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Capítulo 3

Autor: EugeMD
last update Fecha de publicación: 2024-01-14 03:59:03

Alfa

La tensión se hacía palpable en la sala de videovigilancia de la estación de servicio. Mi Beta estaba inquieto, caminando de un lado a otro mientras discutíamos los próximos pasos.

—Ya hemos visto mil veces las cintas. Ya vimos cómo ese hijo de puta subía a las niñas a esa camioneta. Tenemos que ir tras ellos —expresé con urgencia, la preocupación reflejada en mi rostro.

La voz de Beta llevaba un matiz de desesperación mientras respondía:

—Ya mandamos dos autos con la información de la camioneta. La policía local está colaborando. Tenemos que esperar. Si descubren que estamos tras ellas, podrían hacerles daño, Alfa.

Me acerqué a Beta, mirándolo fijamente.

—¡Es mi niña la que está en peligro ahí fuera! —le grité, la preocupación y el miedo desgarrando mi voz.

Beta se mantuvo impasible, pero sus ojos reflejaban el mismo dolor y desesperación que sentía yo.

—También lo está mi cachorra. Estoy desesperado por volver a tenerla en mis brazos, pero tenemos que ser pacientes. La quiero de vuelta con vida.

La habitación quedó sumida en un silencio tenso mientras ambos compartíamos la misma angustia y la determinación de reunir a nuestras cachorras con vida.

Una noticia repentina nos sumió en el silencio. La voz de nuestro jefe de espías interrumpió la discusión que se estaba gestando, conectándose mentalmente conmigo y Beta.

"Lo siento mucho..." comenzó, y de inmediato supe a qué se refería con esa disculpa.

"Dónde..." No era una pregunta que hacía Beta, ya entendíamos lo que había ocurrido.

"A las afueras de la ciudad de los humanos. Estamos en la segunda curva al norte, la camioneta cayó por el barranco... No hay sobrevivientes." Su voz concluyó, y sentí cómo el mundo se derrumbaba a mi alrededor.

"No, no, no, no, mi pequeña, no..." murmuré en un estado de devastación. Estaba tan arruinado, tan sumido en mi propio dolor, que no noté cuándo Beta salió corriendo de la estación.

La desesperación y el dolor eran insoportables, y me sentía atrapado en un abismo de tristeza y angustia. La noticia de la tragedia nos había golpeado con una fuerza abrumadora, y la pérdida de nuestras amadas cachorras dejó un vacío en nuestros corazones que nunca podría llenarse.

No sé quién me arrastró fuera de la estación de servicio, ni quién condujo hasta la casa de la manada. Perdí la noción del tiempo y el espacio en un torbellino de dolor y angustia.

Mi mente estaba nublada por la devastación, y cada pensamiento se sintió como un puñal en lo más profundo de mi ser. Había perdido una parte de mi corazón, una parte de mi alma, y me quedé atrapado en la oscuridad de la desesperación, con un corazón roto en las manos.

El mundo a mi alrededor se volvió borroso e insignificante, y me sentí como si hubiera caído en un abismo sin fin de tristeza y pérdida. El dolor era abrumador, y no sabía cómo encontrar la fuerza para seguir adelante.

El dolor de la pérdida era insoportable para mi Luna y para mí. Habíamos perdido a nuestras niñas; a nuestra hija y a nuestra sobrina, y el peso de la tragedia nos oprimía con una fuerza desgarradora. Sentir las emociones de ambas familias era aniquilante: la tristeza, la impotencia, el dolor, la ira, la furia.

En medio de tanta oscuridad, no sabía si alguna vez podríamos encontrar la luz de nuevo. La desesperación y la pena nos envolvían, y parecía que el mundo se había convertido en un lugar sombrío y desolado. En ese momento, la vida misma parecía haber perdido su significado.

Un momento de paz llegó solo cuando llevamos a cabo el ritual, cuando quemamos los restos ya calcinados de nuestras pequeñas. Fue entonces cuando la luz pareció asomarse entre las sombras, y sentimos un atisbo de paz. Sabíamos que ahora estarían con la Diosa Luna, quien las cuidaría eternamente.

Ese mes, compartimos todos dentro de la manada la peor semana de duelo por nuestros seres queridos perdidos. No importaba cuánto tiempo pasara, no era posible volver a sentirnos completos. La pérdida de nuestras amadas cachorras había dejado un agujero en nuestros corazones que nunca podría llenarse. La tristeza y la ausencia de sus risas y alegría eran un recordatorio constante de lo que habíamos perdido, y la vida ya no sería la misma para ninguno de nosotros.

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Último capítulo

  • Heredera de la Luna   Epílogo

    OriónEllie corría por el patio de la casa, su risa infantil resonando como una melodía alegre en el aire. Detrás de ella, Aria y Magnus, con expresiones de pura diversión, intentaban alcanzarla en una carrera animada. El sol de la tarde acariciaba sus rostros, y la brisa jugueteaba suavemente con sus cabellos. Estábamos celebrando el cumpleaños número cuatro de los gemelos. Nuestros gemelos.En medio de la risa y la algarabía, mi mirada se encontró con la de Octavia, y un cálido escalofrío recorrió mi columna. Estábamos en nuestra propia casa, una que construimos juntos, un hogar que irradiaba amor y serenidad.La noche siguiente a la batalla en los límites del territorio, cuando las estrellas tejían un manto de luz en el cielo, le pedí a Octavia que fuera mi esposa y mi Luna. Aquella semana, nos encontrábamos en una casa individual a las afueras de la ciudad, felices y unidos de todas las formas posibles. Habíamos cruzado un umbral que transformó nuestra relación en algo más profund

  • Heredera de la Luna   Capítulo 78

    OctaviaVolvimos caminando a la casa de la manada. Aún había mucha gente en los alrededores, ayudando en diversas tareas. Voluntarios se movían rápidos y eficientes, ofreciendo su ayuda en la cocina, en la atención médica, acompañando o trasladando a los necesitados.—¿Ya sabes cómo la vas a nombrar? —pregunté a Sam. Ella me miró y me sonrió.—Creo que sí. Pero me gustaría que la madrina me ayudara a decidirme. —respondió ella con picardía en su voz.—Ohhh, si ese es el caso, deberías hablar con ella ahora... —comencé a decirle cuando me interrumpió.—Lo estoy haciendo —dijo poniendo los ojos en blanco —Ni siquiera te lo voy a preguntar. Serás la madrina perfecta para nuestra pequeña Idie.—Sería una madrina de mierda si permito que le pongas ese nombre —me reí abrazando a mi amiga.—Por eso te necesito. ¿Crees que Orión acepte ser el padrino? —preguntó con un deje de timidez en su voz.—Puedes preguntarle, pero creo que nada lo haría más feliz. —sonreí ante el pensamiento de la reacc

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  • Heredera de la Luna   Capítulo 76

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  • Heredera de la Luna   Capítulo 74

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