Un año para DIVORCIARNOS

Un año para DIVORCIARNOS

last updateÚltima actualización : 2026-08-26
Por:  Francis WilActualizado ahora
Idioma: Spanish
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2 calificaciones. 2 reseñas
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SINOPSIS Diana Aresti aprendió hace mucho que algunas decisiones no se toman por amor, sino por supervivencia. Cuando su rancho estuvo a punto de desaparecer, aceptó un acuerdo tan extraño como peligroso: casarse con Akim Karsavin, un ruso enigmático que apareció medio muerto en sus tierras y que parecía cargar demasiados secretos para un solo hombre. No hubo promesas. No hubo luna de miel. Ni siquiera hubo una vida juntos. Solo firmas, condiciones y la certeza de que aquel matrimonio tendría fecha de caducidad. Después, Akim desapareció. Diana siguió con su vida convencida de que aquel hombre había quedado enterrado en el pasado, hasta que, 3 años más tarde, varios vehículos negros atraviesan las puertas de su propiedad y le recuerdan una verdad incómoda: "ELLA NUNCA DEJÓ DE SER LA SEÑORA KARSAVIN". Ahora, el mundo que creyó haber evitado viene a buscarla, y su esposo resulta ser mucho más peligroso, poderoso y difícil de ignorar de lo que imaginó. Diana quiere cerrar aquella historia. Akim, en cambio, todavía no ha terminado con ella. ¿Qué ocurre cuando el hombre del que quieres divorciarte decide que todavía no ha terminado contigo? ADVERTENCIA DE CONTENIDO Esta novela está dirigida a lectores mayores de 18 años. Contiene lenguaje adulto, escenas sexuales explícitas, violencia, relaciones de poder y situaciones relacionadas con el crimen organizado que podrían resultar sensibles para algunos lectores.

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Capítulo 1

Capítulo 1 —Quince días después

Capítulo 1 —Quince días después

Quince días después de encontrar a Akim Karsavin cubierto de sangre en sus tierras, Diana estaba sentada a su lado firmando un acta de matrimonio.

La idea seguía pareciéndole absurda incluso con la pluma entre los dedos.

El funcionario esperaba frente a ellos con la expresión neutra de quien había visto demasiadas parejas pasar por el mismo escritorio como para interesarse demasiado por una más. No había flores, familiares ni fotografías. Solo papeles, dos testigos elegidos por Akim y un acuerdo que ambos habían revisado hasta dejar muy poco librado al azar.

Akim firmó primero.

Lo hizo sin vacilar, inclinado apenas sobre el escritorio. Todavía no estaba completamente recuperado y Diana podía reconocerlo en detalles que probablemente los demás no percibían: la rigidez al cambiar de posición, la forma en que protegía el costado antes de incorporarse y aquella pausa breve que hacía cuando un movimiento le exigía demasiado.

Vestido con pantalón oscuro, camisa blanca y saco negro, resultaba difícil relacionarlo con el hombre ensangrentado que ella había arrastrado hasta una camioneta apenas dos semanas atrás.

El cabello rubio estaba perfectamente acomodado y la ropa escondía casi todos sus tatuajes. Una pequeña parte asomaba junto a la muñeca cuando le extendió la pluma.

—Su turno.

Diana la tomó y bajó la vista hacia el documento.

—Lo sé. Solo quiero asegurarme de no descubrir mañana que también le entregué una vaca, dos caballos y la mitad de la casa.

Una sombra de diversión cruzó por los ojos claros de Akim.

—Rancho es suyo. Todo.

No era una promesa improvisada. Estaba escrito.

La deuda que amenazaba con quitarle la propiedad ya había sido pagada por completo dos días antes. Diana había visto el comprobante, había hablado con el banco y había pedido confirmación más de una vez antes de permitirse creerlo. Ya nadie podía ejecutar sus tierras ni obligarla a considerar una oferta de compra.

A cambio, ella estaba allí.

