FAZER LOGINGRIS
—¿Está seguro doctor? —la voz me tiembla.
—Sí, es necesario que ya comencemos con las quimioterapias, pero por desgracia este es un hospital comunitario, necesitará trasladarse a uno en el que tenga todo lo que se requiere.
Mis manos siguen en puños cerrados, no tengo dinero, me han corrido de ambos trabajos, no me siento bien y no cuento con el apoyo de mi familia, solo de Prim.
—Su hijo necesita de todo su apoyo —finaliza el doctor.
No logro escuchar más las palabras que brotan de su boca, ya que mi mente está en lo que me queda por hacer, la única salida que tenemos Oliver y yo.
—¿Señora Watson? —la voz del doctor me saca de mi ensimismamiento—. ¿Se encuentra bien?
Alzo la mirada y me trago el nudo que amenaza con desatar el nuevo llanto, me pongo de pie y agarro con fuerza mi bolso.
—Sí, muchas gracias, doctor.
Giro sobre mis talones, pero al salir termino chocando contra Milo Rivers.
—Señora Watson —se afloja la garganta—. ¿Tiene un minuto?
Una pequeña chispa de esperanza me abarga y asiento.
—¿Lo mandó Hans? —inquiero con voz trémula.
—Sí.
—¿Quiere ver a Oliver? ¿Por fin? ¿Me va a ayudar? —pregunto incapaz de detener mi vómito verbal.
Milo carraspea y se afloja la garganta con nerviosismo, noto contrariedad en sus ojos y dejo caer mis hombros, rendida ante lo que imagino está a punto de decir y que al hombre le cuesta tanto.
—No es nada de eso ¿cierto?
—El señor Hans quiere hacer una prueba de ADN para asegurarse de que el niño es suyo, solo así accederá a ayudarle con los gastos —me explica.
El que no confíe en mí duele, pero el que luego de un mes viviendo nuestro sueño y que luego me diera la patada en el culo, duele menos que el que no quiera reconocer a Oliver.
—Entiendo —sonrío débilmente.
—El niño tiene leucemia —sigue—. Si me permite hacerle una prueba…
—Puede hacer lo que quiera —le interrumpo—. Si me disculpa, mi hijo me necesita.
—Por supuesto, gracias, me pondré en contacto con usted.
«Pero no Hans»
Me trago el dolor que siento en el pecho y asiento, no tenía tiempo para esto, necesitaba actuar, mi hijo me necesitaba y claramente estaba sola sin una mano amiga, pedirle más favores a Prim, no, ya había hecho suficiente. Cuando entro a la habitación de mi pequeño, casi me caigo de bruces al ver a la madre de Hans, quien observa a mi hijo mientras una enfermera le saca sangre.
—Ah, eres tú —me mira con desprecio.
Mi pequeño me mira con el ceño fruncido, le duele el pinchazo pero no dice nada, le sonrío para tranquilizarlo y me regala una tenue sonrisa.
—Cindy —miro a la que es mi suegra.
—Es para una prueba de ADN —mueve la mano con desdén restando importancia—. Espero no te moleste.
—No.
—¿Estás contenta? —me pregunta con un filo venenoso en su voz.
—No sé a que te refieres —cierro los puños.
—Planeaste todo esto para retener a mi hijo por más tiempo, pero de nada te va a servir ¿entiendes? No le sacarás nada.
La enfermera termina y la madre de Hans sale detrás de ella, no sin antes detenerse bajo el umbral de la puerta.
—Eres una zorra cazafortunas, pero ya me he encargado de todo —me mira por encima del hombro y luego observa a mi hijo con desprecio—. Vas a pagar por querer obligar a mi hijo a quedarte contigo, su mayor error fue conocerte, el segundo, tener a esa cosa contigo, bueno… eso está por verse…
Se gira para encararme.
—Si alguien va a ser esposa de Hans, es Ashley, ella a diferencia de ti si es una mujer, hermosa, profesional, empoderada, en cambio tú —me mira de arriba abajo—. Mírate, acabada, con ropa desgastada, despeinada, eres un asco, y sé que ese maldito niño no es de mi hijo, esa cosa de ahí…
No lo puedo resistir más, a mí me pueden decir lo que quieran, el mundo me puede dar la patada, pero a mi hijo nadie lo toca, lo insulta o lo hace sentir mal, pese a tener solo tres años, entiende perfecto, por lo que la palma de mi mano golpea su rostro con tanta fuerza, que lo giro y pierde el equilibrio.
—A mi hijo no, ¿entiendes? —espeto con dureza—. ¡Largo!
Sus ojos se convierten en dos filosas dagas y tomando su bolso, me sonríe malévola.
—Esto lo vas a pagar caro, Griselda, muy caro, tú y tu bastardo lo van a pasar mal, y de eso me encargo yo.
—¡Dije, largo, m*****a arpía venenosa!
Cindy me lanza una última mirada amenazante, y luego sale dando un enorme portazo, solo entonces me derrumbo y mis ojos se llenan de lágrimas, la rabia me consume y las pocas fuerzas que me quedan las guardo.
