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CAPÍTULO 5 El reflejo que no se puede romper

Autor: Alicia Books
last update Fecha de publicación: 2026-05-01 01:21:09

Había pasado una semana desde la primera sesión con Agustín Leone y aun así, Eva Beltrán sentía que algo seguía fuera de lugar.

No era un pensamiento ni una imagen concreta. Era una incomodidad de esas que se instalan en el cuerpo y recién después buscan un nombre en la cabeza. Como una astilla bajo la piel: imposible de ignorar. Ese beso seguía en su mente y ella no podía dejar de recordarlo.

Agustín se sentó frente a ella con la misma postura de la semana anterior. Correcto. Educado. Las manos apoyadas sobre las piernas, la espalda recta, la mirada atenta, como si estuviera decidido a hacer todo “bien”.

—Estuve más en casa —dijo—. Pedí unos días en el trabajo. Quiero que Vanessa sepa que puede contar conmigo.

Eva asintió con un gesto profesional y tomó una nota que no necesitaba tomar.

—¿Y ella? —preguntó—. ¿Cómo responde a eso?

Agustín dudó apenas.

—Dice que está cansada. Que tiene mucho trabajo. Vive de viaje,ahora es ella.

Eva revivió su vida los últimos años.

Viajes.

Reuniones.

Cansancio.

No fue solo un recuerdo.Sintió una sensación de nerviosismo: el peso del teléfono en la mano, una imagen fuera de foco.

Un número desconocido y una foto que no necesitó explicación.

Hernán entrando a un hotel con una mujer. La mano de él apoyada en su espalda. La cercanía indebida. La confianza rota. Nada explícito y aun así, todo dicho.

Lo había esperado despierta .No le hizo escándalo .Le mostró la imagen y preguntó con una calma casi clínica, como si estuviera frente a un paciente y no frente al hombre con el que llevaba diez años de matrimonio.

—¿Esto qué es?

Hernán no se alteró. Sonrió apenas. Ese gesto que siempre la había desarmado, que durante años ella había confundido con seguridad.

—Es un montaje —dijo—. Fui a cenar ahí, sí.Solo la ayudé, se le había roto un tacón. No hice nada…Nos quieren separar, Eva. No lo permitas.

Y ella cayó de nuevo y él la besó.

Y ella, cansada, herida, deseando creer, le creyó de nuevo.

Hicieron el amor.

Pero cuando él se durmió, Eva apoyó la cara en su pecho y sintió. Un perfume que no era el suyo.

Se levantó en silencio, fue al baño y se miró al espejo sin reconocerse. El asco no fue solo por él. Fue por ella. Por haberse negado a creer una verdad que ya sabía. Por haber elegido,una vez más, no ver.

Esa fue la última noche en que Hernán Del Valle la tocó.

Eva volvió al presente con una respiración más profunda.

Agustín seguía frente a ella, esperando una respuesta que no podía darle.

Quería decirle que no fuera tonto.

Que no insistiera.

Que no se quedara atrapado en una historia que lo estaba destruyendo lentamente.

Que ella misma la psicóloga experta en terapias de parejas ,lo había vivido así mismo.

Quería salvarlo.

Pero no podía.

No sin traicionar la ética que sostenía su profesión.

No sin poner en riesgo su trabajo.

No sin arriesgar el único sostén que tenían sus hijos por ahora.

—Vamos a seguir trabajando en esto —dijo finalmente, enderezando la espalda, recuperando el tono y la distancia necesaria—. Pero necesito que empieces a pensar también en ti.

Agustín asintió, agradecido, sin saber que esa frase había sido, años atrás, el principio del final para ella.

—¿Te sentís acompañado en ese esfuerzo? —preguntó Eva con cuidado.

Agustín negó despacio.

—No —admitió—. Pero sigo pensando que si aguanto un poco más…

No terminó la frase.

Eva lo miró con una atención que ya no era solo clínica.

Había visto esa fe cansada antes.

Ella la había dicho tantas veces para no perder su matrimonio.

—A veces insistir no es amar —dijo—. A veces es no querer aceptar que algo en la relación ya cambió.

Agustín bajó la mirada.

—No quiero fallar —dijo—. Como esposo y como padre.

Eva cerró el cuaderno con suavidad.

—Fallarse a uno mismo también es perder.

Él asintió, como si esa idea recién empezará a encontrar su lugar.

Cuando la sesión estaba por terminar, Agustín sacó el celular.

—Te quiero mostrar algo — dijo .—Asi conoces a mi familia.

Eva se inclinó apenas hacia adelante. Vio primero a una adolescente sonriendo. Luego a un chico más grande y serio, con la misma mirada del padre.

—Emma y Nahuel —explicó—. Son todo para mí.

Deslizó la pantalla una vez más.

—Y ella… mi esposa. Vanessa Ríos.

Eva reconoció ese rostro de inmediato.

Esa mujer había llorado en ese mismo sillón.

Había hablado de soledad , de sentirse atrapada en un matrimonio sin amor.

Y de que estaba teniendo una relación con un hombre casado.

Ella le era infiel a su marido.

Esa misma mujer fue su paciente hace un año atrás más o menos.

Eva sostuvo el teléfono apenas un segundo más de lo necesario antes de devolverlo.

—Tus hijos son hermosos —dijo, con una calma trabajada.

Agustín sonrió, sin notar nada.

—A veces siento que salgo de acá un poco más liviano —agregó—. Como si pudiera respirar mejor.

Eva lo acompañó hasta la puerta.Todavía no habían hablado de cómo su tarjeta llegó a sus manos.

—Esta semana —le dijo—, intenta pensar en qué te hace bien a ti.

No solo en estar para los demás.

Cuando se quedó sola, apoyó la espalda contra la pared del consultorio y cerró los ojos.

Sabía demasiado y no podía decir nada.

Ahora ¿que hago?¿cómo sigo ayudándolo a salvar su matrimonio?.

Si yo conozco con lujos de detalle,lo que su esposa le hace a él y lo que piensa de su matrimonio.

Agustín no podía ser su paciente.Ahora estaba segura que no podía seguir siendo su psicóloga.

Eva está en frente a un Espejo Roto donde En el ví mi reflejo.

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Comentarios (2)
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Dani
Está muy interesante
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Lila
Me gusta....
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