FAZER LOGINMe he quedado de piedra con todo lo que Nora me ha contado. Ni en un millón de años me lo hubiera imaginado. ¿Dónde diablos me he metido? Zara era una perra malvada y ahora estoy atrapada en su cuerpo.
Nora me ha explicado que Felicity ha sido la novia de Cole desde hace tiempo y que yo, es decir, Zara, fui la intrusa que se metió entre ellos, obligándolo a casarse conmigo. Entonces, no es su amante, es su novia... y está embarazada. Aquí la amante soy yo, aunque lleve el título de esposa. ¿Esto no se está volviendo demasiado turbio? ¡Dios mío, qué le pasaba a Zara! Ahora entiendo por qué todos la odian, y con razón. Zara no ha sido precisamente un modelo a seguir, y ahora me toca pagar las consecuencias. Para colmo, desconozco todo sobre su vida, y si empiezo a preguntar, van a tratarme de loca o sospechar que algo anda mal. ¿Qué se supone que voy a hacer ahora? —¿Señora? —Nora me observa con extrañeza mientras yo me muerdo las uñas de la ansiedad—. Está actuando un poco extraño últimamente, ¿se encuentra bien? —¿Hace cuánto me conoces, Nora? —Bueno... usted siempre venía a la mansión aunque sabía que no era bienvenida, así que tuve el placer de atenderla varias veces cuando el señor se negaba a recibirla —explica con evidente incomodidad. —Y... por casualidad, ¿tengo a alguien muy, pero muy cercano que me conozca hasta el alma? —Señora... ¿está bien? —me mira aún más raro. —Sí, sí, solo responde. —Sí, tiene a su mejor amiga, Iris, a su hermano, a… —¿Iris? —enarco una ceja y de inmediato me doy cuenta de que estoy complicando la situación—. Ah, sí, mi amiga. Es que con todo esto de la boda, he estado nerviosa. —La entiendo, señora. La verdad, comprendo su situación. —Aunque yo sea la villana, claro —me río sin pizca de humor. —No lo vea de ese modo, usted es una mujer enamorada y desesperada. Enamorada mi trasero. Zara está muerta. Ahora soy Tess, y ese tipo no me lo trago, por más que Zara sea la culpable de este desastre. —¿Necesita algo más, señora? Debo retirarme —dice Nora, tomando la bandeja. —Ah... una última cosa. ¿Podrías traerme mi teléfono? —pregunto sin saber si lo tiene a la mano o no. Zara debe haberlo usado, y ahí podría estar el contacto de esa supuesta amiga. Necesito hablar con ella. —Por supuesto, señora —acata, y yo suspiro de alivio—. Enseguida se lo traigo. Aprovecho que se marcha para tomar una almohada, morderla con todas mis fuerzas y gritar en silencio durante un largo minuto. ¿Dónde diablos quedó mi vida pacífica? Salté de un mundo lleno de problemas a otro con todavía más problemas. Ahora me toca solucionar todos estos malditos baches en mi camino. Nora regresa minutos después con un bolso de marca y me lo entrega antes de retirarse, recordándome que la llame si necesito algo. Apenas la puerta se cierra, hurgo en el bolso y encuentro cosméticos de lujo junto a un celular de alta gama, el último modelo. ¡Te estoy amando, Zara! Pero no me dejo deslumbrar por la opulencia. Tomo el móvil y me maldigo al ver que está bloqueado. Claro que lo está, ¿quién no protege su teléfono hoy en día? Pero parece que la suerte me sonríe, porque apenas acerco mi cara a la cámara, el dispositivo se desbloquea. Brinco, más de alivio que de felicidad. Hay demasiadas cosas en él que no entiendo, así que me concentro en la aplicación de contactos. La lista está llena de nombres que ni por asomo reconozco. Estoy acabada. Pero está la lupa. Sí. Presiono el buscador y escribo "Iris", pero no aparece. Me jalo el cabello de la frustración y vuelvo a intentarlo, esta vez con "amiga". Y claro, ahí está. Mejor amiga Risi. Debe ser ella. La foto de perfil me muestra a la misma chica que vi en mi boda, la pelirroja. Ahora que lo pienso, ella es la que incluso sabía que Zara era virgen. Su mejor amiga, sin duda. Marco el número con los nervios a flor