INICIAR SESIÓNOperación B.O.A
La operación B.O.A era como el doctor Parker y sus pasantes habían decidido llamar a su experimento hace quince años. El experimento comenzó siendo un simple prototipo. Primero crearon pastillas, luego sueros, y una especie de chip. Como no hubo ningún avance con esto y mucho menos una salida decidieron crear una inyección. Esta inyección que daba vida a los comportamientos de los lobos en los humanos. ¿El motivo? Crear toda una población que sea más fuerte y protectores que los humanos y que siguiesen con la genética de ellos. Y luego de muchas pruebas y muchos más errores pudieron crearlo. Comenzaron a buscar personas que estarían dispuestos a ser los primeros. Buscaron entre las personas que no tenían familias pero que eran personas ambiciosas. Y las encontraron, más rápido de lo que se imaginaban. Aunque trataron de hacerlo lo más incógnito posible para que las autoridades y la ONU no supieran de sus prácticas ilícitas había una fila en sus puertas. Y pudieron salvar su experimento cuando las autoridades fueron a preguntar porque habían tantas personas en sus puertas. Ya el doctor Parker, quien había comenzado con el proyecto, había muerto casi a sus sesenta años. Y quién ahora seguía dándole larga vida al experimento era su hija Cecilia Parker. Ella seguiría el legado de su padre y sin importar nada. -He dicho mil veces que la dosis no es esa- dijo Cecilia a uno de sus pasantes -Ya van dos muertos en estas dos semanas- regañó. Cecilia tomó una jeringa y puso la dosis que era. Tomó una joven de dieciocho años y se la inyectó -Dentro de una hora hará efecto. Así que busquen a un alfa- dijo dejando la jeringa en la mesa de metal junto a la camilla. El proceso de intercambio de humano a omega comienza en el preciso momento en que la dosis entra en contacto con la sangre. Una hora después la persona con la dosis ya suministrada tiene su primer celo. Le buscan a un alfa, los que están dispuestos a tomar el primer celo después del proceso, para que tengan su celo como se debe. Por eso no trabajan con muchas personas a la vez, lo hacen para tener un control. -El equipo tendrá unas reuniones después del mediodía.- aviso Cecilia -Allí se estarán tocando varios puntos como el de los betas.- agregó. Todos sabían que los betas eran como los segundos en la jerarquía pero en realidad se trataban como un cero a la izquierda. Si estaban, bien y sino también. Pero eso estaba por cambiar...o por lo menos en la mente de Cecilia eso cambiaría. Ella presentaría unos prototipos de los nuevos betas. Con muchas modificaciones, algo que a su papá no le hubiese gustado pero creía que era necesario. Pero quizás no veía necesario hacer un nuevo prototipo de los omegas. Los que sí tienen una vida complicada luego del proyecto B.O.A. En realidad los omegas, para ella, eran algo no tan indispensable como se creía. -¿No necesita ayuda para verificar que todo esté en orden, jefa?- preguntó uno de los más viejos pasantes. -No, ya lo he hecho varias veces. Creo que está todo perfecto.- dijo con una sonrisa. Sabía cual eran las intenciones de ese pasante y estaba segura que aceptaría su amable ayuda a no ser por los nervios que tenía. Tenía que presentarse a los más importantes alfas, entre ellos el alcalde. Y tenía conocimiento de lo que pensaba el alcalde, él quería que todo siguiera como hasta ese momento. Alfas dominando, betas de agregados y los omegas de sumisos. Caminó nerviosa de un lado a otro visiblemente ansiosa. De verdad quería hacerlo bien porque si no su vida y el legado de su padre se acabaría. Estaba consciente que si lo hacía los importantes (más que ellas) la sacarían del proyecto y le quitarían su licencia. Ella no lo permitiría por nada del mundo. ••• -Tenemos que entrar por la parte trasera. Allí estarán dos guardias y de seguro estarán armados. No importa que los dos estén inconscientes pero necesitamos de uno de ellos para entrar- dijo y los demás asintieron. -¿Para que?- preguntó una chica de cabello anaranjado. -Solo los guardias tienen acceso y muy restringido. Utilizan su iris para activar cualquier sensor en el centro.