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CORRER PARA PAPÁ

Author: H.Z
last update publish date: 2026-04-30 08:35:05

Capitulo 3

La habitación de David era exactamente como la había imaginado: muebles de madera oscura, una cama king size con sábanas caras y ventanas que iban del suelo al techo con vistas al jardín trasero. El mismo jardín donde habíamos hecho barbacoas familiares. Donde Ethan me había pedido matrimonio tres años atrás.

Aparté ese pensamiento.

David cerró la puerta detrás de nosotros y el clic del pestillo me revolvió el estómago.

—Quítate el vestido —ordenó, apoyado contra la puerta con los brazos cruzados—. Despacio.

Mis manos temblaban mientras agarraba el dobladillo. Nunca me había desnudado así para nadie. Ethan nunca me lo había pedido. Pero la forma en que David me miraba —como si yo fuera lo único que importaba en el mundo— me hizo querer ofrecerle un espectáculo.

Me subí el vestido lentamente, revelando mis muslos, mis caderas, mi vientre. Sus ojos siguieron cada centímetro de piel que quedaba al descubierto. Cuando me lo pasé por la cabeza y lo dejé caer al suelo, me quedé completamente desnuda frente a él.

—Joder —susurró—. Eres aún más hermosa de lo que imaginaba.

—¿Me imaginabas?

—Cada noche durante los últimos seis meses. —Se apartó de la puerta y caminó hacia mí como un depredador—. Cada vez que venías a mi casa con esos jeans ajustados. Cada vez que te agachabas a sacar algo de la nevera. Cada vez que me llamabas “papá” en las cenas familiares, lo único en lo que podía pensar era en doblarte y hacerte llamarme papi por razones muy diferentes.

Seis meses. Me había deseado durante seis meses.

—Pensaba que estaba loca —susurré.

—No estás loca, nena. Solo te casaste con el hombre equivocado. —Sus dedos trazaron mi clavícula y bajaron entre mis pechos—. Mi hijo no te merece. No aprecia lo que tiene.

—¿Y tú sí?

Su mano rodeó mi garganta —sin apretar, solo sujetando. Posesivo—. Voy a adorar cada centímetro de tu cuerpo. Voy a hacer que te corras tantas veces que olvides tu propio nombre. Y luego te voy a arruinar tan completamente que ningún otro hombre volverá a ser suficiente. Empezando ahora.

Me empujó hacia la cama y caí sobre ella, rebotando ligeramente en el colchón. David se quedó de pie al pie de la cama, devorándome con la mirada mientras yo yacía desnuda frente a él.

—Tócate —ordenó—. Muéstrame cómo lo haces cuando estás sola. Cuando estás pensando en mí.

Me ardía la cara, pero estaba demasiado excitada para sentir vergüenza. Mi mano bajó por mi vientre hasta llegar entre mis piernas. Ya estaba empapada otra vez, a pesar de que acababa de follarme contra la mesa de la entrada.

—Así. Abre más las piernas. Deja que papá vea ese coño tan bonito.

Obedecí, separando los muslos, y empecé a rodear mi clítoris con los dedos mientras él me observaba.

—Haces esto por las noches, ¿verdad? Mientras mi hijo duerme a tu lado. —Empezó a desabotonarse la camisa—. Tócate el coño y piensa en mí.

—Sí —gemí—. Dios, sí, todo el tiempo...

—¿En qué piensas? —Su camisa cayó al suelo, revelando un pecho más musculoso de lo que esperaba. Estaba en forma para tener cuarenta y ocho años.

—Pienso en ti doblándome. Haciendo que te suplique. Llamándome tu buena chica mientras me follas.

—¿Y eso te hace correrte fuerte, nena?

—Muy fuerte —gemí, moviendo los dedos más rápido.

Se desabrochó el cinturón y bajó la cremallera.

—¿Quieres ver lo que me provocas? ¿Lo duro que se pone papá pensando en la mujer de su hijo?

—Por favor.

Se bajó los pantalones y los bóxers de un tirón, y su polla saltó libre. La había sentido dentro de mí, pero verla era diferente. Gruesa, larga, ya dura y con una gota brillando en la punta. Mucho más grande que la de Ethan.

—¿Te gusta lo que ves?

—Sí, papi.

Se rodeó la polla con la mano y empezó a acariciarse lentamente.

—Deja de tocarte. Ahora eso es trabajo de papá.

Aparté la mano, gimiendo por la pérdida.

David subió a la cama y se colocó entre mis muslos abiertos. Sus manos me agarraron de las caderas y me acercaron a su rostro.

—¿Mi hijo te ha comido alguna vez este coño como se debe?

Antes de que pudiera responder, su lengua estaba sobre mí.

Grité, arqueando la espalda sobre la cama. Ethan me había comido el coño quizás cinco veces en tres años de matrimonio, y nunca con verdadero entusiasmo. Esto era diferente. David me devoraba como si estuviera muerto de hambre. Su lengua rodeaba mi clítoris, lo lamía, lo chupaba entre sus labios. Sus dedos me abrían, dándole mejor acceso.

—Joder, Dios mío... —Mis manos se enredaron en su pelo.

Levantó la mirada, con los ojos oscuros.

—Sabes tan jodidamente dulce, nena. Podría comerme este coño durante horas.

Y casi lo hizo.

Me llevó al borde una y otra vez, retirándose justo antes de que me corriera. Su lengua trabajaba con maestría, encontrando cada punto sensible, aprendiendo qué me hacía jadear y gemir.

—Por favor —supliqué—. Por favor, papi, déjame correrme...

—Todavía no. —Metió dos dedos dentro de mí y los curvó—. Primero quiero que estés desesperada. Quiero que estés tan necesitada que hagas cualquier cosa que te pida.

—¡Haré cualquier cosa! Por favor, solo...

—¿Cualquier cosa? —Su pulgar presionó mi clítoris mientras sus dedos entraban y salían—. ¿Serás la putita buena de papá? ¿Me dejarás usar este coño apretado cuando quiera?

—¡Sí! Dios, sí...

—¿Te escaparás de las cenas familiares para que te folle? ¿Vendrás a mi casa todos los días que tu marido esté en el trabajo?

—Sí, papi, cualquier cosa, por favor...

Metió un tercer dedo y casi grité. La dilatación era intensa, preparándome.

—Esa es mi buena chica. Ahora córrete en la cara de papá.

Su boca se pegó a mi clítoris y chupó con fuerza. Expliqué. El orgasmo me atravesó en oleadas, mi coño apretándose alrededor de sus dedos, mis muslos temblando. Esta vez sí grité, sin importarme quién pudiera oír.

David no se detuvo. Siguió lamiendo y follándome con los dedos a través del orgasmo hasta que empecé a sollozar por la sobreestimulación.

—Por favor, es demasiado...

—Puedes soportarlo. —Sus dedos se curvaron, golpeando un punto dentro de mí que hizo estallar estrellas detrás de mis ojos—. Córrete otra vez. Dale otro a papá.

—No puedo...

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Comments (2)
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Ana Yulieth Mazo Montoya
eso es verdad si supiera que el la deja insatisfecha se arrepentiría
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Leslie Salviat
siento que más que deseo quiere competir con su hijo
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