Compartilhar

Capítulo 2

last update Data de publicação: 2025-11-04 21:46:45

POV Ángela

Intenté aclarar mis pensamientos, pero no se puede pensar con claridad cuando tienes un arma en la cabeza. Debía sacarlo de allí. Pero no por compasión. No por él. Sino porque si lo atrapaban en el centro de salud, eso significaría problemas para mí también. Nadie creería que era ajena a su situación. Nadie me perdonaría haberle brindado ayuda.

Corrí hacia mi casa. No estaba muy lejos, solo tres calles, una subida, dos perros vagabundos y una ventana rota en el segundo piso que nunca arreglé. Busqué entre mis prendas viejas. Necesitaba algo que pudiera usar para hacerlo parecer un civil normal. Unos jeans, una camiseta amplia, una gorra. Un bolso de tela, con algo de agua y analgésicos.

Cuando regresé a la calle, comprendí la terrible realidad: El pueblo estaba rodeado.

Dos camionetas de la policía bloqueaban la única salida pavimentada. La carretera alternativa también tenía patrullas. Y los rumores se propagaban rápidamente. Nadie sabía quién era el criminal. Pero todos estaban en busca de alguien aun hombre herido. Un desconocido. Un fantasma con ojos helados.

Regresé donde él estaba. Se hallaba sentado en la camilla, mordiendo su mandíbula.

—No hay forma de salir en coche. Te están cansando con perros adiestrados.

—¿Y ahora qué?

—Ahora. . . intentaremos lo que nadie se atrevería a hacer.

Ir por mar.

Lo llevé a mi casa. Lo hice entrar por la parte trasera. Le di la ropa. Le proporcioné agua. Me miró con una mirada vacía.

—¿Por qué me ayudas?

—Porque si no lo hago, estaré en problemas y tú me matarías —le respondí.

—Podría hacerlo ahora.

—Inténtalo. Pero no tendrías forma de escapar. Y ya estás perdiendo sangre otra vez.

Él guardó silencio. Entonces comprendí: él tampoco tenía un plan. Solo se dejaba llevar por la rabia. Solo por un impulso.

**

A las tres y media, nos movimos por un callejón que solo los gatos utilizaban. Descendimos por las rocas hasta el viejo puerto, donde todavía reposaba la lancha de don José. Un hombre tan anciano como el mar, con manos ásperas y ojos tristes. Me debía un favor. Un enorme favor. Uno que nunca debió ser cobrado, pero que necesitaba ahora.

—¿Cuánto lo necesitas? —me preguntó con voz ronca, sosteniendo el cigarro entre los labios.

—Mucho.

Miró al hombre que estaba conmigo. Observó la sangre. No hizo preguntas.

—Suban. Métanse en la parte de atrás. Yo los cubro.

—Gracias, don José.

—Solo estoy saldando una deuda, chica.

Nos tumbamos en la parte trasera de la lancha. Un espacio reducido y sucio, que olía a gasolina, pescado en mal estado y desesperación. El plástico negro nos cubrió de inmediato. Pesado. Agobiante. No podíamos movernos. Solo sentirnos.

Su aliento estaba a unos diez centímetros del mío.

El plástico roza mi nariz. El oxígeno era limitado. Cada vez que respiraba, mi pecho chocaba con el suyo. Ninguno de los dos habló.  No nos tocamos. Pero estábamos tan cerca que solo era necesario imaginarlo.

Pasaron varios minutos. Luego, más tiempo. Y de pronto, mi mente retrocedió.

**

Viajo cinco años atrás. Han pasado cinco años desde que hui de la ciudad en un contenedor de carne. Estaba sentada entre cajas frías, sintiendo aún la herida pulsar debajo de mis costillas. Temblaba. Tenía fiebre. Mi boca sabía a metal, apenas unas horas después de vender mis órganos. En una mano sostenía el pago: veinte mil euros. Y en la otra, nada, estaba sola.

No tenía abrigo. No tenía identidad. No tenía patria. Solo esa cicatriz ardiente, ese fuego en el estómago que no era hambre, sino ira. Nadie me rescató. Me salvé yo misma.

Permanecí allí catorce horas.  Pensando que, si moría, me arrojarían como basura al primer río que encontraran. Que nadie lloraría por mí. Que nadie me buscaría. Y, sin embargo, seguí viva.

Porque no llegué al mundo para ser una víctima. Vine a luchar. Aunque fuera con los dientes rotos.

