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last update Data de publicação: 2022-07-13 10:31:33

Capítulo 1

El secretario lo invitó a pasar al abrir la puerta, pero al ver que este no movía ni un miembro le dio unas palmaditas en su espalda. La nebulosa en la cabeza del lobo apenas lo dejaba razonar. Dio, con mucho esfuerzo, unos pasos dejando que el olor más delicioso que había tocado sus fosas nasales lo embriagara. La bestia dentro de él luchaba por salir para reclamar lo que era suyo por derecho y Darren tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para controlarlo y no transformarse allí mismo.

–Presidente, su nuevo guardaespaldas ya llegó, está listo para comenzar a trabajar –informó.

Darren se fijó en el joven que les daba la espalda al lado de un gran estante de libros. Se lo imaginó más alta, aunque sus 1,76m no estaban mal, en comparación con él.

La silueta de su cuerpo reflejada por el traje deliciosamente ajustado, era delgado, insinuando una figura que le hizo pasar la punta de la lengua por sus secos labios y tragar saliva junto a diminutos restos de sangre. Sus piernas, bien torneadas y definidas por la presencia de ejercicios. Lo que más le robó la atención fue su cabello rojo cobrizo con destellos oscuros, que caía a la altura de la nuca en rizos rebeldes, y que contrastaban totalmente con los dos orbes verdes que lo miraron fijamente al girarse hacia ellos.

Tuvo que secar las palmas de las manos en el borde del pantalón con disimulo, y agradeció que ese día se pusiera la camisa por fuera del cinturón para que no se delatara el estado en que estaba. Aunque el hecho de que viera el efecto que causaba en él no era algo que lo molestara, todo lo contrario, lo excitaba aún más.

Él era simplemente la criatura más hermosa y apetecible del mundo, no por gusto era de seguro su compañero. Con sus largas pestañas rojizas, sus labios finos en una línea recta, muestra de un carácter enérgico, su nariz pequeña y delicada y esas pecas prácticamente invisibles en su piel blanca, que solo su vista lobuna lograba definirlas. El lobo dentro de él gruñó, y un ligero sonido seco salió de su garganta lo suficiente alto para que el nuevo jefe levantara una ceja interrogativa.

–Así que él es el señor Steik –dejó de mirarlo y puso la atención de nuevo en su libro mientras caminaba hacia su buró– Me pregunto cuánto durará esta vez –su voz era dura, sin rastro de amabilidad.

Darren vio cómo su secretario sonreía nervioso. Por lo visto Jules Meyer no era conocido por su vida social, y su personalidad… dejaba mucho que desear. A su lobo no le importaba ese hecho, aunque analizando su carácter dominante sería divertido verlo con sus torneadas piernas abiertas, rodeadas de las sábanas de seda de su cama, impregnadas en su olor y suplicándole por más.

La sola idea le hizo temblar ligeramente y soltar un pequeño gemido. Si no se contenía era capaz de reclamarla allí mismo. Lamió los caninos dentro de su boca. Su lobo quería enterrarlos en esa piel suave y cremosa. Pero ahí estaba el problema y pensándolo con mente más fría se dio cuenta de un detalle: su compañero era humano, totalmente humano.

 Por lo que todo el impulso y la necesidad que él sentía le eran totalmente ajenos a él. No sabía nada sobre la relación entre el lobo y un humano.

Normalmente sus compañeros eran lobos que nacían de un apareamiento entre dos compañeros de su misma especie. Hacía años, las hembras de su especie habían sido cazadas por un grupo de investigadores que aún seguían persiguiendo, para crear lobos artificiales. Todo gracias a la ayuda de alguien que traicionó a todas las manadas.

Como resultado, varios individuos de su especie habían perdido la cordura o se habían lanzado al vacío buscando el consuelo en los brazos de la muerte. Después del suceso las probabilidades de encontrar a sus parejas habían disminuido tanto que algunos ya habían renegado de encontrarlas, incluyéndolo a él.

