y proteges en una situación clínica, más saliendo de una operación por una obstrucción pulmonar. Lo que me daba vueltas es porqué se produjo la hemorragia, podría tener una enfermedad no diagnosticada ni tratada por el mismo Tom. Eso no era bueno, esconder los síntomas a su familia y sobre todo si ellos estuvieron bebiendo alcohol anoche. Mi teléfono comenzó a sonar, terminando de despertarme de mi descanso. Atendí.

—Mi niña. 

—Hola, papá.—dije, recostada.

Mi papá, Oscar, se separó hace un par de años de mi mamá, Melissa por problemas de alcohol. Yo estuve ayudándolo  en su gran  adicción, lo encontraba en los bares más comunes, esperando que viniera a recogerlo porque él no recordaba dónde vivía o por qué no podía mantenerse en pie, al principio, era mamá quien iba por él hasta que ella dejó de hacerlo. Cuando se separaron, yo me quedé a cargo de él y su problema con el alcohol. Fueron dos meses de internación psiquiátrica donde él me odio por un tiempo tras meterlo en un hospital de salud mental. Un año después, se recuperó, no se acerca a los bares y odia el alcohol, suele quedarse parado en las estanterías de los mercados, viendo las botellas de alcohol por varios minutos. Lo entiendo, debe ser difícil.

Me llamaba cada vez que tiene su tiempo libre en la agencia de mudanzas que logró conseguir por un amigo del hospital donde estuvo internado, al menos salió algo bueno de eso. Tiene dos amigos que se rehabilitaron con él y los tres se apoyan mutuamente. Nuestra relación está bien, pero siento que  a veces me tiene algo de rencor, es mi sensación.

—¿Hoy es tu examen?—preguntó Oscar.

—Sí. Lo recordaste.—asentí, levantándome de la cama—. Estoy lista para rendir, no fue una noche tranquila.

—Hija, ¿Quieres que te recoja para ir a cenar?—dijo entusiasmado. 

—Tengo guardia, mi reemplazo es solo por el examen pero tengo que volver a cubrir esta noche.

—De acuerdo, cuarenta y ocho horas de guardia. Entiendo…

Colgó, se había ofendido cuando me dejaba hablando sola. Lo quiero, pero a veces me asfixia, debe ser que me acostumbré de salvarlo de la intoxicación muchas veces. Eran las dos de la tarde, ya debería haber salido a la universidad. Tomé mis cosas. Y me fui, subí a mi camioneta conduciendo con cuidado, la calle estaba escarchada y resbalosa.  Seguía nevando, sería otra noche de socorros, piernas rotas, manos quebradas, desmayos y así eran los accidentes de estos días de invierno crudo.

Llegué a la universidad. Estacioné en el parking, tomé mi mochila y dejé mi otro bolso del trabajo en los asientos de atrás. Estaba nerviosa para el examen de griego del segundo nivel. Todo iba bien, pensé para no estar temblando frente a la prueba. Me recordó la primera vez que hice una guardia, estaba preparada por ser una de las mejores de la clase pero la gente y los gritos me pusieron de los nervios pero logré cumplir las tareas muy bien, esto sería algo similar. Estudié para griego casi toda la semana, entre descansos en el trabajo, o durmiendo tres horas para luego levantarme y seguir estudiando, así durante diez días. Sin contar mis migrañas cefaleas cada tres días debía tomarme los remedios para eso.

Tenía esos ojos de color café en mi mente, esa piel trigueña y de nariz recta, labios carnosos. Estaba pensando en Darren ¿por qué? Solo lo vi anoche. Había tantas personas en emergencias, mi profesión era mantenerlos a todos tranquilos aunque la situación clínica no lo sea. Amaba ese trabajo y amaba escribir novelas de ciencia ficción. 

Rendí el examen, entregué la hoja y el profesor me miró, era de esos sujetos que valoran el trabajo de uno. Charlamos individualmente, como profesor y estudiante sobre mi posibilidad de tener una segunda carrera, se sorprendió cuando le comenté que era enfermera. 

—¿Y qué haces en literatura?—me pregunto esa vez.

—También, quiero ser escritora.

—Nunca lo hubiese imaginado. Una enfermera que escribe. 

Si no es muy común, ¿Verdad? Tengo que estar vinculada con la salud y la ciencia, eso creen todos. Cuando le di mi examen, dijo "salva vidas ahora" y le respondí "eso haré siempre", me fui del salón en tanto caminaba, me crucé a Darren Milles estaba deambulando por el pasillo de Ciencias Sociales, estaba sentado en una banca. Por una razón instantánea me acerqué a él.

—¡Hola, Darren!—salude con simpatía y alegría de verlo. Darren levantó su mirada y me miró.—Soy Anne, del hospital Kennedy.

