Início / Romance / Inconfesable / 4. Interferencias

Compartilhar

4. Interferencias

last update Data de publicação: 2025-05-15 14:55:55

Alessandro

Bajé del escenario entre aplausos, con la adrenalina post-presentación en mi pecho. Estreché manos y recibí varias felicitaciones; mis ojos recorrieron el vestíbulo buscando a Roxana. La encontré a lo lejos, cerca de la mesa de café, conversando con un hombre mayor y me dirigí a ellos.

Mi teléfono vibró en el bolsillo con la quinta llamada de Deborah desde que salí de casa, después de rehusarme a seguir con la misma discusión. Dudé en responder, pero tras un suspiro resignado, deslicé el dedo y me alejé hacia un rincón más tranquilo.

—Alessandro, por fin —su voz sonaba tensa—. ¿A qué hora pasarás por mí? Li Ann está esperando confirmación y Clarence y Madeleine ya están en camino.

Cerré los ojos un segundo. La exposición. Lo había olvidado por completo.

—Deborah, me temo que no podré ir temprano. Te alcanzaré cuando termine aquí.

—¿En serio? —La irritación en su voz escaló a indignación—. Me lo prometiste.

—Lo sé e iré, pero surgieron asuntos importantes —respondí, mirando hacia donde Roxana seguía conversando—. Estaré allí a las nueve, al terminar la reunión con los japoneses.

—Siempre es lo mismo, Alessandro. Me prometiste que al concluir tus proyectos tendrías más tiempo, igual que tras mudarnos. Me hiciste dejar Londres con la promesa de que nada cambiaría. Ya sacrifiqué suficiente por tu empresa.

—Si no fuera por Quantum, no tendrías esa galería que tanto amas —contraataqué, bajando la voz pero sin ceder un ápice—. Ni tus padres podrían seguir recorriendo el mundo como si el dinero cayera del cielo.

Un silencio helado precedió su respuesta.

—No te atrevas a mencionar a mis padres —siseó—. No después de cómo te han apoyado desde el principio.

—Y les devuelvo el favor cada mes. Con intereses —respondí, arrepentido al instante por mi tono mezquino, pero incapaz de retractarme.

El silencio al otro lado fue gélido.

—Quizá cuando vuelvas a casa, ya no me encuentres aquí.

—Será tu decisión romper ese acuerdo, no la mía —respondí, sorprendido por mi propia frialdad.

Corté la llamada y guardé el teléfono, ignorando cuando volvió a vibrar segundos después. Respiré hondo e intenté calmar la frustración que me dejó la discusión mientras volvía al bullicio del evento.

—¡Alessandro Di Marco! —una voz resonó a mi espalda—. Brillante presentación, muchacho.

Me giré para encontrar al antiguo socio de mi padre. Su sonrisa cordial contrastaba con sus ojos calculadores.

—Gracias, Valerio. No esperaba verte aquí.

—Los viejos también nos interesamos por lo «trend», como dice mi hija —rió, dándome una palmada en el hombro—. Francesco debe estar orgulloso.

Tensé la mandíbula.

—Lo dudo mucho —murmuré.

—Las cosas no van bien en Domus, Alex —bajó la voz—. Pero supongo que por algo volviste, ¿no es así? A Diana le encantará saberlo, así que reserva un fin de semana para comer con nosotros. Francesco

El comentario captó mi atención más de lo que quise demostrar. Mantuve mi expresión neutra, pero mi mente comenzó a analizar las implicaciones. Antes de responder, Mateo apareció a mi lado como un salvavidas.

—Alessandro, tenemos esa reunión en cinco minutos —intervino con perfecta sincronía—. Disculpa, el deber llama.

Valerio aceptó la excusa y nos despedimos con la promesa de ponernos en contacto pronto.

* * *

—Diez minutos en Milán y ya todos creen que vienes a salvar el barco familiar. —Mateo soltó una carcajada cuando doblamos la esquina.

Sonreí con ironía hasta que mi teléfono vibró con un mensaje nuevo de Deborah que ignoré.

—Quantum es mi única prioridad y lo sabes.

Al doblar la esquina hacia el Auditorio B, no vi a la mujer que venía en dirección contraria. El impacto fue inevitable. Sus documentos volaron por el aire, esparciéndose sobre el suelo de mármol justo cuando un grupo de ejecutivos pasaba junto a nosotros.

—Lo siento mucho —me disculpé, y me agaché con rapidez para recoger sus papeles.

—Mire por dónde va la próxima vez —respondió ella con voz tensa al mismo tiempo en que rescató lo que parecían gráficos de presentación.

—Este debe ser el día de los accidentes —comentó uno de ellos con tono burlón—. Hace poco vi dos autos chocados frente al Centro.