—¿Mami?
Me limpio el rostro con el dorso de las manos.
—Si, mi amor —me acerco a Oliver y le lleno el rostro de besos.
—La abuela… ¿ella me odia? —me pregunta.
—No, lo que pasa es que está pasando por un mal momento, pero ella te ama mucho, cariño —miento.
—¿Soy una cosa? ¿Un error?
Frunzo el ceño.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque ella me dijo eso antes de que llegaras —musita con palabras torpes—. Dijo que era una escoria, pero no sé que significa eso…
Lo pego a mi pecho y el dolor que siento es tan inmenso, que me duele el alma.
—Quiero que me escuches bien —levanto su rostro y lo hago mirarme, sus ojos son de un azul tan idéntico a los de su padre—. Quiero que creas en lo más profundo de tu corazón, aquí.
Toco su pecho y él sigue mirándome como si fuera lo más maravilloso del mundo.
—Que eres capaz de lograr cualquier cosa que te propongas, nunca perderás, no importa lo que la gente te diga, sigue firme a tus sentimientos y apunta al cielo —beso sus manitas—. Que mamá siempre va a estar contigo. Nadie puede hacerte daño o hacerte sentir mal sin tu consentimiento ¿vale?
—¿Y papá?
Me quiebro.
—Papá está pasando por un momento malo, pero te ama, por ahora, mamá te dará amor por los dos ¿qué te parece? —sonrío.
—¿Y helado?
—También —lo abrazo.
—¿Por qué lloras, mami?
—Porque estoy orgullosa de ti, eres el bebé más valiente del mundo. Y cuando crezcas vas a ser el hombre más maravilloso.
Que le falte todo, menos confianza en sí mismo, hace tiempo le pedí a la vida una persona que me amara incondicional, alguien a quien llenar de besos, abrazos y me dio a Oliver. Solo por esa razón no puedo odiar a Hans, me dio un hijo, y así, todo lo bueno que la vida había guardado para mí, llegó con él.
—¿Vamos a casa?
—Sí, vamos a casa…
Para cuando está listo, salimos del Hospital comunitario, necesitaba conseguir medicinas, también un nuevo empleo y hacer lo que sea para pagar las quimioterapias. Estoy a punto de cruzar la avenida con mi hijo en brazos, cuando se cruza frente a mí, un auto negro blindado. Agarro con fuerza a mi hijo y bajan la ventanilla.
—Tanto tiempo sin vernos, Gris —me dice un hombre mayor con voz ronca y ojos azules.
Los recuerdos del pasado me golpean con fuerza y solo puedo decir:
—Alexander.
—El mismo en persona, y ese de ahí —señala a mi hijo—. Debe ser mi nieto.
—No…
—Vamos, no hace falta que haga una prueba para que sepa que es hijo del parásito de Dylan, tiene sus ojos, es su viva imagen.
Mi pecho se comprime, Alexander Hans, abuelo de Oliver, es un hombre con mucho poder, un hombre que lleva alejado de su familia hace muchos años y que solo conocí una vez, cuando Dylan y yo nos casamos en secreto, al día siguiente fue y hablamos. Esa fue la última vez que lo vi, hasta ahora.
—Gris, necesitamos hablar.
—¿Por qué? Quiero decir… yo…
Alexander sonríe.
—Porque estoy muriendo, y antes de marcharme, quiero patearle el culo a mi hijo, ya es momento de que aprenda la lección, que la vida no son mujeres bonitas, alcohol, dinero y viajes.
Sus ojos van directo a mi pequeño, quien se aferra a mí con sus bracitos.
—Es tiempo de hacer de Hans, un verdadero hombre, y no un maldito monigote como lo ha hecho su madre.
Entonces abre la puerta del carro.
—Andando.