En la actualidad, quedaban pocos lobos puros, solo aquellos nacidos antes de la gran tragedia. La única forma de lograr mantener la especie con vida fue relacionándose con las mujeres humanas. Por suerte y después de un estudio, ciertas hembras daban cachorros. Pero no había escuchado nunca antes, que un humano sin relación alguna con su mundo fuera compañero de un lobo.

Maldijo para sí mismo, la nebulosa en su mente no lo dejaba analizar bien y había perdido las esperanzas hacía tanto que no se había actualizado con el tema. Tendría que preguntarle a su alfa una vez estuviera en su casa, sabía que había nuevos datos y era tiempo de revisarlos.

–Allen, puedes irte, yo me encargo del resto –su voz lo acarició como un suave terciopelo, aunque esas palabras no fueron dirigidas a él.

Su secretario asistió y los dejó solos.

Por un momento a Darren le pareció que la oficina lo asfixiaba. El olor de él lo tenía embriagado y si seguía así no respondía por sus actos, no tanto por su lado racional, como su faceta primitiva. Solo la tarea de mantenerlo a raya le tenía más de un lugar húmedo de sudor.

Se sentó en la silla que el presidente le señaló y se detuvo a observar el gran buró lleno de papeles y sobres organizados, hasta detenerse en sus ojos, fríos como un bloque de hielo. La situación le dio gracia, aquel pequeño cuerpo no le tenía ni una pizca de miedo, incluso lo miraba con superioridad. Si él supiera que era capaz de estrujar como papel su delgado cuello, la historia sería diferente.

Jules giró un poco la cabeza con indignación. No quería ser quisquilloso, sin embargo, le pareció que el hombre frente a él no lo tomaba en serio. Siempre que había puesto su semblante más aristocrático había tenido a la persona arrodillada frente él, pero este nuevo guardaespaldas necesitaría entrenamiento, y del fuerte. Tomó uno de los papeles frente a él y se lo dio. Vio como lo repasó con la vista y una mueca interrogativa apareció en su rostro.

–Este es el calendario de mañana, apréndetelo de memoria sin fallos –inquirió con autoridad.

–O sea, que sólo sabré lo que usted hará al día siguiente –Darren logró articular palabras después de poder calmar sus caninos y su garganta carrasposa por el intento de transformación.

–Más bien, te doy el cronograma ahora para que sepas cómo funciona el proceso. Normalmente te lo daré en la mañana del mismo día –explicó pacientemente.

Las medidas preventivas nunca estaban de más.

–Como usted diga –replicó con esfuerzo el beta.

–Puedes llamarme Presidente o Meyer –revisó un momento la pantalla de su celular por si había algo nuevo– Espero que Allen te haya explicado los horarios, soy muy exigente con ese tema, no me gusta llegar tarde y menos esperar –insistió.

Jules se tomó un momento para repasar a su nuevo guardián y su mirada inquisitiva al parecer lo hizo reaccionar, de una forma inusual, para su gusto, pues lo vio tensar los definidos músculos que se marcaban por encima de la tela del abdomen.

El maldito tipo era enorme, con sus más de metro noventa era imponente. Estar sentado tampoco lo hacía ser menos, sus anchos hombros cubiertos por la gruesa chaqueta negra de piel le obstruía la vista de todo objeto detrás.

Su posición engañosamente relajada con la espalda apoyada en la silla y las piernas separadas podrían darle un aire de desinterés, pero podía sentir la atmósfera dominante alrededor de él. Sus manos cruzadas sobre los muslos, más gruesos que incluso su cintura, se veían llenas de cicatrices y listas para agarrar a cualquier persona y partirla en varios pedazos.

Una gota de sudor recorrió la línea de la columna del humano, desde la nuca hasta el final de la espalda. Tuvo que tomar una respiración larga y pausada y cerrar sus ojos para calmarse. No recordaba la última vez que había estado tan incómodo.

