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Autor: Aragones
last update Fecha de publicación: 2024-09-28 03:30:33

No había pegado el ojo en toda la noche. La pierna de Renee se subió sobre mí, aplastando mi polla, y con cada pequeño movimiento que hacía, mi cuerpo reaccionaba al instante, sin darme tregua. Aún no me había corrido, porque tengo un buen autocontrol, pero si seguía así, no aguantaría mucho más. Mi mente se inundaba de una sola cosa: follarla. Quitar esa pierna que me presionaba, abrirla de par en par y exponer su coño frente a mí. Mi boca deseaba más que nada hundirse en su centro, metiendo la lengua lo más profundo posible, lamiendo cada rincón hasta sentir su sabor, hasta que quede completamente satisfecho, y ella exhausta bajo mi cuerpo.

Un jadeo suave escapó de los labios de Renee. La miré, y ella abrió los ojos lentamente, sus labios curvándose en esa sonrisa que siempre me desarmaba. Esa m*****a sonrisa.

—Buenos días, leñador, soñé contigo —dijo con una expresión traviesa, provocativa, mientras sus ojos recorrían mi cuerpo, alimentando el fuego que ardía en mí.

Aparté su pierna de encima con más brusquedad de la que quería admitir y me senté en la cama, intentando cubrirme lo mejor posible. No necesitaba más provocaciones.

—¿Qué soñaste? —pregunté, a pesar de que por dentro una parte de mí temía la respuesta, sabiendo que lo que ella podía decir solo empeoraría la situación.

Ella se incorporó lentamente, sus ojos brillaban con algo que no me gustaba, como si disfrutara del poder que tenía sobre mí. Su sonrisa no desaparecía, y sus mejillas adquirieron un leve tono rojizo.

—No lo recuerdo —murmuró, aunque su tono traicionaba sus palabras. Sabía muy bien lo que había soñado.

—Deberías irte ya —sugerí, intentando sonar frío, distante, como si todo esto no me afectara. Pero estaba mintiéndome a mí mismo.

Renee negó con la cabeza, sus facciones adoptaron un aire infantil, como si quisiera seguir jugando.

—Está oscuro y tengo miedo —dijo con una voz dramática, y su mirada se suavizó como si realmente esperara que la consolara.

En ese momento, quien estaba asustado era yo. No importaba cuánto lo intentara, esa atracción entre nosotros era innegable, y aunque trataba de rechazarla, me aterraba lo que podría suceder si cruzaba esa línea. Sabía que el deseo que sentía por ella era mucho más fuerte de lo que jamás hubiera admitido, y me aterraba lo que podría desencadenarse.

—Solo vete —le insistí, esta vez con más firmeza. Mi voz sonaba tensa, quebrada por el esfuerzo de mantener el control.

Ella se mordió el labio inferior, y antes de que pudiera reaccionar, se subió sobre mí de un salto. Su pelvis presionó mi ya muy erecta polla, haciéndome jadear por dentro, y me sonrió con picardía, disfrutando de mi tormento.

—Creo que no quieres que me vaya —susurró con una voz cargada de malicia, ella era mal, y estaba tratando de torturarme.

La tomé de las caderas y la aparté de mí, con fuerza, levantándome de la cama de inmediato. Me envolví en la sábana, desesperado por cubrirme, intentando mantener algo de cordura. Pero todo en ella me gritaba que cediera. Antes, su cabello rojo y esos ojos verdes me provocaban pesadillas, pero ahora... ahora lo único que quería era tomarla del cabello y follarla hasta que esos ojos suplicaran para que me detuviera.

—¿Me tienes miedo? Yo no muerdo... pero si quieres, puedo hacerlo —dijo con una sonrisa juguetona, todo en ella era tan lascivo, estaba a nada de lanzarme a su cuerpo y hacer con ella, lo que he deseado desde que la vi.

No aguante más. Me lancé sobre ella, agarrándola del brazo, y la saqué de la cama sin pensar en las consecuencias. La arrastré conmigo hasta la puerta y la empujé fuera de mi habitación, cerrando la puerta con fuerza, en su cara.

—Eres un idiota, Viggo. Te juro que no volveré a hablarte en mi vida, así que mejor ruega para que me vaya pronto —gritó, llena de rabia. Pero su voz, lejos de calmarme, encendió algo más profundo en mí.