Una ola nos golpeó. El motor rugía en la parte superior. Don José gritaba algo en su dialecto a lo lejos. Sentí su cuerpo tensarse junto al mío. Su hombro presionó mi cuello. Mi corazón latía más rápido. Pero no por miedo.

Era otra sensación.

Era ira. Era vértigo. Era. . . un sentimiento familiar.

Él también llevaba cicatrices. Lo intuía. Aunque no pudiera verlas. Después de una hora, la lancha se detuvo. Oímos voces. Pasos. Cadenas. El plástico se levantó.

El aire me quemó los pulmones. Parpadeé, y el cielo seguía oscuro. Don José nos hizo un gesto.

—Sigan recto hasta el gran muelle. Allí hay un barco de carga que parte en media hora. Nadie hace preguntas. Suban y mantengan silencio. Yo ya pagué.

Quise abrazarlo. Pero solo asentí.

Desembarcamos. Caminamos rápidamente. Nadie nos detuvo.

El barco era antiguo, con óxido, y una tripulación que apenas hablaba. Fingimos ser una pareja que había sido robada en su luna de miel. Nos dieron una pequeña litera al fondo.

Cuando cerraron la puerta, me miró.

—Gracias —dijo sinceramente por primera vez.

—Aún no me has pagado.

—Lo haré. Cuando salgamos de Italia.

—¿Y si no lo hacemos, me matarás?

Sonreí. Era la primera vez que lo hacía desde el inicio de esta pesadilla.

—Tendrás suerte si no te mato antes.

Nos miramos. No había amor. No había ternura. Solo había una lucha en silencio entre dos sobrevivientes.

Y el barco partió.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (2)
goodnovel comment avatar
Constance Espinosa Hernández
Me encantó que ella se quisiera salvar sola
goodnovel comment avatar
Constance Espinosa Hernández
Wow que historia de supervivencia
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 70.

    ISLA DONOVAN - DOS SEMANAS DESPUÉSLa videollamada conectó exactamente a las tres de la tarde, hora de isla.Emma apareció en pantalla, sonriendo ampliamente, con bebé Elif en brazos y Kaan a su lado.—¡Hola familia! —saludó, su voz llena de alegría que había estado ausente por meses.Gisel sostenía tablet, sentada en sofá principal con Ángela a un lado y Bruno al otro. Sofía estaba acurrucada en sillón con Diana, sus manos entrelazadas donde todos podían verlas. Venus estaba parada cerca, sonriendo desde fondo. Draco había venido también, y varias Flores que se habían vuelto familia.—¡Emma! —Gisel sonrió, y fue real, genuino, primer sonrisa completa que su familia había visto en meses—. Déjanos ver a la bebé.Emma giró cámara, mostrando a Elif que estaba despierta, mirando alrededor con ojos curiosos.—Díganle hola a su familia, Elif —arrulló Emma—. Esa es tu tía Gisel, y tu abuela Ángela, y tu abuelo Bruno, y tu tía Sofía...Gisel sintió lágrimas amenazando pero estas eran buenas.

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 69.

    ÁNGELA Y BRUNO - ISLA DONOVANEsa noche, después de que todos durmieran, Ángela encontró a Bruno en el muelle, mirando estrellas.—Sabía que te encontraría aquí —dijo, sentándose junto a él.—Pensando —respondió Bruno, sin apartar vista del cielo.—¿Sobre qué?—Sobre todo. Emma teniendo bebé. Sofía mudándose. Gisel sanando lentamente. —Bruno la miró—. Sobre cómo después de veintisiete años de guerra, finalmente terminó.—¿Terminó? —preguntó Ángela suavemente—. ¿De verdad?—Aleksei desapareció. Venus no puede encontrarlo en ningún lado. O está muerto o es fantasma. De cualquier forma, no es amenaza. —Bruno tomó su mano—. Ángela, por primera vez desde que Vladimir me secuestró hace décadas, no tenemos enemigos activos. No hay guerra inminente. No hay batallas que pelear. ¿Qué hacemos ahora?Ángela consideró la pregunta, mirando mismas estrellas que habían visto tantas veces antes, en tantas noches, durante tantas guerras.—Vivimos —dijo finalmente—. Solo... vivimos.—¿Así de simple?—As

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 68.