—La enfermera.—dijo simplemente.— Si te recuerdo de anoche. Lamento si fue algo pesado, estaba…intranquilo.

—Lo entiendo. Todos nos preocupamos cuando queremos mucho a una persona, ¿cierto?—dije, me quedé mirándolo. Se notaba que estuvo llorando, tenía los ojos enrojecidos.

—Para ti debe ser más fácil dirigirte a familiares intensos, te formaste para consolar a los parientes—dijo él, asentí con el ceño fruncido—. Así son los enfermeros, ayudan.

Alcé una ceja, ¡Vaya idea tenía sobre los enfermeros! No era simplemente ayudar, era mucho más, era correr detrás de los médicos para entubar al paciente, en cerrar heridas, en mi caso, mi especialidad eran las cirugías donde había aprendido muchas cosas, síntomas, diagnósticos, situaciones complicadas en medio de una operación, no equivocarme. Claro que Darren parecía ignorante al verdadero valor de los enfermeros en un hospital. Mordí mi labio.

—¿Y estudias aquí, Darren? ¿Qué carrera?

—Ah, abogacía…—dijo indiferente— ¡Espera un segundo! ¿Tú qué haces acá?

—Estoy estudiando literatura. Mi segunda carrera.

—Ah, ¿te dan los tiempos para estudiar?

—Es posible tener otra profesión, en serio. Solo es cuestión de organizarse.—respondí, hundiéndome de hombros—Hasta ahora estoy logrando aprobar las primeras materias del primer año, ¿en qué año estás?

—En tercero, ya empecé las prácticas.—dijo. Se notaba indiferente a hablarme, respondía lo básico, no estaba cómodo conmigo. —Tengo una clase. Disculpa, Anne, van a dar unos trabajos ahora—dijo en despedida, poniéndose de pie y cogió su mochila.

—Está bien, hasta luego.

Darren se giró, arrugando el ceño. Esa forma de despedida no le gusto. No quería verme, le recordaba la situación de su hermano y yo siendo quien respondía su desesperación. Me sonrojé. No tenía que afectarme. Darren entró a un aula a unos tres metros de mí. Me quedé a solas en el pasillo. Mi teléfono sonó, era Cath y atendí.

—¿Cómo te fue?—preguntó ella—¿Todavía estás en la universidad?

—Ya estoy saliendo de la universidad, Cath—le respondí, dirigiéndome al parking—, Creo que me fue bien en el examen. Ahora voy para el hospital.

Cath Wilson tenía veinticinco años, rubia y de ojos azules. Excelente enfermera de traumas. Entramos juntas al hospital como residentes y luego como nuevo personal. Y desde ese día pegamos mucha onda cuando atendimos a un matrimonio intoxicados de humo. Fue nuestro primer caso juntas, ayudamos a los médicos y a mí me preguntaron si quería entrar el equipo de doctor Lenner de cirugía general, luego de unos meses otros cirujanos se interesaron en mí por las recomendaciones de Lenner como enfermera a cargo de la mesa de trabajo, donde normalmente estoy en esos tres equipos. Cuando estoy en recepción, es cuando cuido el puesto de Cath y espero la siguiente cirugía, distrayéndome en emergencias, allí el doctor a cargo me permite ayudar hasta que tenga que irme a mi área.

Adoraba mi profesión. No importa lo que vayan a criticarme, incluso la indiferencia de Darren al enterarse por mis carreras y mi trabajo. No por su boca ignorante dejare de salvar vidas porque me llenaba de gratitud y felicidad cuando un familiar se descompone de angustia y miedo, ahí estoy yo sosteniendo sus manos, explicándole el proceso de atención de los cirujanos, aunque nunca se sabe que puede pasar en el quirófano,  porque los profesionales no son dioses.

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Último capítulo

  • En tus latidos   39

    Al día siguiente, nos despertamos. Darren me dio una remera porque olvidé meter alguna en mi bolso, como siempre me entregó una de Iron Maiden. Él amaba esa banda de metal. Era su favorita. Nos metimos a la ducha juntos, nos bañamos y nos besamos con pasión como toda pareja enamorada. Me encantaban sus besos. Esos labios gruesos y tan ardientes mientras pasaba el jabón de coco por mi espalda, mis brazos y mis piernas. Mis suspiros y la vibración de mi cuerpo donde sus manos cuidadosas llegaban a tocar se apoderaban el deseo sexual en la ducha y sé que Darren esperaba hacerme gemir allí adentro. Sin dudas lo hizo, metiéndome los dedos por la vagina húmeda y mojada. Era excitante, se sentía jodidamente bien. Él conocía muy bien mi vulnerabilidad en estos momentos, besando mi cuello y sus rápidos dedos no dejaba de darme el goce exquisito de la mañana.Salimos luego de media hora, nos vestimos. Él uso una remera blanca con unas bermudas de camuflaje y unas sandalias de verano. Yo tenía u