Apoyé la frente en la puerta, respirando hondo, intentando calmar el caos que rugía en mi pecho. Mi corazón latía descontrolado, mis pensamientos eran una maraña de deseos reprimidos. Mi lobo, dentro de mí, se retorcía de necesidad, desgarrándome. Sabía que ella estaba dispuesta a todo, y eso lo hacía aún peor. Pero no podía permitírmelo. Ella era intocable para mí.

—Negociemos —escuché su voz desde el otro lado de la puerta, suave, seductora, como si supiera que estaba al borde del abismo.

Fruncí el ceño, sintiendo que iba a perder la razón si seguía escuchándola. Abrí la puerta de un golpe, y la miré fijamente.

—Dudo mucho que tengas algo que me interese —dije, controlando cada palabra, aunque sabía que estaba a punto de romperme.

Ella se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, pero sus ojos seguían desafiándome.

—Sé que me deseas tanto como yo a ti. Estoy dispuesta a que me hagas lo que quieras... lo que sea... —dijo con esa sonrisa perversa que tanto me perturbaba. —Solo no me orines, eso me da asco, pero lo demás... —su tono era tan despreocupado que me enfurecía aún más.

—Lárgate —gruñí, cerrando la puerta en su cara de nuevo.

Escuché el golpe que le dio a la madera.

—Eres un idiota —replicó, su voz llena de indignación.

Si no se iba pronto, iba a abrir la puerta y hacerla mía ahí mismo, sin importarme nada más. Mi lobo estaba al borde de estallar, y yo... yo estaba demasiado cerca de perderlo todo.

Sacudí esos pensamientos de mi mente, recordando quién era realmente ella y por qué no podía dejarme llevar.

—Viggo, por favor —me suplicó desde el otro lado, su tono ahora desesperado.

—No me agradas, ahora vete. No quiero escuchar tu molesta voz —respondí, mi voz seria, aunque por dentro ya no estaba tan seguro.

Arrojé la sábana a un lado y miré mi polla, dura y dolorida. Me apoyé contra la puerta y, con cuidado, comencé a masturbarme, esperando que todo esto pasara pronto. Cerré los ojos, intentando pensar en otra persona, pero lo único que veía eran esos ojos verdes y ese cabello rojo que me volvía loco.

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Último capítulo

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   67 Fin

    Desperté con un dolor punzante que me atravesaba el cuerpo. Mi cabeza latía con fuerza, mis costillas parecían hechas añicos y apenas podía moverme. Abrí los ojos lentamente, recibiendo el frío resplandor de las luces del hospital. El pitido constante de las máquinas a mi alrededor me hizo querer escapar, pero ni siquiera tenía fuerzas para levantarme.Intenté recordar qué había pasado. Los recuerdos llegaron en ráfagas confusas: Viggo, su rostro, su partida… Me dolía tanto pensar en él que, por un momento, deseé que todo hubiera sido un mal sueño.La puerta se abrió de golpe, y mi madre entró. Sus ojos estaban enrojecidos, el maquillaje corrido, y su expresión de angustia me rompió el corazón. Corrió hacia mí y tomó mi mano, apretándola con fuerza.—¡Renee! —sollozó—. ¡Dios mío, mírate! Estás tan golpeada…Quise calmarla, decirle que estaba bien, pero las palabras se atoraron en mi garganta. Solo pude mirarla, sintiendo cómo el peso del pasado me aplastaba. No era solo mi dolor físic

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   66

    Viggo y yo continuamos nuestro camino a través de aquel lugar oscuro, en busca del corazón de Gytha. Cada paso que dábamos resonaba en el vacío, mientras el aire húmedo parecía envolvernos. Las paredes, deformadas por el paso de los siglos, parecían cambiar y retorcerse, como si intentaran esconder algo de nosotros, algo que no debíamos encontrar.Finalmente, llegamos a un pequeño claro en medio de la oscuridad. Al principio, solo vimos sombras, pero algo en el aire nos alertó. Y entonces, lo vimos.Gytha estaba allí, en el suelo, su cuerpo cubierto de sangre. Sus lágrimas caían como gotas de lluvia, y su sollozo resonaba en la quietud de ese lugar tan extraño. La imagen de la mujer que habíamos estado buscando, la que había provocado tanto caos, ahora parecía frágil, rota. Lamentaba la pérdida con una desesperación que nos estremeció a ambos.Antes de que pudiéramos movernos, Gytha levantó la vista, y sus ojos se encontraron con los de Viggo. En un parpadeo, su dolor se transformó en