- dijo él concentrado explicando. Había un grupo de personas, aproximadamente de cinco, reunidos en un edificio abandonado. El líder era un alfa llamado Zack, quién buscaba deshacerse de todo ese experimento o por lo menos salvar a la mayoría de los omegas de las granjas. Él había sido uno de pocos alfas que se quedaban en la lista de los alfas en el centro OPAA. Y solo había sido por una cosa; tratar de poner a salvo a los omegas que pudiesen. Zack nunca tenía sexo con ninguno de los omegas que le tocaban. Él se los llevaba a su casa y por el tiempo que estuviesen con ellos los cuidaba. Los alimentaba y curaba sus heridas; algo que era tan sencillo. Doctor por vocación y no por dinero. Comenzó sus estudios a los dieciochos terminando a los veintitrés. Un arduo y largo camino pero lo había logrado y estaba orgulloso, muy orgulloso. Pero su orgullo fue quebrantando. Trabajó en uno de los hospitales más reconocidos de todo el pueblo pero muy poco le duró. Perdió su trabajo cuando en un turno nocturno llegaron dos ambulancias; una con una alfa y la otra con un omega. Tuvieron un accidente automovilístico y ambos estaban realmente heridos pero quién necesitaba la mayor atención era el omega. Por obviedad atendieron a la alfa primero y dejaron de lado al pobre omega. Él sabía que la alfa podía esperar aunque sea varios minutos pero quien no podía hacerlo era el omega. Ni el omega ni el bebé que tenía en su vientre. Así que Zack hizo lo que creyó correcto, se concentró en traer de vuelta al omega; por el omega, por el bebé pero sobretodo por la alfa, quien no dejaba de observar al omega con una tristeza inquietante. Luego supo que la pareja estaba huyendo al sur para poder estar juntos y tranquilos. Luego de ese despido, al ver el miserable trato que tenía el omega en su pueblo, decidió hacer algo por ellos. Tratar de salvar sus vidas y hacerlos sentir como lo que eran, personas al igual que él aunque fuesen de la jerarquía opuesta. Por eso, en un edificio abandonado, creó un especie de hospital clandestino, junto con otros enfermeros y doctores que no les agradaba ese trato a los omegas, para darle el servicio que ellos merecen. -Quiero que si traen a un solo omega no se sientan mal. Sé que como profesionales de la salud que mientras más vidas salvemos mejor pero con lo arriesgado que será sería un orgullo para ustedes salvar aunque sea a un omega- dijo Zack viendo a cada uno de los enfermeros y un par de doctores. -No será la última vez. Estaremos salvando más omegas pero tenemos que centrarnos en OPAA- dijo uno de los doctores. Este tenía treinta años. -Queremos que OPAA se sienta intimidado y sienta que su torre se está tambaleando- agregó el otro doctor, quién tenía sus treinta y seis años. -¿Entendido?- preguntó Zack y todos en la mesa asintieron -Bien mañana nos reuniremos a media noche para comenzar con esta operación- dijo con una sonrisa despidiendo al equipo. Todos se fueron menos su mejor amigo —desde hace dos años— Aaron. Se acercó a él y vio a la mesa el croquis muy concentrado en ello. -¿Estás seguro de esto, Zack? Podemos comenzar con unas granjas pequeñas. En OPAA hay mínimo quinientos omegas- preguntó viendo a Zack. -Sí, Aaron.- comenzó hablar -Es el momento que OPAA sepa quien es quien y que por más grandes y conocidos fueran no importa van a caer desde lo más alto de la cima- ——————————Durante los diez meses, porque sí, Elle había cumplido casi las cuarenta y dos semanas hasta que una noche, precisamente la noche que Zack tenía que trabajar, recibió una llamada de Elle. Zack sabía que en cualquier momento recibiría una llamada de su omega diciendo que sus bebés estaban por nacer, porque sí, eran gemelos, pero por más que estuviese atento y preparado, nada lo prepararía para esa noche. La noche del treinta y uno de diciembre, la noche en que todo el mundo despide un año de muchos retos, aventuras, problemas fue la noche en la que Zack le dio la bienvenida a los bebes que le harían la vida más perfecta de lo que ya era. Su mirada se enfocó en el bulto entre sus brazos y sonrió. Aquellos bebés habían sido lo mejor que había hecho en la tierra. Cabello muy negro, ojos oscuros y a la vez muy expresivos, labios perfectos, nariz mezclada entre la de ella y él, aunque más parecidas a la de él. Dedos, que podría estar besando y acariciando de por vida, disfrutando del tacto
