FAZER LOGINMuchas gracias por leer esta historia. Les invito a leer mi otra historia "Atentamente, tu ex esposa" que ya se encuentra disponible en esta plataforma. Espero les guste <3
La música vibraba como el latido de un corazón desesperado. Las luces de neón cortaban la oscuridad en tonos de púrpura y azul, creando una atmósfera que debería ser de diversión pero que en cambio se sentía como una cuenta regresiva hacia la explosión. Rebecca estaba en el bar con Marisa, intentando beber, intentando olvidar, intentando no pensar en las manos vacías que alguna vez sostuvieron las suyas.—¡Dale, cariño! —gritó Marisa cerca de su oído, empujándola suavemente hacia la pista de baile—. ¡Sonríe como la Rebecca que conozco!Rebecca obligó su rostro a formar una sonrisa. Se había puesto un vestido color esmeralda que resaltaba su piel, el cabello le caía ondulado sobre los hombros. Se había preparado como si pudiera verse a sí misma en el espejo de hace tres meses, cuando Luciano todavía la miraba como si fuera lo más hermoso del universo. Cuando aún existía "ellos".Mientras bailaba, un hombre se acercó. Guapo, confiado, con una copa en la mano y una sonrisa que ni siquie
La mansión se sentía más fría que nunca. Rebecca bajó las escaleras con una taza de café en la mano, esperando encontrar a Luciano en el comedor como todas las mañanas. Pero la sala estaba vacía. Completamente vacía.Se quedó observando la mesa donde solían desayunar juntos, ese espacio que había aprendido a valorar durante los últimos meses. El pan tostado se enfriaba en un plato. Las flores que él siempre le traía ya no estaban.—¿Señorita? —preguntó Georgina, la empleada doméstica, apareciendo por la puerta de la cocina—. ¿Desayuna algo?—No. Gracias.Georgina desapareció, pero Rebecca seguía ahí, de pie, sola. Se preguntó dónde estaba Luciano. No lo había visto. Fue a la habitación en la que a veces dormía cuando tenía mucho trabajo y no quería despertarla. Estaba vacía. Su cama, impecable. Sin dormir.Subió nuevamente las escaleras y se dirigió a su habitación. Cerró la puerta y se sentó en la cama, sintiéndose extraña. Luciano había estado distinto desde hace unos días. Desde es
La mansión estaba sumida en la oscuridad. Luciano se había quedado en la puerta de la habitación durante casi una hora, observando a Rebecca dormir. Las palabras de Max no dejaban de resonar en su mente como veneno."Yo lo arreglé todo, amigo. Todo. Cada encuentro, cada oportunidad. Incluso su salvadora carrera hacia ti. Ese viaje de vacaciones, esa isla, esa conexión que creyeron que era destino... fui yo orquestando cada movimiento."¿Podía confiar en ella? ¿En quién podía confiar?Luciano bajó las escaleras en silencio absoluto. Su teléfono vibró. Era un mensaje de Velán: "Esperando órdenes, señor."Diez minutos después, Velán estaba en su despacho privado. La mujer entró con su habitual profesionalismo, pero Luciano notó la curiosidad en sus ojos. Él no le había permitido verlo desde que regresó de la reunión con Max.—Velán. Necesito que investigues algo. Sin que nadie en la organización lo sepa.—Claro, señor. ¿Qué necesita?—El viaje a Hawaii. El que Rebecca tomó hace tres mese
El estacionamiento subterráneo estaba vacío. Las luces parpadentes del lugar proyectaban sombras alargadas que se movían lentamente sobre los muros de concreto gris. Luciano había recibido el mensaje hacía apenas una hora. Un lugar neutral. Una reunión privada. Las palabras estaban cuidadosamente elegidas, como si quien las escribía disfrutara del suspenso que creaban.Luciano aparcó su coche negro a un lado, apartándose de donde estaban los otros vehículos. Su instinto de supervivencia estaba activado, cada fibra de su ser en alerta máxima. Bajó del auto sin prisa, sus guantes blancos reluciendo bajo la luz artificial. Vio a Max recostado contra una columna de concreto, vestido impecablemente como siempre, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.—Luciano, qué bueno que hayas venido —saludó Max, acercándose con las manos en los bolsillos—. Temí que rechazaras mi invitación.—¿Qué quieres? —preguntó Luciano directamente, sin preámbulos. No tenía tiempo para juegos. Su corazón estaba
Maxwell Belluci era el único heredero de la familia Belluci. El legado había desaparecido casi por completo en uno de los enfrentamientos más fuertes que había tenido lugar años atrás entre varias familias de la mafia. Sus padres, hermanos, tíos y cada uno de sus parientes, habían muerto en aquel suceso que marcó su vida. Al quedarse solo, Joseph Lombardo decidió tomar la responsabilidad de hacerse cargo de él. La familia del niño siempre había sido muy leal a Joseph, por lo que este sintió que debía cuidarlo. Además, su nieto Luciano tenía la misma edad que él, así que pensó que sería bueno para ambos convivir juntos, después de todo, dentro de su bando, eran los únicos niños y no era fácil crecer rodeados de adultos en un mundo lleno de armas, sangre, negocios sucios y enfrentamientos. Luciano y Max se hicieron amigos rápidamente. La intuición de Joseph había acertado una vez más. Ambos crecieron para volverse prácticamente hermanos. Desde sus aventuras amorosas hasta su
Velan entró en la oficina de Luciano. Él la había mandado a llamar y ella sabía muy bien por qué. Aquella conversación que había tenido con Rebecca, no se la iba a perdonar. Respiró profundo antes de enfrentarse a su amado. Lo encontró sentado en el escritorio mostrando un rostro serio. Usaba sus característicos guantes blancos y eso era una mala señal para ella, pues quería decir que no se enfrentaría al Luciano que era su amante, sino al Dr. D que era el jefe de la mafia. – No te sientes –ordenó en cuanto llegó hasta su escritorio–. Quédate de pie. Nuestra reunión no será aquí –ella tragó duro. – Señor… – Has intentado traicionarme –la interrumpió molesto. – No señor, jamás haría algo así. – Quisiste revelarle mi identidad a Rebecca –ella respiró profundo, pero hizo silencio– pensé que podía confiar en ti. – Si puede confiar en mí, se lo he demostrado –los labios comenzaban a temblarle. – Después de esto, no sé si podré volver a hacerlo. – No fue mi intención ofenderlo señor