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   65

    Corrí sin pensar, atravesando el espejo con una rapidez frenética, hasta que me encontré en un lugar oscuro, distante. El aire era denso, como si una pesada sombra lo impregnara todo, y el silencio lo envolvía todo. Cada paso que daba resonaba con eco en la inmensa oscuridad, y algo, intangible pero presente, me empujaba a seguir adelante, algo que no lograba comprender.Fue entonces cuando lo vi. Un niño pequeño, encadenado a un pilar de piedra, inmóvil. Su rostro era pálido, y sus ojos, enormes y oscuros, reflejaban una tristeza tan profunda que me atravesó el alma. Su mirada me atrapó, y aunque su tristeza me desbordaba, había algo más en esos ojos, una súplica callada, una chispa de esperanza que aún persistía.—Ayúdame… —dijo, su voz quebrada, casi inaudible.No pude resistirme. Algo en su voz, una necesidad urgente, me arrastró hacia él como si fuera un imán. Me acerqué, paso a paso, con el miedo comenzando a escalar por mi espalda, pero incapaz de detenerme. Estaba demasiado ce

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   64

    Empecé a caminar para salir de la habitación, pero Viggo apareció detrás de uno de los espejos, se veía mal, así que me detuve.Corrí a él y mis manos ensangrentadas mancharon el cristal, Viggo se acercó y me sonrió.—Vete, esta es tu oportunidad de acabar con todo —me dijo. Yo negué con la cabeza, no iba a dejarlos aquí, ellos no merecían acabar así.Volteé a ver a Gytha, pero su reflejo ya no estaba, y eso me llenó de rabia. Me aparté del espejo y corrí a la mesa, la levanté y con fuerza empecé a golpear el cristal donde estaba Tiana. Si el demonio quería salir, yo lo sacaría y lo mataría.El cristal empezó a ceder, yo grité de rabia mientras lo destruía. Tiana y Viggo me gritaban que me detuviera, pero yo no quería hacerlo.“Mi corazón está dentro, destrúyelo”, dijo la voz de Gytha. Eso me dio más fuerza y seguí golpeando hasta que ese cristal cedió, explotando, haciéndome daño con los fragmentos.Grité con todas mis fuerzas, levanté un pedazo de cristal y me lancé al demonio frent

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   63

    Mire hacia arriba y vi cómo el enorme agujero se cerraba sobre mi cabeza. Grité de frustración mientras intentaba escalar para volver hacia arriba.La oscuridad me envolvió. Me quedé por un par de minutos allí, sumida en el dolor. Cerré los ojos y acaricié mi vientre, intentando calmarme. Si estaba en lo correcto, esto que sentía podía ser una amenaza de aborto, y yo no quería perder a mi hijo.—Por favor, ayúdame, Gytha. Sé que me escuchas. Por favor —le supliqué.Una luz blanca me cegó, haciendo que apareciera en otro lugar. Era el bosque, y a la vista se veía una cueva. Me levanté como pude y me arrastré hasta la cueva. Miré dentro, y allí estaba ella, llorando con las manos ensangrentadas. Sus gritos de dolor eran espeluznantes.—¡Te odio! —gritó ella con tanto rencor que todo mi cuerpo tembló.El sonido de pisadas resonó en el lugar. Al darme la vuelta, vi a muchos hombres, y entre ellos estaba Mikkel. Su expresión era de odio. Caminó con rapidez hacia la cueva para después sacar

  • LA DIABOLICA TENTACION DEL ALFA   62

    Kieran me obligó a correr, aunque mis pies ya no podían más. No nos detuvimos hasta que estuvimos lo más lejos posible. Al detenernos, volteé a mirarlo y, sin pensarlo, lo golpeé con todas mis fuerzas.—¡No debimos dejarlo! Eres un hijo de puta —le grite, mi voz desgarrada.Kieran me agarró por los hombros y me estrujó con rabia, sus ojos ardiendo con frustración.—¿Querías morir? Si volvíamos por él, los tres moriríamos —me espetó.Asentí con la cabeza, pero las lágrimas no podían dejar de salir. Sentía un vacío aplastante en el pecho, una culpa que me quemaba por dentro. Kieran se alejó un poco y miró de un lado a otro, su expresión endurecida.—Tenemos que encontrar a mi padre —dijo con frialdad, evitando mi mirada.—¡No debimos dejarlo! —grité de nuevo, mi voz quebrada por el dolor.—¿Quieres volver? —me preguntó con amargura, su mirada finalmente encontrándose con la mía. Pero no había consuelo en ella, solo una determinación implacable—. Viggo sabía lo que hacía.—Eran muchos, é

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