Miró el espacio destinado a su firma.

Diana Aresti

Conservaría su apellido. Esa había sido una de sus condiciones, igual que mantener las cuentas separadas y dejar establecido que Akim no tendría ningún derecho sobre el rancho por haberse casado con ella.

—¿Se encuentra bien? —preguntó el funcionario, inclinándose ligeramente al notar que todavía no firmaba.

Diana levantó la vista.

—Perfectamente. Solo estoy leyendo una última vez.

El hombre sonrió con discreción.

—Puede tomarse el tiempo que necesite.

Akim no intervino. Diana se lo agradeció. No le recordó lo que había pagado ni señaló que ya había cumplido su parte antes de que ella cumpliera la suya. Simplemente esperó.

Eso había hecho durante toda la negociación.

Había ofrecido un trato, había respondido las preguntas que consideraba necesarias y había aceptado cada condición que protegiera la propiedad de Diana. Nunca intentó fingir que aquello era otra cosa.

Ella volvió a mirar su firma.

“Akim Karsavin”

Solo habían hecho falta quince días para pasar de creer que tenía un cadáver dentro de su propiedad a sentarse junto a ese hombre mientras el Estado los convertía en marido y mujer.

Soltó el aire despacio y firmó.

El funcionario revisó ambas firmas y continuó con el procedimiento. Los testigos ocuparon su lugar cuando correspondía, firmaron y volvieron a apartarse. Ninguno sonrió ni hizo comentarios. Todo era tan frío y administrativo como Diana había querido que fuera.

Podía manejar un contrato.

Lo que no necesitaba era gente fingiendo que aquello era una boda.

—Con las formalidades cumplidas y las declaraciones realizadas por ambas partes, el matrimonio queda legalmente registrado desde este momento —anunció finalmente el funcionario.

La frase fue sencilla, pero Diana sintió una presión extraña en el pecho.

El hombre continuó explicando detalles sobre la documentación. Ella escuchó lo suficiente para asentir cuando correspondía y recibió su copia cuando se la entregaron.

—Felicitaciones.

—Gracias.

Akim inclinó la cabeza.

—Gracias.

No hubo beso, abrazo, ni manos entrelazadas.

El funcionario pareció registrar la ausencia de cualquier gesto afectuoso, aunque tuvo la educación de no comentarlo. Guardó los documentos restantes y dio por terminado el trámite.

Diana se puso de pie.

Akim tardó apenas un segundo más. Apoyó una mano sobre la mesa y la tensión que le cruzó el rostro fue tan breve que cualquiera podía haberla pasado por alto.

Ella no.

—Todavía le duele.

Akim acomodó el saco antes de mirarla.

—Menos.

—Eso no significa que esté recuperado.

—Médico dice lo mismo.

Diana recogió la carpeta.

—Tal vez porque el médico y yo tenemos ojos.

La boca de Akim se curvó apenas.

—Ahora esposa también opina.

—No se acostumbre.

Él la observó durante un instante y abrió la puerta para dejarla pasar.

—No habrá tiempo.

Diana se detuvo en el pasillo y volvió la cabeza.

—¿Para qué?

Akim salió detrás de ella.

—Para acostumbrar.

La respuesta le recordó algo que, por un momento, el acta de matrimonio había conseguido volver extraño: aquella ceremonia no iniciaba una convivencia,la terminaba.

Salieron del edificio y caminaron hacia el estacionamiento. Los dos testigos se dirigieron hacia un vehículo negro. Diana había llegado en su camioneta y Akim partiría con sus hombres.

No regresarían juntos al rancho.

Eso también estaba decidido.

Diana dejó la carpeta sobre el asiento de su vehículo y cerró la puerta sin subir todavía.

—Hace quince días pensé que estaba muerto.

Akim se quedó frente a ella.

—Yo también.

Diana arqueó las cejas, sorprendida.

—No esperaba que lo admitiera con tanta tranquilidad.