PRIMSiento como si me estuvieran partiendo por dentro, como si el alma se me estuviera fracturando. El dolor es intenso y esta es la única opción por la que ahora me encuentro dentro del carro de Neith. Ángel no responde a mis llamadas y las contracciones son tan intensas, que me agarro de lo que encuentro, intento hacer los ejercicios de respiración, pero me son imposibles cuando Neith está a mi lado. —¿Por qué mierda mentiste? —No mentí —me agito—. Quise decírtelo, pero… nunca atendiste mis llamadas y luego tu manager dijo que nunca querías saber de mí. Me quedo callada cuando viene una nueva contracción. —Y decidí seguir mi camino, eso es todo. Golpea el volante. —Pensabas vivir una vida teniendo un hijo mío manteniéndome en la oscuridad —replica.—¿Por qué te enfadas? Soy yo quien está sufriendo. Esta vez guarda silencio, para cuando llegamos al hospital, pide a una enfermera que me atienda de la manera más atenta, y eso hacen, el problema es que estoy demasiado dilatada
PRIM Me doy la media vuelta y salgo del local, sabiendo que tengo que alejarme de él, camino por la calle y estoy a nada de cruzar la avenida, cuando tiran de mi brazo, no hace falta que adivine quién es, ya que el olor a su loción masculina, inunda mis fosas nasales. —Prim. Cierro los ojos deseando que sea una pesadilla y poder despertar de mi sueño, pero no sucede nada. Así que respiro profundo y decido darle la cara, se supone que no nos volveríamos a encontrar, hace meses que incluso dejé de hablarle a Tyler y me alejé de todos. Sus ojos vuelven a ir directo a mi enorme barriga. —Estás embarazada —dice como si estuviera tratando de contenerse. —Eres muy inteligente —ironizo y eso le hace fruncir el ceño. —¿Cuánto tienes de embarazo? —pregunta. Su rostro se crispa y hay un brillo de posesividad que se ancla en sus ojos. —No es tu asunto. —Lo es, jodidamente lo es. La gente a nuestro alrededor comienza a vernos y me pongo nerviosa. —Me alegra que hayas encontrado una muj
PRIM Han pasado ocho meses y una semana desde que viajé a Londres, podría decir que mi vida ha dado un giro de ciento ochenta grados al máximo, pero he sido fuerte, ahora que tengo algo por lo qué luchar, un nuevo mundo que se forma en mi interior. Toco mi enorme barriga redonda y sonrío, este mes es uno de los más importantes, porque en cualquier momento veré a mi bebé. El haber quedado embarazada no estaba en mis planes, y sin embargo, no me arrepiento de nada. Sé que en cuanto lo supe debí haberle dicho a Neith, pero me fui, y cuando intenté comunicarme con él, jamás respondió mis llamadas, luego su manager me marcó argumentando que él no quería saber nunca nada de mí, me dolió, sí, pero respeté su decisión. —Pareces muy feliz —arguye mi compañero de cuarto. Ángel es un chico que conocí en cuanto llegué, trabajamos juntos en una tienda de antigüedades, es gay, y la persona más linda y amable del mundo. —Ya quiero conocer a mi bebé —confieso con sinceridad. Él termina de coci
NEITH Despierto con una sensación de ahogo, una que me deja un mal sabor de boca al recordar las mentiras que le dije a Prim anoche, la verdad es que sí, la amo, estoy enamorado de ella pero me aterra la idea de intentarlo y que las cosas salgan mal. Poco a poco me incorporo, la cabeza me duele y salgo de mi estudio para dirigirme a la cocina por una botella de agua fría, al hacerlo, noto que sobre la encimera está un plato con un panque y una nota. “Suerte” Ladeo una sonrisa de media luna, por un momento pensé que haría un drama por lo sucedido, pero al parecer no le afectó, así que paso los siguientes quince minutos comiendo lo que me dejó mientras reviso las redes sociales. Entro a la página de los espectáculos y casi me atraganto con la comida al ver una foto que tomó un paparazzi de Prim, subiendo a un avión, y abajo una nota que dice: “Nuevo Destino” Le hago un zoom directo y siento que un balde de agua fría se me cae encima. —No puede ser cierto. Las manos me tiemblan,
PRIM Llevo dos semanas en las que Neith no me da tregua, no sé lo que somos realmente, pero no dejamos de follar, incluso ahora, que ha pasado dos días metidos en el estudio, me folla a lo bestia solo porque miré de más, según sus palabras, a uno de sus amigos cantantes. Cosa que no es verdad, solo intentaba ser amable y lo malinterpretó todo. —Mía —gruñe Entra y sale de mi cuerpo hasta que el sonido encharcado de nuestros sexos es lo único que se logra escuchar. Gimo, cuando vuelve a penetrarme. —Detente, Neith. —No mires a nadie más. Sigue con lo suyo hasta que se desploma encima de mi, mis piernas permanecen abiertas alrededor suyo y me besa con rabia. —Mía. —¿Y puedo decir lo mismo de ti? —inquiero con cautela. Como siempre, se queda callado y sale de mi. Se pasa una mano por el cabello y comienzo a vestirme, sintiéndome enfadada. Cada que toco el tema se comporta de ese modo tan hostil. Él hace lo mismo y pienso que ha llegado el momento de terminar con esto de una vez
PRIM La boca se me seca con lo que acaba de hacer Tyler, de pronto descubro que me siento enfadada, recordando que esta es una de las razones por las que en el pasado terminamos, siempre hace las cosas creyendo que todo saldrá como él quiere, ni siquiera pregunta por cómo me siento. En este caso, no me preguntó ni me dijo antes sus intenciones, ¿cómo me pide eso sabiendo que apenas nos hemos vuelto a encontrar? Trago duro, todos están mirándome y me siento tan presionada que cometo uno de los mayores errores de mi vida. —Sí —susurro. Mi voz tiende de un hilo pero los presentes aplauden y él aprovecha para ponerme el anillo con manos ágiles. —Gracias —besa mis manos. Siento como si el anillo estuviera rodeado de púas, me pongo de pie y aplauden, intenta besarme pero giro mi rostro y recibo su beso en la mejilla. Una parte de mí sabe que lo hizo porque Neith está presente, la verdad es que no me atrevo a verlo a la cara, no después de esto. Los invitados nos felicitan y acepto t







