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CAPÍTULO DOS

last update Data de publicação: 2023-02-14 13:36:33

CAPÍTULO DOS: ¿CUÁNTO TIEMPO PARA QUE ESTO SUCEDIERA?

DOS MESES DESPUÉS

AMELIA

¿Qué era aquel sentimiento al que todos llamaban amor? ¿Qué era aquel sentimiento que decía, regía en los corazones de las personas? Un invento de la sociedad para justificar la razón por la que se casaban cuando lo que realmente les hacía casarse era aquel sentimiento de soledad al que todos le tenían miedo.

Dos meses habían pasado desde aquel momento en que mi dedo se vistió con el anillo que Ricardo Marín me había dado haciendo mil y un promesas, promesas que al final no significaban nada.

¿Qué había del dolor que las personas dejan cuando se van? ¿Qué había del dolor que Asunción había dejado en el corazón de Santiago? La realidad es que ni él mismo la recordaba. Lo sabía, lo veía en sus ojos por cada vez que él me miraba a mí porque era en mis ojos donde su mirada cambiaba.

—Bien, bien, a la izquierda, bien, muéstrame aquellos, necesito más soltura, más pasión, perfecto… ¡Perfecto! —Dijo el fotógrafo frente a mí sin poder dejar de tomar ni un solo movimiento de mi parte.

Todos los días era así, estaba acostumbrada a esto siempre. Las fotos, los diferentes cambios que tenían que hacerme, el cambio de maquillaje. Y todo aquello que implicaba que mi vida fuera como lo era en este momento. El pasado se había quedado atrás, no había nada que pudiera estorbar en mi camino.  

—Perfecto, está hecho, hemos terminado por hoy —dijo el fotógrafo.

A mí vino una mujer con una bata blanca para cubrirme. Mi trabajo por hoy había terminado, no había más que hacer.

— ¿Llamó el señor Marín? —Pregunté a la mujer que caminaba a mi lado y ahora me daba un vaso de jugo.

—No, el señor Marín no ha marcado —contestó la mujer a mi lado.

Era justamente esto lo que más me molestaba. Su m*****a forma de ser, ¿qué había de aquellos momentos donde él se mostraba como una persona amable, una persona que podía dar amor, una persona que se desvivía por el fruto prohibido y ahora que me tenía, no hacía nada?

Santiago había cambiado mucho pero no me refiero desde el día en que Asunción murió, me refiero al día en que un hombre vestido de un traje negro y que era con el mismo que había estado teniendo contacto desde el día en que murió ella. Su ex esposa.

Nunca me cansaré de preguntar; ¿qué fue eso que le dijo que lo hizo cambiar de parecer y no mirarme de la manera en que lo hacía anteriormente? Recuerdo que esa noche él no llegó a dormir, no me quiso contestar las llamadas por mucho tiempo hasta que finalmente, él regresó a mí pero ya no estaba el mismo sentimiento en sus ojos. Después vino el casamiento. ¿Qué es el amor? La realidad es que a mí nunca me importó lo que él pudo sentir por mí sino, lo que podía darme. Y eso significaba el mundo para mí.

—Señora de Marín —peguntaron detrás de mí.

Con orgullo, volteé a ver a la persona que me estaba llamando. — ¿Sí?

—En la oficina de su esposo hay una persona que pregunta por usted, quiere verla.

— ¿Y de quién se trata?   

—Se llama Víctor, Víctor Santa Marina.

No pude evitar sonreír ante aquel nombre y no era que lo reconociera sino, que adoraba que la gente importante pidiera por verme.

—Y, ¿qué se le ofrece al señor Santa Marina? —Preguntó con cierto tono de orgullo.

—Solo me dijo que quiere hablar con usted.

Pensando un poco en lo que esto podía significar para las dos partes, sabiendo que si él me llamaba era por una razón, le sonreí a la mujer que estaba frente a mí esperando por una respuesta.

—Bien, dile que un momento estoy ahí.

—Está bien, señorita, ya le aviso.

Y sin más, la mujer se fue. Bebí de mi vaso de jugo, no podía haber nada en la vida que quisiera más que esto.

El mundo a mis pies, dinero, joyas, y todo lo que yo quisiera con solo pedirlo porque la verdad era que ni siquiera tenía que ser yo la que lo buscara, eran ellos los que venían a mí con lo que había pedido. La vida de cabaret había quedado atrás.

Tomando mi tiempo, me alisté nuevamente para poder ir hasta la oficina de mi esposo donde otro hombre estaba esperando por mí. Importaba menos lo que él quería, lo que realmente me importaba es que él había venido hasta aquí nombrándome, con la esperanza de que yo fuera a responder.     

Finalmente y con mucha delicadeza, abrí la puerta de la oficina. Efectivamente, en uno de los asientos estaba un hombre bien vestido esperando por mí.

Tan pronto como me vio, se levantó extendiendo su mano hacia a mí.

—Señora de Marín, un gusto en conocerla —dijo de manera seria.

No había expresión en su rostro pero eso no quitaba lo guapo que era. Un hombre de traje, color de piel blanca, líneas perfectas, los ojos grandes color verdes, era un hombre verdaderamente guapo, tan guapo como el hombre al que yo presumía por ser mi esposo.

—Un gusto en conocerlo, señor Santa Marina. —Tomé su mano de manera delicada. —Tome asiento, por favor, y dígame en que puedo ayudarle.