—No recuerdo mucho.

Ella sí. La sangre sobre la tierra, el peso casi imposible de mover, el arma escondida, el dinero dentro de su chaqueta y aquella voz rota negándose a ir a un hospital.

—Supongo que ninguno imaginó terminar aquí.

Akim miró brevemente hacia el edificio del registro civil.

—No.

La respuesta fue tan simple que Diana sonrió.

—Por una vez estamos completamente de acuerdo.

El silencio que siguió no resultó incómodo. No tenían nada que despedir porque nunca habían construido realmente algo juntos.

Akim señaló la carpeta dentro de la camioneta.

—Banco ya confirmó.

—Tres veces. Creo que la mujer terminó odiándome, pero necesitaba escuchar que la deuda estaba cancelada.

—Está pagada completa.

Diana asintió. Todavía le costaba pronunciar aquella realidad sin sentir que algo podía cambiar de repente.

—Lo sé, cumplió exactamente lo que prometió.

Akim sostuvo su mirada.

—Usted también.

Era verdad. Ya estaban casados.

El resto del acuerdo era bastante sencillo: mientras Akim necesitara el matrimonio para consolidar su permanencia legal en el país, seguirían casados. Cuando pudiera permanecer sin depender de ella, sus abogados iniciarían el divorcio.

Diana no tendría que perseguirlo ni buscarlo.

—Entonces supongo que aquí nos separamos.

—Sí.

—¿Tiene idea de cuánto tiempo tardará lo suyo?

Akim negó ligeramente.

—No exacto. Cuando pueda quedarme solo, abogados contactan con usted. Envían petición de divorcio al rancho.

—Perfecto.

Diana apoyó una mano sobre la puerta de la camioneta.

Akim la observó unos segundos antes de hablar.

—No volveremos a vernos.

Ella no supo si lo decía para tranquilizarla o simplemente porque esa era la lógica del trato.

—Eso espero.

No hubo crueldad en la respuesta. Apenas sinceridad.

Akim pareció comprenderlo así.

—Mejor para los dos.

Diana sonrió ligeramente.

—Sobre todo para mí. La última vez que apareció en mi vida tuve que levantarlo del suelo y llamar primero a un veterinario.

Una risa baja salió de Akim antes de que pudiera contenerla.

—No planeo repetir.

—Le agradecería que cumpliera también esa promesa.

Uno de los hombres de Akim se acercó, pero se detuvo a cierta distancia al notar que todavía hablaban.

Diana abrió la puerta.

—Supongo que debería decirle que tenga una buena vida.

Akim la miró con aquella expresión difícil de leer que había aprendido a reconocer durante los días de recuperación en el rancho.

—Usted también, Diana.

Ella subió a la camioneta.

Antes de cerrar, Akim apoyó una mano sobre el borde de la puerta.

—Una cosa.

Diana esperó.

—Si tiene problema con rancho, llame al número de abogado.

Ella negó despacio.

—La deuda está pagada. El resto es mío.

Akim retiró la mano.

—Como quiera.

No insistió. Eso le gustó.

Diana puso el motor en marcha. Por el espejo vio a Akim caminar hacia el vehículo negro con la misma cautela que intentaba disimular desde que salieron del edificio.

No sintió tristeza. Tampoco alivio completo.

Había salvado el rancho a cambio de una firma y acababa de despedirse del hombre que, legalmente, era su esposo.

Pronto sería apenas un nombre en unos documentos.

Y cuando los abogados de Akim consideraran que había llegado el momento, también dejaría de ser eso.

Diana tomó el camino hacia el rancho sin volver a mirar atrás.

Estaba convencida de que jamás volvería a ver al ruso Akim Karsavin.

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reseñas

Pecas
Pecas
Iniciando otra maravillosa historia de Francis :D ☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
2026-09-01 22:57:59
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0
Yayi
Yayi
Excelente, agregada
2026-09-01 22:49:13
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6 Capítulos
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