-Amor, Winter llamó quiere ir a ver una casa cerca de aquí- dijo entrando al cuarto de baño mientras Zack asentía. La vida de ellos había cambiado para bien. Días después de las fiesta había salido un audio de Bernard y Jason creando un plan malévolo con niños así que todo se salió de control. Por primera vez el pueblo donde vivían se había vuelto el centro de atención de los medios noticieros del país. Todo salió a la luz, revelando que era lo que se hacía con las personas, como los trataban y todo lo recurrente a la jerarquía alfa/beta/omega. De pronto el pueblo se llenó de muchos policías, medios noticiosos y mucha gente curiosa llegando para ser los primeros en tener contacto, que para los demás era una situación maravillosa. Bernard, había sido encarcelado por lo que había hecho recibiendo también la condena de Jason dejándolo encerrado de por vida. Phelicity, estuvo recluida varios meses en estado de coma, las heridas de bala habían sido certeras pero no tanto como para que m
Zack jamás se sintió más agradecido que esa noche y todo era gracias a Dean y a su mamá. Jamás pensó que después de tantos desplantes y tantos rechazos Dean fuera la persona que lo ayudaría a salir de allí ileso. Así que estaba más que agradecido con él. -Llévalo a esta dirección- tomó una servilleta y escribió la dirección de su hospital clandestino -estaré allí para ayudarlo- -Muchas gracias...- agradeció Clara pero no sabía como ese hombre se llamaba. -Zack- dijo viendo a Clara para luego ver con preocupación a un Dean quejumbroso -Eres tan diferente a él- susurró acariciando su mejilla. Zack sonrió y entendió a que se refería. Claro que él era diferente a Jason y jamás estuvo más feliz de eso. Él no era una persona que le gustaba ver sufrir y hacer el mal a los demás. Estaba seguro que si le hubiese dado la oportunidad de nacer otra vez y escoger su vida, escogería esa otra vez. Le gustaba ayudar, le gustaba ser útil para algo bueno. Y en el tiempo que estuvo siendo Jason,
Cuando Phelicity le apuntó con el arma Zack vio toda su vida pasar frente a sus ojos. La sensación de estar entre la vida y la muerte le había dejado un mal sabor en la boca. Y sabía que de esa no saldría bien. Aunque en realidad no le importaba tanto su vida pero la más que le importaba era la de su omega. El mundo y ese pueblucho era una pesadilla avisada y no quería que su omega viviera eso nuevamente si él llegase a faltar. -Baja el arma- dijo Zack y ella negó. -No, cariño. Esto es lo que me dará control sobre ti, sobre tu omega- dijo y Zack abrió los ojos de par en par bastante sorprendido. -Phelicity saldremos de aquí sin hacer escándalo y te aseguro que no te volverás a cruzar con Zack ni con su omega- dijo y Zack volteó a mirar a Aaron con una mirada de pocos amigos -¿Que? Serías un tonto si pensaras que todavía ella piensa que eres Jason- -Veo que tu amigo es más inteligente que tú Jason...que digo Zack- sonrió Phelicity. Sonrió y se acercó con toda la elegancia que la
Phelicity le había pedido que le acompañara con una copa de champán para el brindis. El brindis fue a la mitad de la fiesta y mezclado con las copitas y lo tequilas que se había dado con sus amigos esa copita de burbujeante champán lo había dejado un poco atontado pero aún así tenía todos sus cinco sentidos muy en alertas. Pero con aquella copa se sentía todo menos borracho. Aquella sensación tan familiar que aunque la vivía dos veces al año la conocería y no entendía porqué se presentó haciéndolo sentirse incómodo hasta en su propia ropa.-Nuestros amigos están aquí celebrando contigo un nuevo año. Nuevas vivencias, nuevos momentos que crearemos junto a ti- comenzó hablar Phelicity con una sonrisa -Todos los que estamos aquí te queremos y te deseamos lo mejor y que esta fiesta sea la mejor que hayas tenido- dijo y levantó su copa.-¡Por Jason!- todos los invitados vitorearon con sus copas de champán en mano mientras este sonreía aunque para los demás había sido una mueca extraña.Jas
El moreno hubiese sido el primero, bueno en todo caso uno de los primeros, en felicitar a su amigo si no fuese por esa inquietud que surgió en su corazón tan pronto conoció a Bernard. Y es que Bernard no tenía nada que le interesase excepto por un destello en su aroma que lo estaba dejando sin palabras. Sam había fruncido el ceño, de inmediato, cuando lo conoció y pensó que sería la primera pareja predestinada de tres alfas. Pero cuando entró a la mansión de su amigo ese distinguido aroma, ese aroma que podía reconocerlo en cualquier otro lugar, lo había dejado inquieto y no provenía de Bernard. Sam caminó por entre los pasillos de la gran mansión de su amigo buscando eso que lo estaba atrayendo de una manera preocupante. Cruzó, a lo que parecía ser la segunda sala, y allí no estaba lo que buscaba así que siguió su camino hasta que llegó a la cocina. Allí se detuvo en seco porque lo que tanto lo atraía allí se hizo más fuerte. Allí había una chica con el cabello anaranjado llegando







