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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
Autor: Emily Rose

Prefacio.

Autor: Emily Rose
last update Data de publicação: 2026-04-03 04:56:59

Las pruebas estaban ahí, tiradas sobre el tocador, confirmando sus peores sospechas.

Amanda pasó saliva con dificultad, sintiendo que le faltaba el aire mientras intentaba procesar las imágenes que el detective le acababa de entregar.

En la imagen principal, Víctor, su esposo, sostenía en brazos a un niño pequeño mientras sonreía. Era una sonrisa alegre, relajada, de esas que jamás le había dedicado a ella en los tres años que llevaban casados.

A su lado, abrazándolo por la cintura, estaba una mujer despampanante.

Tenía otra familia.

El pecho de Amanda subía y bajaba con fuerza, buscando aire en una habitación que de repente se sentía demasiado pequeña.

Cuando aceptó casarse con Víctor Grimaldi a los veintiún años, sabía perfectamente que era un acuerdo.

Él necesitaba una esposa intachable para poder cobrar la millonaria herencia de su abuelo, y ella… bueno, ella había sido lo suficientemente ingenua como para creer que el amor podía nacer con la convivencia.

En el fondo, siempre estuvo enamorada de él. Pensó que, con el trato diario, él terminaría viéndola de otra manera y olvidarían que todo había empezado por un simple contrato.

Qué equivocada estaba. En tres años de matrimonio, Víctor jamás la había tocado. Ni una caricia, ni un acercamiento real.

A sus veinticuatro años, Amanda seguía siendo virgen, viviendo bajo el mismo techo que el hombre que amaba, pero sintiéndose más sola que nunca.

Y ahora, viendo esa maldita foto, todo el amor que alguna vez le tuvo se estaba pudriendo rápidamente, convirtiéndose en puro desprecio.

—Miserable... —susurró para sí misma, con la voz desgarrada por la rabia—. Me ocultaste todo este tiempo que tenías una vida entera a mis espaldas.

Ahora todas las piezas encajaban a la perfección. Las interminables reuniones de negocios, los viajes de última hora, las noches en las que simplemente no llegaba a dormir a la casa.

Mientras ella se quedaba esperando, cumpliendo a la perfección su papel de esposa de alta sociedad que nunca daba problemas, él estaba en otra cama.

Se topó con su propio reflejo en el espejo.

Sintió ese ardor molesto detrás de los ojos, justo el que avisa que vas a llorar, pero apretó la mandíbula y respiró hondo.

Llorar por Víctor era un lujo que ya no le iba a dar. Se negó a llorar por él. La mujer que le devolvía la mirada en el reflejo era joven, hermosa y llena de vida.

Tenía un cuerpo que cualquier hombre en su sano juicio desearía. Cualquiera, menos su propio esposo, quien prefería tenerla cautiva en un matrimonio sin amor.

Agarró su teléfono y salió de la habitación, caminando por los pasillos silenciosos de la inmensa casa para despejar la mente y asimilar su dura realidad.

Mientras caminaba, abrió el correo del detective de nuevo y leyó el nombre de la otra mujer.

Melissa Rubiales.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, buscó el nombre en las redes sociales. El perfil era público.

Melissa era rubia, de unos ojos verdes penetrantes, y destilaba clase en cada foto. Pero había algo más en su expresión, un brillo en la cara que gritaba ambición.

Amanda deslizó la pantalla, viendo foto tras foto. En muchas de las imágenes aparecía Víctor, aunque siempre de forma muy discreta: un brazo, un reflejo, la silueta de sus hombros.

Él era cuidadoso para no llamar la atención de la prensa ni arruinar su fachada de hombre felizmente casado.

Pero para Amanda, el engaño había terminado.

Si él la había condenado a una prisión de cristal, ella encontraría la manera de romperla.

Pero lo que Amanda no sabía en ese momento, era que su deseo de venganza y libertad la llevaría a una “cita a ciegas” perfecta.

La llevaría a entregarse a un extraño apasionado en la oscuridad de una habitación de hotel… sin sospechar jamás que el hombre que la hacía gemir de placer bajo las sábanas, era el mismo esposo al que tanto odiaba.

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Comentários (8)
goodnovel comment avatar
Rosalinda
Porque me cambian la novela
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Diana C. Acosta
No lo puedo creeeeer. Buenísmo.
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Magaly Méndez
espero que no sea una Esposa de esas que el marido la pisa y se deja... porque sino...
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Último capítulo

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  • Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.   Capítulo 168. Extraña propuesta.

    Minutos después, las chicas finalmente salieron de la habitación de recuperación para dejar que Amanda descansara en paz.Lucía, emocionada por contarle los detalles a Fernando, se adelantó rápidamente por el pasillo iluminado por luces blancas, dejando a Adriana unos pasos atrás.Ella se detuvo un instante para ajustarse la correa de su c bolso sobre el hombro, soltando un largo suspiro para liberar la tensión acumulada.Justo cuando iba a retomar su camino hacia la amplia sala de espera, Daniel apareció desde el corredor y la tomó sutilmente del brazo, deteniéndola de inmediato.—¿En serio lo tengo chiquito? —preguntó él en voz baja, pero con el ceño profundamente fruncido.Adriana soltó una carcajada abierta y sonora, echando la cabeza hacia atrás, sin poder creer que un hombre como Daniel siguiera dándole vueltas a ese absurdo comentario en medio de un hospital.—Ya no te aflijas por eso, Daniel —respondió ella con una sonrisa burlona—. Al parecer, Valeria no tiene ningún problema

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