—Sí, con esa suerte, esa persona mejor no se hubiera atrevido a bajarse de la cama.

Fruncí el ceño. En el mundo de los negocios, todos usaban máscaras y esta sinceridad directa me molestó al principio, pero me gustó su honestidad. Era como tratar con alguien real por primera vez en mucho tiempo

Mi teléfono volvió a vibrar mientras recogía los últimos papeles. Rechacé la llamada de Deborah y escribí un mensaje cortante:

«Ocupado. Deja de llamar».

Mateo se arrodilló junto a mí para ayudar con los documentos.

—Escuché a unos tipos en el baño hablando de «La Pantera» de Domus —murmuró y señaló con los labios el camino tomado por mi cuñada—. Por lo que parece, es la única que ha intentado modernizar algo en esa empresa.

Ya de pie, consulté el programa que había recogido del suelo.

—Sector inmobiliario en la era digital: Perspectivas financieras —leí en voz alta—. Podría revelar qué tan mal están las cosas.

Mateo arqueó una ceja con evidente escepticismo.

—Así que ahora te interesa Domus como cliente potencial —dijo—. Curioso cambio para alguien que juró nunca volver a tener nada que ver con ellos.

—No es Domus lo que me interesa —le di un ligero codazo al avanzar hacia el auditorio—. Es identificar oportunidades. Si están en crisis, como dice Valerio, podrían necesitar justo lo que ofrecemos.

—Y te vas a perder la fiesta con Clarence y Madeleine por esto. —Mateo negó con la cabeza en fingida decepción—. Deborah va a matarte.

—Ve tú si quieres —sonreí—. Li Ann estará encantada de tenerte como voluntario para su demostración.

—Valor tengo —Mateo rio—, pero no tanta estupidez.

Nos acercamos a las puertas del auditorio cuando mi mejor amigo me detuvo con una mano en el hombro.

—Solo asegúrate de que esta vez no acabes exiliado en otro país —advirtió con la seriedad que mostraba cuando le preocupaba algo—. Te costó demasiado construir Quantum como para arriesgarla por una vendetta familiar.

Me detuve y lo miré con determinación.

—Esta vez no vengo a cambiar Domus. Sino a aprovechar que no lo hicieron.

Tomé asiento en la última fila y silencié mi teléfono. Cuando Roxana subió al podio, las palabras de Valerio sobre los problemas en Domus resonaron en mi mente junto con el título de la presentación. Todo encajaba: la empresa al fin estaba reconociendo la necesidad de adaptación. No pude evitar ver una potencial alianza estratégica formándose, una donde Quantum podría entrar al mercado inmobiliario por la puerta que mi propia familia me había cerrado años atrás.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Inconfesable   Epílogo

    RoxanaEl vestido azul se ajustaba a mis nuevas curvas desde que nació nuestra Luna seis meses atrás, y mi cuerpo había encontrado un equilibrio que me encantaba. El llanto suave desde la habitación contigua hizo que mis pechos respondieran como un sensor, manchando la seda de leche.Maldije en voz baja, pero ya era demasiado tarde. Tendría que cambiarme de nuevo y ponerme los protectores de lactancia para evitar otro accidente. La encontré despierta en su cuna, con los ojos verdes de Alessandro parpadeando en un rostro que era completamente mío. La alcé con cuidado, acomodándome en la mecedora para alimentarla.Carla apareció en la puerta y le hice un gesto para que se acercara. Ella regresó meses después de que su hermana falleciera y no pensaba dejar que se fuera nunca más. —Acaba de despertar. Dame diez minutos y es toda tuya.—Tómense su tiempo. Andrea está terminando su tarea en la cocina junto al señor Francesco.Eso me recordó el estado de Giulia, aún internada en un hospital

  • Inconfesable   102. Sin excusas

    AlessandroNo podía concentrarme pese a las buenas noticias. La primera fase de Terra Nova estaba lista; los apartamentos se vendieron en cuanto salió el anuncio. Mi equipo brindaba eufórico y yo tuve que sostener la máscara de ejecutivo satisfecho mientras mi vida personal era un edificio en plena demolición. Cuando Diana Ferretti, directora de marketing de Domus, se me acercó con una sonrisa y una copa en la mano, intenté evitar el brindis que debía liderar, pero ella entrecerró los ojos. —Y pensar que la señora Navarro no pueda disfrutar el fruto de su esfuerzo —comentó con acidez. La mención de Roxana me golpeó el estómago al recordar su maldita y fría practicidad cuando la puse a elegir.¿Cómo había sido tan idiota al pensar que me elegiría? Esa mañana, cuando la vi dormida, tuve la intención de despertarla, pero pensar en el bebé que esperábamos me detuvo. Una oleada de amor se mezcló con dolor al darme cuenta de que estaba a nada de perderla. Romano no había enviado ningún