de piel. No puedo equivocarme. Ya suficiente tengo con que me vean como una lunática. Necesito ayuda. Y la necesito ya. —¡Hola, amiga! —chilla al otro lado de la línea, y tengo que apartar el móvil de mi oreja. No hay duda, son amigas—. ¿Qué haces llamándome, eh? ¿No estás en tu noche fogosa? ¡Quiero detalles! —Risi, verás... —la llamo por su apodo con cautela. —¡Nada de nada! ¿Te estás cuidando? ¡No te vayas a embarazar! —No estoy con él —suelto enseguida, frunciendo el ceño de puro disgusto—. Risi, necesito hablar contigo sobre algo importante. —Oye, qué tono tan serio. Ya sabía que no pasaría nada, pero, de alguna manera, pensé que, como eres hermosa, la sanguijuela de Cole al menos no se iba a resistir. En fin, tampoco tenía tan altas expectativas —suspira con dramatismo. —Dejemos a Cole de lado por ahora —me dejo caer en la cama—. ¿Dónde podemos vernos mañana? Es una emergencia. —¿Estás bien, Zari? ¡No me digas que Cole te volvió a hacer algo porque…! —Tampoco —la corto de inmediato—. Por favor, es otra cosa. Quiero hablar contigo en persona. —Bien, cielo, bien —resopla—. Mañana iré a tu casa, así no tienes que enfrentarte a los paparazzi. Están como jauría de lobos después de lo que pasó en la boda. Les diste un espectáculo digno de telenovela y ahora están por todos lados. Cierto… la bofetada que le di a Cole. Pero bien merecida se la tiene el desgraciado. Debería estar agradecido de que no terminé de partirle la cabeza con el jarrón también. —Te estaré esperando —respondo antes de colgar. Me quedo mirando la pantalla, hecha un lío. De repente, quiero volver a mi miserable vida. Prefiero eso antes que tenerlo todo aquí, pero rodeada de problemas, enemigos, un marido con amante en gestación que me odia y un total desconocimiento de mis propios gustos, que ahora son los de Zara. La gente va a sospechar en cualquier momento que no soy ella. Y no tengo idea de cómo voy a explicar esta locura. Me levanto de la cama y me acerco a la ventana. Afuera, una piscina enorme brilla bajo la luz de la luna, el agua reflejando su resplandor de un modo hipnótico. De pronto, una idea se instala en mi cabeza. Si intento matarme… o al menos logro darme un golpe lo bastante fuerte como para quedar inconsciente… ¿podré volver a mi cuerpo? No sé si eso es posible. Tampoco sé si mi cuerpo sigue con vida o si está muerto en algún lugar. ¿Y si el alma de Zara está atrapada en ese cadáver? ¿Y si ella murió y me dejó aquí, en este cascarón lleno de problemas? Tienes que hacer algo, Tess. Pero ya. Me quito las sandalias y dejo que mis pies descalzos toquen el suelo frío. Camino hasta la puerta, la abro con cuidado y me asomo. Nada. No hay nadie a la vista, así que salgo en puntillas. Avanzo con cautela hasta las escaleras y reviso de nuevo. Nadie. Supongo que todos ya estarán dormidos después de haber triunfado en arruinarme la cena, los muy malditos. Bajo peldaño a peldaño, sintiendo las baldosas heladas contra la piel. Mala idea no haber traído algo puesto, pero no quiero hacer ruido. Una vez abajo, busco la puerta trasera que lleva a la piscina. No tengo un plan claro, pero necesito improvisar. De tanto buscar como loca, por fin la encuentro. Pero entonces… Pasos. Mi corazón se acelera y me escabullo de inmediato, deslizándome hasta la piscina mientras el aire helado de la noche me azota. Me escondo detrás de una estatua, conteniendo la respiración por si alguien decide salir al jardín. Nada. Los pasos se desvanecen. Debió de ser alguna sirvienta. Suelto el aire y salgo de mi escondite. Me acerco a la piscina. El agua está cristalina, bellísima. Nunca he estado en una piscina. Jamás tuve el privilegio de disfrutar lujos, ni siquiera los más simples. Y ahora que lo tengo todo… mi vida es un desastre. Bueno, la vida de Zara. Que ahora es la mía. Me siento en el borde de la piscina