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Capítulo 131. Síntomas.

Penulis: Jeda Clavo
last update Tanggal publikasi: 2026-01-31 00:17:28

—¡No! —Camila se enderezó de golpe, lo cual fue un error, porque se puso verde—. No, Victoria, por favor. Si llamamos a alguien, nos van a retener. Van a querer hacerme análisis, me van a poner suero... y no voy a aguantar ni un minuto más en este edificio. Solo necesito aire. Y azúcar.

Bruno la miró con severidad, evaluando la situación. Sabía que Camila tenía razón en una cosa: si pedían asistencia, el protocolo del hospital retrasaría su salida horas. Y todos estaban desesperados por irse.

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Liliana Velasquez
Ya quiero ver la reacción de Bruno al embarazo de Camila.
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    Gracias mis lindas, por acompañar en esta historia. Me encantó mucho escribirla.Si quieren conocer más de los Sterling, los invito a leer en La cama del CEO enemigo. Busquenme en mis redes sociales Novelas románticas Jeda Clavo y Jeda Clavo Novelas. Para quienes quieran seguir leyendo mis demás historias, los invito a leer: Prohibido el paso Señor CEO y una historia del Universo Ferrari, llamada Promesas en Blanco. Una vez más, agradecida de todas ustedes. No dejen de dejar comentarios y recomendar la historia. Saludos y bendiciones.

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    Meses después—¡No me digas que respire! Yo lo hago si me da la gana —rugió molesta. Su voz ronca rebotó en las paredes blancas de la sala de partos. Apretó los dedos. Las uñas se le clavaron en la mano derecha de Arthur. Le rasgó la piel. Le sacó sangre. Arthur no se quejó. No apartó la mano. Apretó el agarre. Llevaba una bata médica azul sobre su camisa. Tenía un tapabocas colgando del cuello. El sudor le empapaba la frente. El hombre que no temblaba ante la junta directiva más despiadada del mundo estaba pálido. Aterrorizado.—Mírame —ordenó Arthur. Se inclinó sobre la camilla. Su rostro quedó a centímetros del de ella—. Mírame, Camila. Concéntrate en mí. Camila giró la cabeza en la almohada. Tenía el cabello oscuro pegado a las mejillas por el sudor. Respiraba por la boca. Agitada. Exhausta. Llevaba doce horas de trabajo de parto. —Me duele —gruñó ella. Apretó los dientes hasta que le crujió la mandíbula—. Duele como el infierno. Arthur le limpió la frente con la mano libre.

  • JUEGO DE ERRORES PROHIBIDO. Culpable por deseo.   Capítulo 120. Los Sterling siempre pagan sus deudas.

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    Llegó el momento de los votos. Arthur no sacó ningún papel del bolsillo interior de su esmoquin. No había practicado un discurso. No lo necesitaba. Clavó sus ojos azules en los ojos oscuros de Camila. Apretó sus dos manos entre las de él. Sus pulgares acariciaron los nudillos de ella con movimientos lentos. —Me ahogué en el mar —empezó Arthur. Su voz ronca resonó en los micrófonos del salón. No había eco. Solo silencio absoluto entre los invitados. —Sentí el agua helada en los pulmones —continuó él, sin apartar la mirada de Camila—. Sentí el dolor. Sentí la fiebre. Pero me negué a cerrar los ojos. No podía morir. Me negué a dejarte y marcharme sin escuchar el final de la frase que dejaste a medias en esa terraza.Camila sonrió. Sus labios temblaron un poco. Una lágrima caliente y cargada de pura felicidad resbaló por su mejilla. Arthur soltó una de sus manos. Levantó el dedo pulgar y le limpió la lágrima con extrema suavidad. El roce de su piel rasposa contra el rostro de ella fue pu

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