Sintió la temperatura de la oficina subir varios grados y las palmas de las manos se empaparon. Por alguna razón, que ni él misma sabía, su cuerpo estaba reaccionando inconscientemente a aquel hombre. La sangre comenzó a hervirle, mas no de deseo. Frunció el ceño e hincó las uñas en la suave piel de sus manos, el dolor le hizo reaccionar, enderezándose en el asiento, cruzó una pierna y retomó la posición de mandatario como todo el líder que era. El alivio lo invadió cuando el aire frío volvió a acariciar su piel.

Parecía haber pasado minutos desde su repentino cambio de estado, pero apenas fueron 10 segundos, tiempo en el que su nuevo empleado no le había quitado la mirada de encima, y a cada rato lo descubría lamiendo, con discreción, el borde de sus labios. Se sintió nervioso y eso no le gustaba. Esperaba que no estuviera coqueteando con él o ese sería su primer y último día de trabajo.

Tendría algunas palabras con Allen más tarde, sin dudas.

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Comentários (2)
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Dianelys Ramirez
que raza de escritora es? es el mismo libro sólo che es hombre el jefe? Enlazados.lo termine y decia fin del tomo 1
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Angelica Escober
bueno me tiene confundida es hombre o mujer el jefe en momentos habla en sentido masculino y después femenino
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Último capítulo

  • Enlazado al Beta   47

    Jules no dejó pasar ningún detalle mientras les relataba a todos, tantos los últimos hechos como descubrimientos. El alfa mantenía una expresión grave en su rostro, mientras que el resto estaba impactado. Saber que el lobo dentro de él era parte importante en la historia y tragedia de la manada no se lo esperaban y menos la forma en que había sido implantado en su cuerpo.Por su parte Dominic estaba muy consciente de que debía informar tanto al Consejo como al resto de las manadas las ambiciones de Robert, así como la posibilidad de que ayudaran a localizar a su miembro perdido. Jules se sintió un poco más relajado cuando todo brotó de él. Era un peso muy grande para sus hombros y que le quitaba el sueño.Dylan se detuvo un momento detrás de su asiento y le tocó el hombro llamando su atención.–¿Puedo hablar un momento contigo?–inquirió misterioso.Él asintió y lo acompañó mientras los demás intercambiaban opiniones. Darren los vio desaparecer en la cocina.–¿Qué ocurre?–preguntó extr

  • Enlazado al Beta   46

    El agotado lobo, a pesar de estar en total nebulosa, sintió como su cuerpo era alzado hasta quedar en una superficie irregular. No precisamente placentera, pero el olor que lo envolvía, lo hacía sentir cómodo de forma familiar. Sin preverlo cerró sus ojos mientras los movimientos se volvían constantes debajo de él. No podía saber cuánto estuvo así, para cuando lo dejó caer en una cama de hojas secas supo que estaba cerca de su hogar. Podía percibir el olor de su pareja cerca, razón que le hizo abrir los ojos para encontrarse nuevamente solo.Gimió débilmente alzando con esfuerzo la cabeza para dejarla caer bruscamente ¿Quién la había salvado? Su voz sonaba dulce, joven, con un ligero temblor.Allí acostado de lado sobre aquel suave colchón natural no sentía nada. Ya no había dolor, sus miembros estaban tan entumecidos por la humedad, las heridas y el frío que apenas era consciente de su alrededor. Intentó llamar a Darren sin resultados, su mente se sentía más alejada de lo que creía.