y meto los pies en el agua. Por los dioses, está helada. Me arremango el vestido hasta los muslos y respiro hondo. Tengo que hacerlo. Es una locura, una tontería incluso, pero… si me ahogo, ¿volveré a mi cuerpo? ¿Y si al menos pierdo la consciencia? Tal vez despierte frente a mi ordenador otra vez. Quien no arriesga, no gana, Tess. Con esa idea en mente, tomo impulso y me dejo caer. El agua me envuelve en su abrazo gélido. Cierro los ojos con fuerza, conteniendo el aire en mis pulmones. Pero de pronto… La presión es demasiada. El agua se filtra por mi nariz y mis músculos se tensan. ¿Qué pasa? Intento nadar hacia la superficie, pero mi cuerpo no responde. Me bloqueo. Mis movimientos son torpes, mis extremidades entumecidas. ¿Qué rayos? Abro los ojos, desesperada. La superficie está justo sobre mí, tan cerca… y no puedo alcanzarla. Definitivamente, esta fue una estúpida decisión. Cierro los ojos. Tal vez… tal vez para volver solo necesito morir y ya está. Dejo de luchar. Me hundo. Mis pulmones arden como si el infierno entero se hubiera instalado en mi pecho. La presión en mi cabeza es insoportable. Y entonces… Algo se aferra a mi muñeca y tira de mí con fuerza. Una mano. En un instante, el frío de la noche me golpea de nuevo. Escupo agua entre toses violentas, sintiendo el ardor quemándome la garganta y la nariz. Respiro. Aire. Maravilloso, delicioso aire. Cuando logro abrir los ojos, descubro que estoy tumbada en el pasto, jadeando, empapada de pies a cabeza. Y frente a mí… Cole. Empapado también. Con los ojos encendidos de furia. Debe de querer terminar el trabajo que dejé a medias. Genial. Hasta en mi intento de morir, este bastardo tenía que aparecer.POV: Evander Blackwood —Papi —mi hija tira suavemente de la manga de mi saco, apartándome la vista de la computadora—. ¿Y esto qué significa?Levanto la mirada por enésima vez en lo que va de la tarde. Desde que Tess la dejó aquí, se ha pegado a mí como una lapa, decidida a que sea yo quien la ayude con la tarea.—Eso quiere decir que la plantita creció —le explico con una sonrisa, señalando los dibujos en su cuaderno—. Pasó de ser una semillita a convertirse en una ramita bonita. Colorea los dos, y verás cómo cobran vida.Ella asiente con seriedad, toma un lápiz de color y se pone a trabajar con concentración. Está sentada en mi regazo, tranquila, absorta en su mundo de colores. Yo, mientras tanto, intento avanzar con unos papeleos que aún tengo pendientes. La verdad, no he progresado mucho desde que llegó… pero su compañía me llena. Es parlanchina, sí, pero cuando se trata de hacer sus tareas, es muy aplicada. Eso, sin duda, lo heredó de mí.—¿Y esta parte? —pregunta de nuevo al ca
POV: Cole HarringtonZara sale con un hermoso traje de baño que me deja boquiabierto por unos segundos mientras la veo pasar desde la tumbona en la que estoy recostado. Lleva unas gafas de sol y un sombrero que le dan un aire elegante, casi de portada de revista. A pesar de su embarazo de mellizos, su figura sigue siendo envidiable. Por un instante, me entra el impulso de correr hacia ella y cubrirla con una manta, pero recuerdo que es mi esposa, que solo yo tengo derecho a verla y tocarla… y se me pasa.Mientras bebo un zumo de coco, no aparto la mirada de ella hasta que Natalia, mi prima, pasa corriendo como una bala. También lleva un diminuto traje de baño que deja poco a la imaginación.Entiendo el motivo de su carrera cuando Bob aparece a mi lado, jadeando y con cara de ogro mientras intenta alcanzarla una vez más.—Déjala —le digo—. Solo la mirarán, no pueden tocarla.Bob resopla, claramente molesto, pero se da por vencido. Lo comprendo: lo que lleva puesto Natalia apenas puede
