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CAPITULO 30

Autor: Mariela
last update Fecha de publicación: 2025-10-04 21:36:09

Volví a sentarme en la encimera con una taza de café recién hecho, en la misma cocina donde Lara se había retirado hace rato. El silencio empezaba a parecerme sospechoso. Demasiado silencio para una casa donde vivía yo.

Fue entonces cuando escuché el sonido. Ese abrir y cerrar de puerta suave, preciso. Sin apuro, pero con esa clase de firmeza que solo él tenía. Mis dedos rodearon la taza con algo que no era impaciencia, pero sí curiosidad disfrazada de desinterés. No tardó en aparecer por la pu
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Último capítulo

  • Entre el poder y el caos   EPÍLOGO

    Narrado por Bianca-4 Años más tarde- Hoy cumplió cuatro años.Corre por la casa como si el suelo no existiera y todo fuera aire. Tiene los ojos de su padre, el sarcasmo de Viktor, la paciencia… bueno, de alguien que claramente no soy yo. Frunce el ceño igual que Lara, ordena los juguetes por tamaño como hace Pavel con sus libros, y contesta con ironía cuando algo no le cuadra. Lo educamos entre todos. Es imposible que no se le pegara algo de cada uno.Se llama Luca.Eligió su propio nombre. Bueno, no literalmente, pero lo supimos apenas lo dijimos en voz alta. Era él.Nikolay lo mira como si aún no pudiera creer que existe. A veces lo toma en brazos y le habla en ruso, despacio, bajito. Son cosas que yo no entiendo, pero Luca escucha como si su papá le estuviera contando los secretos del universo. Como si no cupiera duda de que él puede con todo.Viktor desayuna con él cada mañana. Siempre malhumorado, siempre exagerando, pero nunca falta. Le cocina cosas imposibles “para desarrolla

  • Entre el poder y el caos   CAPITULO 51

    No hay ruido más poderoso que el de una puerta al abrirse cuando pensabas que nadie volvería a cruzarla.Nadie dijo nada cuando entramos. El tiempo se detuvo. Fue como si todo el aire de la casa se contuviera, expectante.Lara fue la primera en verlo.La bandeja que llevaba en las manos cayó al suelo, y el estruendo del metal contra las baldosas me sacudió el pecho. Se quedó ahí, inmóvil, con la boca entreabierta, como si no pudiera creer lo que sus ojos veían.—¿Nikolay? —dijo, en un susurro.Él no respondió solo la miró, pero no con culpa, con cansancio. Con todo el peso de los días en los que respiró sin saber si volvería a hacerlo entre nosotros.Lara fue hacia él. Lo abrazó. Y luego, como buena "hermana adoptiva", le dio un golpe en el pecho.—Idiota —murmuró, con lágrimas en los ojos.Pavel apareció detrás, más pálido de lo normal, sin decir una palabra. Caminó hasta él, lo rodeó con los brazos y lo sostuvo por unos segundos. Fue silencioso, breve y brutalmente honesto.Viktor t

  • Entre el poder y el caos   CAPITULO 50

    Narrado por BiancaEl silencio aquí es distinto. No es tenso, ni cargado. Es… limpio y suave. El tipo de silencio que parece querer envolverte en vez de asfixiarte.A veces lo odio.Tavira es bonita. Pequeña y cálida. El tipo de lugar donde nadie hace demasiadas preguntas, donde las tardes se estiran como si tuvieran pereza de acabarse, y donde el mar parece decirte que todo va a estar bien… incluso cuando sabes que no lo está.Llevamos un mes aquí. Un mes desde que llegaron los pasaportes, las llaves del coche, los documentos, las nuevas identidades.Un mes desde que Nikolay no volvió.No hubo carta, no hubo llamada ni tampoco hubo cuerpo.Solo la entrega puntual de lo prometido… y un silencio que pesa más que cualquier balazo.---La casa es blanca, de una sola planta, con ventanas azules que dan al mar y una terraza amplia donde Lara insiste en poner flores que no sobrevivirán al viento salado.Viktor duerme en la habitación más alejada, dice que es para "no molestar al bebé con su

  • Entre el poder y el caos   CAPITULO 49

    Narrado por NikolayNunca fui de los que miran atrás. No porque no me importara lo que dejaba, sino porque aprendí que la nostalgia es un lujo que los hombres como yo no pueden permitirse.Pero esta vez, mientras el coche se alejaba del terreno que protegía mi casa —nuestra casa—, no pude evitar mirar por el espejo retrovisor.Ni una silueta, ni una luz encendida. Solo la oscuridad y el eco de la promesa que dejé escrita sobre la almohada de la única mujer que ha logrado desmontarme sin tocarme el arma.Confía en mí. Vuelvo pronto.Una mentira piadosa. Una esperanza brutal.---La ciudad a la que llegué era tan anónima como lo pedía el protocolo. Aeropuerto privado, coche alquilado a nombre de un muerto con documentos impecables, un hotel sin cámaras, sin recepcionista, sin preguntas.Me esperaban en una habitación del séptimo piso. Dos hombres armados, rostros cubiertos por la sombra, y un tercero que no necesitaba presentación.Andrei Lebedev.El tipo que solía limpiar los rastros q

  • Entre el poder y el caos   CAPITULO 48

    —¿Sabes que podrías vivir con cinco camisetas? —pregunté, viendo a Viktor sacar otra montaña de ropa del armario.—No si quiero seguir siendo el más atractivo del grupo —respondió, sin vergüenza.—Nadie compite por ese puesto —murmuró Lara, pasando con una cesta de ropa limpia.—Ouch.La casa bullía con vida. Era uno de esos días en los que el sol entraba por las ventanas y todo parecía… bien. Hasta los perros callejeros que a veces se colaban en el jardín parecían felices. Yo también lo estaba, o al menos, lo intentaba.Pero algo en Nikolay no lo estaba. Lo vi en su forma de caminar, en los silencios más largos de lo normal, en cómo hojeaba los documentos sin realmente leerlos.Y lo confirmé cuando lo vi en el patio hablando con un hombre que no conocía.Estaba de traje. No uno cualquiera, sino uno que no encajaba con el entorno rural. Y aunque su postura era relajada, su mirada era demasiado aguda para pasar por simple curiosidad.Cuando me acerqué, Nikolay ya lo despedía con un apr

  • Entre el poder y el caos   CAPITULO 47

    4 meses más tarde—Ese es demasiado rosa —dije, señalando el body con volantes que Lara sostenía como si fuera una obra de arte.—¡Pero es adorable! —replicó, indignada—. Tiene orejitas.—Justamente, ¿Orejitas? No estamos comprando un disfraz de conejo, Lara.—Bianca, esto es ropa de bebé. No hay forma digna de salir de esta tienda —suspiró, colgando la prenda de vuelta mientras yo reía.Llevábamos media hora dando vueltas por aquella boutique pequeña del pueblo, una de esas con decoración minimalista, música suave y precios que daban miedo. Pero el sol entraba por el escaparate con esa calidez de primavera y, por una vez, no nos sentíamos fuera de lugar.Yo no sabía si estaba eligiendo ropa o buscando algo que me hiciera sentir preparada. Nada parecía suficiente, todo me parecía demasiado frágil.—¿Y este? —preguntó Lara, mostrándome un conjunto blanco con dibujos de osos diminutos.Lo tomé entre las manos. Era suave, pequeño, real.—Sí… este sí.Ella sonrió, satisfecha, y seguimos r

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