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Capítulo 2

Autor: EugeMD
last update Fecha de publicación: 2024-01-14 03:58:57

Alfa

El médico continuó hablando, trayendo un rayo de esperanza a la sala.

—Ella está fuera de peligro, se recuperará en unos días. Tuvo suerte de que Luna atendiera sus heridas a tiempo —informó, y un suspiro de alivio recorrió la sala. Saber que la compañera de Beta se recuperaría era un consuelo en medio de la tragedia que habíamos experimentado.

Después de llevar a nuestras familias a casa, Beta y yo pasamos horas revisando meticulosamente cada uno de los pasos de los lobos que habían llegado al búnker. Poco a poco, fuimos armando el rompecabezas de lo que había sucedido.

Descubrimos que dos hombres habían logrado entrar al lugar. La compañera de Beta, valiente y decidida, protegiendo a su Luna y sus cachorros, había atacado y matado al primer hombre que entró. Aunque el segundo logró desequilibrarla, ella había sido capaz de distraerlo lo suficiente para permitir que Luna y los cachorros se escondieran. Su valentía y determinación habían sido cruciales para la supervivencia de nuestras familias.

Mientras analizábamos los detalles de lo ocurrido, la furia y la determinación ardieron en nuestros corazones. Sabíamos que debíamos encontrar a esos hombres y rescatar a nuestras hijas.

Vi a la cachorra de Beta salir de las sombras, saltando audazmente hacia el hombre y mordiendo una de sus piernas. El atacante respondió brutalmente, pateándola y dejándola inconsciente cerca de la puerta, antes de volver su atención hacia su madre. Mi cachorra corrió hacia su amiga, llorando por ella, y en ese momento otro hombre más bajo las tomó del pelo a ambas y las arrastró fuera de la seguridad del búnker.

La ira llenó mi cuerpo al ver una y otra vez cómo se llevaban a nuestras cachorras en el monitor. Gruñidos desesperados y furiosos llenaron el espacio de mi oficina en la casa de la manada. Tanto Beta como yo estábamos al límite, luchando por mantener bajo control a nuestros lobos.

Presenciamos cómo la compañera de Beta, con gran dificultad, logró vencer al atacante que había herido a nuestra Luna y la dejó inconsciente durante veinte minutos. Cuando Luna finalmente despertó, corrió hacia su amiga y utilizó sus habilidades curativas para ayudarla. La impotencia y el dolor nos atravesaban a ambos. Ver a nuestras compañeras y seres queridos vivir esa experiencia aterradora era una herida profunda en lo más profundo de nuestro ser.

Nuestra determinación de encontrar a nuestras hijas y llevar a los responsables ante la justicia se fortaleció. La manada estaba unida en esta búsqueda, y no descansaríamos hasta que ellas estuvieran a salvo en casa y los culpables pagaran por sus acciones. La venganza ardía en nuestro interior, pero también la esperanza de reunir a nuestras familias y sanar las heridas que esta tragedia había causado.

Después de revisar a la compañera de Beta y escuchar nuestras preocupaciones, el doctor nos brindó algunas palabras de consuelo y consejo.

—Luna también se recuperará del shock. Necesita pasar tiempo con sus cachorros y descansar de sus obligaciones hasta que la situación se calme. Tengan precaución con la información que comparten, ambas estarán muy sensibles por la falta de sus cachorras. No duden en visitar al sanador de la manada si no pueden soportar el dolor del alma, Alfa. Yo solo puedo ayudar con el dolor físico.

—Gracias, doctor. Necesitamos seguir con la búsqueda de las cachorras. Estaremos yendo y viniendo constantemente. Manténganos al tanto a través del enlace, por favor —le pedí.

El doctor asintió con seriedad.

—Sí, Alfa. Estaremos en comunicación constante. No descuidaremos la salud de la manada y estaremos aquí para apoyarlos en todo momento.

Con estas palabras, nos preparamos para emprender la búsqueda de nuestras hijas, mientras nuestras compañeras se recuperaban y sanaban de las heridas físicas y emocionales que habían sufrido. La determinación de traer a nuestras cachorras de vuelta creció en nuestros corazones, y estábamos dispuestos a enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en nuestro camino.

Salimos de la habitación y nos encontramos con nuestros cachorros. Mi cachorro mayor, a pesar de su corta edad de 7 años, mostraba una madurez impresionante. Sus palabras demostraban una comprensión asombrosa de la situación.

—Escuchamos lo que decía el doctor —dijo con urgencia en su voz. —Necesitamos encontrar a las niñas, papá. Sé que no podremos acompañarlos en la búsqueda, así que estaremos aquí con nuestras madres. Pero tienes que traernos a las niñas...