POV: Tess Winslow Los nervios me invaden apenas Harry y Tobías se marchan, luego de ayudarme a preparar esta cena tan especial, con la decoración y la sorpresa que tengo planeada para Evander.No sé dónde ponerme ni cómo quedarme quieta. He ido al espejo al menos cuatro veces, asegurándome de estar perfecta para él cuando llegue. Cada detalle ha sido meticulosamente planeado, aunque en el fondo, sé que solo busco distraerme y calmar esta ansiedad que me recorre entera.Cuando suena el timbre, salto del asiento. Me levanto con una sonrisa, respiro hondo y voy a abrir la puerta.Evander se queda pasmado al verme. Claro, llevo puesto ese vestido que Harry escogió para mí. Le pedí que no fuera tan extravagante, pero este —negro, corto, sin mangas, ajustado justo por encima de las rodillas— es sencillamente mortal.—Tú… —balbucea Evander, sin despegar la vista de mi escote—. ¿Qué es todo esto?—¿Cómo me veo? —le pregunto, dándome media vuelta para mostrarle el conjunto completo.—¿Cómo te
POV: Zara CaldwellHacerlo aquí, en medio de la nada, a esta hora de la noche y sobre una colina… jamás se me habría ocurrido.Todavía siento un leve cosquilleo de nervios, ese miedo absurdo de que alguien nos vea o nos escuche. Sería bastante irónico que nos descubrieran en plena acción, en una noche tan especial como esta.—¿Quieres que me detenga? —pregunta Cole, interrumpiendo el beso que estábamos compartiendo, ese que parecía no querer terminar nunca—. Te noto tensa.Veo la duda en sus ojos, el temor apenas disimulado. Sé lo que piensa. Debe creer que me incomoda su cercanía o que me toque, que su pasado con esa mujer aún ronda entre nosotros. Pero no es eso. No me siento mal por estar aquí, con él.—Pensé que ya habíamos superado eso —murmura, con un dejo de tristeza—. Lo que hubo con ella... nunca fue real, ya lo sabes. —Lo sé, Cole —respondo suave, llevando un dedo a sus labios para calmar su inquietud—. Sé por lo que pasaste. Debió ser duro… pero yo no estoy pensando en eso
POV: Cole Harrington—Te veo y juro que pareces un adolescente a punto de dar su primer beso —se burla Sebastián, dándome un codazo suave—. Vamos, hombre, quedó perfecto.—¿De verdad lo crees?—¿Dudas de mis habilidades? Nunca las perdí. Además, solo eran unas luces y un poco de magia.—Gracias por ayudarme —le digo con sinceridad—. Me hizo sentir como en los viejos tiempos.—¿No se te hace un poco... agridulce? Digo, esto es muy parecido a lo que hiciste aquella vez, cuando...—Estoy feliz —lo interrumpo con una sonrisa tranquila—. Ya no estamos en ese pasado. Zara y yo estamos aquí, ahora, juntos.Sebastián asiente, con una media sonrisa.—Suerte, amigo —me da una palmada en el hombro—. Vuelvo a lo mío. Me cuentas después cómo fue todo.Nos despedimos y luego conduzco hacia la casa de Zara. Debe estar esperándome ya.El corazón me late como loco. Estoy tan nervioso que apenas pude dormir anoche. La idea de estar con ella de nuevo, casados, sin más barreras entre nosotros, me parece
POV: Zara CaldwellCole no deja de abrazarme. Sus brazos están alrededor de mí, temblorosos, igual que su respiración entrecortada. Le devuelvo el abrazo con una sonrisa leve. Puedo sentir cuánto me ha extrañado. No pensé que reaccionaría así al verme.—¿Y si vamos a otro lugar? —le propongo—. Para hablar con más calma.—Claro —dice, separándose al fin. Sus ojos oscuros se quedan fijos en los míos unos segundos, llenos de nostalgia. Luego me toma de la mano y subimos al auto.El trayecto es silencioso. Tengo las manos sudadas sobre las rodillas. No sé qué decir, ni por dónde empezar. Han sido meses sin vernos, meses que me dediqué por completo. Necesitaba ese espacio para sanar, para reencontrarme. Y ahora me alegra haberlo hecho.Unos minutos después, Cole estaciona en una plaza vacía. Me abre la puerta y bajo, tomando su mano otra vez. Todavía sin decir nada, me guía hasta una banca de madera. Nos sentamos. El aire es fresco, y me ayuda a relajarme un poco.—¿Cómo estás? —le pregunt