Seguida de él me senté cruzando las piernas al momento.

—Como ya lo sabe, mi nombre es Víctor Santa Marina y a  mí me gusta ir directamente al grano. ¿Te suena algo Víctor Santa Marina, presidente de la compañía A&G?

La sonrisa se borró de mi rostro al momento. Por supuesto que sabía quiñen era él, por supuesto que me sonaba el nombre de aquella compañía. A&G, la segunda compañía más grande moda y  con la que siempre mi esposo había tenido problemas.

—Y estoy aquí para ofrecerte un contrato no exclusivo con nuestra compañía por dos años para ser una modelo estrella.

¿Cuánto había luchado por esto? ¿Cuánto tiempo tuve que vivir en ese infierno, bailando cada noche para que esto viniera a pasarme ahora, ahora que ya estaba casada con el CEO de la empresa de moda más grande del país?

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Último capítulo

  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   EPÍLOGO

    CINCO AÑOS DESPUÉS — ¡Que le muerda, que le muerda, que le muerda! —Dijo Amelia y todas las personas que estaban alrededor.El pequeño niño solo supo mirar a los lados como si de alguna manera recibiera el permiso de todos los presentes para poder morder a su gran pastel.Habían pasado justamente cinco años desde el momento del nacimiento del bebé que Natalia había dejado en ese mundo, con el mismo que soñaba ser tan feliz en la vida, con el mismo que tenía mil y un planes. Lamentablemente así como se celebraba el nacimiento de aquella criatura, tampoco se podía dejar de lado que ese había sido el día en que la madre de ese bebé había dejado el mundo.— ¡Muy bien, mi bebé! —Dijo Amelia y Santiago mientras aplaudían.Seguramente eso era lo que Natalia hubiera querido antes de dejar el mundo. Seguramente ella hubiera sido muy feliz al momento de saber que era Amelia quien se iba a quedar siendo la madre de aquel niño que llevaba por nombre Alejandro.El corazón de Amelia y de Santiago

  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   FINAL

    Con lágrimas en los ojos, no pudiendo creer lo que estaba escuchando, Amelia salió justo en el momento en que las rejas se abrieron para ella. Eso debía de ser un sueño, todo lo que tenía en la mente es que iba a ver a Natalia, iban a olvidar ese terrible momento y justas iban a comenzar de nuevo. Mucho daño había hecho pero todo eso ya lo había pagado con creces.A las afueras de la cárcel, una camioneta azul se paró. Los ojos de Amelia se abrieron en el momento en que se dio cuenta que era Víctor.—Amelia, Amelia, tenemos que irnos de aquí —dijo él a toda prisa.Lo que nadie sabía es que el final estaba llegando pues Santiago había recibido una llamada en la que decía que había tomado a Alejandro y no solo eso, ya les habían hecho saber de Natalia. Ella estaba muerta. Todo lo que Víctor pensó en hacer fue ir por Amelia mientras. El padre de Víctor había exigido ver a Santiago sin saber Víctor que esa iba a ser la manera en la que iban a atraer a Amelia. Todo lo que Víctor querí

  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO

    Todo de lo que se podía hablar en ese momento era de la habilidad que tenía Alejandro para ayudar a la mujer que llevaba en su vientre al bebé que para ella fue producto de un amor y para él, el producto de una aventura que no debía de terminar de esa manera.Alejandro se encontraba muy nervioso, en ese lugar sin ningún tipo de ayuda o algo que hiciera más fácil el proceso, Natalia estaba dando a luz a su hijo. Una sonrisa se hizo en su rostro cuando Alejandro comenzó a ver el surgimiento de la vida como tal. De las entrañas de Natalia nacía aquel ser que no tenía la culpa de nada, que no era quien para haber nacido en un momento tan difícil como ese. El final estaba llegando para todos ellos.—Ya nació, Natalia, ya nació, ya nació —dijo finalmente Alejandro mientras mantenía en sus brazos a su bebé, cubierto con su mismo saco.Natalia sonrió. Incluso si sus ojos habían perdido completamente la luz, cualquiera que la viera e ese momento diría que la luz había regresado a ella.—Mi hij

  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   CAPÍTULO CINCUENTA

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  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE

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  • LA ASESINA DE MI ESPOSA   CAPITULO CUARENTA Y OCHO

    Natalia no estaba completamente sola como se podía pensar en un momento, ella se había convertido en la protegida de Santiago sin que Amalia lo supiera por la simple razón de que Santiago sabía que en el momento que supiera que Natalia estaba en su poder, ella iba a empezar a pensar cosas que no debía como que, con Natalia quería retener el amor de Amelia, que no la dejaría ir porque tenía a Natalia, que Amelia le debía algo por el simple hecho de estar con Natalia en su lugar, por supuesto no era nada de eso, todo lo que quería Santiago y sabiendo cuánto Amelia quería a Natalia, fue por la razón que decidió protegerla, invitarla a estar en su casa. Al final Natalia, no había mucho que pudiera hacer por sí sola.A pesar de que el tiempo pasaba, intentaba acostumbrarse a su nueva vida, a la nueva vida que iba a traer al mundo, saber que las cosas ya no iban a ser iguales y que ella no iba a ser una madre como todas las demás, simplemente iba a ser una madre que pudiera escuchar, que pu

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