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CAPÍTULO 9

Autor: Naimastran
last update Fecha de publicación: 2026-05-21 03:44:42

Elena se miró al espejo por última vez antes de salir de su habitación. Llevaba un vestido color crema, sencillo pero perfectamente ajustado a su figura. El cabello suelto, ondas suaves cayendo sobre los hombros, y un brillo en la mirada que no tenía nada de inocente.

Era la calma antes del golpe.

En el comedor principal, el murmullo de las voces la guió hasta la fuente del ruido: Lara.

Sentada a la mesa, con una sonrisa contenida, hablaba con una de las empleadas mientras bebía café como si la
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Último capítulo

  • Juego del poder   CAPÍTULO 21

    La puerta del baño se cerró detrás de Lara con demasiada fuerza; el espejo le devolvió una imagen que odiaba: labios tensos, ojos brillosos de rabia y humillación, respiración desordenada. Se apoyó en el mármol unos segundos, intentando recuperarse, pero la voz de Elena seguía clavada en su cabeza como agujas. "La única vez que te notan es cuando te metes donde no te invitaron." Lara apretó los ojos, odiaba a Elena, porque era una mujer que destruía con elegancia y no necesitaba levantar la voz. Porque Gabriel seguía mirándola como si el resto de las mujeres dejaran de existir cuando ella entraba en una habitación, y Lara lo había entendido demasiado tarde. Mientras tanto, en la mesa privada, el silencio seguía cargado de tensión, Gabriel observaba lentamente a Viktor: analizándolo y midiéndolo. Había algo insoportablemente tranquilo en él, como si no necesitara competir porque ya se sintiera ganador, y eso irritaba profundamente a Gabriel. Elena tomó un pequeño trozo de pan con

  • Juego del poder   CAPÍTULO 20

    La puerta cristalina del restaurante del hotel se abrió con un susurro elegante cuando Elena entró del brazo de Viktor. La luz cálida del lugar cayó sobre ellos como si los conociera desde siempre, resaltando la figura imponente de él y la presencia delicada, casi etérea, de ella. No hicieron falta palabras: juntos parecían una escena cuidadosamente calculada. Lo era. Viktor ofreció su brazo con naturalidad, pero Elena lo tomó con una fría exactitud, justo lo suficiente para que pareciera íntimo, y lo suficientemente distante para demostrar que no necesitaba a ningún hombre para sostenerse. Que lo eligiera era otra historia. Una que a Gabriel le iba a destruir la noche. Los dos avanzaron hacia el salón privado donde Viktor había hecho una reserva con anticipación. Una mesa aislada, rodeada de cortinas translúcidas que dejaban ver sombras, pero no detalles. Perfecto para hablar, para mirar, para tensar hilos invisibles entre ellos. Cuando el mozo abrió la cortina para dejarlos pasar

  • Juego del poder   CAPÍTULO 19

    La mañana comenzó con un aire extraño, tan denso que parecía presagiar algo oscuro. Lara abrió los ojos despacio, dejando que la luz tenue del amanecer se filtrara por las cortinas de su loft de Puerto Madero, un espacio demasiado elegante para alguien que vivía de obsesiones más que de sueños. Había silencio. Un silencio casi eléctrico, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento, y Lara, que tenía un instinto casi animal para lo que se avecinaba, lo supo de inmediato: algo había cambiado la noche anterior. No en su vida, sino en la vida de Gabriel Montenegro. Y cuando la vida de Gabriel se sacudía, todo lo demás era terreno fértil para ella. Tomó su teléfono y lo desbloqueó sin apuro. No esperaba mensajes dulces ni llamados de cortesía; Lara vivía en un mundo donde la información era la moneda más valiosa, y ella era experta en robarla, comprarla o manipularla. El móvil vibró antes de que pudiera dejarlo a un lado. Un número privado. Ella respondió con voz suave, com

  • Juego del poder   CAPÍTULO 18

    La mañana no amaneció. Se derramó. La luz no entró: se filtró como una herida mal cerrada entre las nubes grises que cubrían la mansión Montenegro. Los árboles del enorme jardín se mecían como si obedecieran a una orden muda, mientras un viento helado golpeaba los ventanales antiguos. Adentro, el aire estaba cargado. Así se siente una casa cuando dos personas están dejando de ser marido y mujer para convertirse en enemigos silenciosos. Elena abrió los ojos antes de que el sol siquiera se animara a salir. No había dormido mal. Tampoco bien. Dormir, para ella, se había vuelto un trámite más desde que regresó de Rumanía. Se sentó en el borde de la cama, apoyó los pies descalzos en el piso frío y respiró hondo. El cuerpo se le tensó solo un segundo, el único instante del día en el que permitiría mostrarse humana. Después, volvió a ser la Elena que había construido con disciplina, dolor y estrategia. Se puso de pie con la lentitud calculada de quien sabe que nada la apura. Se duc

  • Juego del poder   CAPÍTULO 17

    La ciudad terminaba de oscurecerse cuando Gabriel Montenegro dejó atrás la fachada del empresario, la cara dura y el control que fingía frente a sus hombres. Caminó por el estacionamiento vacío, sin escuchar nada más que el eco de sus pasos y la respiración pesada que trataba de estabilizar desde hacía horas. Sabía perfectamente qué lo estaba consumiendo por dentro: no era solo la imagen de Elena tomada del brazo de Viktor, era el giro completo de un destino que él creía tener controlado, pero no hablaba de eso con nadie. Nunca lo hacía. Aunque esa noche, por primera vez, alguien lo estaba esperando. Apoyado contra su auto, casi como una sombra que se había desprendido de la noche misma, estaba Teo Romano, uno de los pocos hombres que había estado con Gabriel antes de que él heredara el poder, antes de la caída, antes de Elena, antes de todo este infierno emocional. Era de los pocos que podía aparecer sin anunciarse, y lo hacía solo cuando algo estaba realmente mal. Gabriel apretó

  • Juego del poder   CAPÍTULO 16

    La mañana había amanecido con un gris espeso, como si el cielo presintiera que algo estaba por quebrarse. El silencio en el departamento era tan denso que parecía un tercer habitante, uno que se acomodaba entre las paredes, respirando despacio, observando todo. Gabriel no había dormido. Se quedó en el sillón, inclinado hacia adelante, con las manos entrelazadas y la cabeza hundida entre los hombros, como un hombre esperando una sentencia. Cuando escuchó el suave abrir de la puerta de la habitación, su columna se tensó. No se movió. No quiso mirar demasiado rápido, temiendo confirmar lo obvio: que ya no tenía lugar en su vida. Elena salió completamente lista. Cabello recogido con una prolijidad impecable, un abrigo gris oscuro que caía con elegancia sobre sus hombros, botas que no hacían ruido al caminar. Nada en ella revelaba que esa noche él había sido la causa de un dolor que no mostraba. Era peor así. Mucho peor. Pasó frente a Gabriel sin detenerse, sin dedicarle una mirada de m

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