LOGINCon veinticinco semanas de embarazo, Julieta García descubrió la infidelidad de su esposo durante una revisión prenatal. Con el cuerpo hinchado por la gestación y un aspecto descuidado, sostenía con dificultad su vientre abultado, mientras la joven amante de su marido la llamaba esa mujer. Delante de todos, él la miraba con un desdén abierto Pero la primera vez que Julieta conoció a Héctor Gómez, ella también fue el centro de todas las miradas, admirada y rodeada de halagos. Convencido de que ella había logrado casarse con él gracias a esa relación, Héctor tomó la iniciativa de divorciarse. En ese instante, su corazón murió por completo. Desde los años universitarios hasta el mundo laboral, ocho años de amor silencioso y de entrega absoluta demostraron no valer nada. Tras dar a luz, Julieta firmó el acuerdo de divorcio y se marchó sin volver la vista atrás. *** Cinco años después. Ella se había convertido en una poderosa empresaria multimillonaria. Era deslumbrante, segura de sí misma, talentosa, y no le faltaban pretendientes. El mismo Héctor, que en su momento insistió en divorciarse, nunca llegó a recoger el certificado de divorcio. Julieta presentó entonces una demanda judicial. Héctor, que antes la despreciaba, empezó a aferrarse a ella y, frente a cada pretendiente que se le acercaba, respondía con una venganza implacable. Hasta que Julieta apareció del brazo de otro hombre y anunció su compromiso. Héctor la acorraló contra la pared, fuera de control, y le espetó con voz ronca: —¿Casarte con otro hombre? Ni lo sueñes.
View More—¡Mariana! —Carlos elevó el tono.Un sonido seco y claro resonó en el aire. El golpe fue contundente.Mariana se dio una bofetada a sí misma sin titubear. Luego alzó la vista y miró a Jairo:—Esta bofetada se la devuelvo a tu hermana. Si no te parece suficiente, puedo darme otra.El rostro de Jairo permaneció impasible. Se volvió hacia Carlos y dijo:—Déjalo así.—Vámonos.Jairo lanzó una mirada a Héctor.Héctor rodeó la cintura de Adriana con el brazo y se dispuso a marcharse.Mariana le entregó su bolso a Julieta y dijo:—¿No ibas a devolverle algo a Adriana?Julieta volvió en sí. Sacó del bolso la perla blanca y se acercó a Adriana.—Tu basura, que no quieres, no tengo por qué tirarla por ti. Mejor hazlo tú misma.Adriana la miró con frialdad, sin intención alguna de extender la mano.De pronto, Héctor tomó la perla.La palma de Julieta se tensó al instante.Al segundo siguiente, él la arrojó directamente al basurero, luego tomó a Adriana de la mano y se marchó con ella.Jairo miró
Mariana no mostró ningún miedo alguno.—Perfecto. Si quieres que pague un precio, no tengo forma de resistirme. Jairo debería estar hoy contigo, ¿no? Aprovecha y dile de paso que fui yo quien golpeó a Adriana. Si hay cuentas que saldar, que se salden todas juntas.Julieta miró a Mariana y, de pronto, se sintió profundamente cobarde. Ver a su propio esposo protegiendo a otra mujer... y ella ni siquiera tenía el valor de dar un paso al frente.Apretó los dedos y avanzó, alzando la mirada hacia Héctor.—Adriana fue quien intentó golpear primero. Mariana solo actuó en defensa propia.La mirada de Héctor cayó sobre Julieta y se volvió aún más fría.—Aquí no tienes derecho a hablar.En cuanto esas palabras cayeron, Julieta sintió como si su corazón recibiera un golpe brutal. Sus pupilas temblaron y ya no fue capaz de sostenerle la mirada.—Vaya, Héctor, qué romántico estás —se oyó la voz de Sebastián.Carlos y Sebastián se acercaron, seguidos por Jairo. Cuando Mariana regresó al reservado,
Al oír esas palabras, el rostro de Adriana se endureció al instante.Mariana no le prestó la menor atención ni se dirigió a ella. Tomó a Julieta del brazo y dijo con firmeza:—Vámonos.La condujo lejos de allí.Julieta notó que el semblante de Mariana se había ensombrecido y preguntó en voz baja:—¿Tienen algún conflicto entre ustedes?Mariana respondió con indiferencia:—Nada en particular. Simplemente me desagrada.Adriana las observó alejarse. Al recordar las palabras de Mariana, su mirada se volvió especialmente sombría.No habían avanzado mucho cuando Julieta recordó algo de pronto.—Mariana, ¿podrías volver al reservado y traer mi bolso? Tengo algo que devolverle.Mariana frunció levemente el ceño.—¿La conoces?—No realmente —respondió Julieta.Mariana no insistió.—Espérame aquí. Vuelvo enseguida.—De acuerdo.Mariana se alejó a grandes pasos. Julieta miró hacia el baño y se quedó allí esperando. Unos minutos después, Adriana salió del baño y, al ver a Julieta aguardando, se a
Julieta llegó a El Mirador. Esperó en el reservado y le envió un mensaje a Carlos; aún tardarían unos veinte minutos en llegar.Carlos respondió:"Voy a traer a alguien más. ¿Te molesta?"Julieta contestó:"Por supuesto que no.""Perfecto, creo que podrá congeniar contigo.""De acuerdo."Veinte minutos después, Carlos y los demás llegaron al reservado.Con ellos venía una joven. Tenía los rasgos suaves, aparentaba alrededor de treinta años. Llevaba el cabello corto, a la altura de los hombros, y vestía un conjunto profesional. A primera vista, era evidente que se trataba de una mujer destacada del ámbito corporativo.Todos se saludaron.Carlos hizo las presentaciones:—Ella es Mariana Escobar, una compañera menor de la universidad.Luego, dirigiéndose a Mariana, añadió:—Y esta es la estudiante de la que te hablé, Julieta.Julieta tomó la iniciativa:—Hola, ¿puedo llamarte Mariana?Mariana sonrió.—Claro que sí. Hoy solo vine a colarme a la cena con Carlos, ¿no te importa?—En absoluto
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