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Capítulo 4

last update publish date: 2026-06-02 00:05:26

Para Xavier, una caminata casual aparentemente significa atravesar el pasillo como una bala. Sus piernas se mueven como si estuviera compitiendo en una carrera de velocidad, mientras yo voy cargando montones de archivos que casi me cubren hasta la barbilla.

Me veo obligada a correr detrás de Xavier con una falda lápiz demasiado grande que logra hacerme parecer un pingüino en pánico cargando un botín robado.

—Mila, el documento de arriba —dice Xavier de repente mientras sigue avanzando a toda velocidad sin reducir el paso ni un poco.

—¿Cuál documento, señor?

—El informe de auditoría del segundo trimestre. Es un desastre porque la secretaria anterior era una espía. Su cerebro también era del tamaño de un guisante.

¿Una espía? Entonces, ¿qué es exactamente el hombre que tengo delante? ¿Algún tipo de agente secreto con dos ceros delante de su nombre?

Bajo un poco la pila de archivos para poder ver la ancha espalda de Xavier.

—¿Y qué se supone que debo hacer exactamente con este informe desastroso?

¿Quemarlo?, pienso con amargura.

—Haz un resumen ejecutivo. Encuentra dónde está la fuga de presupuesto. Tienes aproximadamente treinta minutos mientras se desarrolla la reunión —dice Xavier mientras me lanza una breve mirada por encima del hombro—. Ese tiempo suele estar lleno de conversaciones inútiles. Aprovéchalo.

Lo miro con incredulidad.

—Está bromeando, ¿verdad, señor?

—Tu salario es de diez mil dólares, señorita Ruiz. Demuéstrame que tu cerebro es tan impresionante como tu hermoso cabello.

Aprieto los dientes detrás de él.

¡Maldita sea! Este hombre realmente está exprimiendo hasta la última gota de mi cordura. ¿Mi padre de verdad quiere casarme con alguien tan despiadado como él?

¡Ni en un millón de años! ¡Preferiría entrar en un convento y mantenerme alejada para siempre de todas las tonterías mundanas!

—¿Entonces? ¿O preferirías pagarme diez veces esa cantidad? —pregunta Xavier con tono burlón.

—Considérelo hecho, señor —respondo mientras intento contener mi irritación.

El orgullo de ser una De Osma todavía corre por mis venas.

Muy bien, Xavier. ¿Quieres poner a prueba mi cerebro? ¡Veamos cuánta inteligencia se esconde detrás de este cabello caótico!

Dos guardias de seguridad abren las puertas dobles de la sala principal de juntas. En cuanto entro, la atmósfera se siente sofocante, cargada con una intensa aura de competencia, como una especie de liga de gladiadores.

Al final de la larga mesa ovalada, un hombre de mediana edad con una sonrisa arrogante observa nuestra llegada.

¿Quién es? ¿Otro de los secuaces diabólicos de mi nuevo jefe con una cola invisible?

—Xavier, sobrino mío... te estábamos esperando —dice el hombre.

Miro a Xavier antes de volver la vista hacia el hombre mayor.

Ah, así que es el tío de Xavier. Qué viejo demonio tan irritante.

De repente, más de una docena de pares de ojos se vuelven hacia mí. El ambiente corporativo silencioso se rompe inmediatamente con risitas burlonas.

—Xavier —interviene uno de los directores veteranos—. ¿Quién es la mujer que viene detrás de ti?

Xavier no responde de inmediato. Se sienta con tranquilidad y cruza los brazos sin llevar una sola nota en las manos.

Por supuesto.

Su esclava... quiero decir, su secretaria... es quien carga toda esta montaña de archivos.

—¿Ella? —Xavier me lanza una mirada fugaz—. Es mi nueva secretaria, Mila Ruiz.

—Sé que la empresa está pasando por una transición, pero... ¿también se ha deteriorado por completo tu gusto para contratar personal?

Su comentario provoca otra oleada de risas burlonas entre los demás directores.

—¿Una secretaria? ¿En serio? ¿La empresa está tan arruinada ahora? ¿Trajiste un árbol baniano aquí dentro? A este paso, la elegante imagen profesional de Pilar Solido perderá toda su sofisticación —continúa el director.

Miro a Xavier esperando que defienda la dignidad de su nueva secretaria, la misma que está cargando todos los documentos de la reunión por él.

Pero Xavier permanece completamente indiferente.

Simplemente se reclina en su silla con la expresión más plana imaginable.

Sin defensa.

Sin preocupación.

Mi nuevo jefe me ha dejado sola para soportar todo el peso de estas burlas.

Increíble.

Qué extraordinarias habilidades de liderazgo tiene.

—Basta. Continuemos con la reunión —dice el tío de Xavier, desviando la conversación.

—Adelante, siéntate, Árbol Baniano —vuelve a burlarse el director.

—Gracias por el cumplido, señor. Los árboles banianos son conocidos por su resistencia, protección y longevidad. Espero que su puesto en esta empresa también lo sea —respondo con una sonrisa seca.

El viejo director casi se atraganta con su propia saliva.

Mientras tanto, alcanzo a ver a Xavier aclararse discretamente la garganta, claramente intentando contener la risa.

Inmediatamente tomo asiento detrás de la silla de Xavier. Coloco la pila de documentos sobre la mesa, tomo la tableta y empiezo a trabajar a una velocidad increíble.

¿Ah, sí?

¿Piensan que solo soy un adorno?

¡Mi formación en administración de empresas solía ser una de las mejores de toda la universidad!

La reunión continúa entre interminables conversaciones vacías. Eso me da la oportunidad perfecta para analizar estratégicamente los caóticos datos de auditoría de Xavier.

Números inflados falsamente.

Operaciones fantasma.

Informes ficticios.

Todo salta a la vista de inmediato.

Esto es una locura.

¡No son simplemente datos desordenados!

¡Es un sabotaje organizado por alguna facción que intenta vaciar los activos de la empresa!

Exactamente treinta minutos después, terminé de reorganizar por completo aquel informe caótico.

Todo estaba perfectamente ordenado en un resumen ejecutivo dentro de mi tableta.

—Entonces, la conclusión ya es evidente. El informe financiero muestra una disminución del quince por ciento en las ganancias del sector manufacturero. Esto demuestra su incompetencia como CEO, Xavier. La junta tiene todo el derecho de exigir una reestructuración del cargo de director ejecutivo —anuncia en voz alta el tío de Xavier, con un tono cargado de triunfo forzado.

En ese momento, noto que la expresión de su tío cambia a algo depredador, como un lobo acorralando a su presa.

En realidad, no.

No son lobos.

Son hienas.

Justo en el segundo más crítico, me pongo de pie.

Y, de alguna manera, Xavier extiende la mano hacia mí de inmediato.

Le entrego rápidamente la tableta.

—¿Terminaste el resumen, Mila? —pregunta Xavier.

Asiento.

—Sí, señor.

—¿Y cuál es la conclusión?

Enderezo la espalda.

—Mis disculpas, caballeros. Pero parece que los datos que están utilizando como base para sus acusaciones... ya han sido manipulados. ¡Esto es claramente un fraude!

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