Su madurez y preocupación me llenaron de orgullo. Estaba seguro de que, con el tiempo, se convertiría en un gran líder de la manada. Sus palabras eran un recordatorio constante de la responsabilidad que recaía sobre mis hombros como Alfa y como padre.

Mis palabras se llenaron de determinación al responder a mi cachorro mayor:

—Eso haremos, hijo. Las traeremos sanas y salvas. —Coloqué una mano en su cabeza y despeiné un poco su cabello.

Él asintió con un gesto decidido, pero noté un cambio en su aura. Aunque siempre había sido algo distante, en su mirada había un brillo especial que parecía haberse apagado. Tras la desaparición de las niñas, su semblante era más sombrío, su expresión triste e irritada.

—Realmente eso espero. Odiaría la idea de una vida sin ellas —murmuró en voz baja, reflejando el profundo amor y el lazo que compartían con las cachorras desaparecidas.

***

Nuestro jefe de espías compartió la información que habían descubierto.

"Su olor disminuye a un kilómetro y medio después del río. Simplemente desaparece. Encontramos una cueva que tenía equipamiento de campamento. Creemos que las llevaron hasta allí antes de volver a moverse."

Mi Beta se lamentó en mi cabeza.

"Llegamos tarde", expresó su pesar.

"No, todavía tenemos los sensores en el bosque. Deben haber registrado movimiento", le respondí a través del enlace, manteniendo la esperanza de encontrar pistas que nos llevaran a nuestras hijas desaparecidas. La necesidad de encontrarlas seguía ardiendo en mi interior, y no nos detendríamos hasta que estuvieran a salvo en casa.

—Los sensores... —murmuró, recordándolos.

—Sí, Beta, los sensores indicaron movimiento hace aproximadamente media hora al noreste del territorio de la manada, cerca de la frontera con el territorio humano. Nuestro siguiente paso es llegar a la estación de servicio que hay en la ruta para ver si las cámaras de seguridad captaron algo... —habló nuestro jefe de espías.

—No perdamos tiempo, nos moveremos de inmediato... —comencé sacándome la camisa, pero antes de que pudiera continuar, Beta me interrumpió con una advertencia importante.

—Alfa, no podemos cambiar. Es territorio humano. Debemos comportarnos como tales. Tú... —dijo, dirigiéndose a uno de nuestros lobos cerca de la puerta, —trae dos autos. Preparen otros vehículos por si los necesitamos.

El lobo asintió y salió corriendo hacia la casa de la manada.

Fueron minutos eternos hasta que finalmente escuchamos el reconfortante ruido de los motores acercándose. La urgencia de encontrar a nuestras hijas era evidente en cada acción que tomábamos. Estábamos dispuestos a hacer lo que fuera necesario, incluso si eso significaba aventurarnos en territorio humano para buscar pistas que nos llevaran a ellas.

—Alfa y yo iremos en uno de los autos, dos de ustedes nos acompañarán en el otro coche. Manténganse a una distancia de medio kilómetro para no levantar sospechas. Llegaremos a la estación de servicio y esperaremos en el auto hasta confirmar que no haya enemigos a la vista.

Miré a mi Beta, admirando su mirada de hielo y sus penetrantes ojos azules que reflejaban su determinación. Su cabello negro como la noche enmarcaba su rostro con autoridad. Realmente estaba orgulloso de tenerlo como mi compañero al mando de esta manada. Siempre estaba concentrado y enfocado, sin importar la situación.

Ahora, estando en búsqueda de su cachorra, la más pequeña de todos nuestros cachorros, se las arregló para pensar con claridad y buscar las mejores estrategias para llegar hasta ellas. La impotencia y deseo de venganza ardían en sus ojos, igual que en los míos, mientras nos preparábamos para adentrarnos en territorio humano en busca de nuestras hijas desaparecidas.

Hablé a mis lobos con determinación:

—Informaremos sobre nuestros pasos y mantendremos el enlace abierto todo el tiempo. Nada de imprudencias. Nuestras cachorras están en juego.

Después de dar estas instrucciones cruciales, miré a mi Beta y subimos al coche. Comenzamos el viaje de una hora hacia el lugar donde confiábamos con toda esperanza en encontrar a nuestras queridas hijas.

Viajamos en silencio, con el ruido del motor y el viento como única compañía. Mis pensamientos estaban centrados en las cachorras, en su seguridad y bienestar. La tensión en el aire era palpable, y sabía que todos en los autos compartían mi preocupación.

Mi Beta y yo manteníamos el enlace abierto, informando cada movimiento y paso que dábamos. La manada estaba unida en esta búsqueda, y nuestra comunicación constante nos ayudaría a mantenernos coordinados y seguros.

Finalmente, llegamos a la estación de servicio, donde nos detuvimos y esperamos en el auto, vigilando atentamente el entorno. Sabíamos que el tiempo era crucial y que no podíamos permitirnos errores en esta misión de rescate.

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