    GISEL - ISLA DONOVANLa notificación llegó a las tres de la tarde, hora de la isla.Una foto de Emma.Gisel abrió el mensaje con manos que temblaban solo levemente, progreso de meses de terapia que le enseñó que no todas las emociones tenían que consumirla.Y ahí estaba.Su sobrina.Elif Fabiola Demir.Pequeña, rosada, perfecta.Ojos cerrados, puño diminuto cerca de boca, expresión de paz absoluta.Las lágrimas vinieron antes de que Gisel pudiera detenerlas.Pero no eran solo lágrimas de tristeza, de pérdida, de lo que nunca tendría.También eran lágrimas de felicidad.Alegría pura que su hermana gemela, su otra mitad, había hecho esto. Había traído vida al mundo. Había encontrado felicidad.—¿Gisel?Levantó la vista para ver a Diana parada en puerta de su cabaña, expresión preocupada.—Estoy bien —dijo Gisel, limpiando lágrimas—. Emma tuvo al bebé. Es niña.Diana se acercó, mirando foto por encima del hombro de Gisel. —Es hermosa.—Lo es. —Gisel tocó pantalla, trazando mejilla de beb

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 67 — PARTE DOS.

    EMMA – MARRUECOSEl dolor vino en oleadas. No era como dolores que Emma había experimentado antes en misiones, en entrenamientos, en las cicatrices de vida como Flor de Loto. Este dolor era diferente. Más profundo. Más primitivo. Un dolor con propósito.—Respira, hayatım —murmuró Kaan, sosteniendo su mano mientras otra contracción la golpeaba—. Respira.Emma respiró a través del dolor, contando como la doula le había enseñado, enfocándose en el hecho de que cada contracción la acercaba a conocer a su hija.Nueve meses.Nueve meses desde que vio dos líneas en esa prueba de embarazo.Nueve meses desde que eligió vida sobre guerra.Nueve meses de crecimiento, cambio, aceptación.Y ahora, finalmente, su bebé venía.—Puedo ver la cabeza —anunció la doctora Yilmaz, sonriendo desde su posición—. Casi estamos ahí, Emma. Un empujón más grande.Emma apretó la mano de Kaan, reunió toda la fuerza que tenía, y empujó.El grito que llenó la habitación era el sonido más hermoso que había escuchado j

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 66 — Padre e hijo.

    POV Aleksei Volkov.El mar Egeo era diferente del Bósforo. Más azul. Más tranquilo. Menos cargado de historia y sangre y recuerdos que Aleksei preferiría olvidar. Estaba parado en el balcón de la villa, mirando el agua brillar bajo sol griego, sintiendo la brisa cálida en su rostro. Cuatro meses habían pasado desde San Petersburgo. Cuatro meses desde que Ángela Donovan le disparó a su madre. Desde que Gisel le disparó a él. Desde que todo se derrumbó.Su pierna todavía dolía a veces, especialmente en las mañanas. La bala había atravesado músculo limpiamente, pero había hecho daño suficiente para dejarlo con cojera permanente. Pequeña, apenas perceptible a menos que estuviera cansado o el clima cambiara.Un recordatorio constante de que Gisel Donovan había tenido su venganza.Solo no del tipo que ninguno de ellos esperaba.—¿Aleksei?Se volteó para ver a Fabiola parada en la puerta, su brazo todavía en cabestrillo a pesar de los meses. La bala de Ángela había destrozado su hombro, requ

  • LA ESPOSA DEL DIABLO    Capítulo 65 — PARTE DOS.

    Gisel abrió los ojos, mirando a su hermana menor, viendo compasión ahí que no merecía.—Está bien admitirlo, Gisel. Nadie te juzgará.—Yo me juzgo. —Gisel tiró su mano lejos—. Me juzgo cada segundo de cada día por sentir algo excepto odio puro por el hombre que me violó. Que me drogó. Que me secuestró. Que destruyó mi vida.—Pero no es odio puro lo que sientes, ¿verdad?Gisel quiso mentir. Dios, quiso mentir tanto. Pero Sofía era su hermana. Y si no podía ser honesta con ella, no podía ser honesta con nadie.—No —admitió finalmente, voz apenas susurro—. No es odio puro. Lo odio. Lo amo. Necesito que esté muerto. Necesito que esté vivo. Quiero matarlo. Quiero que me explique. Quiero... —se rompió— ...no sé qué siento. Solo sé que está todo mezclado y retorcido y no puedo desenredarlo.—Eso se llama trauma bond —dijo Sofía suavemente—. Es real. Es documentado. Y no es tu culpa.—Se siente como mi culpa.—Lo sé. Pero no lo es. —Sofía pausó—. Gisel, necesitas ayuda profesional. Alguien qu

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status