  • Enlazado al Beta   45

    Jules y Blaren respiraron agitados en el borde del peñasco. Estaban agotados y no paraban de llegar personas. Después que la puerta fuera abierta, ninguno de los presentes se esperaba que ellos hubieran salido de la jaula, así que el factor sorpresa fue definitivo para poder ganar algo de terreno.Ambos estaban con el pelaje cubierto de sangre de sus agresores y sus mandíbulas dolían por el esfuerzo de atacar sus cuellos. Para Jules que nunca había matado a persona alguna, le resultó repulsivo al principio, pero era matar o dejarse agarrar.Robert salió de entre el grupo de personas que los rodeaban.–Hijo mío, no hagas esto más complicado de lo que es ya. Vuelve conmigo–le habló como un padre cariñoso le hablaría a su niño pequeño.Jules solo sacó más los dientes y colmillos, el pelo de su lomo se erizó. Aquel monstruo tenía la desfachatez de pedirle aquello como si lo que hiciera fuera una buena acción. Lo vio dar otro paso hacia ellos y ambos gruñeran aún más fuerte. Detrás de Rob

  • Enlazado al Beta   44

    –¡Jules! ¡Jules! –la voz conocida resonaba en su mente, diferente a la de su lobo. Esta vez las imágenes eran tan difusas que apenas eran visibles.–¿Por qué ocurre esto? –el joven se incorporó lentamente frotándose la sien con fuerza, intentando alejar las pesadillas en su cerebro, sin embargo, estas se resistieron y continuaron avasallándolo.Después de verse a sí mismo sin ningún cambio, todo se puso borroso. Aun así, pudo distinguir con dificultad y en medio de mucho ruido, la silueta de un chico menudo que rompía el cristal de la cápsula donde él estaba atrapado, y después… mucha, mucha luz.Jules se cubrió sus ojos y de nuevo escuchó esa voz.–Debes sobrevivir. No debes caer en manos de nadie –le repetía con desesperación y prisa. Lo escuchó mientras todo se volvía oscuro y en la bruma de sus recuerdos aparecía el orfanato. Había despertado en el medio de un jardín ajeno sin ropas que lo cubrieran decentemente y sin memoria.–¿Qué pasó? –le preguntó con desazón a su compañero d

  • Enlazado al Beta   43

    Un grito de dolor se contenía en los labios de Jules mientras numerosas agujas se enterraban en su piel. Las gruesas correas de piel la ataban a la mesa lastimando sus heridas apenas cerradas y a cada intento de convertirse, buscando liberarse, la presión en su cuello lo sofocaba cada vez más.¿Dónde estaba su compañero? ¿Acaso no le había prometido cuidarlo? ¿Por qué no estaba a su lado? Los momentos eternos en aquella celda, fría y húmeda solo le hacían extrañar el calor de sus brazos cuando la rodeaban. Si él no hubiera sido tan testarudo y se hubiera dejado conquistar más fácil; hubiera aprovechado el poco tiempo que estuvieron juntos.Una lágrima corrió a lo largo de su mejilla. Podría morir en aquel lugar, rodeado de personas que apenas conocía y Darren solo lo sabría por su vínculo. Había tenido que caer en aquella situación para percatarse de cuánto él lo valoraba, aun después que él se había molestado con él por parecer un chicle pegado a su cuerpo.Apretó sus puños. No querí

  • Enlazado al Beta   42

    Jules tembló de miedo, de impotencia y de culpa.Retrocedió hasta tropezar con las oscuras frías paredes. No podía llamarlo, su olor había cambiado y más que atraerlo, lo hacía estremecer.No sabía que le habían inyectado, pero lo que fuera, la intención era que la tomara en contra de su voluntad. Y Blaren podía ser idéntico a su hermano gemelo, pero no era su compañero, aquél persona que podía sentirlo incluso cuando no quería, y que por primera vez ansió tanto que estuviera a su lado.Se abrazó el cuerpo como protegiéndose aun cuando eso le causó dolor en las heridas, que no entendía porque no acababan de cerrar. Normalmente no era problema, pero ahora parecían tan tiernas como cuando se las hicieron.El lobo se mantuvo quieto por unos segundos, las uñas y sus colmillos se habían hecho presente aun sin perder su aspecto humano, una hilera de saliva bajaba por el costado de su labio y el ceño fruncido le daba un aspecto más intimidante. Pero aquellos ojos, que lo miraban fijamente,

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