  • En tus latidos   38

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  • En tus latidos   37

    Volví a la normalidad. También me reubicaron al trabajo. Regresé a los quirófanos. Lo que me gustaba de hoy, es que era Noche Buena. Pasaría la cena navideña con los Milles. El doctor Lenner se preocupó por mí, tuve dos visitas de él antes de salir de alta clínica por segunda vez. Lo tenía delante de mí, mirándome y preguntándome cada hora cómo me sentía. Al principio me hizo ver el cariño que tenía conmigo, pero luego comenzó a ser molesto pero entendía que él estaba cuidándome. No era justo quejarme con él. Era uno de mis jefes. Además de ser un excelente cirujano de traumas generales, era jefe del departamento de esta especialidad y maestro para los residentes. Por suerte, Adams había aprobado sus exámenes finales, festejaríamos luego de las fiestas su logro en la medicina.—¿Dónde pasarás las fiestas, Froy?—me preguntó el cirujano mientras estábamos terminando de cerrar la cirugía de un paciente con tumor en los intestinos.—Estaré con la familia de mi novio.—¡Vaya, sí resultó bu

  • En tus latidos   36

    Oscar Froy un hombre de cincuenta y siete años, adicto al alcohol desde mi infancia. Un hombre divorciado, incapaz de sostener una relación con otra mujer por la ebriedad que no puede superar. Aquí estaba, sentado a mi derecha con su mirada suave y sombría como las luces de la habitación. Darren debió haberle movido los recuerdos, la culpabilidad de enfermarme por todos esos años que le di mi servicio de cuidado, algo que me inspiró demasiado para estudiar medicina. Estaba usando su chamarra favorita, era de color marrón con corderito blanco en el interior y unos bolsillos con tapitas de cervezas que hacía ruidos cuando caminaba.—Papá, ¿qué haces acá? Las visitas son hasta las seis de la tarde—le dije.—Soy el padre de la mejor enfermera de este hospital, ¡Claro que iban a dejarme pasar como privilegiado!—¿Estás borracho?—¿Cómo? ¡No, mi cielo, no he tomado ni una copa!—respondió sonrojado.—Bueno…Vinieron Darren y Tom, su hermano. Se fueron hace rato—comenté. Él asintió, echándose

  • En tus latidos   35

    —¿Ella va a estar bien?—habló un joven a mi alrededor. Olía diferente, era un lugar distinto y conocido.Lo último que recuerdo es haber entrado a emergencias del hospital Kennedy y me desmayé. El dolor era tan fuerte que no pude soportarlo más, me desvanecía como el aire en un incendio, todo se apagó. Abrí los ojos, escuchando la conversación de dos hombres en el dormitorio. Veía borroso no podía distinguirlos, mis ojos no se acostumbraban. Sin embargo ellos estaban en la puerta charlando, no me vieron. Poco a poco, me adapté al lugar descubriendo a mi novio y el doctor Hyes. El neurocirujano le explicaba la cirugía de urgencias, habían colocado un chip anticoagulante en la zona derecha junto a la cefalea dañada. Darren estaba preocupado, escuchaba atentamente al médico sobre los cuidados y demás. Estaba saliendo todo bien, estaba bien…¿qué hizo desvanecer todo ese amor que sentía por él y arruinar esa noche?—Lo siento, Darren—susurré. Le traía angustia y miedo, él me amaba.—Lo sien

  • En tus latidos   34

    Los siguientes días la convivencia con Darren estaba muy bien, teníamos diferentes tareas en la casa. Él había contratado a una mucama dos veces a la semana, esta vez ella no vendría. Las noches eran mis favoritas, nos quedábamos viendo unas películas de nuestro interés o aquellas que Darren quería que viera. Cuando íbamos a acostarnos, nos poníamos muy calientes terminando intimidando casi hasta la tres de la mañana para luego quedarnos recostados y desnudos en la cama. Él fumaba con su espalda en el respaldo de la cama Queen que compró. Mis ojos admiraban todo su físico de chico delgado, lampiño y de un silencio cómodo de esos que quieres romper con unos cuantos besos.—¿Alguna vez, te imaginaste terminar enamorada de un chico rico?—preguntó Darren mientras fumaba su segundo cigarrillo.Yo estaba bebiendo agua, había traído una botella fría de la cocina antes de intimar. Me quedé pensando, preguntándome aquel cuestionamiento del chico. Lo miré, dejando el vaso sobre la mesita de noc

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