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Capitulo 51

Autor: Luna
last update Data de publicação: 2026-06-01 23:18:35

Mía Lombardi

​La luz de la mañana en Nueva York se filtraba a través de los ventanales del penthouse, bañando la habitación en un tono dorado que, por un momento, me hizo creer que la paz era posible. Me desperté sintiendo el peso reconfortante del brazo de Alan rodeando mi cintura. Me quedé inmóvil, escuchando su respiración acompasada, disfrutando de ese pequeño oasis de calma antes de que el mundo exterior reclamara su cuota de caos.

​Hoy era el día. El plazo de veinticuatro horas que le hab
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Último capítulo

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo Extra Final

    Mía Lombardi​El sol de Connecticut tiene una forma distinta de acariciar la piel. Aquí, lejos del hormigón asfixiante de Manhattan y del eco metálico de los rascacielos, la luz parece filtrarse a través de un tamiz de pureza. Han pasado tres años desde que el mundo que conocía se redujo a cenizas y, sin embargo, mientras permanezco de pie en el porche de madera blanca de nuestra casa en Greenwich, siento que he vivido toda una vida en este pequeño rastro de tiempo.​Nuestra casa no es una mansión de diseño frío y mármol hostil como la que compartí con Oliver, ni una fortaleza de cristal como el penthouse. Es una construcción de estilo colonial, de paredes color crema y grandes ventanales que invitan a la naturaleza a formar parte de nuestra intimidad. Aquí, el aire huele a pino, a tierra mojada después de la lluvia y, sobre todo, a paz.​Observo hacia el patio, ese patio inmenso que Alan prometió la noche en que le confesé mi embarazo. Esmeralda, vibrante y lleno de vida, el césped s

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo Extra

    Mía Lombardi​La noche había caído sobre Nueva York, y con ella, una sensación de irrealidad que me envolvía como una segunda piel. Después de que Sofía me dejara en la entrada del edificio, el trayecto en el ascensor hacia el penthouse se sintió eterno. En mi bolso, guardada como si fuera el tesoro más frágil del mundo, estaba la prueba de embarazo. Mis manos no dejaban de temblar y sentía un hormigueo constante en la boca del estómago que no tenía nada que ver con las náuseas y todo que ver con la anticipación.​Alan debería haber llegado hace poco de su viaje al extranjero. Había pasado tres días en Londres cerrando una de las adquisiciones más grandes del año, y aunque hablábamos cada noche, sentir el vacío de su lado de la cama me había recordado cuánto dependía ahora de su presencia para sentirme completa.​Cuando las puertas del ascensor se abrieron, el aroma familiar de nuestro hogar me recibió: una mezcla de sándalo, flores frescas y ese toque de café caro que Alan siempre de

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo 54

    Mía Lombardi​Habían pasado cinco meses desde que el estruendo de los disparos en la mansión Miller fue reemplazado por el silencio de la reconstrucción. Mi vida con Alan se había convertido en un refugio de paz que, a veces, todavía me costaba procesar. Vivíamos en una rutina de complicidad, de cenas tranquilas y de planes para un futuro que ya no sentía como una amenaza. Sin embargo, en las últimas dos semanas, algo en mi cuerpo había empezado a susurrar un lenguaje que yo no lograba descifrar.​Esa noche, Alan tenía una cena de negocios ineludible con inversores extranjeros, así que Sofía decidió que era el momento perfecto para una "noche de chicas". Habíamos planeado ir a ese nuevo restaurante de comida fusión en el SoHo y luego tomar una copa en una terraza frente al río.​—Mía, ¿estás segura de que quieres el tartar de atún? —preguntó Sofía, mirándome con una ceja arqueada mientras revisaba la carta.​—Sí, ¿por qué no? —respondí, pero en cuanto mencioné el pescado crudo, una ol

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo 53

    Mía Lombardi​El cielo de Nueva York se había teñido de un gris plomizo, como si la ciudad misma guardara un luto silencioso por las tragedias que ocurren tras las puertas de sus mansiones de cristal. El viento soplaba con una fuerza gélida en el cementerio de Westchester, agitando los bordes de mi abrigo negro. El silencio solo era interrumpido por el sonido rítmico de la tierra golpeando la madera del ataúd de .​cada palada de tierra se sentía como un clavo cerrando una puerta en mi pecho. Alan estaba a mi lado, inamovible, una presencia sólida que me anclaba al suelo para que no me desvaneciera. Su mano apretaba la mía con una fuerza protectora, y aunque no decía nada, sentía su mirada vigilante sobre mí, analizando cada uno de mis gestos, temiendo que el shock en el que había estado sumergida estos últimos días finalmente me rompiera.​Observé el ataúd desaparecer bajo la tierra fría. Oliver. El hombre que me traicionó por la ambición de mi hermana, pero también el hombre que, en

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo 52

    Alan Lombardi​En el momento en que la pantalla de mi teléfono se fue a negro después de ver el rostro ensangrentado de Mía, sentí que algo dentro de mi pecho se fracturaba de forma permanente. No era solo rabia; era una oscuridad antigua, una fuerza destructiva que había intentado mantener a raya desde que conocí a Mía, pero que ahora reclamaba su lugar. Mi mano temblaba con una intensidad violenta mientras arrojaba el dispositivo sobre el asiento del copiloto.​—¡Acelera, maldita sea! —le grité a mi chofer, aunque el coche ya volaba a más de ciento sesenta kilómetros por hora por las avenidas de Manhattan.​Llamé a la central de policía, usando mis contactos directos con el comisionado. No podía permitir que una patrulla estándar llegara con sirenas encendidas y provocara un gatillo fácil en los dedos temblorosos de Mariana.​—Escúcheme bien, Comisionado —dije, mi voz sonando como el roce de dos lápidas—. Mi padre y Mariana Miller tienen a mi esposa en la mansión Miller. No quiero u

  • Entre mi dignidad y la lujuria    Capitulo 51

    Mía Lombardi​La luz de la mañana en Nueva York se filtraba a través de los ventanales del penthouse, bañando la habitación en un tono dorado que, por un momento, me hizo creer que la paz era posible. Me desperté sintiendo el peso reconfortante del brazo de Alan rodeando mi cintura. Me quedé inmóvil, escuchando su respiración acompasada, disfrutando de ese pequeño oasis de calma antes de que el mundo exterior reclamara su cuota de caos.​Hoy era el día. El plazo de veinticuatro horas que le había dado a Mariana terminaba hoy, y yo no pensaba retroceder ni un milímetro.​Me levanté con cuidado de no despertarlo, pero en cuanto mis pies tocaron el suelo, escuché su voz profunda, todavía ronca por el sueño.​—¿A dónde vas tan temprano, nena? —Alan se incorporó, apoyándose en sus codos, con el cabello revuelto y esa mirada protectora que nunca lo abandonaba.​—Tengo una cita con el pasado, Alan —dije, acercándome a la cama para darle un beso rápido—. El abogado me espera a las diez en la

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