  • Inconfesable   101. Un Golpe de Realidad

    RoxanaMateo ya nos esperaba frente a los escalones de comisaría. Se volvió a reír al mirarme y saludó a Romano con una familiaridad que me irritó.—No te molestes, Roxana. Con todo lo que ha sucedido, Alex solo quiere trabajar en paz sabiendo que estás a salvo.—¿No se supone que están enfadados? ¿Por qué lo defiendes?—Porque el que opinemos distinto no nos hace enemigos. Alessandro es un hombre racional, excepto en lo que se refiere a proteger a los que ama. Y en este momento, ella es su enemiga. Así que los que están del lado de su enemigo...—Están en contra suya —terminé por él antes de suspirar cuando asintió con tristeza.Las luces fluorescentes del corredor parpadeaban intermitentes, proyectando sombras sobre las paredes de azulejos grises. Había pasado el día imaginando este momento, preparando mi armadura contra el filo de las palabras de Elena con las que siempre salía herida.—¿Qué significa exactamente retirar la denuncia? —pregunté cuando me señaló el camino.—Es el ini

  • Inconfesable   100. La línea en la arena

    Roxana—¡Tenía todo el puto derecho! Era el padre de ese bebé, ¿por qué actúas como si fuese el villano en esta historia?Me sequé las lágrimas y me levanté, necesitaba distancia. Pero él la sujetó con una mirada contrariada y me pidió que volviera a sentarme.Su tranquilidad me ayudó a armarme de valor. Lo miré a los ojos sin alejarme de sus caricias sobre mi mano, que reposaba en su rodilla, y le exigí:—Retira esa denuncia.Fue él quien se irguió esta vez y resopló con frustración.—No lo haré. Hacerlo y dejar que se vaya como si nada, sería ir en contra de mis principios.—¿Principios? —La palabra me supo amarga en la boca—. ¿Como cuando nos acostamos mientras yo estaba casada con tu hermano?Alessandro se giró hacia mí con una mano en el cinturón y expulsó aire del pecho como si lo hubiera golpeado.—¿Y quién te dijo que yo era un hombre perfecto?La pregunta me desarmó por un segundo. Había esperado defensas, no esa honestidad cruda, y su desfachatez hizo que mi risa saliera que

  • Inconfesable   99. Nueva normalidad

    RoxanaMe hicieron tantos exámenes que perdí la cuenta, pero para Alessandro se volvió costumbre recostarse conmigo aun después del regaño de Dana. Por la tarde, la voz de Lucía llegó desde el pasillo antes que ella, y yo le sonreí a Alessandro porque me había asegurado que los vería hasta el fin de semana por órdenes de la doctora. Él se incorporó y se acomodó la camisa, las mejillas aún sonrojadas mientras se excusaba:—No quiero que Andrea me vea contigo así, sin antes explicarle lo nuestro. Lucía entró sin tocar, con una cajita pequeña de postres miniatura en las manos y esa sonrisa que tanto necesitaba. La luz que entraba por la ventana la hacía ver radiante y eso me alegró. Al menos ese nuevo dolor instalado en mi pecho tenía una razón: recordé la expresión de Elena cuando elegí a Lucía, y todas las veces que pude haber protegido a mi amiga pero no lo hice. Y me permití pensar que tal vez Lucía merecía esta felicidad más que el sufrimiento que le causamos. Alessandro salió y

  • Inconfesable   98. Despertar

    RoxanaEl pitido cerca de mi oído me hizo fruncir el ceño, y cuando quise tragar, el ardor en la garganta no me lo permitió. Iba a llevarme la mano al cuello, pero un peso cálido la mantenía cautiva y lo impidió. Abrí los ojos y tardé unos segundos en aclarar mi visión, pero no esperaba descubrir que el motivo fuera Alessandro, envolviendo mi mano con la suya. No pude resistir el impulso de acomodar su cabello desordenado al verlo dormido, con barba. Jamás lo vi con barba, pero la confusión incrementó en mí al ver las máquinas y la habitación del hospital al mirar a nuestro alrededor.Incluso dormido, una línea de tensión marcaba su frente, y su camisa celeste estaba arrugada, lo que probablemente significaba que llevaba días aquí. Iba a despertarlo para confirmarlo, pero la puerta se abrió y Dana entró directo a revisar las vías y los monitores antes de mirarme con una sonrisa tensa.—Me alegro de que por fin hayas despertado —Miró a Alessandro y luego a mí antes de suspirar y negar

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status